En lo formal (legal-constitucional) las normas importan y mucho como fundamento del Estado de derecho. En la práctica, sin embargo, hay quienes optan por obviarlas. No por desconocimiento. Si no con expresa premeditación. Sin sonrojo. Sin congoja.
Es el caso, nuevamente, del empeño de mezclar religión y política. Y no es que estemos en presencia de una reedición de la campaña del 2018, el contexto es distinto. Pero ciertamente algunos actores políticos no ceden a la tentación del "pecado electoral" y prefieren ganarse una reprimenda que abstenerse de tirar la caña de pescar con jugosas carnadas en el enorme estanque de votantes indecisos y abstencionistas. El detalle es que la jugosa carnada no es para los obedientes fieles.
Y el problema es la afectación que sobre la libre escogencia en democracia causa esta injerencia (abierta o solapada) de cultos y pastores sobre la convivencia y los Derechos Humanos.
Conversamos sobre este gran tópico con la politóloga Gina Sibaja y con el sociólogo del Observatorio de lo Religioso de la UNA, Alberto Rojas.