Era la boda del año, pero no fue una boda feliz. El 20 de octubre de 1968, en la pequeña isla privada de Skorpios, Jacqueline Kennedy, la viuda más célebre del planeta, se casaba con Aristóteles Onassis, el magnate griego más rico del mundo.
Podría haber sido un cuento de hadas —una mujer golpeada por la tragedia que encontraba consuelo en los brazos de un hombre poderoso—, pero la historia se escribió en otro tono. “Mi padre adora los apellidos, y Jackie adora el dinero”, dijo Alexander, el hijo del empresario. Fue una frase cruel, pero también un reflejo del sentir general