Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda episodes

  • 89. El último deseo del reo

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    Había una vez un reino donde se decía que el rey siempre, siempre hacia cumplir el último deseo de el reo. Era esa la más sagrada de las reglas que el rey se esmeraba hacer cumplir porque consideraba que el ultimo deseo de un rey provenia de Dios.

     

    Un día un reo había sido condenado a morir en el cadalso de manos de un feroz y terrible verdugo. El verdugo  que era temido por mucho era un ser de muy mal talante y orgulloso de ser el siempre el encargado de llevar a la muerte a cuanto desgraciado le era entregado en sus manos. El problema era que había mucha ejecuciones en el reino y solamente un verdugo. Se decía también que el rey era muy estricto en ordenar que solamente ese verdugo fuera el que ejecutara a todos los reos del reino. 

     

    Esta vez el reo era alguien que era muy astuto pero después de algún tiempo había sido capturado y rápidamente condenado a muerte. 

     

    En la mañana en que el reo iba a ser ejecutado todo el pueblo se había reunido en la plaza central y allí frente a todos estaba una tarima dispuesta para que todos pudieran ver al reo pedir su ultimo deseo y verlo morir de manos del verdugo. 

     

    El Juez subió a la tarima de ejecución y con voz ceremoniosa leyó el edicto del rey condenando al reo y luego dijo 

     

    El rey siempre concede un ultimo deseo al que va a morir, así que tu reo te conmino a que expreses tu ultimo deseo, el cual será cumplido antes de que seas ejecutado. 

     

    El reo sonrio cuando oyo esta palabras y mirando al juez, al verdugo y al pueblo dijo

     

    Mi ultimo deseo es muy simple

     

    Que ejecuten al verdugo. 

    3 min
  • 88. El Burro de Nasrudin

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    Había una vez un sabio Sufi llamado Nasrudin que era reconocido por su capacidad de comprimir la verdad en pocas palabras. Nasrudin era además un mordaz crítico de la tontería y un severo evaluador del ser humano. 

     

    Nasrudin viajaba de pueblo en pueblo durante sus vida en el siglo 13 y siempre se encontraba acompañado de su fiel burro que le servia de compañía y media de transporte.

     

    Un día Nasrudin llego a una gran ciudad y debido al cansancio del viaje decidió entrar a una posada a descansar y comer algo, dejando a su burro amarrado afuera. 

     

    Después de comer y dormir un poco Nasrudin salió y no encontró a su burro. Desesperado salió a buscarlo por las calles y callejuelas de la ciudad, preguntando además a todos si habían visto al animal. Despues de varias horas de deambular por la ciudad se acerco a una universidad y allí vio un grupo de personas reunidas. Al acercarse a investigar que sucedía allí, vio a su burro rodeado de alguna decena de profesores y eruditos.

     

    Cuando Nasrudin se acerco al burro para llevárselo, el decano de la escuela lo interpelo y le dijo.

     

    Tu sabio Nasrudin, No sabes acaso que tu burro ha entrado a la biblioteca de nuestra universidad y sin que nos diéramos cuenta se ha comido algunos libros y textos valiosos. 

     

    Tu que eres su dueño deberás pagar una gran multa. 

     

    Nasrudin que siempre había tenido algún recelo con los catedráticos por su incapacidad de conectar con el pueblo le dijo. 

     

    Pues dada la circunstancia de que mi burro me ha acompañado por muchos años y que yo lo he educado muy bien. Creo que ustedes deben ser lo que me deben pagar a mi por el daño causado.

     

    Mi burro entro a esta institución perfectamente educado y solamente después de unas horas en este lugar, ustedes lo han transformado en un delincuente. 

     

     

    3 min
  • 87. Dulcinea del Toboso

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    Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y de Francisca Nogales. Como hubiese leído novelas de caballería, porque era muy alfabeta, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen y le besaran la mano, se creía joven y hermosa pero tenía treinta años y pozos de viruelas en la cara. Se inventó un galán a quien dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de lances y aventuras, al modo de Amadís de Gaula y de Tirante el Blanco, para hacer méritos antes de casarse con ella. Se pasaba todo el día asomada a la ventana aguardando el regreso de su enamorado. Un hidalgo de los alrededores, un tal Alonso Quijano, que a pesar de las viruelas estaba prendado de Aldonza, ideó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en su rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario don Quijote. Cuando, confiando en su ardid, fue al Toboso y se presentó delante de Dulcinea, Aldonza Lorenzo había muerto.

     

    3 min
  • 86. El viejo en el velorio

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    Había una vez un velorio. Todos los que hemos estado alguna vez en un velorio lo hemos visto. Es aquel viejecito vestido de negro que se sienta en la parte de atrás del salón o la iglesia con su paraguas entre las piernas y su sombrero puesto sobre la parte superior de su paraguas. Su cara generalmente esta sellada a todo escrutinio y con su mirada de acero observa detenidamente todo lo que sucede en el velorio y posteriormente la ceremonia religiosa. 

     

    Todos lo hemos observado alguna vez y curiosamente aunque nadie se acerca a preguntarle de donde conoce al muerto, todos hemos asumido que se trata de alguna amigo o acompañante de alguien que esta asistiendo a hacerle los honores al difunto. La realidad es que puede pasar desapercibido puesto que su cara y su vestimenta generalmente armonisa con las circunstancias del rito y a tristeza que trae la muerte 

     

    Y finalmente cuando finalmente la ceremonia acaba y se depositan los restos inmóviles del difunto en su morada final, el viejecito de negro se escurre imperceptiblemente dejando a los dolidos asistentes y subiéndose el cuello de su sobretodo se pierde por la calle.

     

    Y dicen que alguna vez un doliente distraído que llegaba tarde a la ceremonia se topo con el mientras se subia a una carroza negra y que oyo como el cochero mirándolo subir lentamente le decía.

     

    Ya nos podemos ir. Siempre es lo mismo. Le recuerdo  que tenemos otra cita y vamos a llegar tarde.

     

    Y el viejecito apoyado en su guadaña le respondio

     

    Disculpa, Pero desde lo que sucedió con lazaro me volvi desconfiado.

    3 min
  • 85. Jaques el Pirata

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    Había una vez un corsario que asomado a la proa de su barco pirata veria como la lluvia caia como finísimas flechas aceradas sobre el mar de color plomiso. La proa difícilmente podía superar las olas que caían sobre el barco. Su Capitan el corsario Jacques sentía que todo estaba perdido para el y para su barco. Presentia que pronto todo podría llegar a su fin. El Capitan Jacques con su parche mugriento oteaba el firmamento mientras veía como la lluvia caia amenazante y los rayos se presentían llegar desde la lejanía. Allí inmóvil sobre la proa el Jacques recordaba sus sueños de viajero donde su galeón pirata estaría navegando por miles de leguas con sus bodegas llenas de joyas extraidas de multiples otros barcos mercantes. 

     

    Atormentado por la presencia de la lluvia y los truenos, Jacques no ve como salir de la situación que actualmente vive y quiere darse vuelta para gritar una orden que le permita virar el barco y alejarse de la tormenta. 

     

    De pronto todo, la cubierta de aquel velero se estremece. La quilla que tanto ha soportado durante sus travesías por los 7 mares cruje con un sonido profundo e insondable y el capitán siente que su barco comienza a escorar hacia un lado como si una mano gigantesca lo estuviera levantando con una fuerza incontenible. Jacques allí ve que el destino de su barco, su tripulación y de el mismo es totalmente incierto. Su barco se mueve en todas direcciones y cuando la mano poderosa lo eleva de la superficie, 

    Él  solo alcanza a identificar desde la lejanía lo que antes era su hogar y su mundo. 

     

    Este. 

    Si ese – dice el niño, y mira como el barco  es envuelto en un papel que lo protegerá de la fina lluvia que golpea las vidrieras de aquel establecimiento 

     

    3 min
  • 84. El Elefante Blanco

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    Habia una vez un elefante blanco en una región de la india  donde los elefantes blancos se veneran al ser considerados realmente especiales. Este elefante desde que nacio recibia un tratamiento mejor que el de cualquier ser humano. Su recipientes para comer y beber eran de oro y cuando su dueño lo sacaba en las fiestas regionales veía como los hombres y mujeres del pueblo se postraban a su paso. Se decía además que cuando los pueblos vecinos tenían un evento especial recurrían al dueño de este elefante para poder engalanar su fiestas con el paso lento y majestuoso de este elefante. 

    Este elefante, además era un gran pensador y bastante inteligente. Un día cuando su dueño lo estaba caminando para ejercitarlo, le pregunto porque todos los hombres se postraban a su paso y porque era venerado como un ser especial, si el simplemente era una animal mas y no sentía que tuviera nada especial. 

    El dueño le dijo.   -¡Ay! Eres demasiado humilde  -. Todos conocemos tu dignidad y todas las personas en la India sabe que, al abandonar esta vida, las almas de los héroes armados por la patria habitan por un tiempo en los cuerpos de los elefantes blancos. Por generaciones nuestros sacerdotes lo han dicho, y el pueblo lo ha reconocido y por eso cuando te ven pasar todos se agachan para darte el honor que te mereces.  

    -¡Cómo! ¿Somos considerados héroes?

    -Sin duda alguna.

    -Te tengo otra pregunta. Dijo el elefante. Si por alguna razón en mi cuerpo no habitara un héroe y yo viviera en la selva. Podría disfrutar mi vida en paz y vivir armoniosamente sin temor a que me cazaran los humanos

    El dueño le dijo. Nadie nunca se atrevería a pensar siquiera en hacerte daño y menos cazarte. Las tradiciones nos obligan a venerar todo elefante ya que siempre esta la idea de que en el habita el alma de un glorioso héroe. 

    -El elefante miro a su dueño y le dijo entonces déjame ir, porque te han engañado, te lo aseguro; si reflexionas comprenderás de inmediato el error: somos altivos pero cariñosos; moderados pero poderosos; no injuriamos a los más débiles; en nuestro corazón, el amor sigue las leyes del pudor; pese a la situación privilegiada en la que nos encontramos, los honores no han modificado nuestras virtudes. ¿Qué más pruebas se necesitan? ¿Cómo es posible que alguien haya visto en nosotros el menor rasgo humano?

     

    5 min
  • 83. Apostol Pedro

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    Había una a vez un apóstol llamado Pedro que era reconocido por ser el mas fiel seguidor de Jesus. Pedro generalmente estaba cerca de el salvador cuando este estaba recorriendo las tierras de Israel en su peregrinaje. Un día Jesus iba caminando sumido en sus reflexiones Había junto a pedro y este le dijo. 

     

    Maestro.:

    —¡Ojalá pudiera ser yo Dios como tu , aunque fuera por algunas horas, y después ser otra vez el apóstol Pedro!

    Jesus sonrió ligeramente y con toda naturalidad le dijo 

    —Que se haga lo que deseas. ¡Que seas Dios hasta la tarde!

    Se acercaron a un pueblo y vieron a una campesina que estaba conduciendo un rebaño de gansos hasta un prado, los dejó allí y se apresuraba a regresar al pueblo.

    El maestro se acercó a ella y le dijo. Dime buena mujer vas a dejar los gansos allí solos. Sin ninguna protección.

    La mujer miro a los dos viajero y les dijo. La verdad es que me tengo que ir porque hay una fiesta en el pueblo y todo los habitantes vamos a compartir una gran festin. 

    El maestro sonriéndole le dijo – Cierto pero no crees que es necesario que alguien los deber a cuidar para que los lobos no los ataquen o para que otras personas no se apoderen de ellos.

    La mujer los miro con un poco de desconfianza, pero con una mirada decidida les dijo .

    Yo soy una mujer muy religiosa y se que Dios nos esta protegiendo permanentemente. Así que estoy segura que Dios los estará cuidando mientras yo estoy en el pueblo divirtiéndome. .Asi que  sea Dios quien cuide de ellos hoy —respondió ella, y se fue.

    —¿Has oído, Pedro? —dijo Jesus—. Lo cierto es que me gustaría ir contigo al pueblo, que bastante bien nos haría un buen banquete  y participar en la fiesta después de estos días caminado , pero, ¿y si a los gansos les pasa algo? Hoy, tú eres Dios hasta esta noche; así que eres tú quien tiene que cuidarlos. Cuando dejes de ser Dios encuéntrame en el pueblo para que continuemos con nuestro viaje. 

    Pedro que tenia mucha hambre y le hubiera gustado mucho participar de las fiestas del pueblo se dio cuenta que era su responsabilidad quedarse cuidando los ganzos y con tristeza vio como el maestro y la campesina se iban al pueble conversando amenamente. gansos. Y mirando a los ganzos una vez más  se juró que nunca más iba a querer ser Dios.

     

    4 min
  • 82. El Candidato a adivino

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    Había una vez en sumatra alquien que quería doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado…

    1 min
  • 81. El disfraz (Adultos)

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    Había una vez una mujer llamada Martina que  siempre estaba planeando su nuevo traje de disfraz desde que acababan las fiestas de carnaval hasta que comenzaba el otro. Para Martina el carnaval era la oportunidad de servir de centro de atención en las fiestas que le invitaban. Martina una mujer en sus 30 y soltera siempre se lucia con sus disfraces y generalmente era la mas admirada por los hombres y odiada por las mujeres asistentes a las galas de disfraces. Para ella el carnaval era el momento para mostrar iniciativa y además dejar entrever sus locuras. 

     

    Unos años antes Martina se había disfrazado de aeroplano y había sido la sensación de la fiesta por lo bien elaborado de su disfraz. Un año después se disfrazo de “cortesana” y que decir que en la fiesta muchas personas disfrutaron de su genialidad y buen humor. Entre otras cosa y el año anterior había ido disfrazada de “pitonisa” y haciendo gala de mucho ingenio entretuvo a muchos asistentes a la fiesta. Realmente Martina siempre quería ser el centro de atención de las fiestas de carnaval. 

    Habiéndose acabado el anterior carnaval, Martina se encontraba en el periodo en que tenía que decidir que disfraz utilizar y obviamente empezar a preparar la indumentaria para cumplir con el disfraz requerido para la ocasión. 

    Ya habían pasado varios meses y se aproximaba el nuevo carnaval y Martina  pensaba y pensaba sin cesar de qué se vestiría. A esas  horas  en que atardece y las mujeres que leen o cosen  junto al balcón, por no levantarse de la silla y encender la luz se quedan pensando en sus cosas con la mirada perdida a través de los cristales del balcón, Martina  pensaba en el disfraz que la convendría. Martina no era como las otra mujeres de la época. Martina soltera y disponible se decía a si misma que ella jamás sería como sus amigas las casadas que dedicaban su tiempo en leer o preparar la comida o cocer vestidos. No ella era diferente y así era feliz. 

    —¡Un disfraz original! ¡Un disfraz verdaderamente original! —decía, levantando los ojos al cielo.

    Pero su idea de disfraz no surgía, pues no quería de ningún modo vestirse de domino como le había recomendado una de sus amigas o como dama valenciana como le había recomendado otra de sus amigas.

    Entonces, unos días antes de la primera fiesta de carnaval, Martina se sentía perdida porque quería un vestido realmente especial que mandara un mensaje a todos y todas sus amigas. Martina quería el disfraz mas atrevido y llamativo que pudiera encontrar, Pero Martina no encontraba la respuesta y viendo que no llegaba del cielo la inspiración, vendió su alma al diablo. El diablo presto a complacer los deseos de ciertas personas se presento ante Marina y ella le dijo.

    Tu ser de las tinieblas te pido que me ayudes a encontrar el disfraz mas seductor. Un disfraz que genere el máximo de envidia entre las mujeres asistentes a las fiestas y que haga perder la cabeza a todos los hombres allí presentes.

     Y aquella noche Martina entro a su primera fiesta el con el disfraz que el diablo le había preparado y todos los hombres del Gran Baile Nacional la persiguieron aquella noche atraídos por su disfraz de Mujer casada y adultera.  

     

     

     

     

    5 min
  • 80. La protesta de los útiles (infantil)

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    Había una vez una niño que se llamaba Emilio. Emilio era un niño muy obediente y responsable y siempre le obedecía a la mama y al papa. Emilio además era un niño muy buen estudiante. 

     

    Un día Emilio se levanto como todas las mañanas, se ducho, se vistió, desayuno y finalmente se lavo los dientes y se estaba preparando para salir para el colegio. Pero algo muy raro sucedió aquel día. Cuando Emilio fué a coger los útiles para salir para el colegio sintió una algarabía muy grande dentro  del bolso del colegio. De su bolso salían voces de protesta y mucho ruido. Cuando Emilio abrió el bolso de los útiles, vio como todos los útiles de estudio de un brinco se salieron y se pararon desafiantes en la mesa de estudio. Emilio no podía creer los que estaba viendo. Frente a el estaban todos sus libros, cuadernos, reglas, lápices y colores. Todos con una mirada desafiante. 

     

    Emilio que siempre había tenido una relación cordial con sus útiles de colegio los miro fijamente y les dijo. 

     

    Que pasa aquí. Miren que mi mamá me va a llamar dentro de 5 minutos para que salgamos para el colegio. Díganme que esta sucediendo. 

     

    La regla que era muy estricta y derecha en la forma de hablar le dijo. Pues No vamos a ir al colegio. Ni hoy ni mañana ni nunca. Los otros útiles dijeron al mismo tiempo. Siiii no iremos al colegio nunca más. Nos quedaremos aquí para siempre.

     

    Emilio que apenas estaba saliendo de su asombro les dijo. Pero que paso. Que sucedió si por muchos años hemos ido al colegio y siempre han estado felices. Que sucedió que cambiaron de parecer. 

     

    El libro de matemáticas que era muy estricto dijo. Cierto por muchos años hemos ido al colegio juntos pero muchas cosas han cambiado y por eso no queremos ir al colegio nunca mas. 

     

    Emilio les dijo. Ok díganme que les está molestando y veré lo que puedo hacer. 

     

    Uno de los cuaderno dijo. 

     

    Emilio antes yo era muy importante para ti, siempre escribías en clase en mis renglones, incluso cuando estabas aprendiendo a escribir y te salías de los renglones, yo disfrutaba porque tu ponías mucho empeño en tratar de escribir. Pero ahora ni siquiera escribes en mis hojas, ya todo lo que haces en el colegio es mirar una pantalla y no tomas notas en mi cuaderno. Eso es injusto. 

     

    El libro de Ingles abrió sus páginas y dijo. Mira aquí están todas mis palabras y ninguna esta subrayada. Durante años he recogido palabras nuevas para que las aprendas y veo que no las estas utilizando. Para eso mas bien me quedo aquí en la casa y no voy al colegio. 

     

    Los colores se pararon en una fila multicolor y en coro gritaron. Y a nosotros ya ni siquiera nos estas sacando punta. Hemos estado todo el año esperando para dibuja y colorear paisajes con arcoíris y bellos animales en los bosques, pero prefieres colorear con tu dedo en una pantalla. Ya no nos sentimos útiles para nada. 

     

    El borrador de dos colores salto, como solo los borradores saben hacerlo y dijo. Y yo también estoy aburrido porque como no escribes nada y no dibujas nada pues tampoco necesitas ya borrar nada. Mírame mis dos partes están intactas excepto por los mordiscos que tengo por culpa de tu perrita que le encanta morderme. En fin, no tengo nada que hacer en el colegio y me aburro. 

     

    Y así cada uno del libros, cuadernos, lapiceros y borradores se manifestaron en contra de que Emilio los llevara al colegio y no los utilizara. 

     

    Emilio que era muy amable con sus Utiles escolares y los trababa muy bien sintió que ellos tenían razón. El colegio tenia computadores que eran los que utilizaban todo el día y los libros y los cuadernos y obviamente los colores, borradores y reglas se quedaban muchas veces dentro de el bolso sin ser utilizados. Y eso

    8 min

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