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Había una vez un maestro alfarero llamado Don Esteban, que vivía en un pequeño pueblo en las faldas de una imponente montaña llamada la sierra nevada de santa marta en Colombia. La sierra es habitada por varias tribus que comparten una cultura y una tradición mágica. Don esteban siendo muy joven se había perdido en la sierra y fue encontrado allí por un indio Kogi que lo adopto y lo llevo a vivir con su comunidad. Los koguis fieles a sus principios espirituales acogieron a Esteban quien se formo como uno más. Los Kogis ven en la sierra nevada el centro de las energías del mundo y se consideran los hermanos mayores guardianes de dichas energías y pese a que Esteban era nacido fuera de la tribu su alma era lo suficientemente buena como para ser incorporado en las tradiciones Kogi
Uno de los principios que le enseñaron al joven esteban era que el universo era un conjunto de armonias que estaban presentes en todos los aspectos de la naturaleza.
Esteban formo parte de los Kogis por muchos años pero un día sintió la necesidad de regresar a su origen y pidiéndole permiso a los Mamos quienes son los guías espirituales de la tribu, bajo de las altas montañas nevadas hasta el borde mismo donde quedaba su pueblo originario. Allí los habitantes que habían dado por perdido a Esteban 40 años atrás lo reconocieron y lo ayudaron a reestablecerse. Esteban ya en su edad adulta y con toda la espiritualidad y experiencia de sus años en la sierra se dedico al arte que había aprendido en la tribu Kogi. Esteban fue entonces conocido por ser un maestro alfarero, pero lo que nadie sabía era que también era un mago. Su habilidad para dar vida a sus creaciones de barro era mágica, y cada pieza que salía de su taller tenía un toque especial, un toque inspirado por su aprendizaje en la sierra.
Un
día, mientras trabajaba en su taller, Don Esteban sintió una profunda tristeza
en el aire. El pueblo estaba pasando por tiempos difíciles, y la gente estaba
perdiendo la esperanza. Don Esteban que tenía la capacidad de sentir la armonía
de su comunidad sabía que tenía que hacer algo para ayudar a su pueblo, así que
decidió crear una obra maestra que traería alegría y esperanza a todos.
Concentró
toda su energía mágica en el torno de alfarero y comenzó a dar forma a un
jarrón especial. Mientras trabajaba, sus manos se movían con gracia y su
corazón latía con amor. Con cada giro del torno, el jarrón cobraba vida,
llenándose de colores brillantes y diseños asombrosos. Diseños que salían del
alma mágica y no de la mente. Diseños que traían formas nunca antes vistas en
aquel pueblo.
Cuando
finalmente terminó, el jarrón parecía más que una simple pieza de cerámica.
Emitía una luz suave y melodías alegres resonaban en el aire cada vez que
alguien lo tocaba. Don Esteban sabía que este jarrón tenía el poder de traer
alegría y felicidad a su pueblo. En su interior sabía que aquel Jarrón
conectaba a aquel pueblo de la costa atlántica colombiana con las fuerzas mágicas
de lo alto de la sierra nevada. Sabía que la energía fluía directamente de
aquellos seres que desde lo alto cuidaban de sus hermanos menores como así los
llamaban a los no Kogi.
Don Esteban llevó el jarrón al centro del pueblo y lo mostró a todos, mientras los habitantes de aquel caluroso y polvoriento pueblo observaba con curiosidad e incredulidad. El primer impacto fue la belleza intrínseca de la obra, todos los habitantes sentían que algo especial tenía aquel jarrón y comenzaron a acercarse curiosos y maravillados. Pero había algo más en aquel extraño artefacto producido por las manos de Don Esteban. Había una magia en forma de energía que se emitía y que comenzaba a llenar los sentidos de los habitantes. Todos aquellos que se acercaban comenzaron a sentir que la tristeza y desesperanza que venían sintiendo se iba disipando, dándole paso a la alegría y a la camaradería. T
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Juan David Betancur
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Pues iba paseando Cosiaca por el campo a las afueras de la villa de la candelaria, hoy Medellín, cuando se encontró un burrito muy bonito. Cosiaca se Montó en él y se fue hasta donde un caballero muy rico y generoso que vivía en esos tiempos cerca a la ciudad y le pidió trabajo. El caballero le tomo cariño a cosiaca ya que este era muy entrador y conversador y lo contrato para que le cuidara los potreros de la hacienda. Por el trabajo el hombre le pagaría una moneda de oro al mes y las tres comidas.
Cosiaca y su burro se lo pasaron muy bien en aquella hacienda ya que el trabajo no era muy duro y la comida era abundante, tanto para el como para el burro. Paso todo un año y cosiaca que no necesitaba gastar en nada ya que la comida se la daban gratis se encontró con que tenía 12 monedas de oro ahorradas. Cosiaca que no había visto nunca tanto dinero junto se emocionó mucho y para que no se las robaran las metió por la cola del burrito.
De camino a la villa, por allá por el alto de santa elena, paso por la casa de un señor muy rico que al verlo pasar le dijo.
Oiga buen hombre, como se llama usted.
Cosiaca le contesto. Pues se me conoce como cosiaca y estoy para servirle.
El ricachón le dijo. Veo que tiene un burrito muy bonito. De muy buena pinta…. Dígame de quien es ese burrito.
Cosiaca levanto pecho y dijo. Pues este burro es mío y me sirve para todo quehacer. Además le cuento que me da mis buenas monedas de oro todos los días.
El hombre intrigado le respondió.
Y que gracia es esa. Hombre no le entiendo.
Cosiaca se monto en el burrito y con las espuelas golpeo al burrito en la panza del burrito y este soltó una ventosidad por la cola y junto a ella cayeron 3 monedas de oro.
El rico no lo podía creer. Cosiaca se bajo del burrito recogió las monedas y dijo. Ya ve señor como este burrito me provee de todo lo que necesito.
El rico asombrado le dijo. Oiga hombre cosiaca yo no había visto algo como eso nunca. Y ese burro de donde saca las monedas de oro.
Pues de la comida mi don. Como todo los burros. Yo le doy pasto verde bien fresquito y el después de un día me da 3 o 4 monedas de oro. No se dotor de pronto es algo que mi dios me mando. Pero así ha sido desde hace mucho tiempo.
El rico se fue entusiasmando y le dijo
-Hombre cosiaca , ¡véndeme tu burro!
-¡Pero cómo le voy a vender el burro, señor, Fíjese, que cada vez que necesito con que pagar algo, simplemente me monto en el y le doy un espuelazo y listo en seguida me suelta varias monedas de oro. Yo no necesito más.
El rico que estaba más que entusiasmado le insistió. Hombre cosiaca te voy a dar mil monedas de oro. Así que ya podrás tener el dinero que necesitas por mucho tiempo.
Cosiaca se hizo como el desentendido por un rato y después le dijo. Mire dotor es que esto es muy mal negocio para mi. Con mil monedas yo puedo vivir un año pero después que. En cambio el burrito me puede dar monedas por muchos años si lo cuido bien. Además yo necesito el burrito para ir a la villa.
-
Entonces, el rico le ofreció dos mil quinientas monedas de oro y el mejor caballo tenia en los potreros .
Cosiaca haciéndose el difícil finalmente dijo. Esta bien, tráigame el caballo y el saco de monedas de oro. El ricachón salió para la hacienda y en menos de lo que canta un gallo llego con el caballo y un par de alforjas llenas de monedas de oro.
Cosiaca que era muy desconfiado se sentó a contar las monedad y después de un rato dijo. Están bien 2500 monedas. Ya podemos hacer el intercambio y le pas
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Había una vez un contador de cuentos llamado Hamud que vivía en un mundo donde sus cuentos eran parte de la vida cotidiana. Su pequeño pueblo estaba rodeado de bosques. La gente de su comunidad siempre se reunía alrededor de una fogata en la plaza del pueblo, ansiosa por escuchar las historias de Hamud y este siempre les tenía un cuento nuevo con el cual deleitar a sus oyentes.
Hamud
tenía un don muy especial. Cuando comenzaba a contar sus cuentos, sus palabras
cobraban vida. Los personajes que hamud describía se materializaban ante los
ojos y la imaginación de la audiencia, y los lugares que mencionaba se volvían
reales. Sus cuentos eran como ventanas a otros mundos, y la gente los amaba precisamente
por eso. Porque los transportaba a mundo nunca antes vistos y podían vivir y
conocer de cerca personajes y seres maravillosos que no con habían visto ni
conocido.
Un
día, mientras exploraba el bosque en busca de inspiración para su próximo
cuento, Hamud descubrió un antiguo libro encantado. El libro tenía páginas
doradas y una cubierta que parecía estar hecha de estrellas. El libro tenia un cerrojo
metálico con un clave. Hamud tomo el libro y después de muchos intentos pudo
abrir el cerrojo pero inmediatamente escucho una voz desde las profundidades
del bosque que le advertía que no abriera el libro. Esto solo aumento la curiosidad
de Hamud y sin dudarlo tomo la pasta de este pesado libro y lo abrió. Cuando lo
abrió, las palabras en las páginas comenzaron a brillar y a saltar , formando
criaturas mágicas y paisajes asombrosos.
Intrigado
por este hallazgo, Hamud comenzó a leer las historias en voz alta. Y a mediada
que las leía y su voz la pronunciaba más sentía magia que estas llevaban. Lo que
no sabía Hamud era que estas historias eran más que simples cuentos; eran la
clave para liberar un antiguo poder mágico que yacía dormido en el mundo. A
medida que leía, criaturas legendarias como dragones, unicornios y sirenas
comenzaron a aparecer en el bosque y
pronto este se lleno de seres mágicos y maravillosos.
Hamud, que siempre había vivido disfrutando con el poder de la palabra ahora veía como cada una de sus palabras se convertía en una realidad. Engolosinado continuo leyendo en voz alta y tomando el libro comenzó a caminar hacia su pueblo. La criaturas lo seguían ya que era el el que las había creado.
Cuando llego al pueblo se sentó en el medio de la plaza y comenzó a llamar a sus habitantes, ellos como se acercaron y se sentaron a su alrededor observando como Hamud traía consigo varias criaturas mágicas que dócilmente se arremolinaban alrededor de la plaza. Y como solía hacerlo Hamud comenzó a leerles cuentos provenientes de aquel libro dorado y a medida que lo hacía, algunos de los seres fantásticos representaban lo allí descrito.
Al
principio, la gente estaba emocionada por la llegada de estas criaturas
mágicas, pero pronto se dieron cuenta de que la magia que las acompañaba podía
ser peligrosa. En algún momento un cuento describía como un pájaro de fuego
volaba entre las casas y acto seguido un pájaro de plumas de fuego comenzó a
causar incendios, luego otro cuento narraba como un gigante de piedra recorría
las callejuelas y así comenzó a suceder. Los habitantes del pueblo
aterrorizados comenzaron a pedirle a hamud que no continuara pero este poseído por
las historias de aquel libro no podía parar.
El terror se apodero del pueblo, lo que había empezado como un gran divertimento se había convertido en una pesadilla, Hamud no sabía que hacer. No era capaz de detenerse y con cada cuento algo terrible sucedía. Hamud sintió la responsabilidad de enmendar su error y controlar la magia que había liberado. Utilizó su don para crear una historia que pudiera reunir a todas las criaturas en un lugar seguro y en armonía con los humanos, comen
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Juan David Betancur
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Había una vez un mundo bari donde no existía nada de lo que los indios motilones del noreste de Colombia conocen hoy. En esos tiempos existía un solo ser denominado Sabaseba. El señor de los vientos y la grandeza. Nada más existía en el universo. Allí vivía con los saimadoyi bari, los moradores del espíritu. Sabaseba decidio ordenar el universo y envió a los a saimadoyi bari para que se transformaran en nuevos elementos. Así que tomando el primero de ellos le dio un la función de brillar, calentar e iluminar formando así el sol. Luego tomo a su compañera y le die la función de iluminar la noche. Luego tomo los hijos de la unión de el sol y la luna y les asigno un lugar en el universo iluminando la noche como estrellas fulgurantes. Con otro saimadoyi bari formo el relámpago, con otro el trueno, a otra le dio un cuenco con agua y lo convirtió en la lluvia y a su esposo la convirtió en el arco iris.
Finalmente el fuego , el viento, las nubes y todos ellos los envió a su nueva creación la tierra. Allí envió sabaseba envió otro saimadoyi bari para que le diera vida a la tierra llenándola de plantas y animales. Una de estas plantas era una planta que producía un fruto espinoso por fuera pero dulce y jugoso por dentro. Nació así la piña. Esta piña creció y sabaseba corto la pina en cuatro partes y de aquel corte surgio un néctar que al caer formo un primer hombre bari y una primera mujer bari.
Pero los bari comenzaron a deambular por el mundo sin saber que hacer y como comportarse. Así que sabaseba decidio tomar otra pina y la corto de nuevo. De ella surgió una clase distinta de bari. Esta vez los ishi bari eran seres que no vivirían sobre la tierra y si sobre las copas de los árboles y los llamo ichi bari y les dio la orden de que cuidaran de los bari terrenales y les enseñaran a vivir y comportarse.
Los bari terrenales fueron educados de esta manera y les explicaron que los formadores de todo lo que veían venían de un mundo superior desde donde se habían desprendido bajando por un bejuco, pero que cuando las plantas y los animales fueron creados el gallinazo comenzó a volar con sus amplias alas e imprudentemente paso por el bejuco y de un tajo había cortado el hilo conductor de la tierra hacia el cielo.
Como castigo por haber roto el vinculo el zopilote seria a partir de ese momento el vehículo que conduciría el cuerpo sin vida de todo bari terrenal hacia el cielo. Por esta razón para los bari terrenales cuando una culebra los pica, sufren un accidente o simplemente el tiempo los llama para regresar a su origen entre los cielos, simplemente se preparan para que los gallinazos regresen y pieza a pieza los lleven hasta el mundo superior.
Y asi hasta el día de hoy, los Bari o motilones como algunos los llaman viven en las sierras de brumas que separan Colombia de Venezuela, aislados por lo impenetrable de la selva del Catatumbo esperando cada uno de viajar de nuevo donde sabaseba
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Juan David Betancur
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Había una vez en el mundo mapuche, un viejo muy pobre y enfermo que no podía trabajar. Tenía dos hijos: un muchacho y una muchacha muy hermosa lllamada Millantún, que en mapuche quiere decir `sol de oro'.
Como su padre estaba muy enfermo, el muchacho decidio salir a pescar en la canoa de la familia. Después de varias horas navegando y tratando de pescar, el joven vio un pesz muy grande que se acercaba a su bote e inmediatamente comenzó a remar mar adentro tratando de alcanzar dicho animal. Sabía que si pescaba un ser tan grande podría conseguir buen dinero en el mercado y alimentar a su padre y a su hermana.
Este pez de apariencia desconocida curiosamente nadaba siempre cerca de la canoa, pero cuando se acercaba el pez se apartaba de esta manera después de varias horas en este juego de acercarse y tratar de pescarlo el joven ya no veía la costa de donde había salido. Pero de pronto vio a lo lejos una isla y vio como aquel pez se acercaba a una cueva abierta entre unas rocas enormes que estaban en la playa. El joven sin pensarlo dos veces salto de aquel bote y nado hasta la playa ya allí entro en la caverna buscando el pez que lo había eludido desde las horas de la mañana.
Apenas el joven puso un pie dentro de la cueva sintió una presencia física enorme junto a el y al darse la vuelta vio la figura del pez que estaba parado exactamente detrás de el. El pez con su boca abierta salto sobre el muchacho y se lo trago de un solo mordisco. El pez era el amo y señor de aquella isla y atraía a los marineros con su tamaño para llevarlos a la cueva y allí comérselos.
Cuando llego la noche la muchacha llamada Millantun y su padre se dieron cuenta que su hermano e hijo no regresaba y comenzaron a temer que el muchacho se hubiera perdido entre las brumas del mar o que se hubiera caido de la canoa y el océano se lo hubiera tragado.
La tristeza invadió a la joven, sin embargo siempre tenia la esperanza de que su hermano regresara. Un día Millantún se levantó temprano y fue a la orilla del mar a buscar algunos mariscos para comer. Desde la orilla vio a lo lejos una aleta y un brillo que antes no había visto. Era una gran pez que nadaba frente a ella a cierta distancia, decidida se puso a cantar y al oír su bella voz el pez se fue acercando encantado por aquella melodía que salia de la boca de la joven. pero no lo suficiente cerca para ser atrapado, así que la joven no pudo pescarlo.
Mientras volvía a su casa triste por no llevar nada de comer para su padre enfermo, vio en el camino a un pájaro muy grande que se había enredado con unos cordeles de pescadores. Ella que tenía un corazón enorme, se acercó al pobre animal y tomando un cuchillo que llevaba consigo, cortó las cuerdas y lo liberó. El pájaro, en agradecimiento, le dijo:
He visto lo que estaba haciendo en la playa. Pero debo decirte que tu intento es inútil. Nunca podrás atrapar dicho pez ya que el realmente el rey de una isla más allá del horizonte. Dicha isla esta cubierta por una bruma que la hace casi imposible de llegar, pero he de decirte que si estas dispuesta de ir allí yo te acompañare. Además dicen en el pueblo que esa isla contiene un tesoro enorme que su rey ha ido recogiendo del fondo del mar.
La razón por la que ese pez, que es el rey de la isla, no se acerca es porque tiene miedo que alguien pueda llevar a robarle su tesoro.
Déjame acompañarte y allí tratare de ayudarte.
Millantún dijo que sí y se fue contenta a su casa para prepararse para el viaje. . Por la noche, escuchó el grito del pájaro que volaba sobre su casa. salió de la casa con un cuchillo grande escondido en su cintura y corrió a la orilla del mar donde vio al pájaro esperándola
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Juan David Betancur
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Había una vez en un lejano valle un unicornio llamado Arcoíris. Arcoíris era diferente a los demás unicornios, ya que su pelaje tenía colores que cambiaban como los colores del arcoíris. Esto lo hacía especial y único.
Un día, mientras exploraba el bosque encantado en busca de aventuras, Arcoíris conoció a una pequeña ardilla llamada Nuez. Nuez estaba en apuros porque había perdido su hogar. Arcoíris, con su corazón amable, decidió ayudar a Nuez a encontrar un nuevo lugar para vivir.
Juntos recorrieron el bosque, y Arcoíris usó su cuerno mágico para iluminar el camino y encontrar el refugio perfecto para Nuez. Era un hermoso árbol con una madriguera acogedora. Nuez estaba muy agradecida y le dio a Arcoíris una nuez dorada como muestra de su amistad.
A lo largo de sus aventuras, Arcoíris y Nuez se encontraron con otros animales del bosque: un conejo juguetón, un búho sabio y una mariposa brillante. Juntos, formaron una pandilla de amigos y pasaron sus días explorando, riendo y aprendiendo cosas nuevas.
Pero un día, una gran tormenta se acercó al valle, trayendo consigo fuertes vientos y lluvias. Los amigos se refugiaron en la madriguera de Nuez, pero se dieron cuenta de que algunos animales del bosque necesitaban ayuda. Arcoíris usó su cuerno mágico para guiarlos a todos a un lugar seguro.
Después de la tormenta, el valle estaba lleno de arcoíris en el cielo, y todos los animales del bosque sabían que Arcoíris era un unicornio especial que los protegía. Arcoíris se dio cuenta de que su diferencia lo hacía único y que podía usar su magia para hacer el bien y ayudar a sus amigos.
Desde entonces, Arcoíris y sus amigos vivieron muchas aventuras emocionantes y aprendieron que la verdadera magia está en la amistad y en ser uno mismo, sin importar cuán diferente seas. Y así, en el valle encantado, vivieron felices para siempre.
Espero que hayas disfrutado de esta historia sobre Arcoíris, el unicornio mágico. No
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Juan David Betancur
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Había una vez un hombre de muy buena posición económica que llegó a su lujosa casa y encontró a su hijo haciendo una escena o pataleta que llamamos por algún motivo menor. El muchacho que había sido educado en el mejor colegio de la ciudad y que había había vivido en el mejor barrio de la ciudad y en una casa elegante en una unidad cerrada con porteros y vigilantes se estaba quejando por alguna tontería.
Su padre cansado de enfrentar frecuentes pataletas de su hijo, decidio darle una lección. Recordó que el mayordomo de su hacienda se había retirado hacia algunos años y que estaba viviendo en humildemente en una pequeña casa campesina en las montañas en una vereda de un pueblo cercano. Decidio contactarlo para pedirle que los recibiera a los dos durante un fin de semana. Su plan era muy simple, mostrarle al niño que debía valorar las cosas que tenían y que no podía hacer un reclamo por cualquier cosa.
Tomo entonces a su hijo, lo monto en su lujoso carro y manejo hasta el pueblo, allí en medio de la plaza se encontró con su antiguo trabajador y juntos condujeron por 30 minutos por un camino de tierra hasta que llegaron a la ladera de una montaña de donde se veían las luces del pueblo. Allí estaba la pequeña casita humilde del ex mayordomo quien vivía con su esposa y tres de sus hijos.
El campesino lo recibió con todo el cariño y aquel día les mostro la pequeña parcela donde cultivaba lo básico y donde tenía su vaquita y tres pequeños perritos de raza indescifrable. Cuando cayó la noche, los invito a comer un muy humilde comida, preparada con lo poco que tenían y a la luz de unos cuantos velones, ya que a esa vereda no llegaba la corriente eléctrica comieron y conversaron afablemente.
El niño miraba todo aquello con ojos desorbitados y su padre al mirarlo sonreía para sus adentros. Sabía que el niño estaba recibiendo la lección de su vida.
Al otro día, después de dormir en una pequeña habitación, en pequeñas y humildes camas, se levantaron, se bañaron bajo una ducha fría con el agua que provenía de un pequeño arroyo que pasaba cerca.
Después de desayunar humildemente con lo poco que tenía su ex empleado, el padre del niño se despidió de su ex mayordomo y dándole las gracias llevo a su hijo hasta su carro para emprender el camino de regreso.
El muchacho se montó al carro sin pronunciar palabra y su padre orgulloso de la lección espero a que el digiriera la experiencia antes de preguntarle.
Dime hijo mío que te pareció esta experiencia de venir a ver cómo viven otras personas.
El muchacho lo miro y con real jubilo le contesto. Papa muchas gracias por traerme aquí. Me ha encantado.
El padre sonrió de nuevo para si mismo y le dijo. Has visto que tan pobre puede ser la gente.
Siii Claro. Respondió con mayor energía el muchacho.
Muy bien… le dijo el papa. Ahora dime que has visto y que has aprendido.
El muchacho sin pensarlo dos veces dijo.
Nosotros vivimos en una casa donde la vista no es más que la casa de los vecinos.
En cambio, ellos viven en una casa con una vista fantástica hacia un valle donde se ven las luces del pueblo.
Vi que nosotros tenemos una piscina que casi nunca usamos, pero ellos en cambio tienen un arroyo de agua cristalina donde se bañan diariamente.
Vi que nosotros compramos la comida y la leche en el supermercado y ellos recogen la comida de su propio huerto y ordeñan su propia vaquita.
Vi que nosotros tenemos muchas luces y lámparas prendidas durante la noche que no dejan ver las estrell
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Juan David Betancur
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Había una vez en las vastas y salvajes tierras del África, donde el sol brilla ardiente y la sabana se extiende hasta donde alcanza la vista, un majestuoso león blanco que recorria la sabana con toda majestad. Este león no era como los demás leones de aquella región. Su pelaje era blanco como la nieve y debido a esto todos los habitantes lo veían como un ser especial con poderes divinos. Algunos consideraban que este león era enviado por los dioses para que se le adorara
Según
la leyenda, el león blanco era un guardián de la tierra y tenía el poder de
traer armonía y equilibrio a la naturaleza que lo rodeaba. Se decía que su
rugido resonaba como un canto sagrado, y cuando rugía, todos los seres vivos
prestaban atención.
La
tribu de los Khoikhoi, que habitaba cerca de la tierra del león blanco, sabían que
este león era la encarnación de un espíritu ancestral que se presentaba en las
planicies para recordarles el poder de los dioses. . La tribu respetaba
profundamente al león y se abstenía de cazarlo o hacerle daño de alguna manera.
Un
día, una sequía implacable azotó la región. Los ríos se secaron, los animales
languidecían y la tribu Khoikhoi sufría. La tierra estaba agotada, y el
desespero se apoderó de la gente. En su angustia, los ancianos de la tribu
recurrieron a la antigua profecía que hablaba de un león blanco que salvaría la
tierra en tiempos de necesidad.
El
líder de los Khoikhoi, un hombre sabio y respetado llamado Nkosana, decidió
emprender un viaje en busca del león blanco. Guiado por los sueños y la
esperanza, se adentró en las vastas llanuras en busca del león que podría traer
la salvación.
Después
de días de búsqueda, Nkosana finalmente encontró al león blanco en lo profundo
de una cueva sagrada. Con humildad y reverencia, le habló al león sobre la
difícil situación de la tribu y le pidió ayuda.
Conmovido
por la sinceridad y el respeto de Nkosana, el león blanco accedió a ayudar. Le pidió
a Nkosana que regresara a su tribu y que una vez allí realizaran una danza de 3
días continuos. Le dijo además que el lo seguiría a distancia y que a los 3 días
escucharían un rugir como nunca antes se había oído en la gran sabana. Nkosana obedientemente
regreso a la aldea y convocando a todos comenzaron a danzar y a cantar. El día paso
y pese al cansancio siguieron danzando y cantando. Y así llego el tercer día y
cuando todos ya cansados no podían dar ni un paso más vieron como de la nada surgía
una figura justo en medio de ellos. Era la figura del gran león blanco. Y allí
frente a ellos se erigió con toda su altura y levantando su cabeza blanca con
una melena blanca rugió con tal fuerza que todos los allí presente cayeron al
suelo.
De pronto las escasas nubes que había comenzaron a acumularse y se fueron más y más oscuras. Y el día se volvió noche al cubrir estas nubes oscuras los rayos del sol. Después de una rato todos los habitantes humanos, animales y vegetales de la sabana vieron como pequeñas gotas comenzaban a caer. Y en cuestión de minutos un torrencial de lluvia se apoderaba de todo a su alrededor.
En medio de la lluvia y debido a la alegría de sentir las gotas cayendo sobre ellos nadie noto que aquel león que minutos antes se encontraba en el medio de la tribu, había desaparecido.
Cuentan los que saben que La lluvia continuó durante días, llenando los ríos y reviviendo la tierra sedienta. Los animales volvieron a la vida, y la tribu Khoikhoi celebró la bendición del león blanco con cantos y danzas de agradecimiento,
Desde entonces, el león blanco siguió siendo un símbolo de esperanza y respeto en la región. La leyenda del león blanco recordaba a las personas la importancia de cuidar la naturaleza y respetar a los seres que comparten e
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Juan David Betancur
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Había una vez en la antiguas tierras de lo que hoy es norteamerica una planicie donde habitaban toda clase de animales. Los animales vivían en armonía y disfrutaban de un clima benefico. Pero una vez llego un invierno que cubrio de nieve todo los pastos, los bosques, las montañas y los ríos. A diferencia de otros años, el invierno continuo y continuo durante todo el año y cada vez la capa de hielo y nieve se hacia más y más profunda. De esta manera los seres que allí habitaban no podían salir a buscar su sustento.
Entro los animales fue creciendo la preocupación y muchos no se explicaban la razón de tanto frio ya que estaban acostumbrados a que después de cierto tiempo regresaba el calor. Algo había pasado. El calor no había vuelto y todos los animales se habían tenido que refugiar en una gran tienda y lo único que les permitía aguantar el frio era un pequeño fuego que habían encontrado después de una tormenta.
Una noche la ardilla se despertó y dijo.
He tenido un sueño muy extraño. He soñado con el calor. He soñado que este se encontraba atrapado y que por esta razón no podía volver a visitarnos.
Los animales escucharon atentamente a la ardilla y todos pensaron que ese sueño era un mensaje que el dios del calor les enviaba. Había que salir a buscar el calor y liberarlo.
Y eso hicieron. Cuando los primeros rayos del sol salieron alguno de los animales emprendieron camino hacia el este en busca del calor del verano. Después de una jornada larga vieron una montaña muy alta, tan alta que tocaba el cielo. Y allí en lo alto se veía una pequeña grieta rodeada de nubes. Los animales comenzaron a subir penosamente esta montaña y después de largas horas finalmente llegaron a su cima. Sobre ellos y al alcance de sus manos había efectivamente una grieta en el azul del cielo. Saltando entraron a la gruta y para su sorpresa se vieron en el medio de un campo maravilloso, con prados verdes, bosques maravillosos y grandes planicias y allí la temperatura era calida y agradable. La misma temperatura que el verano les traía anteriormente. En este reino del cielo vieron como en el medio existía un gran tienda donde se veía un ser grande y oscuro. Era un oso. El oso que vivía en el reino de los cielos disfrutaba de aquel calor que ya no había en la tierra. Con precaución los animales esperaron a que el oso saliera a cazar y lo vieron montarse en una barca para atravesar un bello rio que cruzaba por allí. Inmediatamente se dirigieron hacia la tienda y encontraron allí un gran saco que emanaba el calor que calentaba la tienda y todo alrededor. Era el verano que estaba atrapado allí.
La ardilla le pidió al castor que vigilara al oso y que cuando el se bajara en la otra orilla tomara el remo de la canoa y lo royera con sus afilados y fuertes dientes. Y asi lo hizo el castor.
Mientras tanto la ardilla y los demás animales levantaban el saco donde estaba el verano y con cuidado comenzaron a cargarlo hacia la grieta por la que habían entrado. Pero cuando se acercaban a la grieta el oso que estaba terminando de cazar sintió que el calor disminuia y levantando los ojos vio como una manada de animales llevaban el gran saco donde estaba el verano. Salto inmediatamente a la canoa, pero al tomar el remo que el castor había roido este se despedazo, salto el oso al agua y con grandes brazadas llego a la otra orilla y comenzó a correr detrás de los animales que tenia al verano.
Los animales habían llegado al borde mismo de la grieta justo en ese instante: el saco en el que estaba el verano y el calor era muy pesado y ya todos los animales estaban al borde de un desmayo de cansancio. La grieta por su parte se estaba cerrando y cuando ya no quedaba sino un agujero p
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Juan David Betancur
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Había una vez un muchacho que desde pequeño había querido ser guerrero. Sus padres lo habían visto crecer siempre con la idea de luchar y demostrar su valentía en las batallas. Obviamente los padres temían que algún día el muchacho terminara yéndose a luchar alguna de tantas guerras que existían… Nunca faltaban guerras. Pero su mayor temor era que algún día le llegaran noticia de que hubiera muerto en alguna batalla.
Cuando el joven cumplió la mayoría de edad, le comunico a los padres que ya estaba listo y que se iba a enlistar como soldado en el ejército y que seguramente en poco tiempo estaría viajando a algún lugar extraño a pelear por el honor de la patria.
Sus padres con tristeza vieron como su hijo se despedía de ellos en la puerta y tomaba el rumbo de la guerra.
El muchacho estuvo rápidamente en una batalla y nada le sucedió. Luego fue enviado a otra batalla y de nuevo afortunadamente nada le paso. Con el tiempo se acostumbró a ser un hombre de la guerra y participar en cuantas batallas fueran necesarias. Su deseo desde niño se había vuelto realidad. Había viajado de lugar en lugar guerreando con gran capacidad y había enfrentado el destino sin haber sufrido el más mínimo rasguño.
Después de algunos años, en el fragor de una batalla, el muchacho tuvo un presentimiento. Sintió que todo lo que veía a su alrededor le pronosticaba un cambio radical de suerte. Sentía que la muerte lo estaba acechando y que sus días como guerrero se aproximaban al final. Se vio luchando ya no contra los otros hombres de los otros ejércitos sino contra la muerte misma.
Afortunadamente en aquella batalla no sufrió ninguna herida y pudo regresar al cuartel general sano y sin ningún rasguño. Pero en su alma se había asentado un temor. Por primera vez había considerado la posibilidad de morir.
Decidio ir a su casa y abrazar a sus padres. Sentia que ya sus sueños de combatir estaban calmados y que estaría preparado para llevar una vida honorable junto a sus progenitores. Fue donde el comandante del ejército y le pidió la baja. Le explico que sentía que en cualquier momento podía morir y que no quería seguir tomando ese riesgo.
El comandante, que lo había visto pelear y batallar en múltiples ocasiones sintió que perdía un gran hombre y guerrero, pero entendía la situación. Después de agradecerle le dejo ir.
El joven guerrero tomo su camino hacia su hogar de origen. Después de varios días de camino llego a una encrucijada en el camino donde no sabía que camino seguir. Afortunadamente en ese momento vio pasar una persona vestida toda de negro y de capucha negra que iba recorriendo el camino. Lo detuvo y le pregunto que si el sabía cuál de los caminos conducían a su lugar natal. El viajero le contesto. Si claro precisamente voy hacia allí, simplemente sígame. El viajero de andar cansino siguió caminando y el joven comenzó a caminar a su lado.
Después de un silencio el joven guerrero le dijo. Y dígame que lo trae por estos lados.
Desde lo profundo de su capucha negra el viajero dijo. Vengo a recoger a alguien que llevo mucho tiempo buscando. Lo he tratado de ubicar en muchos lugares por varios años, pero desafortunadamente cuando estoy cerca se ha marchado hacia otro lugar. Tengo que decir que muchos de estos lugares están plagados de soldados luchando y por eso cuando estoy cerca no soy capaz de identificar la presencia misma de este que estoy buscando.
Sin embargo, he decidido que debo cambiar de estrategia. Si esta persona es tan afecta a viajar de lado a lado, para estar en los lugares de las guerras y son muchos los lugares, prefiero encontrarlo en un lugar que es solo uno.
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