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¿Cómo debo votar?
En el siglo XIX, Inglaterra atravesaba una época de decadencia moral y política. En este contexto creció el famoso predicador Charles Spurgeon, quien, cansado de la situación de su país, pronunció una frase que ha quedado grabada en la memoria de creyentes y no creyentes: «Solo los tontos creen que política y religión no deben ser discutidos. Por esa razón los ladrones permanecen en el poder y los falsos profetas continúan predicando». Sus palabras reflejan que la sociedad de su época padecía los mismos males que vemos ahora.
Sin embargo, más allá de criticar a políticos, surge una reflexión para los creyentes: ¿Cómo podrá cambiar la situación si dejamos la política en manos de gente inescrupulosa? ¿Qué país dejaremos a nuestros hijos si no hacemos nada hoy? ¿Permitiremos que personas sin fundamentos cristianos sigan controlando el poder legislativo, judicial y ejecutivo?
Pongamos algunos principios bíblicos:
1. Somos ciudadanos del cielo, pero también de esta nación. Deuteronomio 1:13 (NTV). Entendamos la importancia de elegir bien a nuestras autoridades mediante el voto. Esto es una responsabilidad civil, moral y espiritual que no podemos tomar a la ligera.
Como cristianos debemos votar por…
– Por la vida, frente a todo intento de legalizar la muerte. Salmo 139:13 (NTV). No es moralmente correcto elegir un candidato que apruebe el aborto.
Proverbios 29:4 (NTV). Deuteronomio 1:13 (NTV). Un buen gobernante debe poseer: sabiduría para decidir, entendimiento para discernir y experiencia para avanzar.
Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante la política. Nuestro voto debe reflejar los principios de Dios y contribuir al bienestar de la nación. Recordemos que, si elegimos conforme a la voluntad de Dios, Él traerá justicia y estabilidad a nuestra tierra.
La entrada ¿Cómo debo votar? – Ps. Danny Serrano se publicó primero en Comunidad de Fe.
El Dios de la esperanza
Romanos 15:13: «Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en ESPERANZA por el poder del Espíritu Santo.»
Si hay algo que realmente necesitamos en los tiempos en los que vivimos, es el poder que la esperanza trae a nuestras vidas. No importa las pruebas y tribulaciones que enfrentemos, siempre hay una fuerza que vendrá en nuestra ayuda cuando buscamos al Dios de esperanza.
Vivimos en un mundo desesperanzado, pero hay esperanza en Cristo. Él puede tomar una vida en escombros, miseria y sufrimiento, y convertirla en algo hermoso. Démosle una oportunidad y conoceremos al Dios de la Esperanza. El Espíritu Santo quiere restaurar la esperanza de aquellos que la han perdido o están en proceso de perderla.
Salmos 23:2-3: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.”
Aquí encontramos tres puntos importantes: Dios es proveedor, Dios es protector y Dios es paz. Muchos historiadores bíblicos creen que el Salmo 23 no fue escrito desde la grandeza del rey David, sino desde su humilde experiencia como pastor. Cuando cuidaba sus ovejas, no imaginaba cómo Dios usaría esa etapa de su vida para la grandeza. Cuando reflexionó sobre su pasado, recordó que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob era un Dios de esperanza para un joven pastor. Dios vio algo en David, y David vio al Dios de la Esperanza.
Salmos 33:20-22 (NTV): «Nosotros ponemos nuestra ESPERANZA en el Señor; él es nuestra ayuda y nuestro escudo. En él se alegra nuestro corazón, porque confiamos en su santo nombre. Que tu amor inagotable nos rodee, Señor, porque solo en ti está nuestra ESPERANZA.» La esperanza es un regalo de Dios para el creyente.
Salmos 42:5: «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? ESPERA en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.» El mayor remedio para la depresión, la opresión y la ansiedad es la esperanza en Jesucristo. Este Salmo expresa el anhelo por la presencia de Dios en medio de la desesperación.
Jeremías 29:11 (NTV): «Pues yo sé los planes que tengo para ustedes—dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una ESPERANZA.» Dios nos promete que cuando lo invoquemos, ¡nos escuchará y responderá!
1 Timoteo 4:10 (NVI). ¿En qué ha puesto su esperanza? ¿A quién le está confiando su futuro?
Colosenses 1:5a (NVI). Cuando Cristo vive en nosotros, hay una esperanza de gloria.
La entrada El Dios de esperanza – Ps. David Ingman se publicó primero en Comunidad de Fe.
Pónganse a trabajar
Ps David Ingman.
Durante el tiempo de ayuno y oración, Dios nos reveló un mensaje importante: el año 2025 tiene un GRAN PROPÓSITO. Como dice Eclesiastés 3, “Todo tiene su tiempo”.
Esto nos recuerda que Dios obra con un plan y un tiempo designado para cada etapa de nuestra vida y de su obra.
El apóstol Juan advierte en 1 Juan 2:18-19, “Queridos hijos, llegó la última hora…”. Esta fue una llamada profética para la Iglesia hace más de 2,000 años, pero sigue vigente hoy. Nos alerta sobre los tiempos en los que vivimos y cómo hay muchos engañadores y falsos maestros que desvían a la gente del verdadero evangelio.
En 1 Corintios 14:33 vemos que Dios no es un Dios de desorden, sino de paz. Esto nos habla del carácter de Dios, quien trabaja con orden y propósito y nuestras vidas deben estar alineadas con el orden divino. No podemos vivir de manera desorganizada o sin dirección.
En Efesios 5:16-17 NTV, se nos exhorta a redimir el tiempo, porque los días son malos. No debemos perder el tiempo en actividades sin valor eterno. Dios nos llama a ser sabios y a aprovechar cada momento para cumplir su voluntad y en Colosenses 3:23-24 dice que cualquier cosa que hagamos, debemos hacerla con excelencia y dedicación, sabiendo que servimos a Dios y no a los hombres.
En 2 Corintios 5:10, nos habla del juicio de Cristo: Como creyentes, compareceremos ante Cristo para rendir cuentas de nuestras obras. No es un juicio de condenación, sino de recompensas por nuestra fidelidad.
En contraste, el Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15) es para los incrédulos, aquellos que rechazaron a Cristo. Allí serán juzgados según sus obras y su destino final será la separación eterna de Dios.
Apocalipsis 22:12 nos recuerda la promesa de Jesús: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Esta es una poderosa motivación para trabajar con diligencia y fidelidad en la obra de Dios.
La mayor recompensa que podemos recibir es estar con Cristo y participar de su gobierno eterno (Mateo 19:28).
No es tiempo de dudar ni de perder energía en cosas sin valor eterno. Como dice en Salmos 39:4-8 Dios nos ha dado un propósito y nos ha llamado a cumplirlo con pasión y entrega. Trabajar para Dios vale la pena. Su recompensa es mayor que cualquier cosa que podamos imaginar.
¡Levantémonos y pongámonos a trabajar con fe y determinación!
La entrada Pónganse a trabajar – Ps David Ingman. se publicó primero en Comunidad de Fe.
¿Qué espera Dios de mí?
A lo largo de la historia, los creyentes han tenido preguntas que han rondado su mente: ¿Cómo me acerco a Dios? ¿Qué debo hacer para obtener su favor? ¿Qué hago para que Él me bendiga? Y es normal que estas preguntas surjan cuando enfrentamos pruebas, dificultades, retos y desafíos en la vida. En el libro de Miqueas, encontramos un diagnóstico de los conflictos que solemos experimentar como creyentes, así como consejos que pueden guiarnos en nuestra fe.
1. La pregunta del millón. Miqueas 6:6-7 (NTV). Muchas veces intentamos cumplir con requisitos religiosos y obedecer reglas para agradar a Dios; creyendo lo impresionaremos con nuestras obras, pero la realidad es que Dios no está interesado en sacrificios ni en cosas materiales; no podemos comprar su favor ni torcer su voluntad con nuestras acciones y la relación con Dios no se basa en méritos humanos, sino en fe y obediencia sincera.
2. El origen de nuestros conflictos. Miqueas 2:1 (NTV). Como hijos de Dios, somos llamados a poner nuestra confianza en Él. Proverbios 3:5-6 (NVI). Sin embargo, la naturaleza humana nos impulsa a hacer nuestros propios planes sin consultar a Dios, a actuar con autosuficiencia e independencia y preocuparnos cuando las cosas no salen como esperamos. El resultado de esta actitud es aflicción, estrés y ansiedad.
3. Buscamos a Dios cuando ya estamos en problemas. Miqueas 3:4 (NTV). Muchas veces buscamos a Dios solo cuando enfrentamos dificultades. El problema es que actuamos primero sin consultarlo y luego, al fallar, esperamos que nos rescate de inmediato. Queremos que Dios responda a nuestras oraciones, aunque lo hemos dejado fuera de nuestras decisiones. Por eso, la clave es buscar a Dios antes, no después de los problemas.
4. Lo que Dios pide de nosotros. Miqueas 6:8 (NTV). Dios no busca sacrificios, sino un corazón alineado con sus principios. Él nos llama a:
– Practicar la justicia, es decir, hacer lo correcto. Deuteronomio 10:12-16 (NTV) La justicia es clave en el plan de Dios. Como creyentes, debemos luchar por la justicia en el lugar donde estemos.
Entonces, recordemos siempre que Dios no nos pide sacrificios materiales ni obras impresionantes, sino una vida de justicia, misericordia y humildad, eso es lo que Él espera de nosotros como sus hijos.
La entrada ¿Qué espera Dios de mí? se publicó primero en Comunidad de Fe.
La senda Antigua
Jeremías 6:16ª. Mateo 7:13-14.
Durante su tiempo en la tierra, Jesús tuvo diferentes tipos de seguidores: Algunos lo siguieron por interés, otros por necesidad, algunos por curiosidad, otros porque creyeron en Él. Sin embargo, Jesús buscaba un grupo específico: discípulos comprometidos.
Lucas 14:25-27, 33. “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo… Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
Jesús no buscaba multitudes, sino verdaderos discípulos. No basta ser un seguidor, un fanático o incluso un creyente; se requiere ser un discípulo.
Características de un discípulo:
1. Ama a Dios por encima de todos y de todo. No es odiar a la familia, sino amar a Dios sobre todas las cosas. Muchas veces idolatramos relaciones o ponemos tradiciones por encima de Dios.
Beneficios de ser un discípulo:
1. Encontrará vida. Mateo 16:25. Esta vida no es solo física, sino plena y llena de propósito.
Si deseamos tener una vida llena de propósito, paz y ser usados por Dios, decidamos hoy convertirnos en verdaderos discípulos. No basta con ser solo creyentes, Dios busca discípulos que estén dispuestos a seguirle con todo su corazón. ¿Qué decisión tomamos hoy?
La entrada La senda antigua – Ps. Rolando Rodríguez se publicó primero en Comunidad de Fe.
Vestiduras nuevas
Cuando ayunamos y oramos, Dios comienza a hacer cosas milagrosas. Lo hacemos para alinear nuestro corazón con Él. Hay una batalla muy real en los aires, el ayuno nos ayuda a vencer.
Mateo 9:14-17: «Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.»
Hablemos de vestidos: la ropa que llevamos puesta dice mucho de nosotros, demuestra quiénes somos o qué hacemos. Sin embargo, también hay vestiduras del alma, y muchos llegamos al Señor con vestidos del pasado: abrigos de cargas, camisetas de dolor, pantalones de envidia, zapatos de luchas, interiores de desórdenes sexuales, chompas de ira, gorras de orgullo y rebeldía o medias de soledad.
Colosenses 3:5-15. Este ayuno debe servir para un cambio de vestiduras. Si no hay cambios en nuestro comportamiento y carácter, el ayuno ha sido en vano. Si no ves cambios en tu manera de tratar a los demás, solo hemos hecho una dieta.
El ayuno se trata de morir a los deseos de nuestra carne, es decir: inmoralidad sexual, pornografía, lujuria, fornicación, impurezas, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, que es idolatría. Debemos eliminar de nuestra vida: el enojo, furia, ira, malicia, calumnia, lenguaje sucio y mentiras.
Todas estas cosas ¡No es nuestra vestidura! Ya no es nuestra naturaleza. Somos nuevas criaturas en Cristo.
Colosenses 3:10-15: «Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a Él.»
Vestirse es una acción que debemos ejecutar nosotros mismos, es nuestra decisión. Dios nos está invitando a: vestirnos de compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Ser comprensivos y perdonadores. Vestirnos de amor, que nos une en perfecta armonía. Permitir que la paz de Cristo gobierne en nuestros corazones. Ser agradecidos.
Este ayuno no debe ser un ayuno más, de un año más. No arrastremos nuestro pasado a este 2025, porque es tiempo de pedirle al Señor un cambio real en nosotros y vestirnos de Su presencia. El verdadero arrepentimiento nos lleva a un cambio de vida, no solo a un remordimiento pasajero.
¡Este es el tiempo de renovar nuestras vestiduras en Cristo!
La entrada Vestiduras nuevas – Ps. Danny Serrano se publicó primero en Comunidad de Fe.
Recalibra tu vida
Una balanza que no está bien calibrada es engañosa, porque te hace creer que pesas menos de lo que en realidad pesas. Una brújula desajustada te llevará a un lugar al que no deseas ir. De igual forma, una vida que no está calibrada siempre se sentirá vacía. San Agustín escribió: “Señor Dios, nos creaste para ti, y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.”
En ocasiones sentimos que falta algo, que nada nos satisface. El libro de Eclesiastés describe esta sensación: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2). La palabra hebrea que se usa aquí es hebel, que significa humo o vapor, algo que parece sólido, pero se escapa entre los dedos; es transitorio.
El ayuno que agrada a Dios recalibra nuestros corazones. Muchas veces ayunamos para pedir cambios en nuestras circunstancias: la salud de un ser querido, sanidad en relaciones rotas o provisión. Todo esto está bien, pero olvidamos lo más importante: atender nuestro corazón. Jesús dijo: “Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia. Esas cosas son las que los contaminan.”
Jeremías 17:9-10 (NTV). Un corazón engañado nos lleva a prioridades equivocadas. El obstáculo más grande para cumplir la voluntad de Dios somos nosotros mismos, por el pecado que ocultamos en nuestro corazón.
Dios nos llama a apartarnos, consagrarnos y recalibrar nuestras prioridades y nuestro enfoque. Algunas maneras prácticas incluyen:
– Ayunar distracciones, donde acudimos para evadirnos, distraernos, refugiarnos o perder el tiempo; estos tiempos pueden transformarse en oportunidades para el crecimiento y la comunión con Dios.
Isaías 58:4,6-7 (NTV). Aquí, Dios nos muestra qué tipo de ayuno le agrada. En esos tiempos, aunque el pueblo cumplía con los ayunos, lo hacían de manera superficial, sin permitir que Dios transformara sus corazones.
Isaías 58:10-11 (NTV). Dios busca una transformación significativa en nuestro estilo de vida, no simplemente un día apartado para Él. El ayuno que Él desea rompe cadenas, desata ataduras y nos libera. Este tipo de ayuno nos permite compartir con los demás y enfoca nuestro corazón en sus necesidades. El ayuno genuino produce un cambio interior que se refleja en unción, bendición y provisión, porque la transformación interior trae bendición.
La verdadera transformación comienza en nuestro corazón. Cuando recalibramos nuestra vida, nos alineamos con los propósitos de Dios y experimentamos Su poder y provisión. ¡Es tiempo de dejar que Él nos transforme y de ser luz en este mundo!
La entrada Recalibra tu vida – Ps. Martín Holguín se publicó primero en Comunidad de Fe.
Ellos necesitan oír
Por la urgencia de los tiempos en los que vivimos y la gran necesidad que tienen las personas en este mundo, ¡el mensaje de Cristo y la salvación debe salir lo más pronto posible! Todas las señales que estamos viendo alrededor del mundo apuntan al regreso de Jesús. Incluso, escuchamos testimonios de musulmanes, budistas, hindúes, agnósticos y personas de religiones falsas que están acercándose a Cristo.
Una vez más, vamos a recibir un mensaje evangelístico, comenzando con una gran pregunta que el apóstol Pablo hizo a la Iglesia en Roma: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?». (Romanos 10:14). Este versículo está conectado con otra promesa importante: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. (Romanos 10:13).
Esta carta de Pablo, escrita hace más de 2000 años, sigue siendo válida hoy, y todos debemos adherirnos a ella.
Efesios 5:15-20 (NVI). ¿De qué nos hablan estos versículos? De agendas y prioridades. Estos pasajes nos enseñan que la vida no está destinada para andar de fiesta en fiesta. Nosotros, como cristianos, no somos un grupo de “fiesteros”. El mundo que no conoce a Cristo intenta llenar su vacío con alcohol, drogas, fiestas constantes, sexo ilícito e inmoralidad. Pero, como un bumerán, siempre regresan a su existencia vacía y solitaria porque nada de eso puede llenar el vacío en sus corazones. Ni las personas, ni el dinero, ni profesiones, ni la fama, ni los grandes logros, ni los vicios o el pecado pueden perdonarnos o cambiarnos, sino solo Jesús.
Por eso, iglesia: ¡Ellos necesitan escuchar las buenas noticias! No cualquier “buena noticia”, sino las grandes noticias del Evangelio, que los liberarán por completo. Y ¿De quién necesitan escuchar estas noticias? El profeta Isaías lo dijo hace más de 2500 años: “¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas noticias, del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: ‘¡Tu Dios reina!’” (Isaías 52:7, NVI).
Muchos estudiosos de la Biblia interpretan los “pies hermosos” de este pasaje como una referencia profética a los pies de Jesús y también los de sus seguidores. Esto significa que tanto los pies de Jesús como los de quienes comparten Su palabra son altamente valorados.
Regresemos a las palabras de Pablo y la culminación de esta profecía: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).
Esto se conecta con la Gran Comisión que Jesús nos dio en Mateo 28:18-20: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…”
¿Entendemos realmente cuán importante es nuestro papel en estos tiempos finales? ¡El mundo necesita escuchar las Buenas Noticias!
La entrada Ellos necesitan oír – Ps. David Ingman se publicó primero en Comunidad de Fe.
Somos las buenas nuevas
Por: Pastor David Ingman
Todos sabemos que el mensaje de salvación son las “Buenas Nuevas” para toda la humanidad. Sin embargo, a veces solo vemos estas buenas nuevas desde una perspectiva egoísta, de cómo pueden beneficiar nuestra propia vida.
Hechos 10:34-39, 42-43 (NVI). Aquí se revela el propósito de Dios para sus Buenas; este pasaje habla de perdón y salvación. Nosotros debemos ser un ejemplo y un reflejo de las buenas noticias. Entonces, ¿qué son las buenas noticias”? Las Buenas Noticias son el Evangelio de Jesús y la Palabra de Dios.
2 Timoteo 4:1-3. El apóstol Pablo, básicamente, le dijo a Timoteo que tenía una ventana de tiempo para cumplir su propósito; así que nosotros, como iglesia, necesitamos comenzar a trabajar y anunciar las buenas nuevas al mundo antes de que sea demasiado tarde.
Por un tiempo, yo solo veía las Buenas Nuevas desde el punto de vista de mis beneficios personales, sin entender lo que Dios quería hacer a través de mí para los demás. Esto reflejaba una inmadurez cristiana. Hasta que un día, el Espíritu Santo me dijo: “Tú eres las Buenas Nuevas para los demás, y ellos necesitan escuchar tu historia de cómo las Buenas Nuevas cambiaron tu vida”.
Como cristianos, es nuestra responsabilidad compartir las noticias de salvación con quienes nos rodean. Nuestro deber como creyentes es amar a Dios y amar a los demás.
Romanos 1:16. Pablo también enseñó a la iglesia en Roma la importancia de compartir el evangelio y cómo las Buenas Nuevas son la esencia de nuestra identidad. Esto significa que, cuando compartimos el evangelio, el Poder de Dios toca las vidas de quienes las escuchan.
Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.”
Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Este es el tiempo para brillar. Es el momento de compartir el Evangelio, porque nosotros somos las Buenas Nuevas.
La entrada Somos las buenas nuevas – Ps. David Ingman se publicó primero en Comunidad de Fe.
Básico
En la ciencia, hay fundamentos básicos que sostienen todo, como en las matemáticas: suma, resta, multiplicación y división. De manera similar, en la vida cristiana, nuestra base es la Palabra de Dios. Hoy exploraremos una parte fundamental de esa base que muchas veces es ignorada: no juzgar a los demás.
Jesús lo dejó claro en Mateo 7:1-2: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.»
¿Por qué no debemos juzgar?
1. Porque seremos juzgados con el mismo juicio y medida que usamos para otros. El juicio refleja nuestra actitud (enojo, envidia, odio, prejuicio, etc.). La medida con la que juzgamos demuestra nuestro estado (inmadurez, orgullo, dureza, falta de empatía).
Mateo 7:3-5. No seamos entrometidos; no somos llamados a ser jueces. En lugar de juzgar, evaluemos nuestra propia vida. 1 Corintios 4:5. Lo que sí podemos y debemos juzgar son nuestras propias acciones y actitudes.1 Corintios 10:23-24 nos da tres preguntas para reflexionar:
– ¿Conviene? ¿Va a servir de algo?
La queja es otra forma de juzgar. En Números 11, el pueblo de Israel se quejaba de todo: de Moisés, de la comida, del camino, e incluso de Dios. Pero, Santiago 5:9 nos dice: «Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.» Debemos evitar la queja porque no nos beneficia, solo nos expone al juicio. Recordemosque el pueblo de Israel pasó 40 años en el desierto debido a su constante queja.
Para vencer el juicio y la queja, el camino es claro: arrepentirse y dejar que Dios transforme nuestro corazón. Romanos 2:1-3 advierte: «Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.»
En lugar de juzgar y quejarnos, enfoquémonos en lo que edifica, es útil y bendice. Que nuestras palabras y acciones reflejen la gracia y misericordia que hemos recibido de Dios.
La entrada Básico – Ps. Rolando Rodríguez se publicó primero en Comunidad de Fe.

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