Si la poesía tiene una característica innata es la excederse a la “poesía”, es decir, la poesía se convierte en mar, en lengua, en memoria y en cebolla indistintamente, no porque esté en todo, sino porque es todo. Por ello, esta semana nos vamos con Mario Obrero a otra forma de poesía recordando aquella frase de Horacio: ut pictura poesis. Hoy, en "Un poeta en París", hablamos de poesía y arte. Cada nuevo verso, cada poeta que nace, es un paisaje, un color, una posibilidad más allá del tedio y de la mansedumbre gris a los proyectos impuestos de la desesperanza. Y ese paisaje, relata Obrero, esa asamblea es también forma, materia, color y movimiento, justo como en el arte. Arte que encontramos en los versos de la poeta americana Marianne Moore en su poema “Una botella egipcia en forma de pez" o en aquellos otros versos del poeta Diego Jesús Jiménez, que nos escribía hace unos años un poema maravilloso que habla de las Cuevas de Altamira, de ese momento germinal e iniciático del arte rupestre en la Península Ibérica. Hablamos de otros poetas que han tenido relación con el arte, como William Blake, Tapiès, Klee, Pollock, los títulos de algunos cuadros de Goya o los dibujos de Dylan Thomas. Un poeta que cuenta con una gran obra artística, especialmente en el grabado y en la acuarela, y que conoce a las patatas enterradas en un cuadro de Joan Miró es el ya conocido en esta sección Juan Carlos Mestre. Y cómo olvidarnos de Rafael Alberti, quien escribía sobre una de las mayores obras de la Historia del Arte, “El jardín de las delicias” unos versos que escuchamos en la preciosa lectura que realizó hace algún tiempo el grupo musical “Bosco”
Nos fijamos en un proyecto fotográfico y poético recogido bajo el título “Tampoco era esto lo que quería decir” puesto que, como bien decía la fotógrafa Berenice Abbott, “la fotografía (si es honrada y directa) tendría que estar relacionada con la vida contemporánea, con el pulso de hoy día. La poeta navarra Irati Iturritza Errea se acompaña en este proyecto poético del fotógrafo Erik Rodríguez Fernández, dos miradas jóvenes que persiguen la exactitud lumínica. Y ya que en Gente despierta queremos llenar nuestros bolsillos de poemas, despedimos con los versos de Constantino Molina, que conoce muy bien los museos porque precisamente trabaja en uno de ellos, la Casa de las musas y, al salir, vuelve a esa casa porque desde la poesía nos regala un poema pensando en la escultura de Bernini “El rapto de Proserpina” que escuchamos para terminar.