En 1981 la periodista Janet Cooke del Washington Post, ganó el afamado premio Pulitzer gracias a un reportaje impactante titulado “El mundo de Jimmy” que narraba la vida de un niño heroinómano de tan solo 8 años.
El caso es que la historia y el niño no existían. Y cuando el embuste se descubrió Cooke perdió el premio y perdió su carrera. El Washington Post pidió perdón. Este es conocido como uno de los mayores fraudes en la historia del periodismo.
El periodista riguroso no fabrica hechos, no los altera, no los induce, no conspira para “montar una cama” “ponerle un fijo” con señuelo a un determinado actor o buscar la forma de inducirlo a “que hable mal” del presidente de la República o de una legisladora oficialista.
Conversamos con Eduardo Ulibarri acerca de las obligaciones que derivan del ejercicio periodístico riguroso y responsable en las sociedades democráticas.