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Os escribo desde La Rápita, en el Delta del Ebro.
Acabo de cerrar el encuentro de Alternatribu y todavía tengo la sensación de que merece mucho la pena.
35 personas. Dos días. Gente llegada desde Granada, el País Vasco, Baleares, Madrid, Cataluña. Una caminata larga en el Far del Fangar para romper el hielo, un taller improvisado en el parking de Travocado con sillas sacadas a la plancha y una sombra buscada entre coches, kayak el domingo y una fideuá que todavía recuerdo. Y los mosquitos del Poble Nou. Eso también.
Pero lo que me sigue pasando en cada encuentro es lo mismo: ver a gente de carne y hueso — no de Instagram ni de YouTube — construyendo su propia manera de vivir. Cada uno con su proyecto, su método, su ritmo. Y dispuesta a abrirse, a ayudar, a colaborar. Eso es lo que hace tribu.
Y luego está la otra noticia. La que me tiene sin dormir desde hace días.
He encontrado la finca. Está en La Rápita, cerca del mar, con jardín amplio y capacidad para mucha gente.
Hice una oferta — aplicando lo que aprendí leyendo Padre Rico, Padre Pobre — y la aceptaron. Falta cerrar el papeleo, pero pinta muy bien.
En este episodio os cuento cómo llegué a ella, por qué la complejidad legal en Cataluña me ha hecho replantear el proyecto original, y cómo lo veo ahora: el verano abierto a la comunidad, voluntariado, remodelación y muchas personas de la tribu compartiendo espacio.
Y sí — el viaje de windfoil con Íñigo probablemente queda en pausa.
📍 Si quieres estar al tanto del proyecto — vídeos, avances y convocatorias de voluntariado — todo va saliendo por Alternatribu.
Entra y estate atento al correo.
By ViveDistinto - Carles Navarro5
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Os escribo desde La Rápita, en el Delta del Ebro.
Acabo de cerrar el encuentro de Alternatribu y todavía tengo la sensación de que merece mucho la pena.
35 personas. Dos días. Gente llegada desde Granada, el País Vasco, Baleares, Madrid, Cataluña. Una caminata larga en el Far del Fangar para romper el hielo, un taller improvisado en el parking de Travocado con sillas sacadas a la plancha y una sombra buscada entre coches, kayak el domingo y una fideuá que todavía recuerdo. Y los mosquitos del Poble Nou. Eso también.
Pero lo que me sigue pasando en cada encuentro es lo mismo: ver a gente de carne y hueso — no de Instagram ni de YouTube — construyendo su propia manera de vivir. Cada uno con su proyecto, su método, su ritmo. Y dispuesta a abrirse, a ayudar, a colaborar. Eso es lo que hace tribu.
Y luego está la otra noticia. La que me tiene sin dormir desde hace días.
He encontrado la finca. Está en La Rápita, cerca del mar, con jardín amplio y capacidad para mucha gente.
Hice una oferta — aplicando lo que aprendí leyendo Padre Rico, Padre Pobre — y la aceptaron. Falta cerrar el papeleo, pero pinta muy bien.
En este episodio os cuento cómo llegué a ella, por qué la complejidad legal en Cataluña me ha hecho replantear el proyecto original, y cómo lo veo ahora: el verano abierto a la comunidad, voluntariado, remodelación y muchas personas de la tribu compartiendo espacio.
Y sí — el viaje de windfoil con Íñigo probablemente queda en pausa.
📍 Si quieres estar al tanto del proyecto — vídeos, avances y convocatorias de voluntariado — todo va saliendo por Alternatribu.
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