
Sign up to save your podcasts
Or


Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Hoy es el día 6 de la novena. Solo faltan 3 días más para el 24 de diciembre. Y como saben estoy contando un cuento cada día para recordar los fundamentos de la navidad. Gracias a todos aquellos que han estado siguiendo los cuentos. Hoy tenemos uno muy importante.
El perdón.
Había una vez un pueblo que se enorgullecía de tener el pesebre comunitario más grande y bello de toda la nación. El pesebre media 30 metros de largo y 8 de ancho y era un atractivo turístico mayor.
La navidad ya estaba llegando solo faltaban 4 días y el pesebre lucia hermoso, pero algo faltaba. Cuando las puertas de aquel pesebre comunitario se abrieron para las visitas diarias, los primeros visitantes notaron que algo no andaba bien. Un niño que iba con su padres salió corriendo a la puerta y dijo…. Papa, Mama, No hay nadie.
No hay nadie…. A que te refieres…. Pregunto el papa
No hay nadie papa, no hay nadie. El pesebre esta solo. Solo están las casas
El padre extrañado apresuro su paso y llego al pesebre. El padre no podía creer lo que veía. Todas las figuritas del pesebre habían desaparecido. Extrañado regreso a la puerta de entrada y le dijo al encargado. Señor sabe usted que el pesebre no tiene figuritas….Se las llevaron acaso para limpiarlas…. Si es así por favor diga que las pongan de nuevo.
El encargado de la puerta corrió al pesebre y regreso pálido. No entendía que estaba pasando. Ciertamente no había ninguna figura. Así que fue donde el alcalde del pueblo y le dijo. Señor alcalde …. Se robaron el pesebre.
El alcalde levanto la cara y dijo…. Que se robaron que? E
El pesebre señor alcalde…. El pesebre…. El alcalde se levanto corrio al pesebre y comprobó que efectivamente el pesebre estaba vacio de figuritas… Solo había construcciones. Todo estaba allí excepto las figuras humanas, angelicales y animales. Todas se habían desaparecido.
El alcalde mando a cerrar las puertas de acceso y dijo. Lo siento tenemos que investigar un robo. Las puertas se cerraron y el pesebre quedo a oscuras.
Para resolver este misterio debemos devolvernos un día.
Cuando los visitantes del día anterior salieron y cerraron las puertas de aquel pesebre, todo quedo como siempre. El pesebre era perfecto y armonioso. Pero algo sucedió. Uno de los pastores del pesebre que estaba cuidando las ovejas, por error dejo que una de las ovejas saliera a caminar sin supervisión y la oveja se había comido el pan que estaba en la ventana de una de las casas de el pueblo que representaba a Belén. El panadero que había dejado el pan allí vio que su pan había desaparecido y salió corriendo a la calle. Por allí estaba la figura de un hombre a caballo y el panadero pensó que el se lo había comido. Así que salió a perseguirlo gritándole. El hombre a caballo cuando vio al panadero que lo perseguía, hizo correr más a su caballo y este caballo al correr paso sobre un jardín de flores. El dueño del jardín furioso vio como el caballo pisoteaba las flores y tomando un jarrón de la ventana se lo lanzo al caballo. El jarrón cayo sobre la carretilla de un campesino que llevaba hortalizas. Las hortalizas se echaron a perder y el campesino levanto la voz contra el dueño del jardín y lo insulto. Mientras lo insultaba el burro que empujaba la carretilla salió corriendo e iba regando todo sobre la pequeña callejuela.
El guardia que estaba patrullando las calles vio como la calle ya estaba toda sucia y cuando vio un grupo de niños recogiendo y tirándose lechugas, tomates, papas entre si pensó que estos niños eran los culpables de toda la comida tirada en la calle. Presuroso llamo otros guardias y
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Bienvenidos a había una vez, Hoy es el quinto día de la novena de navidad. He querido contar un cuento por cada uno de los días en el animo de mantener el espíritu y los valores que la navidad representa.
Hoy el cuento nos habla de la paciencia.
Había una vez una niño que estaba esperando con gran ansiedad la llegada de Santa Claus. Desde hacia algunas semanas había escrito su carta a Santa y la había enviado al polo norte, además había hecho el mejor esfuerzo por portarse bien con su mama para estar en la lista de los niños buenos que recibirían regalos, había ayudado a sus padres a armar el árbol de navidad, el pesebre y a poner las luces de colores.
Realmente aquel niño había hecho todo lo necesario para recibir sus regalos. Cuando llego la noche del 24 de diciembre su ansiedad iba en aumento. Su padre lo llamo para que le ayudara a preparar los últimos detalles. Tenían que sacar un poco de leche y algunas galletas para Papa Noel, como agradecimiento por traerles los regalos que les dejaría en el árbol de navidad.
El niño corrió a la nevera, saco un vaso con leche, unas cuantas galletas de la alacena y puso todo en un pequeño platico que dejo al lado del árbol y se preparo para irse a dormir.
Pero cuando se acostó, sus nervios no lo dejaban dormir. Daba vueltas y vueltas en la cama y trataba de escuchar si había algún ruido en la sala donde estaba el árbol de navidad. Sus padres al sentirlo mover en la cama se acercaron y le preguntaron que le pasaba.
El niño les dijo que quería ir a la sala para ver si ya había llegado santa, su padre le dijo. Debes tener paciencia. La noche apenas comienza y debes recordar que los renos son animales muy asustadizos, si ellos sienten que alguien esta despierto en la casa, salen corriendo llevándose el trineo de juguetes. Es muy importante para ellos que la casa este en total silencio.
El niño al escuchar esto sintió que no sabía que hacer. Sabía que tenia que tener paciencia, pero al mismo tiempo quería ver si podía ver a santa y los renos cuando llegaran a dejarle los regalos. Trataría de dormir y comenzó a repetirse… Paciencia, paciencia, paciencia.
Sin embargo, cuando estaba medio dormido oyó unos ruidos en la casa. Todas las luces estaban apagadas y había un total silencio en la casa. Pero el había oído un sonido extraño y allí acostado comenzó a pensar que hacer. Quería ver a santa y a los renos, pero no quería que los renos se asustaran
Finalmente, decidio levantarse y mirar si ese sonido era santa. Caminando despacio despacio camino por el corredor que salía de su cuarto hacia la sala de la casa. Todo estaba oscuro y sin saberlo piso uno de sus juguetes que hizo un pequeño ruido. Inmediatamente vio una luz extraña que cruzo la sala y se alejaba. Siguió caminando y vio a la luz de las pequeñas bombillas del árbol de navidad que la leche estaba a medio vaso y que las galletas estaban medio mordidas. Pero no había ningún regalo de navidad bajo el árbol. Su corazón dio un salto. Se dio cuenta que lo que le habían dicho era verdad, seguramente al pisar el juguete había asustado los renos y estos se habían llevado el trineo con los regalos y a papa Noel con el. Muy triste miraba el árbol sin saber que iría a pasar.
De pronto vio que algo extraño sucedía detrás del árbol. Había una pequeña luz roja que era más grande que las otras que adornaban el árbol. Esta luz iluminaba la parte de atrás de una forma extraña. Se acercó lentamente al árbol y rodeándolo vio algo que no se había imaginado nunca. Allí escondido detrás del árbol había un reno pequeño pequeño. Que tenía una nariz roja brillante. El niño asombrado le dijo. Quien eres tu… pe
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Hoy es el día 4 de la novena de navidad. La novena es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida y las grandes cosas que nos han sucedido en nuestra vida. He querido crear algunos cuentos basados en la navidad para que nos recuerden el espíritu propio de estas épocas.
Hoy el cuento será sobre la sencillez.
Había una vez un niño que había estado escribiendo una carta a santa Claus pidiéndole los juguetes que quería tener. Durante muchos días se encerraba en su cuarto y después de meditar un rato tomaba el lápiz y en un papel comenzaba a soñar con los regalos que quería tener.
Cuando salía para el colegio tomaba la lista y cuando estaba en el recreo sacaba la lista, la leía y pensaba que otro juguete quería. Durante días su mente estaba en pensar en nuevos juguetes que quería tener, había carros a control remoto, teléfonos inteligentes, ipads, relojes inteligentes y Consolas de juegos electrónicos
Todos los días antes de irse a acostar tomaba el lapiz y adicionaba algún otros juguetes que quería tener. Con el pasar de los días la lista se iba haciendo muy larga ya que su imaginación era muy grande.
Confiado decidio enviar la carta a santa y la puso en el correo dirigida al polo norte.
La carta llego como estaba previsto pero cuando santa la leyó decidio que aquel niño necesitaba algo más que juguetes. Leyendo lo que en ella se describía se dio cuenta que aquel niño estaba muy solo y que su alma estaba invadida por el deseo de los juguetes electrónicos. Era hora de recuperar la sencillez en su alma.
Cuando santa se preparaba para salir a repartir los regalos recogio una pequeña caja adornada con un gran moño. Sabía que en esa caja tenia el regalo más espectacular. El regalo que le podría cambiar la vida a aquel niño.
Entrando a la casa por la chimenea dejo con cuidado la caja y se marchó.
A la mañana siguiente el niño se levantó deseoso de encontrar todos aquellos regalos que había escrito y que añoraba tener y estrenar. Pero cuando se acercó al árbol de navidad vio un solo regalo a su nombre, una sola caja con un gran moño.
Intrigado se acercó y vio que la caja tenía unos agujeros en ella. Eso le intrigo aún más y pensaba….. Que puede haber aquí y para que serán estos agujeros. Con cuidado y bajo la mirada atenta de sus padres el niño abrio la tapa de la caja y de ella salió algo totalmente inesperado. No había juegos electrónicos, no habían teléfonos inteligentes, no había tabletas electronicas, no había nada absolutamente nada que el hubiera pedido en su larga carta a santa.
Había un pequeño cachorro que aún asustado saco la cabeza de la caja y lo miro. El niño no sabía que hacer, el no quería un perrito, el quería juegos electrónicos. El quería un teléfono, el quería muchas otras cosas. No aquel animal que sacaba su cabecita curiosa desde la caja. En la sorpresa el niño salió corriendo hacia su cuarto y se encerro a llorar. Mientras tanto sus padres recogieron el cachorro y le dieron de comer.
Aquel día el niño se sintió decepcionado y cuando salió finalmente a comer trato de ignorar aquel pequeño cachorro. Pero el cachorro ya comenzaba a correr por toda la casa. El niño pensaba como le explicaría a sus amigos del colegio que su regalo de navidad era un perrito y no una consola electrónica.
Y asi pasaron varios días, con el niño ignorando el perrito y el perrito jugando por toda la casa.
Un día el niño tuvo un mal día en el colegio, su profesora lo había regañado y había discutido con sus amigos, estaba muy triste. Apenas se bajo del bus de colegio vio que el perrito que
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Hoy comienza el tercer dia de la novena de navidad. Los nueve días de recogimiento y preparación para el nacimiento de Jesus. Buscando mantener el espíritu de la navidad quiero compartir un nuevo cuento de navidad con alguno de los valores fundamentales. Hoy tenemos la colaboración.
Habían una vez un pesebre que se estaba elaborando con mucho esmero en un pueblo donde la tradición era muy importante. Los participantes eran figuras elaboradas por las personas del pueblo y cada uno de ellos se esmeraba en su fabricación y algunas veces una figura era fabricada durante meses para estar lista para diciembre.
Las figuras se sentían muy orgullosas de participar en el pesebre y como en todas las actividades había una jerarquía muy bien definida dentro del pesebre y entre más cercano estuvieran de el portal del pesebre más importante se sentían. Así primero estaban la virgen, san jose , la mula, el buey obviamente el recién nacido. Luego estaban los reyes magos a las puertas del portal y luego los pastores. Luego un poco más alejados algunos habitantes y algunos animales y asi hasta el borde mismo de pesebre donde se colocaban las figuras menos importantes y algunos casos no tenían ninguna función más que rellenar el espacio.
En el último lugar y bien lejos de el portal había una figurita que ni siquiera había sido creado por las agiles manos de algún habitante del pueblo, Esta figurita era simplemente un niño de plástico que además no se veía muy especial. La figurita había sido encontrado por una niña del pueblo y lo había llevado al pesebre del pueblo como una simple contribución. Para aquella figura de niño el estar participando en el pesebre era un gran honor y desde su lejana posición alcanzaba ver allá a lo lejos el portal y las figuras de la virgen, san José, la mula , el buey y obviamente un pequeño lugar donde días después llegaría el bebe representando a Jesus. El ni;o dios.
Algun momento después de ser colocado en su lugar oyo una pequeña discusión. Escucho que uno de las fuentes de agua se había secado. La figurita de plástico sabía que había que solucionar el problema y rápidamente comenzó a moverse tratando de hacerlo , tomo un pequeño balde y comenzó a transportar agua de un lado a otro hasta que la fuente se lleno de nuevo y el agua comenzó a correr de nuevo. La figura que hacia de alcalde de belen, lo premio y le permitió pararse cerca a la fuente. Desde allí ya podía ver un poco más de cerca el portal. Luego se escucho otra algarabía. En una de las puertas de salida de Belén había un adorno floral que estaba a punto de caerse, las figuras que estaban puestas debajo de la puerta temían que les cayeran encima. Y la figurita de plástico salió corriendo, se subió a las murallas y tomando un pequeño palo removió el arreglo floral y lo puso en el suelo. Todos le agradecieron y algunos incluso lo aplaudieron.
La figura de un guardia de la puerta de entrada a Belén vio como este niño arriesgo su vida de plástico por el bien de los otros y le pidió que se parara junto el. Ahora estaba incluso más cerca ya no estaban las murallas separándolo del portal.
Mientras estaba allí noto había una pequeña discusión entre los pastores que estaban cerca de el portal, y la figura de plástico se acercó a los pastorcitos y vio que estaban discutiendo porque una de las ovejitas se había extraviado. Como ninguno de los pastorcitos querían alejarse de su lugar privilegiado ninguno salía a buscar la ovejita, pero el nino de plástico inmediatamente se ofreció a buscarla y después de algunos momentos la encontró comiendo frutas debajo de un árbol. El niño tomo la ovejita y la llevo donde los pastores. Ellos dejaron de discutir y le agradecieron tanto que le pidieron que se quedara con ellos por e
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Hoy es el segundo día de la novena. El camino hacia el nacimiento de Jesús esta lleno de valores que vale la pena resaltar para recuperar el verdadero significado de estos días. Hoy tenemos uno fundamental para la humanidad. La Caridad.
Había una vez un hombre muy rico que vivía lejos de Belén. El hombre había pasado muchos años de su vida buscando ser más y más rico y más y más poderoso. Pero una noche que no podía dormir salió afuera de su palacio y contemplando el firmamento vio una estrella que antes no estaba. Siendo un hombre de ciencias consulto con los grandes sabios de su región y uno de ellos le dijo que eso significaba que un rey muy poderoso y rico vivía a la luz de aquella estrella.
El hombre que siempre había buscado incrementar su riqueza supo inmediatamente que debía viajar hasta el lugar que marcara esa estrella para así ponerse a las ordenes de aquel magnifico rey que había logrado que una estrella lo anunciara y congraciarlo con miles de regalos y asi el rey lo haría parte de su gobierno.
El hombre ordeno a sus empleados que cargaran bueyes con todo la comida que tuviera, todos los vestidos que hubiera en su mansión, todas las joyas que había reunido y todas las especias que tuviera en sus bodegas. Los empleados cargaron más de 100 bueyes y camellos y los tuvieron listos para salir al día siguiente. Y aquel rico salió con una fila larga de bueyes y camellos cargando toda clase de regalos.
Lo que no sabía aquel señor era que el camino era largo y duro. Después de algunos días encontró una población que había sido arrasada por una tormenta, los habitantes del pueblo no tenían nada para comer. El hombre se apiado de ellos y parando su caravana les dio todos los camellos y bueyes que cargaban la comida y las prendas de vestir que le regalaría al rey. Los habitantes del pueblo vieron asi como aquel hombre les proporcionaba la comida necesaria para sobrevivir mientras llegaban las épocas de cosecha.
El hombre siguió el camino marcado por la estrella y días después vio como en un valle había una un grupo de hombres que llevaban a rastras varias decenas de hombres amarrados. El Hombre se acercó y les pregunto porque los tenían amarrados. Los guardias le dijeron que eran esclavos que llevaban para ser vendidos. El hombre que nunca había visto el comercio de esclavos pregunto cual era el precio esperado por todos aquellos hombres y que el estaría dispuesto a comprar su libertad. Tomando los bueyes y camellos que llevaban el oro, pago por la libertad de todos y cada uno de ellos. Los hombres fueron liberados y el hombre siguió con su caravana de unos pocos animales.
Finalmente en una llanura vio un grupo de hombres y mujeres que vivían fuera de un pueblo, al preguntarles porque estaban allí sin entrar en el pueblo, le respondieron que eran enfermos pobres que habían sido expulsado del pueblo por no tener con que pagar por el cuidado médico. El hombre adolorido por esto entro al pueblo y tomando sus últimos bueyes y camellos cargados con joyas, las entrego a las autoridades del pueblo para que le abrieran las puertas del pueblo a los enfermos y los atendieran. Las autoridades recibieron las joyas y salieron a buscar a los enfermos.
Con esto el hombre que iba lleno de riquezas para ofrecerlas al rey de la estrella se quedó sin nada, solamente tenía su camello y la ropa que llevaba puesta. Cuando salió de aquel pueblo vio como la estrella ya le marcaba un lugar cercano. Sin nada que ofrecer simplemente decidio acercarse a aquel lugar y darle una mirada al palacio de aquel rey.
Cual sería su sorpresa cuando paso una colina y vio la estrella brillando con toda su luz sobre un humilde establo donde habí
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Comienza la novena de navidad. Los nueve días antes del nacimiento de Jesus y en muchos países católicos se celebran nueves días de preparación para este acontecimiento. Desafortunadamente el sentido de la novena se ha perdido con el tiempo y las costumbres pero hoy he querido empezar a recordar esto con nueve cuentos que nos recordaran los principios de la novena.
Comenzamos hoy con un cuento sobre la humildad.
Había una vez en el cielo una gran conmoción, Dios había decidido enviar a su hijo amado a que naciera humildemente entre los hombres y para ello había encomendado a los ángeles para que prepararan todo lo necesario. Los ángeles siempre deseosos de congraciarse con Dios decidieron que tenían que llevar una luz que llamara la atención de los seres humanos y que todos se dieran cuenta que algo maravilloso habría de suceder ese día.
Para ello decidieron buscar la más brillante de las estrellas, la estrella que repartia la luz más maravillosa entre los millones de estrellas del firmamento. La estrella era muy importante en el proyecto y la que fuera elegida pasaría a la posteridad. Los ángeles rápidamente fueron donde ella y le explicaron que había sido la elegida. La enorme y brillante estrella se sintió muy alagada y acepto inmediatamente. Y les dijo a los ángeles.
Claro que si acepto. Con mucho gusto, solamente muéstrenme donde voy a lucir y allí estaré gustosa para alumbrar con mi maravillosa luz.
Los ángeles la tomaron de la mano y caminaron con ella hasta las afueras de un pequeño pueblo llamado belen, allí a las afueras había una humilde establo donde se tenia programado el nacimiento de Jesus. La estrella que estaba acostumbrada a iluminar grandes eventos no podía creer lo que estaban mostrando. Era el lugar más humilde que ella había presenciado y lo considero poco digno de su condición de gran estrella. Así que les dijo a los ángeles.
Lo siento yo no puedo aceptar este encargo. Yo tengo una reputación que tengo que proteger. Si en el mundo me ven alumbrando un pequeño establo abandonado y pobre, nunca más me volverán a contratar para iluminar grandes eventos. Estare arruinada de por vida. Y he de recordarles que las vidas de nosotros las estrellas es bien bien larga, Millones de millones de años. Lo siento mucho consiganse otra estrella que yo no lo voy a hacer.
Los ángeles asombrados por la respuesta de la gran estrella del firmamento, volaron donde Dios y le contaron lo que había sucedido, El señor sonrio y les dijo. Les recomiendo que vayan a buscar la más pequeña y humilde de las estrellas.
Los ángeles sorprendidos no entendían como les recomendaban buscar la estrella con menos luz, pero obedientes salieron a recorrer el universo y efectivamente en un rincón apartado vieron una estrellita que casi no se distinguia, era sin duda la estrella menos brillante que había.
Los ángeles se acercaron a ella y con voz entusiasta le dijeron.
Estrellita. Tenemos una tarea muy importante y nos han recomendado que te la pidamos a ti.
La estrellita que era pequeña, poco luminosa y humilde dijo. Lo que sea que necesiten díganme no más que yo estoy estoy siempre dispuesta a ayudarles.
Al igual que lo habían hecho con la gran estrella le explicaron que su función seria iluminar un lugar especifico en la tierra para el nacimiento de el hijo de Dios. La estrella simplemente les dijo.
Llevenme allí y yo hare lo posible para brillar dentro de mis posibilidades.
Inmediatamente los ángeles la tomaron de una de las manos, que no era muy caliente y brillante, y la llevaron a las afueras de belen. Allí l
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Había una vez una republica llamada Komi, situada en la frontera entre Europa y Asia, en dicho lugar vivía la tribu mansi que eran dirigidos por un hombre llamado Kuuschay. Kuuschay tenia dos hijas y un hijo. El hijo era un valiente guerrero llamado Pygruchum que había recibido un entrenamiento militar desde muy temprana edad y se decía que era tan fuerte que podía derribar fácilmente a un oso y era tan ágil que podía superar la velocidad de los ciervos. Por su parte una de las hijas de Kuuschay era tan bella que se decía que su cara rivalizaba con la luna y sus cabellos eran más brillantes que el mismo sol. Además era esbelta como un pino y sus voz era melodiosa que cuando cantaba los animales de los bosques salían para escucharla.
La belleza y dulzura de la joven era tal que en toda la comarca se decía que nadie que pudiera mirar a la muchacha podría resistir sus encantos e inmediatamente quedaría profundamente enamorado de ella. Estos rumores sobre la muchacha llegaron llegaron a oídos de un gigante que vivía en los montes Urales. El gigante junto a sus hermanos decidió ir a ver a la joven por ellos mismos, y con grandes pasos que movían sus cuerpos de hasta 40 metros de altura fueron atravesando valles, ríos, praderas, y montañas hasta que llegaron a la aldea de Kuuschay, la cual estaba protegida por una amplia y alta muralla de cristal.
Cruzando sobre la muralla el Gigante se interno en el centro mismo de la aldea y con sus propios ojos vieron que lo dicho sobre la muchacha era realidad. Y como había sucedido con otros habitantes el gigante cayo profundamente enamorado de la joven. Inmediatamente se diririo a el líder de los Mansi y le exigio que le diera la mano de la muchacha. Pero Kuuschay, el jefe supremo de los Mansi rechazo la exigencia.
El gigante no podía soportar tal desaire e inmediatamente lanzo un grito de llamado a sus hermanos que lo esperaban fuera de la población y estos presurosos se hicieron presente a las afueras de la gran muralla de cristal. Allí el gigante Torev les comento que Kuuschay lo había rechazado y que debian vengar dicha afrenta.
Kuuschay convoco a los espíritus para que le ayudaran a proteger su pueblo. Los espíritus enviaron una tormenta que cubrió inmediatamente el pueblo deteniendo temporalmente a los gigantes ya que un manto de nubes cubrió todo el entorno del pueblo en lo alto de los Urales.
Desafortunadamente el hijo guerrero de Kuuschay llamado pygrychum se encontraba en esos momentos cazando en las montañas Urales junto con un grupo de guerreros de la tribu y solo se entero de lo que estaba sucediendo cuando un emisario enviado por su padre se acercó a decirle lo que estaba sucediendo en ese preciso instante.
El guerrero pygrychum, hijo de Kuuschay llego a las montañas cercanas a la población cuando aún la niebla y la tormenta estaba cubriéndola y los gigantes estaban esperando fuera de las murallas. De pronto salió el sol y la niebla se dispersó y el gigante torev tomo su gigantesca maza y comenzó a golpear las murallas de cristal. Las murallas comenzaron a derrumbarse cayendo en mil pedazos a sus pies.
Pygrychum aprovecho la oportunidad que el sol ofrecia para enarbolar su brillante escudo y su espada fulgurante para dirigir una arremetida contra los gigantes. Alzando su espada hacia el sol surgio de ella un haz de luz que proyecto hacia los ojos de el gigante. La luz golpeo en su totalidad las figuras de los gigantes y estos comenzaron a notar que se les hacia más y más difícil avanzar. Pygrychum continuo dirigiendo la luz del sol con su escudo y su espada y un brillo permanente comenzó a cubrir a los gigantes
De repente sonó un crujido profundo que provenia de la figu
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Aquel hombre fue nombrado guardia de aduana en la frontera entre Pakistán y la india. Recién llegado su jefe lo llamo a su presencia y le dijo. Lo he mandado a llamar porque desde hace algunos años hemos visto un hombre muy sospechoso que constantemente entra a nuestro territorio desde el país vecino y creemos que este hombre es un contrabandista. Quiero encomendarle a usted la tarea de descubrirlo e identificar el contrabando que suponemos esta realizando. Después de entregarle una foto del hombre lo envió a cumplir con su deber.
Al día siguiente el guardia de aduana, deseoso de demostrarle a sus superiores sus capacidades, se instaló en la frontera a esperar que aquel hombre apareciera. Tardo varios días comparando la foto con todos aquellos que cruzaban la frontera y finalmente vio venir un hombre montado en un burro que tranquilamente se acercaba a la frontera.
El guardia inmediatamente lo detuvo y con voz de mando lo obligo a parar. El hombre se apeó de su burro y sin protestar siguió al guardia de aduana. Una vez en la caseta de la aduana, el guardia examino todas las pertenencias que el hombre llevaba y con cuidado reviso si había algún elemento de contrabando. El hombre no llevaba nada sobre sí que fuera contrabando, asi que inmediatamente llego a revisar las pertenencias que cargaba el burro. Después de un examen minucioso no encontró nada de contrabando y con decepción le toco dejar pasar al hombre y su burro. Sabía que ese día no había encontrado nada, pero tenía la esperanza que en en una próxima ocasión lo encontraría. No podía fallar en la misión encomendada a él por su jefe.
Algunos días después, el guardia vio de nuevo al presunto contrabandista acercarse de nuevo en su burro y decidido lo paro de nuevo en la frontera. Como en la ocasión anterior lo hizo pasar a su oficina, lo reviso, reviso el burro y no encontró nada. Lo dejo pasar y volvió a jurarse a si mismo que el lo atraparía algún día.
Transcurrieron las semanas, los meses y los años y la misma escena se repitió cientos de veces, durante esos años el guarda de aduana, cruzo la frontera averiguando por aquel hombre y nadie fue capaz de determinar si realmente era o no un contrabandista. Sin embargo, esto se volvió una obsesión para e guardia que cada vez detenía al hombre y lo revisaba exhaustivamente.
Finalmente después de muchos años, el hombre, supuesto contrabandista, ya de edad avanzada, se retiro a vivir apaciblemente en su pueblo en la frontera de la india y al notar esto el guardia de aduana decidio cruzar la frontera y buscarlo una última vez. El hombre al verlo sonrió y lo invito a pasar a su hogar y mientras le servía el te le pregunto cuál era el motivo de la visita.
El guardia lo confeso que después de muchos años el también se había retirado y ya no era guardia de aduana pero que había algo que quería discernir ya que lo había molestado durante toda su carrera como guardia y que no quedaba en paz hasta que lo supiera.
Claro… Dígame que es eso y con gusto lo podre ayudar, dijo el anciano hombre. Mientras le sonreía.
Pues es que desde mi primer día me aseguraron que usted era un contrabandista y siempre que lo veía venir cruzando la frontera con su burro, siempre lo he detenido, lo he revisado y nunca nunca le encontré nada por lo cual lo pudiera retener.
Dígame usted era un contrabandista realmente
El hombre soltó una risa sonora y le contesto.
Debo confesarle que si, fui contrabandista por todos estos años.
De verdad…. No entiendo como era posible. Digame que contrabandeaba…
Yo contrabandeaba Burros.
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Había una vez un muchacho nacido de noble estirpe ya que era hijo de la princesa berta hermana de Carlomagno el primer emperador Europeo por allá en el siglo XVIII. El muchacho recibió el nombre de Rolando, nombre que hacía relación a un hecho fortuito al nacer ya que había rodado al suelo al salir del vientre de su madre.
Habiendo crecido bajo el manto de la familia de Carlomagno, Rolando adopto la vida militar y con los años fue ganando reconocimiento como uno de los más aguerridos caballeros del medioevo y su destreza con la espada, la cual llamaba Durandarte lo hizo famoso.
En el año 778 CarloMagno decidio atacar la hoy conocida ciudad de pamplona en la parte norte de lo que hoy es España y después de destruir sus murallas saqueo la ciudad antes de tomar el camino de regreso a Francia cruzando los pirineos. Los vascos que controlaban la ciudad juraron vengar la destrucción y decidieron perseguir las huestes de Carlomagno y su sobrino Rolando.
Siendo los vascos amplios conocedores de los diferentes pasos montañosos y sus dificultades le tendieron una emboscada a la armada de CarloMagno en el paso de Roncesvalles, donde por lo escarpado del terreno, la fuerte armada de los francos podían ser objeto de ataques de enemigos menos numerosos.
Sucedió que la retaguardia de los francos iba comandada por el valiente Rolando y al ser atacados por las tribus vascas que los persiguieron desde pamplona. Allí el 15 de agosto del año 778, los vascos atacaron por sorpresa al ejército franco y lograron separar y rodear a los soldados comandados por Rolando. Mientras el grueso del ejército de CarloMagno continuaba el cruce de los pirineos hacia Francia, Rolando y su pequeño número de soldados se quedaron en Roncesvalles enfrentando a los guerreros vascos. Habiendo sido emboscados, sin apoyo del grueso del ejercito del emperador y con inferioridad numérica los francos fueron derrotados y Rolando quedo seriamente herido en el campo de batalla.
Su caballo, de nombre vigilante, cayo sobre el cuerpo de Rolando y cuando las tropas vascas recorrieron el campo de batalla buscando sobrevivientes para aniquilarlos, lo tomaron por muerto y siguieron sin rematarlo. Cuenta la leyenda que cuando rolando volvió en si, sintió el cuerpo del animal sobre el y haciendo un esfuerzo sobre humano se apoyó con una mano sobre una roca y levanto todo el peso del animal, dejando además las marcas de sus dedos sobre la roca.
Mal herido, desorientado y solo Rolando se juró que volvería a ver tierra francesa antes de morir así que jadeando llego hasta el valle de Ordesa que esta bordeado por los riscos que dividen Francia y España. Los altos riscos pirineos eran ya de por si un paso difícil de superar y más cuando se encontraba mal herido. Mientras comenzaba a subir las grandes montañas oyó como desde el valle una jauría guiaba un contingente de vascos que lo habían descubierto mientras trepaba los grandes riscos.
Finalmente, solo le faltaba flanquear el monte perdido, un alto peñasco de más de 100 metros de altura que dividía efectivamente esta tierra de su amada patria francesa. Sus fuerzas estaban ya perdidas y su único interés en lo poco que le quedaba de vida era ver por ultima vez sus tierras francesas y así despedirse de este mundo.
Rolando intento subir la escarpada pared de piedra, pero se le era imposible, asi que tomando su espada Durandarte la lanzo buscando que ella si pudiera caer al otro lado del promontorio de piedra. La espada Durandarte golpeo la pared de piedra pero al no poder superar la altura de 100 metros cayo de nuevo a los pies de Rolando. Este la tomo y con un mayor esfuerzo la lanzo tratando de superar la altura, de nuevo la espada c
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur
[email protected]
Había una vez un funcionario público que había trabajado decenas de años en la misma organización y siempre ejerciendo el mismo trabajo. El funcionario tenia un trabajo de escritorio muy rutinario, y había hecho de la rutina su alma gemela. Siempre se levantaba a la misma hora por lo que nunca tenía que usar un despertador. Desayunaba café, tostadas y huevo todos los días, se duchaba a la misma hora y salía de su pequeño apartamento a la misma hora después de prepararse un sanduche de jamon y queso para ser consumido durante su hora de almuerzo.
Caminaba 2 cuadras y en la esquina esperaba el tranvía que siempre pasaba puntual. Se subía al tranvía, pagaba con dos monedas sin saludar al conductor, y siempre se sentaba en la última fila donde sabía que nadie se sentaba.
Después de 10 minutos exactos, llegaba al centro de la ciudad y apeándose del tranvía caminaba 35 metros hasta que entraba en el oscuro edificio de correos donde servía de supervisor de envios de paquetes terrestres.
Allí se sentaba en su oscuro escritorio rodeado de condecoraciones laborales que había recibido durante sus 35 años de servicio en el servicio postal. Durante el día recibía reportes en su computador de los despachos de paquetes terrestres y su función requería tomar nota de los números de paquetes enviados por las diferentes localidades, sumarlos y consolidar el numero, luego preparar un informe que representaba en forma numérica y en gráficos el movimiento de paquetes de cada una de las localidades y el total por la región. Este informe era preparado meticulosamente y distribuido a nivel nacional. Aunque nadie nunca le confirmo que fuera leído o utilizado por alguien en la dirección nacional postal.
Luego de salir a almorzar a un parque cercano y de comer como todos los días de sus últimos 35 años su sanduche de jamón y queso, el funcionario publico caminaba los 167 pasos que lo separaban de su edificio, subía los mismo 4 pisos y finalmente se instalaba de nuevo en su silla y su escritorio.
Horas más tarde, cuando el reloj de la catedral marcaba los 5 campanazos de las 5 de la tarde, el funcionario público se levantaba de su escritorio y con paso apresurado se dirigía de nuevo a la esquina de su edificio y esperaba allí el paso de aquel tranvía que siempre pasaba puntualmente a las 5:18 de la tarde.
Pero aquella Tarde sintió que algo era diferente. Sintió un gran alivio en su interior. Cuando salió de su oficina y caminaba por los pasillos del edificio nadie lo miro, nadie lo detuvo y nadie se despidió de el. Su caminar era totalmente libre. Y cuando salió del edificio a las carreras hacia la esquina donde paraba el tranvía casi que volaba. Y el tranvía llego como siempre puntual. Las 5:18 pm, salto en el y como de costumbre nadie lo miro, el conductor con su gorra azul no le dijo nada, nadie alzo la vista a observarlo mientras recorria el tranvia en busca de su puesto al final.
Y una vez se sentó, sintió de nuevo esa sensación de ingravidez. Esa sensación de libertad. Hoy era su día. La felicidad comenzó a invadirlo y se sintió pletórico. Y allí mientras el tranvía recorria el trayecto de regreso hasta el destartalado edificio donde quedaba el pequeño apartamento comenzó a tener una duda. Una duda que de todas maneras le amargaba el momento de jubilo. Comenzo a preguntarse cuando sucedería. Cuando se darian cuenta en su oficina que el había muerto allí sentado en su escritorio frente a su computador.
From the publisher's feed

4,433 Listeners

1,543 Listeners