UCDM

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By Tania MoyaArtsBooks
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UCDM episodes

  • VIII. El anti-Cristo
    No dejes que las formas que adoptan te engañen, pues los ídolos no son sino substitutos de tu realidad.
    De alguna manera crees que completan tu pequeño yo, ofreciéndote así seguridad en un mundo que percibes como peligroso, y en el que hay fuerzas que se han aglutinado a fin de quebrantar tu confianza y destruir tu paz.
    Crees que los ídolos tienen el poder de remediar tus deficiencias y de proporcionarte la valía que no tienes.
    Todo aquel que cree en ellos se convierte en esclavo de la pequeñez y de la pérdida.
    Y así, tiene que buscar más allá de su pequeño yo la fuerza necesaria para levantar la cabeza y emanciparse de todo el sufrimiento que el mundo refleja.
    Ésta es la sanción que pagas por no buscar en tu interior la certeza y la tranquilidad que te libera del mundo y que te permite alzarte por encima de él, en quietud y en paz.
    9 min
  • VIII. El anti-Cristo
    No dejes que las formas que adoptan te engañen, pues los ídolos no son sino substitutos de tu realidad. De alguna manera crees que completan tu pequeño yo, ofreciéndote así seguridad en un mundo que percibes como peligroso, y en el que hay fuerzas que se han aglutinado a fin de quebrantar tu confianza y destruir tu paz. Crees que los ídolos tienen el poder de remediar tus deficiencias y de proporcionarte la valía que no tienes. Todo aquel que cree en ellos se convierte en esclavo de la pequeñez y de la pérdida. Y así, tiene que buscar más allá de su pequeño yo la fuerza necesaria para levantar la cabeza y emanciparse de todo el sufrimiento que el mundo refleja. Ésta es la sanción que pagas por no buscar en tu interior la certeza y la tranquilidad que te libera del mundo y que te permite alzarte por encima de él, en quietud y en paz. Un ídolo es una falsa impresión o una creencia falsa; alguna forma de anti-Cristo que constituye una brecha entre el Cristo y lo que tú ves. Un ídolo es un deseo hecho tangible al que se le ha dado forma, que se percibe entonces como real y se ve como algo externo a la mente.
    9 min
  • VII. No busques fuera de ti mismo
    No hay nadie que venga aquí que no abrigue alguna esperanza, alguna ilusión persistente o algún sueño de que hay algo fuera de sí mismo que le puede brindar paz y felicidad. Si todo se encuentra en él, eso no puede ser verdad. Y así, al venir a este mundo, niega su propia verdad y se dedica a buscar algo que sea más que lo que lo es todo, como si una parte de ese todo estuviese separada y se encontrase donde el resto no está. Éste es el propósito que le confiere al cuerpo: que busque lo que a él le falta y que le provea de lo que le restauraría su plenitud. Y así, vaga sin rumbo, creyendo ser lo que no es, en busca de algo que no puede encontrar. Esta persistente ilusión le impulsará a buscar miles de ídolos, y más allá de éstos, mil más. Y todos le fallarán, excepto uno: pues morirá y no se dará cuenta de que el ídolo que buscaba era su muerte.
    8 min
  • VI. El perdón y el final del tiempo
    Nada sobrevive a su propósito. Si algo fue concebido para morir, morirá, a no ser que se niegue a aceptar este propósito como propio. El cambio es lo único que se puede convertir en una bendición aquí, donde ningún propósito es fijo por muy inmutable que parezca ser. No creas que puedes fijar un objetivo que no concuerde con el propósito que Dios te encomendó, y hacer que sea inmutable y eterno. Puedes adjudicarte un propósito que no te corresponde a ti, pero no puedes deshacerte del poder de cambiar de parecer y establecer otro propósito en tu mente. Poder cambiar es el mayor regalo que Dios le dio a todo lo que tú quisieras hacer eterno, para asegurarse de que el Cielo fuese lo único que no desapareciese. No naciste para morir.
    5 min
  • V. La morada inmutable
    Tal es la médula de miedo de cada sueño que no se le haya entregado a Aquel que otorga a los sueños una función distinta. Cuando los sueños se comparten, pierden la función de atacar y separar, si bien para esto fue para lo que se concibieron. En el mundo de los sueños, no obstante, no hay nada que esté exento de la esperanza de cambio y mejora, pues no es en él donde se encuentra la inmutabilidad. Alegrémonos en verdad de que esto sea así, y no busquemos lo eterno en este mundo. Los sueños de perdón son medios para dejar de soñar con un mundo externo a ti. Y conducen finalmente más allá de todo sueño a la paz de la vida eterna.
    7 min
  • IV. Los diferentes papeles del sueño
    Cuando te invade la ira, ¿no es acaso porque alguien no llevó a cabo la función que tú le habías asignado? ¿Y no se convierte esto en la "razón" que justifica tu ataque? Los sueños que crees que te gustan son aquellos en los que las funciones que asignaste se cumplieron, y las necesidades que te adscribiste, fueron satisfechas. No importa si esas necesidades se satisfacen o si son simplemente algo que se desea. Es la idea de que existen lo que produce miedo. Los sueños no se desean en mayor o menor medida. Simplemente se desean o no se desean. Y cada uno representa alguna función que tú le has asignado a algo: algún objetivo que un acontecimiento, un cuerpo o una cosa debe representar y alcanzar por ti. Si lo logra crees que el sueño te gusta. Si fracasa crees que es triste. Pero el que fracase o se logre no es lo que constituye su médula, sino simplemente su endeble envoltura.
    6 min
  • III. Los testigos de Dios
    Hazte a un lado y deja pasar al amor, el cual tú no creaste, pero sí puedes extender. En la tierra eso quiere decir perdonar a tu hermano, para que las tinieblas desaparezcan de tu mente. Una vez que la luz haya llegado hasta tu hermano a través de tu perdón, él no se olvidará de su salvador ni lo dejará sin absolver. Pues fue en tu rostro donde vio la luz que quiere mantener a su lado, a medida que camina a través de las tinieblas hacia la luz eterna.
    5 min
  • II. La llegada del Invitado
    Todo esfuerzo de encontrar esperanzas de paz en un campo de batalla ha sido en vano. Ha sido fútil pedirle a lo que se concibió precisamente para que perpetuase el pecado y el dolor que te ayude a escapar de ellos. Pues el dolor y el pecado son la misma ilusión, tal como el odio y el miedo, y el ataque y la culpabilidad son uno. Allí donde no tienen causa, sus efectos desaparecen, y el amor llega dondequiera que ellos no estén. ¿Por qué no estás contento? Te has librado del dolor y de la enfermedad, de la aflicción y de la pérdida, así como de todos los efectos del odio y del ataque. El dolor ya no es tu amigo ni la culpabilidad tu dios. Por lo tanto, dale la bienvenida a los efectos del amor. Tu invitado ha llegado. Tú lo invitaste y Él vino. No lo oíste entrar porque la bienvenida que le diste no fue total.
    9 min
  • cap29 EL DESPERTAR I. La clausura de la brecha
    El cuerpo no podría separar tu mente de la mente de tu hermano a menos que quisieses que fuese la causa de vuestra separación y distanciamiento. Por consiguiente, le atribuyes un poder que no posee. Esto es lo que hace que tenga poder sobre ti. Pues ahora piensas que el cuerpo determina cuándo debéis reuniros, y que limita a vuestra capacidad de estar en comunión con la mente del otro. Y así, te dice adónde ir y cómo llegar hasta allí, lo que te es factible emprender y lo que no puedes hacer. Te dice también lo que su salud puede tolerar, así como lo que lo fatigará y enfermará. Sus "inherentes" debilidades establecen los límites de lo que puedes hacer y hacen que tu propósito sea débil y limitado. El cuerpo se avendrá a todo esto, si ése es tu deseo. Permitirá solamente limitados desahogos de "amor", intercalados con intervalos de odio. Y se hará cargo de decidir cuándo puede "amar" y cuándo se debe refugiar en el miedo para mantenerse a salvo. Enfermará porque tú no sabes lo que es amar. De este modo utilizarás indebidamente toda circunstancia y a todo aquel con quien te encuentres, y no podrás sino ver en ellos un propósito distinto del tuyo.
    8 min
  • VII. El arca de seguridad
    Dios no pide nada, y Su Hijo, al igual que Él, no necesita pedir nada, pues no le falta nada. Un espacio vacío, o una diminuta brecha, sería una insuficiencia. Y sólo ahí podría él querer tener algo que no tiene. Un espacio donde Dios no se encuentra o una brecha entre el Padre e Hijo no es la Voluntad de ninguno de los dos, prometieron ser uno solo. La promesa de Dios es una promesa que Él se hizo a Sí Mismo, y no hay nadie que pudiese ser desleal a lo que Su Voluntad dispone como parte de lo que Él es. La promesa de que no puede haber brecha alguna entre Él y lo que Él es no puede ser falsa. ¿Qué otra voluntad podría interponerse entre lo que no puede sino ser uno solo y en Cuya Plenitud no puede haber brecha alguna?
    7 min

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