A veces, los países se construyen no solo con leyes o batallas, sino con ideas. Y en el Chile de comienzos de la República, esas ideas necesitaban un hogar: un lugar donde crecer, cruzarse, tensionarse y, sobre todo, proyectarse hacia el futuro. Así, un 19 de noviembre de 1842, nació la Universidad de Chile, una institución concebida como columna vertebral del conocimiento en un país que todavía estaba aprendiendo a imaginarse a sí mismo.