Su autor lo presentó como un estudio de la conducta humana ante ciertos roles asignados de antemano: guardias y prisioneros. Lo que ni los participantes sabían es que el investigador a cargo, Philip Zimbardo, se reservó información ante los participantes, instigó a quienes actuaban de guardias a hostigar a los reclusos, y nunca recopiló ni presentó toda la evidencia de los pocos días que logró durar este experimento en Stanford. En este episodio, Andrés Kalawski y Paula Molina repasan las etapas del método científico y evitan el temido sesgo de confirmación en su trabajo.