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Juan David Betancur
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Había una vez hace muchos muchos años un bosque donde vivían muchos seres mágicos. El bosque era el lugar donde todas las noches cosas extrañas sucedían. El bosque estaba lleno de gnomos con su nariz puntiaguda, de dragones con su cuerpo lleno de escamas y su boca de fuego, de unicornios de todos los colores y de, ciertamente, brujas.
El bosque encantado, como lo llamaban, los habitantes de una pequeño poblado cercano, era un lugar que los seres comunes y corrientes evitaban, ya que corría la voz por todo el pueblo que en los que alguna vez se atrevieran a entrar no volvían a salir.
Cuentan los viejos de ese pueblo que un noche de luna nueva, cuando la luz de la luna no existe, se comenzaron a oír sonidos extraños provenientes del bosque. La noche era la noche más oscura de la que se tuviera noticia y los habitantes al sentir los ruidos rápidamente se fueron a ocultar en sus casas temiendo que algo terrible pudiera pasar.
Desde las ventanas de las casas se empezaron a ver como unas sombras se dirigían desde todas partes hasta el bosque encantado y como algunas luces misteriosas comenzaron a aparecer en aquel bosque.
De pronto a media noche una voz chillona a comenzó a escucharse. Era sin duda alguna la voz de una bruja ya que ellas tenían una voz bastante desagradable. Desde aquel bosque se escucho.
Amigas de todos los puntos cardinales, Norte, Este, Oeste y Sur. Bienvenidas al aquelarre de los cien años. Cien años han pasado y hemos esperado que el 31 de octubre fuera luna nueva y hoy ese día ha llegado.
De pronto se vio como una llama enorme iluminaba el bosque desde el centro mismo y como los arboles antes oscuros tomaban el color del fuego.
El ruido comenzó a subir y a subir y todos los seres del bosque comenzaron a salir para unirse a aquella reunión de brujas. los enanos tocaban el tambor y las elfas comenzaron a cantar con su maravillosa voz, Los gnomos sacaron a bailar a las hadas, y los troll hacían ruido con sus palmas. Mientras tanto las brujas pusieron un bebedizo al fuego y tomando algunas pociones misteriosas comenzaron a mover el caldero el cual comenzó a producir un liquido de color amarillo fuerte.
Todos estaban esperando que sucedería con aquel caldero mágico ya que se decía que iban a producir el elixir mágico de la eterna juventud. Todos ansiaban probarlo. Cuando ya la fiesta estaba en plenitud y el sonido de la música llenaba aquel bosque, se oyo un sonido de un dragón que despertaba. El dragón mayor había estado dormido mientras todo esto sucedia y de pronto al despertar se enojo. Con un grito aireado solto una bocanada de fuego que recorrio medio bosque y llego a terminar donde estaba el caldero. El caldero se movio y después de algunos segundos cayo al suelo. La pócima de la eterna juventud, aquel producto que habían esperado por cien años había caido al suelo y se derramaba sin que las brujas, ni los gnomos, ni los enanos, ni los unicornios pudieran hacer nada.
Con vieron como esta pócima era absorbida por el suelo y pronto toda ella desaparecio. Aterrorizados los habitantes del bosque comenzaron a cavar y cavar buscando al menos una gota de pócima que pudieran utilizar.
Pero fue la mala fortuna, o la buena fortuna, que toda la pócima cayera en un pequeño rio subterráneo que salia del bosque y que brotaba junto al pueblo cercano.
Aquella noche sucedió algo mágico. El riachuelo que brotaba cerca al pueblo y con el cual se regaban los cultivos de calabacines que tenían los habitantes alrededor del pueblo, se torno de color amarillo fuego. Y de pronto algo sucedió. Los habitantes empezaron a sentir como explosiones en el
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Juan David Betancur
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Había una vez un joven daltónico que nació en la familia más poderosa y rica de la roma del siglo I, Este joven era hijo de uno de los generales romanos más famosos y queridos. Su padre Germánico era hijo adoptivo del emperador Tiberio. Como General Romano Germánico viajo por toda Europa llevando a su hijo durante sus campañas.
El hijo del general Germanico llamado Cayo Julio Cesar era un niño brillante y desde muy pequeño su padre lo llevaba en sus campañas militares y el niño imitando a los soldados siempre insistía en usar uniforme militar con botas y escudo. Los romanos veían con gracia que el niño usara pequeñas caligas como se le llamaba a las botas militares y comenzaron a llamar al niño caligula que significa botitas pequeñas. El nombre se hizo popular entre los militares pero en el circulo de la familia dicho termino estaba prohibido.
Cayo Julio Cesar crecio pues dentro de la familia imperial y su padre Germanico siempre fue considerado como el favorito para suceder a su padre adoptivo El emperador Tibero. Pero el destino le tenia a Germanico un trágico final.
Después de regresar de sus campañas en el norte de Europa, Germanico fu enviado a Egipto y Siria y allí comenzó a gobernar a nombre del imperio Romano. Desafortunadamente esto atrajo muchas envidias y algunos de los senadores planearon su muerte y se dice que fue envenenado por orden de el asesor del emperador llamado Sejano .
Su esposa tomo el cuerpo de Germanico y entrando en Roma con el cadáver y sus hijos recibió grandes honores. Honores que impactaron enormemente al joven Caligula.
Paso el tiempo y después de una serie de asesinatos y muertes extrañas el emperador Tiberio acepto a Calígula como su hijo adoptivo proyectándolo como futuro emperador cuando el muriera junto con su primo tiberio Gemelo
Siendo joven y brillante la plebe lo adoraba y cuando el anciano emperador Tiberio murió el 16 de marzo del año 37 Caligula que crecio junto a su tio y padre adoptivo Tiberio, aprendiendo las normas del poder absoluto, rápidamente se deshizo de su primo tiberio gemelo y fue proclamado como emperador a los 25 años de edad, para el beneplácito de la ciudad de roma que lo adoraba.
Durante los primeros meses gobernó con sabiduría y Roma tuvo un momento glorioso, pero el joven Calígula comenzó a mostrar rasgos demenciales y muchas de sus actuaciones eran fuertemente censuradas a escondidas por algunos de los senadores.
Caligula, pese a su daltonismo, se consideraba un hombre perfecto y un Dios. Todos en cambio reconocían que era un ser irascible, caprichoso, derrochador y enfermo Sexual con rasgos de locura.
Algunos en el senado comenzaron a planear su asesinato y formaron un grupo de elite entre la guardia pletoriana para que lo asesinaran a la salida del foro romano donde se celebraban los juegos.
El plan llego a oídos de caligula y este organizo un plan para deshacerse de los conspiradores. Sabía que los probables asesinos usarian como distintivo una capa roja que los ayudaba a identificarse entre ellos.
Caligula reunió a su guardia personal, la instalo a la salida del foro y les dio la orden de que mataran a todos aquellos que salieran con una capa roja. Así se sentó tranquilamente a observar los juegos del foro y cuando se sintió cansado simplemente recogio su capa verde y comenzó a salir confiado y tranquilo.
Su tranquilidad desapareció cuando sus guardias personales vieron salir un hombre vestido con una capa roja. Inmediatamente se abalanzaron sobre el y con un certero golpe de daga lo mataron allí mismo. Cuando cayo se dieron cuenta que el
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Juan David Betancur
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Habia una vez un hospital en un pueblo de Antioquia donde una tarde de domingo nada estaba sucediendo. El pueblo de escasos 5000 habitantes era considerado uno de los pueblos más tranquilos de las altas montanas de Antioquia y aquella tarde de domingo demostraba claramente que la paz y la tranquilidad eran la constante del pueblo.
El hospital vivía pues una calma chicha propia de un domingo y la medica a cargo y sus dos enfermeras se entretenían simplemente charlando sobre los pocos acontecimientos del pueblo. De pronto el sonido estridente de una bocina de un bus los saco del letargo y rápidamente se levantaron y corrieron hacia la puerta principal.
Efectivamente un bus chiva como se le llaman allí a estos vehículos se dirigia rápidamente a la puerta del hospital. Cuando llego el ayudante salto y comenzó a llamar por ayuda para que le colaboraran con una decena de heridos que trataban de saltar del vehículo pese a sus multiples heridas, raspaduras y contusiones.
La medica de turno y las enfermeras se acercaron presurosas a la chiva y con sus manos comenzaron a ayudar a los heridos a entrar a aquel puesto de salud. 12 hombres se tendieron en el piso del hospital colmando todo el servicio de urgencias y la medica trataba de entender como había sucedido que los doce tuvieran raspaduras, quemones y que sus ropas estuvieran rotas mientras que los otros pasajeros del bus no presentaran ningún trauma físico.
La medica llamo a su presencia al ayudante del bus que había corrido inicialmente a buscar su ayuda y le pregunto que había sucedido. El ayudante solo repetia ….. estaba lloviendo, estaba lloviendo y luego se quedo callado.
La medica se acercó a uno de los heridos y le pregunto que había sucedido. Y este le dijo. Doctora Yo solo recuerdo que estaba lloviendo cuando el bus paro a recogerme, junto a otros trabajadores de la finca, como todo el bus estaba lleno el conductor del bus nos dijo que podíamos treparnos hasta el techo del bus donde usualmente se lleva la carga. Por la necesidad de tomar el bus aceptamos y cuando nos subimos vimos un ataud que viajaba en el techo.
Como buenos cristianos nos persignamos, rezamos un ave maría por el alma del muerto y nos sentamos en el techo mismo del bus ya que no había otra opción. Con la lluvia simplemente nos cubrímos con las ruanas para que no se nos mojara la ropa y tratamos de olvidarnos de aquel feretro que nos acompañaba.
Después de media hora la lluvia ceso y un poco aliviados vimos como el sol comenzaba a salir, nuestro animo igualmente fue mejorando pero alguno de nostros dijo….Oyeron ese ruido…. Oyeron ese ruido. Efectivamente dotora…. Yo pude oír claramente un ruido, como golpes que venían directamente del ataud. Todos inmediatamente nos paramos y nos fuimos apartando de aquel feretro y de pronto dotora. Se lo juro por dios que me mira. Vimos que la tapa del ataud comenzaba a levantarse lentamente lentamente y todos comenzamos a rezar lo que nos habían ensenado nuestros taitas cuando niños y de pronto la tapa se abrio de un sopetón y todos sin dudarlo y sin importarnos que el bus iba a toda velocidad por esa carretera de piedras saltamos y nos tiramos de aquel techo del bus.
Dotora eso fue lo único que recuerdo, luego desperté con los otros compañeros trabajadores tirados en el piso del bus mientras los pasajeros que iban dentro del bus nos trababan de ayudar y el bus venia a toda velocidad hacia el pueblo.
Se lo juro dotora que eso fue lo que sucedió.
La medica de turno extrañada por la historia se acercó al ayudante del bus que todavía estaba semi en shock y le dijo…. Joven es verdad lo que este hombre me dijo…. Lo del ataud que
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Juan David Betancur
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Habia una vez en lo que hoy conocemos como Praga un emperador llamado Rodolfo II que controlaba lo que en su época era el reino de bohemia y el sacro imperio romano, el rey era pues en su momento el hombre más poderoso de Europa. Corría los finales del siglo XVI y el principio del siglo XVII.
En Praga existía una enorme población judía que se habían asentado cientos de años atrás a finales del primer milenio, por muchos años la población judía de Praga había resistido la presión de los católicos para ser expulsados de la ciudad. A mediados del siglo XVI habían sido expulsados durante el reinado de Ferdinando I pero habían regresado de nuevo 10 años después. Eran pues épocas difíciles para los judíos cuando el rey Rodofo II tomo el control del imperio.
Por aquellas épocas vivía en Praga el Rabino Loew quien se haría famoso por la historia de golum, pero que además era ampliamente reconocido por su sabiduría. El rabino Loew era el estandarte de la comunidad judía y representaba ante los ojos del emperador como líder y guía de los judíos en Praga.
Por aquellas épocas y debido a las malas intenciones de algunos ciudadanos de Praga, el emperador había estado considerando la expulsión nuevamente de los judíos y estos preocupados recurrieron a su rabino. El rabino loew debería pues intervenir ante el emperador Rodolfo II para que les dejaran permanecer en su amada ciudad de Praga. Pero solo lo podría hacer si lograba una entrevista directa con el mandatario.
Siendo la fama del rabino Loew de ser un gran conocedor de las artes mágicas y de la Kabala, temas que le interesaban de sobre manera al emperador Rodolfo II, cuando le llego la extraña invitación del rabino loew de que el rey lo visitara en su humilde morada en vez de pedir una audiencia en el palacio del emperador, Rodolfo II acepto por el interés propio con el misticismo.
La cita se programo para la noche de dia 23 de febrero del año 1592. Se dice que el emperador y algunos de los miembros de su corte se hicieron presentes en la humilde morada del rabino y que este salió a recibirlos a la puerta misma de la vivienda.
Luego sin hacer mayor aspavientos los invito a pasar a su humilde casa. Cuenta la leyenda que los cortesanos y el mismo emperador no podían creer lo que veían. Cruzando la puerta se adentraron en el más esplendido palacio que ser humano pudiera conocer. La puerta daba acceso a un enorme jardín con multiples fuentes de aguas danzarinas. Alrededor de este jardín multiples estancias se acumulaban y en cada una de ellas multiples puertas llevaban a más y más habitaciones, haciendo imposible determinar cuantas habitaciones habían. Las paredes bellamente adornadas y los techos pintados y adornados con multiples apliques que representaban lo que pudiera ser un mundo superior resaltaban el tamaño y la riqueza de aquel palacio.
Después de recorrerlo en parte, el emperador y su corte se sentaron a deleitarse con el más exquisito banquete y de allí surgio la petición del rabino loew de que el emperador no escuchara a los consejeros que pedían la expulsión de los judíos y por el contrario los aceptara como parte de la sociedad de Praga.
El emperador emocionado por las vistas del palacio y por amena conversación con su interlocutor le prometio al rabino loew que los judíos podrían permanecer en Praga mientras el fuera emperador.
La visita había sido un éxito y el rabino había logrado su cometido, había maravillado al emperador a tal grado que este había acogido con gusto la sugerencia de dejarlos vivir el Praga sin molestarlos.
Cuenta la leyenda que terminada la noche el emperador salió de aquel palacio a la os
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Juan David Betancur
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Había una vez en una de lo que hoy conocemos como Oceanía, un hombre llamado Maul que significa roto. Este hombre se debía a que tenía un aspecto inusual. Tenía la cara torcida, la espalda doblada por una pronunciada joroba y en su caminar rengueaba de una de sus piernas, lo que lo hacia más notorio.
Pero Maui era un hombre poderoso. Nadie en aquellas islas tenia los poderes mágicos que el tenia, ni tenía la aguda inteligencia que el demostraba, ni las habilidades de pesca que tenía.
Por aquellas épocas sucedió que el sol deseando castigar a los hombres comenzó a caminar muy rápido por la bóveda celeste y así cuando salía los hombres no tenían tiempo siquiera de desperezarse y salir a trabajar ya que el sol pasaba tan rápido que la oscuridad volvía a surgir. Desesperados los habitantes de la isla recurrieron a Maul, quien preparo sus redes y subiendo a una alta montaña las lanzo sobre el sol y lo atrapo. Luego lo trajo a tierra y lo castigo de tal manera que este accedió a cruzar el firmamento de nuevo a paso normal para darle tiempo a los hombre de levantarse, ir a trabajar y volver a la casa. Debido a esto el sol ya ilumina de forma regular las tierras de Oceanía.
Maui tenía un hermano llamado Kuri que era a diferencia de Maul muy buen mozo y atractivo: En la isla todas las mujeres se enamoraban de él. Maul, En cambio, a pesar de todos sus poderes y todas sus habilidades no tenia ninguna suerte con las mujeres jóvenes de la isla. Pero con el tiempo una hermosa doncella llamada Hina se fijo en Maul y este encantado le propuso vivir juntos en su cabaña cerca del mar. Enamorado de Hina, Maul salía todas las noches a pescar y debido a sus habilidades siempre traía los pescados más grandes, gordos y deliciosos, para delicia de el y su mujer Hina.
Hina por su parte se volvió una experta cocinando los pescados y siempre ofrecía suculentos banquetes a su marido Maul.
Pero sucedió que Kuri el hermano de Maul, comenzó a visitar a la pareja atraído inicialmente por la dotes culinarias de Hina y luego atraído por la belleza de Hina.
Kuri aprovechaba que Maul salía a pescar y con cualquier excusa pasaba por la casa de la pareja y comenzó a cortejar Hina. La presencia física de Kuri, en contraste con la figura maltrecha de maul, llevo a que Hina se fijara en Kuri y ambos comenzaron a tener una aventura a espaldas de su marido y hermano.
Hina, enamorada de Kuri, comenzó a ocultar los mejores pescados para preparárselos por la noche a su amante y cuñado y Maul solo recibía los pescados más pequeños en su racion de comida.
Maul comenzó a sospechar que Hina le estaba dando los pescados más pequeños y con mayor espinas Y le hizo el reclamo.
Hina solamente le contestaba que así eran los pescados y que ella solo los cocinaba para el. Maul, inteligente y habilidoso como era, comenzó a marcar los pescados que recogía durante la noche y buscaba sus marcas al día siguiente cuando Hina se los daba. Noto que muy pocos de los pescados marcados llegaban a su plato y decidio establecer una trampa para su esposa.
Muy enojado y triste, pensó en la forma de descubrir el misterio. Aquella noche, antes de salir a pescar le dijo a su mujer.
-No me esperes. Hoy he observado un gran número de peces nadando afuera de la isla, Pasare toda la noche en el caladero y de allí traeré numerosos pescados. No volveré sino hasta que salga el sol de nuevo por la mañana.
Maui se embarcó en su canoa como siempre y comenzó a remar mar adentro, cuando sabía que ya Hina no lo podía ver se dio media vuelta y regreso a la costa cubierto por la oscuridad de la noche.
Cuando se acercó a su casa, vio lo que se estaba imaginando. Su mujer reía y cantaba
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Había una vez una princesa que pese a ser princesa vivía muy triste e infeliz. Esta princesa como muchas princesas solo podía jugar con otras princesas, y como hay muy pocas princesa generalmente permanecia sola sin amigos o amigas para jugar
Por eso, estra pequeña princesa tenía que lanzar completamente sola su pelota de oro al aire y volverla a coger de nuevo, cuando salía a jugar en el jardín del palacio. Pero esto le aburría.
Un día, desde el otro lado del muro llegó hasta ella el rumor de alegres risas. La princesita escuchó, y luego miró hacia la camarera que la vigilaba. Ésta se hallaba sentada en un banquillo; pero era evidente que estaba a punto de dormirse, pues el tiempo era muy caliente el bochorno de la tarde era sofocante. En este momento se cerraron los ojos de la doncella. La pequeña princesa conocía la puertecilla que había en el muro. Pero sabía también que un soldado la guardaba constantemente.
Pero, ¡oh suerte! También el soldado se había dormido un poco en su garita, a causa del bochorno. Así pudo deslizarse la princesita como un ratoncillo, sin ser vista. Con curiosidad miró calle arriba, calle abajo. Un niño y una niña estaban sentados en el bordillo de la acera, entretenidos en hacer correr barquitos de papel en un arroyo de la calle. Con las puntas de los pies descalzos o con bastoncitos de caña, desviaban los barquitos que querían deslizarse en la alcantarilla. Sin embargo, si esto sucedía, reían fuertemente los dos muchachos, al ver como se movían los barquitos y como lo recobraban. Nunca había visto la princesa un juego tan agradable y entretenido como aquél.
-¿Puedo jugar con vosotros? -les rogó la princesita.
-Por mí... -dijo el muchacho.
-Sí, con mucho gusto -dijo la muchacha.
Entonces abrazó la princesa a la muchacha y se sentó junto a ella en el bordillo de la acera. Parecía que ahora empezaba para ella una nueva vida, y esta maravilla duró casi media hora. Hasta que de pronto se oyó gritar detrás del muro:
-¡Princesa! ¡Princesa!
Al punto se abrazaron las dos muchachas, y la princesa dijo:
-¡Qué lástima que no pueda quedarme siempre a tu lado!
Acompañada por siete doncellas, regresó de nuevo la hija del rey a palacio, y tras ella marchaba el soldado. En el palacio se llevaban las doncellas las manos a la cabeza y gemían con desconsuelo:
-¡Ha jugado con niños de la calle! ¡Desnudadla y arrojad todos los vestidos al fuego!...
Después la bañaron cuidadosamente. Pero cuando comenzaron a peinarle los cabellos, lanzó la primera doncella un fuerte grito.
-¿Qué te ocurre? -preguntó la princesa, compasiva.
-¡Terror sobre terror! -lamentó la doncella, y pidió a gritos una bandeja de oro.
Sobre ella colocó un pequeño puntito de color pardo, que se agitaba alegremente.
Luego reunió a las demás doncellas del servicio de la princesa. Todas se inclinaron sobre un diminuto animalillo, y la más vieja sentenció, llena de espanto:
-Es un piojito. Lo ha cogido de la andrajosa muchacha. ¡Al fuego con él!
Pero entonces exclamó la princesita:
-¡No es ninguna muchacha andrajosa! Es mi amiga. Y el piojillo quiero conservarlo yo. No ha de ir al fuego.
Entonces se desmayaron las siete doncellas al oír semejantes cosas. La princesa, sin embargo, se apresuró a ir con la bandeja de oro hacia la reina:
-Reina, querida madre. ¡Quieren quitarme el piojito, el regalo de mi amiga! -exclamó.
Entonces se desmayó también la reina, y se llamó apresuradamente al rey. Este se puso a reír cuando supo de qué se trataba y dijo:
-Princesa, princesa, ¡Ese pequeño animalito muerde!
Hizo una seña a un soldado, v éste se llevó la bandeja de oro en que estaba el piojito. La princesita, entonces, comenzó a llorar amargamente, y no había manera de consolarla.
Como al tercer día aun siguiera llorando, hizo venir el rey a su orfebre, que era un hombre hábil y f
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Había una vez dos hermanos. El menor era un tonto, se casó y fue a vivir por su cuenta en una humilde casita, mientras que el mayor y más avispado se quedó viviendo en la casa de sus padres. Muerto el padre, se repartieron la herencia.
La mujer le dijo al tonto:
-Ve a ver a tu hermano y dile que te dé tu parte.
El tonto fue a ver a su hermano y le dijo:
-He venido para que hagamos el reparto.
-De acuerdo -dijo el mayor. Hemos heredado siete vacas y un ternero. Llevémoslos al prado y dejémoslos libres. Los que entren en tu establo serán tuyos; los que entren en mi establo serán míos.
El tonto dijo que le parecía bien.
Llevaron los animales al prado y, naturalmente, todas las vacas volvieron al establo del hermano mayor, como solían hacer. Sólo el ternero, después de haber correteado de aquí para allá, se metió en el establo del tonto.
El tonto cogió el ternero y se fue con él a arar. Pero ¿acaso puede un ternero tirar del arado? El tonto se enfadó tanto que cogió una garrota y lo golpeó hasta darle muerte. Le quito la piel y colgó su carne de las ramas de un peral que crecía junto al seto.
Rapidamente aparecieron unos cuervos que se abalanzaron sobre la carne colgada.
-Un momento, un momento -gritó el tonto. Esta carne no es vuestra. Pero, si la queréis comprar, os la vendo.
-Craa, craa -graznaron los cuervos.
-He comprendido, estáis de acuerdo. Pero ¿cómo me la pagaréis? Seguro que no tenéis dinero.
-Craa, craa -graznaron de nuevo los cuervos.
-Ah, no, estimados amigos, no puedo venderos la carne. Salvo que el compadre peral os sirva de aval.
En ese momento, el viento sopló y el peral se inclinó con todas sus ramas.
-De acuerdo, ya que el peral os avala, coged la carne y coméosla -dijo el tonto, y volvió a su casa, donde contó a su mujer que había vendido la carne del ternero a los cuervos y que el peral los había avalado.
-Eres francamente un tonto -se enfureció su mujer. Querría que me explicases cómo hará el peral para pagar por los cuervos.
-Ése es asunto suyo, yo no me quiero romper la cabeza pensando en ello -dijo el tonto, y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, fue a ver el peral. Del ternero pa sólo quedaba el esqueleto y quién sabe adónde se habían ido los cuervos volando.
-¿Dónde está el dinero? -le gritó el tonto al peral. La carne se la han comido. Sabe Dios adónde han ido. Tú les has servido de aval. Ahora paga.
El peral movió unas pocas ramas, pero no mostraba la menor intención de pagar.
-¡Eres un embustero! -gritó el tonto y, aferrando el hacha, comenzó a asestarle golpes al peral para cortarlo.
Bastaron unos pocos golpes para hacerlo caer, porque el peral era viejo y estaba vacío por dentro. ¿Y qué encontró el tonto en su cavidad? Una olla llena de monedas de oro.
-Lo que siempre he pensado -concluyó el tonto: hoy no se consigue nada por las buenas.
Cogió la olla llena de oro y se la llevó a su casa.
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Había una vez un hombre que tenía una posada en la que antes de cada amanecer llegaban los ogros de las montañas tras sus correrías nocturnas. Devoraban todo el banquete que se les había preparado y luego se iban a dormir hasta que el sol se ocultaba.
El pobre posadero no podía negarse a servir a aquellas nefastas criaturas, pues si no accedía a sus pedidos, le habían asegurado que lo devorarían a él y a toda su familia.
Por lo tanto, el posadero mantenía la posada cerrada durante el día y en cuanto el sol se ocultaba alojaba algún que otro huésped ocasional con la condición de que se marchara antes del amanecer.
El tiempo fue pasando y cada vez menos viajeros se hospedaban en aquel lugar tan poco cortés en que lo sacaban a patadas antes de que saliera el sol. Dicen que la mala fama se multiplica por diez; en efecto, pronto el lugar se quedó sin clientes.
Así es como el posadero se iba hundiendo cada vez más en la miseria, y su esposa y sus dos bellos hijos temían tanto por sus vidas que iban empalideciendo y enflaqueciendo y se les habían formado arrugas de angustia en sus jóvenes rostros.
Una noche se desató una feroz tormenta, la lluvia parecía provenir de los cuatro puntos cardinales. Los ogros habían partido un poco más temprano al amparo de los nubarrones negros que habían ocultado el sol.
De pronto, tres golpes retumbaron en la vieja puerta de madera de la posada. El hombre fue a atender, pensando que eran los ogros que regresaban por la recia lluvia que azotaba la región, pero se sorprendió mucho cuando vio a un hombre ataviado con yelmo, armadura y escudo. El guerrero descubrió su cabeza y saludó cortésmente:
-Buenas noches, buen hombre, quisiera hospedarme esta noche aquí.
El posadero estaba tan sorprendido por la llegada de un cliente que permanecía sujeto al marco de la puerta con la boca abierta, pero su sorpresa fue aún mayor cuando vio que el guerrero estaba acompañado de dos criaturas.
La primera era común: un caballo de guerra de color marrón oscuro, cargado con una silla de montar y un par de sacos de tela oscurecida por la lluvia. Pero la segunda criatura era casi tan increíble como los ogros. Era una bestia de color amarronado, parecida a un gato, pero mucho más grande y casi tan alto como el caballo. Miraba fijo al posadero con la boca abierta repleta de colmillos, sus patas terminaban en enormes zarpas.
-Dije que deseo pasar la noche aquí -repitió el guerrero con mayor énfasis, mientras la lluvia tamborileaba sobre su escudo y armadura.
El pobre posadero por fin reaccionó y se negó rotundamente:
-Lo siento mucho, pero el albergue está lleno, no tengo más lugar.
-La tormenta es muy fuerte.
-Y como si fuera un juego del destino, en ese momento retumbó un trueno que pareció romper el cielo.
-Lo siento mucho, señor, pero no cabe ni un alfiler.
-Si me deja dormir en el establo, se lo agradeceré eternamente. El caballo y la criatura que parecía un gato gigante aguardaban junto al hombre, mientras la lluvia aumentaba su caudal.
El posadero se apiadó del guerrero y agachando la cabeza decidió acceder.
-Puede quedarse pero con una sola condición.
-Solamente menciónela y la cumpliré dentro de los límites de mis posibilidades -sentenció el guerrero con firmeza.
-Debe partir antes del amanecer. Sin excepción y sin excusas.
El guerrero se tomó unos instantes y finalmente respondió:
-Así lo haré, tiene mi palabra. Sin embargo, estoy muy cansado y no puedo confiar en mi fuerza de voluntad para levantarme a la hora convenida, así que le agradeceré que me despierte cuando lo crea conveniente.
El posadero se hizo a un lado para dejarlo pasar. El guerrero entró con pasos pesados y a continuación lo siguió el felino con su andar sigiloso.
-Puede guardar el caballo en la caballeriza -le dijo el guerrero con voz agotada.
El posadero corrió para alcanzar al guerrero y le abrió
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Había una vez una viuda que vivía con su hijo en una pobre choza y cuya única riqueza era una vaca. Pero también esta riqueza se esfumó. Un día, se presentó el casero a reclamar el pago del alquiler, así que la viuda tuvo que mandar a su hijo a la feria para que vendiese la vaca y consiguiese el dinero que le hacía falta para saldar la deuda.
El muchacho se puso en marcha muy temprano. A mitad de camino, se encontró con un viejo que llevaba un caldero toda oxidada.
-¿Adónde vas con esa vaca?
-Voy al mercado a venderla -respondió tristemente el muchacho, y le contó al viejo lo que había ocurrido.
-No te aflijas -lo consoló el viejo. Yo mismo te compraré la vaca. Te daré a cambio este caldero.
-No puedo hacer este cambio. Mi madre necesita dinero contante y sonante.
-No tengas miedo -sonrió el viejo. Este caldero también te traerá dinero, créeme. Cuando llegues a casa, ponla al fuego y ya veras.
El muchacho se fió de lo que el viejo le decía. Le entregó la vaca, cogió el caldero oxidada y volvió deprisa a su casa. La pobre viuda, al verlo, se llevó las manos a la cabeza:
-¿Qué has hecho, hijo insensato? ¿Has cambiado la vaca por una viejo caldero? Ni siquiera tenemos comida para meter dentro de ella.
Y lloraba y se lamentaba. El chico bajó la cabeza, pero enseguida recordó lo que el viejo le había dicho y puso el caldero al fuego. En cuanto la tocaron las llamas, el caldero tembló y dijo:
-Op-lá, op-lá, yo salgo ya.
-¿Adónde? -preguntó el joven.
-A la cocina del casero -respondió el caldero y desapareció, pero no por mucho tiempo.
Muy pronto se oyó en la chimenea un gran estruendo y el caldero se colocó delante de ellos en la mesa, llena de sopa de cocido. Madre e hijo cogieron las cucharas y comieron hasta saciarse, como hacía mucho tiempo que no les ocurría. Después, sin embargo, la vieja volvió a lamentarse:
-¿Qué has hecho, hijo insensato? Has cambiado la vaca por una viejo caldero. Hoy ya hemos comido bastante, pero ¿qué sucederá mañana?
El muchacho bajó la cabeza, pero enseguida se acordó de lo que le había dicho el viejo y puso el caldero al fuego por segunda vez. En cuanto las llamas la calentaron, el caldero comenzó a temblar y dijo:
-Op-lá, op-lá, yo salgo ya.
-¿Adónde?
-A la despensa del casero.
El caldero desapareció pero, y después de un rapto se oyo un gran estruendo en la chimenea y de nuevo el recipiente se colocó en la mesa, lleno de carne, tocino y patatas.
Madre e hijo llenaron todo el armario con estos víveres. Pero después la viuda volvió a lamentarse:
-¿Qué has hecho, hijo insensato? Has cambiado la vaca por una viejo caldero. Tenemos comida por lo menos para una semana, pero ¿con qué le pagaremos el alquiler al casero?
El muchacho bajó la cabeza, pero enseguida se acordó de lo que le había dicho el viejo y puso el caldero al fuego por tercera vez. En cuanto las llamas la calentaron, el caldero comenzó a temblar y dijo:
-Op-lá, op-lá, yo salgo ya.
-¿Adónde?
-A la sala del tesoro del casero -dijo el caldero y desapareció.
En cuanto se volvieron para ver dónde estaba, se oyó un gran estruendo en la chimenea y el caldero reapareció sobre la mesa, esta vez llena de monedas de oro.
Antes de que la viuda y su hijo pudiesen contar el dinero, un grito terrible brotó de la chimenea. Era el casero, que estaba en la campana y no podía ir ni hacia arriba ni hacia abajo.
¿Qué había ocurrido? El casero había sorprendido a el caldero mientras escapaba por la ventana después de haberse llenado de monedas de oro. Entonces, sin perder tiempo, la había cogido por el asa y no se desprendió de ella ni siquiera cuando el caldero salió volando por el aire. Así, voló él también hasta la chimenea de la pobre viuda. El caldero había bajado por el tubo de la chimenea, pero el casero era demasiado gordo para pasar por él y había quedado prisionero.
En cuanto se
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Juan David Betancur
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Había una vez hace muchos muchos años un bosque donde vivían muchos seres mágicos. El bosque era el lugar donde todas las noches cosas extrañas sucedían. El bosque estaba lleno de gnomos con su nariz puntiaguda, de dragones con su cuerpo lleno de escamas y su boca de fuego, de unicornios de todos los colores y de, ciertamente, brujas.
El bosque encantado, como lo llamaban, los habitantes de una pequeño poblado cercano, era un lugar que los seres comunes y corrientes evitaban, ya que corría la voz por todo el pueblo que en los que alguna vez se atrevieran a entrar no volvían a salir.
Cuentan los viejos de ese pueblo que un noche de luna nueva, cuando la luz de la luna no existe, se comenzaron a oír sonidos extraños provenientes del bosque. La noche era la noche más oscura de la que se tuviera noticia y los habitantes al sentir los ruidos rápidamente se fueron a ocultar en sus casas temiendo que algo terrible pudiera pasar.
Desde las ventanas de las casas se empezaron a ver como unas sombras se dirigían desde todas partes hasta el bosque encantado y como algunas luces misteriosas comenzaron a aparecer en aquel bosque.
De pronto a media noche una voz chillona a comenzó a escucharse. Era sin duda alguna la voz de una bruja ya que ellas tenían una voz bastante desagradable. Desde aquel bosque se escucho.
Amigas de todos los puntos cardinales, Norte, Este, Oeste y Sur. Bienvenidas al aquelarre de los cien años. Cien años han pasado y hemos esperado que el 31 de octubre fuera luna nueva y hoy ese día ha llegado.
De pronto se vio como una llama enorme iluminaba el bosque desde el centro mismo y como los arboles antes oscuros tomaban el color del fuego.
El ruido comenzó a subir y a subir y todos los seres del bosque comenzaron a salir para unirse a aquella reunión de brujas. los enanos tocaban el tambor y las elfas comenzaron a cantar con su maravillosa voz, Los gnomos sacaron a bailar a las hadas, y los troll hacían ruido con sus palmas. Mientras tanto las brujas pusieron un bebedizo al fuego y tomando algunas pociones misteriosas comenzaron a mover el caldero el cual comenzó a producir un liquido de color amarillo fuerte.
Todos estaban esperando que sucedería con aquel caldero mágico ya que se decía que iban a producir el elixir mágico de la eterna juventud. Todos ansiaban probarlo. Cuando ya la fiesta estaba en plenitud y el sonido de la música llenaba aquel bosque, se oyo un sonido de un dragón que despertaba. El dragón mayor había estado dormido mientras todo esto sucedia y de pronto al despertar se enojo. Con un grito aireado solto una bocanada de fuego que recorrio medio bosque y llego a terminar donde estaba el caldero. El caldero se movio y después de algunos segundos cayo al suelo. La pócima de la eterna juventud, aquel producto que habían esperado por cien años había caido al suelo y se derramaba sin que las brujas, ni los gnomos, ni los enanos, ni los unicornios pudieran hacer nada.
Con vieron como esta pócima era absorbida por el suelo y pronto toda ella desaparecio. Aterrorizados los habitantes del bosque comenzaron a cavar y cavar buscando al menos una gota de pócima que pudieran utilizar.
Pero fue la mala fortuna, o la buena fortuna, que toda la pócima cayera en un pequeño rio subterráneo que salia del bosque y que brotaba junto al pueblo cercano.
Aquella noche sucedió algo mágico. El riachuelo que brotaba cerca al pueblo y con el cual se regaban los cultivos de calabacines que tenían los habitantes alrededor del pueblo, se torno de color amarillo fuego. Y de pronto algo sucedió. Los habitantes empezaron a sentir como explosiones en el
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