
Sign up to save your podcasts
Or


El cuidado tiene un lado angustiante: al estar tan fijados en que las cosas no salgan mal, la cultura de la seguridad nos entorpece. Muchas veces terminamos haciendo lo opuesto a lo que queríamos: destrozos. El miedo a la muerte justifica la guerra contra el narcotráfico en México. Con el fin de protegernos, el sistema nos destruye.
El odio produce fronteras y diferencias útiles para que las instituciones construyan un mundo competitivo, individualista y disciplinario. Como la familia biológica, el Estado y cualquier institución, los Juegos Olímpicos se dedican a crecer, multiplicarse; ocultan décadas de indiferencia ante el skate para construir una fantasía de inclusión.
El dolor es un veneno adictivo, para que el odio exista de alguna manera lo tiene que retener. Uno puede desarrollar un apego a las relaciones destructivas. Más que odiar al Estado, para dejar de decepcionarnos y frustranos, tendríamos que ser indiferentes, dejar de esperar de él y empezar a hacernos cargo de todos los aspectos que permiten la vida
merengue, punk, country, la construcción de villanos que reafirman el poder en el cine, los chistes y la literatura. seguimos ensayando el concepto de acumulación y circulación de odio que desarolla Sara Ahmed en clave psicoanalítica a partir de Marx.
En el odio hay un desplazamiento y una diferenciación que casi siempre es inconsciente. Para hablar de él ensayamos la identidad latinoamericana, el fascismo, el punk, el ruido, el trabajo cultural, el arte subterráneo y la salsa con dos pesos de psicoanálisis. Escuchamos Plan B, Manganzoides, Sattar y un bolero.
hablamos del duelo colectivo, de Ayotzinapa y Río Blanco como cortes que se le hicieron al cuerpo social y dieron forma a la izquierda y la revolución mexicana, que rápidamente perdió su filo; de la necesidad de librarnos del dominio del pasado y lo imposible que es hacerlo haciendo de las heridas una identidad; de cómo ocultar la historia del henequén ha permitido la entrada del capital colonial, el turismo, despojando cada rincón de Yucatán.
Ensayaremos la posibilidad de una ética del dolor, una escucha reparativa que podría ayudar a construir un mundo abierto. Actuar frente a lo que nunca podremos conocer, estar presente, validar el dolor ajeno, puede hacer que cambien las concepciones incorporadas en el otro. escuchamos Almeda Riddle
¿por qué el dolor siempre implica algo que se incrusta y queremos expulsar? ¿dónde está nuestro cuerpo cuando estamos sanos, por qué nos olvidamos de él hasta que algo nos impacta? Ahmed considera que el dolor produce un efecto de frontera, nos hace retornar al cuerpo y hacernos conscientes de él.
¿Por qué el dolor destruye el lenguaje, las heridas se sienten incomunicables y nos aíslan? ¿Por qué hay tantos relatos y canciones que hablan del sufrimiento, pero no logran aliviarlo? En la transmisión de hoy discutimos si el dolor es una condición humana
en este episodio hablaremos de cómo las emociones nos dejan impresiones en el cuerpo, cómo el mundo nos da forma y nosotros a él. tomando del psicoanálisis, Sara Ahmed insiste en que no siempre lo reprimido, lo inconsciente, se vuelve una patología, un síntoma o desorden; del marxismo considera las emociones como una especie de valor que se acumula con el tiempo.
From the publisher's feed