Mi guitarra, no esconde seguidillas ni tientos
Abandonaos, falsetas, lorqueñas ni jaleos
Se le dan tó los palos.
A la salía la rumba, melisma , petenera
Una patá airosa, y la tarraja ríe, en tremolo de rosas
Se desliza en el aire como hoja de sauce,
baila, se contonea con la cintura prieta
que sujeto en mis manos,
dándole voz y dando color a los silencios,
con un susurro hambriento
de un grito con seis ecos.
Hay que cantar mi niña, para matar el hambre
Una comida al día, llenando los estómagos
Garrotín que recuerda gitanos catalanes.
Muerde cuando el dolor es del dolor ajeno,
besa cuando el beso la llama para arder en su boca,
llora cuando el lloro se torna en la lagrima rota
que apaga los incendios que te salen del alma.
Y se le llena el alma,
se abarrota de estirpes venidas de la historia
con esa melodía que te trae los recuerdos
de noches estrelladas, de tardes , de toreros.
Mi guitarra es azul, como pluma de cielo,
esta ribeteada por el filo del miedo,
del negro de la noche, del hambre,
del lamento de todos los sollozos
con que llueven los ojos.
Aún así canta, canta desde su adentro
y se revela entonces, y rompe los tormentos
dejándote en su voz un terciopelo terso
con denuncias pintadas en su piel de guitarra.
Ella no es solo eso, no es solo un instrumento
es la llave del centro
interior de la vida
de la fiesta del pueblo
de ese mar de alegrías con que se tiñe el pelo.
Los niños, los abuelos
a todos lleva dentro,
le sale la nostalgia cuando se siente lejos
recuerdos, cancioncillas de nanas y de entierros.
borracheras y misas, con ese cuerpo azul
y su abrazo en los trastes sonándote a un te quiero.
Palmas a muerte, en la mirada el sol casi dormido,
Canturrea mi madre una taranta al sueño
Que va viniendo tarde, al son de unos verdiales
Recordando de ronda las malagueñas tardes.
Mientras, me miras tú, detrás de los verdiales,
Con la voz desgarrada, fuerza de gavilanes
Así es la garganta de los que pasan frío.
Así seguirá siendo mientras no lo remedie
Con un fandango en ristre, el DIOS de los
Sin hambre.
Mi guitarra, no esconde segurillas ni tientos
Abandonaos, falsetas, lorqueñas ni jaleos
Se le dan tó los palos.
A la salía la rumba, melisma , petenera
Una patá airosa, y la tarraja ríe, en tremolo de rosas
Muerde cuando el dolor es del dolor ajeno,
besa cuando el beso la llama para arder en su boca,
llora cuando el lloro se torna en la lagrima rota
que apaga los incendios que te salen del alma.
Chema Muñoz©