Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda episodes

  • 79. La vaca

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    Había una vez Un maestro Zen que  paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

    Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera...

    Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

    El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”

    El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

    Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.

    Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

    Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

    El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.

    Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: Efectivamente yo lo recuerdo a usted y su maestro. Y curiosamente el día que ustedes estuvieron aqui fue el día en que nuestra vaca se cayo por el precipicio y murió. Por un tiempo todo fue desesperación pero entendimos que el problema es que dependíamos de aquella vaca y no de nosotros mismo. 

    Así que aprendimos a sembrar y a vender nuestros productos y el progreso llego. Gracias a Dios se murió la vaca. 

    6 min
  • 78. Narciso y el rio

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    Había una vez un joven griego que respondía al nombre de Narciso. Era guapo, alegre y sobre todo apuesto. Algo que volvía realmente locas a las jóvenes griegas de aquel momento.

     

    Sin embargo, uno de los grandes defectos de Narciso era que solo sabía quererse a sí mismo. A narciso no le importaba que las mujeres que se le acercaban fueran bellas o que fueran muy ricas  el siempre las rechazaba. Su ego y vanidad le impedían querer más a una persona que a sí mismo.

     

    Un claro ejemplo de esto, fue cuando Eco, una ninfa del monte Helicón, intentó a agasajar al joven Narciso con su bella e inocente voz. De hecho, antiguos mitos y leyendas decían que la voz de esta deidad femenina podía articular las más bellas y bonitas palabras jamás escuchadas.

     

    Pero sobre Eco caía una fatal maldición. Hera, celosa de esta ninfa, no quería que encandilase a su esposo Zeus, y por ello la maldijo quitándole su voz y provocándole que solo pudiese articular la última palabra de la persona con la que estaba conversando.

     

    Pero como todos sabemos, el amor es un sentimiento tan fuerte, que Eco no se podía permitir perder a Narciso. Por ello, un día le siguió furtivamente a través de los bosques para hacerle saber de sus profundos sentimientos. Pero esto se antojaba imposible debido a su más que horrible maldición. Pero Eco loca de amor por su bellos Narciso se  sirvió de su sintonía con la naturaleza y los animales para que estos le dijesen a Narciso que lo amaba profundamente.

     

    Narciso se tomó la declaración de esta ninfa con cierta burla ¿Cómo era posible que él se pudiese enamorar de una chica muda? ÉL, que era el más guapo y apuesto de toda la península del Peloponeso. ÉL que podía tener las jóvenes más guapas y bellas de toda Atenas, Esparta o Corinto. ÉL, que no tenía rival sobre la faz de la tierra… En definitiva, Ninguna Ninfa y menos Eco se merecia tenerlo a el. Tan bello y apuesto. 

     

    Tras la reacción jocosa de Narciso, Eco se marchó a las cuevas para pasar el resto de su vida sola, triste y rota de desamor. Sin embargo, antes de su muerte, esta musa oró a Némesis, deidad de la venganza y la justicia divina, que maldijo a Narciso a enamorarse únicamente de su propio reflejo.

     

    Y vaya si tuvo efecto esta maldición. Y es que cuando Narciso fue un día al río Estigia para refrescarse un poco, este se acercó, se vio reflejado el agua y pensó: “Pero qué guapo soy, voy a acercarme un poco más para deleitarme un poco más con mi belleza”. Narciso se acercó tanto al borde para admirarse que cayó finalmente al agua y murió ahogado.

     

    La maldición que propuso Eco funcionó a la perfección y Narciso pasó el resto de la eternidad en el Inframundo, atormentado por su soberbia y vanidad. Con el paso de los siglos se dijo que en este lugar creció una flor de lo más particular, que se caracteriza sobre todo por su enorme belleza y colorido en sus pétalos. Se le dio el nombre de narciso.

     

    Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río donde narciso se había ahogado alguna gotas de agua para llorarlo.

    -¡Oh! -les respondió el río- aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.

    -¡Oh! -prosiguieron las flores de los campos- ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.

    -¿Era hermoso? -preguntó el río.

    -¿Y quién mejor que tú para saberlo? -dijeron las flores-. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza, mirándose en ti fue que murió Narciso. 

    -Si yo lo amaba -respondió el río- es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.

     

    7 min
  • 77. 3 sacerdotes

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    Habia una vez un tren en el que se encontraron 3 sacerdotes de religiones diferentes. Los 3 al principio se sintieron un poco incomodos por compartir el mismo ambiente viniendo de 3 diferentes partes del mundo y 3 diferentes culturas. 

     

    Despues de un tiempo decidieron comenzar a compartir sus experiencias, Inicialmente comenzaron a compartir sobre sus experiencias con los feligreses de sus respectivas religiones luego pasaron a compartir sus visiones de sus respectivas sociedades y después entraron en temas mas mundamos. 

     

    En algún momento alguno de ellos pregunto. 

     

    Bueno y cuénteme como hacen ustedes para manejar el dinero de los feligreses y como hacen para repartirlos para sus necesidades. 

     

    El primero de ellos dijo. 

     

    Yo lo he definido basado en el deseo de dios. Cuando obtengo los recursos de mis feligreses voy a mi habitación y hago un circulo y me situo en el centro y después de hacer la ceremonia respectiva tiro las monedas y los billetes hacia el cielo y lo que cae dentro del circulo lo tomo para mis necesidades y lo que cae fuera del circulo lo utilizo para servir las obras de mi dios.

     

    El segundo de ellos dijo 

     

    Yo he tomado algo similar. Después de obtener los recursos diarios voy a mi habitación y hago un circulo y me situo en el centro y después de hacer las oraciones a mi dios tiro las monedas y los billetes hacia el cielo y que lo que cae dentro del circulo lo utilizo para servir a las obras de mi dios y lo que quede por fuera del circulo lo recojo y lo uso para mis necesidades mundanas. 

     

    El tercero de ellos dijo 

     

    Yo en cambio no dejo las cosas al azar. Cuando obtengo los recursos después de la misa, voy a mi habitación y me  paro en la mitad de la habitación y haciendo los rezos previos lanzó el dinero hacia arriba y digo Dios mío estas ofrendas son de nuestra comunidad y ellos quieren que tu recojas lo que quieras . Y sucede que lo que dios necesita el lo cogerá y lo que no lo dejara caer y eso que el deja caer lo cojo yo para mis necesidades mundanas. 

     

     

    4 min
  • 76. Juan Machete

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     Había una vez un hombre muy ambicioso cuyo nombre era Juan Francisco Ortiz; la gente lo llamaba Juan Machete, porque siempre llevaba al cinto un largo machete que mandó hacer de acuerdo a su estatura y por su habilidad para manejarlo. 

    Juan Machete quería ser el hombre más poderoso de toda la región, por lo que hizo un pacto con el diablo en el cual le entregaba su alma, así como la de su mujer e hijos, a cambio de mucho dinero, ganado y tierras.

    El diablo le dijo a Juan que agarrara un sapo y una gallina, a los cuales debería coserle los ojos y enterrarlos vivos un Viernes Santo a las doce de la noche, en un lugar apartado, luego debería invocar el alma y el corazón. Juan cumplió con lo encomendado y después de invocarlo tres veces (Satanas, Satanas, Satanas), el maligno apareció diciendo: “El pacto está hecho, hasta el día que yo lo decida”.

    A juan machete le llego una racha de buena suerte increíble, sus negocios prosperaban, sus tierras se volvieron muy fértiles, el ganado ni hablar, las vacas parían de a dos terneros y su fortuna crecía aceleradamente. 

    Unas noche, cuando está se partía en dos, un imponente bramido de un padrote (Macho reproductor) estremeció la pradera “Muuuuuuu”. Juan se levantó, pero nada extraño pudo ver.

    A la madrugada siguiente se levantó temprano, y al ensillar su caballo divisó un imponente toro negro, con los cuatro cascos y los dos cachos blancos. Pasó este hecho desapercibido y se fue a trabajar como de costumbre.

    En la tarde regresó de la faena y observó que el toro todavía se encontraba merodeando la casa. Pensó "será de algún vecino", trató de sacarlo de su territorio, pero esto no fue posible porque ningún rejo aguanto.

     

    Un día recorría juan sus propiedades cuando un chivo le hablo: “Escucha esto Juan Machete, a tu hacienda llegaran unos trabajadores; contrátalos porque ellos te serán fieles servidores. Irán al mando de un hombre que llamarás Constantinoplo y lo bautizarás rezando un credo al revés, tus riquezas se duplicaran y no habrá hombre más rico en toda la región".

    Y así lo hizo juan machete, bautizó a Constantinoplo y sus hombres se encargaron de todo, para convertirlo en el hombre más rico de la región, pero también, en el terrateniente más tirano y despiadado, abarcando las tierras los demás y sacándolos de sus cercanías. 

    Un día, Juan machete empezó a sentir miedo, presentía que se acercaba el momento en que debía pagar su deuda con el rey de las tinieblas. Pero como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague; todo lo que creció como espuma, se fue disolviendo, y vino la sequía trayendo la muerte de todos sus animales, mientras que el Toro negro permanecía.

    Los trabajadores del diablo y su familia también lo abandonaron, adentrándose en la profundidad del bosque. Su casa resulto destruida por un voraz incendio, y con ella la mayoría de sus riquezas. Su cabalgadura y el toro negro fueron los únicos testigos.

    Después de quedar sólo, su ambición lo llevo a recoger en cofres el resto de tesoros que le quedaban, paso seguido se internó en el bosque y escondió todas sus riquezas en una cueva subterránea. Arrepentido del pacto que hizo, desapareció en las entrañas de la selva, luego de un tiempo murió y fue a pagar su deuda con el maligno. 

    Cuenta la leyenda y los viejos de la serranía de la macarena en Colombia que el alma de Juan Machete todavía deambula  por esas tierras 

    Y se puede ver ver a un hombre que deambula echando fuego por la boca y que impide que se desentierre sus tesoros, asustando y sacando a planazos a todo el que intente acercarse.

     

    Y aun se dice que hay un toro negro que camina por los pastizales llevado de un ser demoniaco llamado Constantinoplo

     

     

    7 min
  • 75. El Eufemismo

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    había una vez un pueblo donde servía un sacerdote muy dado a usar eufemismos para las situaciones que les sucedían a sus feligreses. El Sacerdote durante años había entendido que muchas veces para los ciudadanos era a veces más fácil confesar sus pecados si utilizaban palabras diferentes para describir su falta ante Dios. 

     

    Particularmente había creado un eufemismo para el más terrible de los pecados que usualmente los habitantes del pueblo le confesaban. La infidelidad. 

    El pueblo era un  pueblo muy puritano y recatado y por lo tanto la infidelidad era vista como un pecado mayor y todos los que iban a confesarse se sentían profundamente apenados de tan solo pronunciar la palabra durante la confusión.

     

    El padre para evitar esto les invitaba a decir Padre confieso que me caí en un hueco de la calle con la hija del carnicero, en vez de decir que había sido infiel con la hija del carnicero. 

     

    Todos en el pueblo habían aceptado con mucho agrado el uso del eufemismo porque les facilitaba el proceso de confesar el pecado de la infidelidad. 

     

    Después de muchos años de establecer este código, el pueblo se había acostumbrado a usarlo diariamente en el confesionario y así cuando alguien reportaba que había caído  en un hueco de la calle con alguien, el padre sabía que había sido infiel y con quien  le mandaba a rezar las avemarías que eran necesarias. 

     

    Un día el sacerdote fue llamado a Roma y la diócesis envió un reemplazo para que los cubriera durante los días de su viaje. 

     

    Desafortunadamente el sacerdote de remplazo no alcanzó a llegar a tiempo para el proceso de empalme con el sacerdote del pueblo y nadie le contó como eran las confesiones y el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad

     

    El sacerdote a la mañana siguiente abrió el confesionario y como de costumbre comenzaron a llegar los habitantes del pueblo a confesar sus pecados y el padre comenzó a notar que algunos de ellos le confesaban entre otros pecados menores que se habían tropezado en la calle y se habían caído en un hueco usualmente acompañados de alguien más.

     

    El sacerdote simplemente les mandaba las penitencias propias de los otros pecados menores e ignoraba el comentario sobre el tropezón y finalmente los absolvía de todos sus pecados. Y así paso un mes en el pueblo sirviendo de confesor a los feligreses 

     

    Después del primer mes, el nuevo sacerdote decidió tomar en sus manos el problema de las peligrosas calles y le pidío cita la alcalde del pueblo. 

    El alcalde lo recibió y el sacerdote le dijo 

     

    Estimado alcalde, Lo he venido a visitar porque después de un mes aquí en el pueblo he notado que muchos de los ciudadanos se quejan de el estado de las calles del pueblo. A mi confesionario muchos de los ciudadanos llegan contando que se han tropezado y caído en las calles del pueblo, usualmente acompañados por alguien más y considero que es deber de usted como alcalde de proteger la vida de los ciudadanos y mandara a reparar los huecos de manera que las personas de bien no se caigan en ellos

     

    El alcalde que obviamente sabía de años atrás el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad por los habitantes del pueblo, se sonrió y le dijo jocosamente al párroco.  

     

    Su señoría no se preocupe que por mucho que arreglemos las calles y repavimentemos todas las calles, siempre habrá algún habitante del pueblo que se cae y se lo reporte a usted 

     

    Y antes de que pudiera continuar el sacerdote le digo

     

    Pues me parece muy irresponsable de parte de la autoridad civil no tomar en cuenta esta queja por parte de los ciudadanos, ya que está en juego la integridad física de ellos y le voy a decir además que una de las personas mas perjudicadas ha sid

    6 min
  • 74. El rey del reino vegetal

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    Había una vez…una reunión citada con urgencia entre las plantas y los arboles. Durante muchos años las plantas y los arboles habían estado creciendo y multiplicándose sin ningún orden y entre ellas se dieron cuenta que era necesario que existiera el rey de las plantas. 

     

    Una vez reunidas se paso a leer el orden del día con la ayuda del papiro que era reconocido por su versatilidad para llevar registro de todo lo que sucedía. El papiro leyó el acta de reunión diciendo 

     

    Nos encontramos aquí reunidos para enfrentar una de las más difíciles tareas que nuestra comunidad puede afrontar. Debemos identificar y nombrar un rey entre nosotros. Un líder al que le depositemos toda la confianza para que nos lleve adelante por los próximos años. Un líder que sepa como gobernar. 

     

    Inmediatamente las plantas  y los arboles se pusieron a discutir quien podría ser ese rey. El primero que se identifico era el árbol del olivo. Este árbol era reconocido por su sabiduría y por poder vivir muchos  y muchos años. Su tronco retorcido le permitía escapar a las más diversas circunstancias y a acomodarse a los vientos cambiantes del tiempo. Una vez presentada su candidatura el Olivo con vos parcimoniosa y profunda rechazo el honor ya que la producción de olivos  era su principal misión en la vida y millones de seres requerían de este producto. Definitivamente no acepto porque tenía que dedicar su vida a producir los olivos que servían de alimento a otros y a la producción de aceite de oliva tan importante en la dieta de millones de personas. 

     

    Acto seguido se pensó en nombrar rey al viñedo, que era un miembro importante de la comunidad de plantas y arboles. Su presencia en muchas partes hacia de él un gran conocedor de las necesidades de sus hermanos del reino vegetal. Cuando fue leida su candidatura, el viñedo mismo se planto ante sus hermanos y les explico que igual que su fiel compañero el olivo el estaba encargado de producir las uvas que alimentaban gran parte de la población y el vino que daba alivio a millones de personas. El viñedo no tenía tiempo para dedicarse a los menester de gobernar.

     

    Posteriormente siguieron con el árbol del abedul por su belleza y el poder curativo de sus hojas y tallos. Obviamente el abedul se sintió honrado por la oferta pero la declinó explicando que no podía aceptar ser rey porque de él dependía muchos remedios caseros que era usado por la población mundial y de dedicarse a gobernar lo llevaría a abandonar su propósito curativo. 

     

    De pronto una planta  gritó de entre la multitud. Yo propongo que el cardo sea nombrado rey de las plantas y los arboles. 

     

    El cardo !!!!. Dijo el papiro…Si todos sabemos que el cardo es un ser inútil y arrogante .  De todos es conocido  que con su pomposa vestimenta morada le encanta  pavonearse  por los campos , que no sirve para nada, que lo único que produce son espinas y que su único objetivo en la vida es hacer daño. Como es posible que se proponga como un rey entre nosotros

     

    A lo que la planta que había gritado el nombre de el cardo respondio

     

    Precisamente  las características de un rey .

     

    Y todas las plantas y arboles comprendieron el mensaje y de forma unánime aclamaron como rey de las plantas y los arboles a su majestad el cardo. 

    5 min
  • 73. Rita la Sombrillita (Infantil)

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    Había una vez una sombrillita que se llamaba Rita. Rita la sombrillita era muy tímida y desde chiquita se había distinguido por sus colores tan bellos. Rita la sombrillita había nacido con 7 colores y mientras las otras sombrillitas tenían un solo color rita era una combinación de colores desde el violeta hasta el rojo. 

     

    Pero si bien Rita era muy bonita con sus colores tenia un pequeño problema que le avergonzaba confesar. Rita la Sombrillita le tenía miedo a la lluvia. Rita que había nacido para servir de protectora de los niños y los adultos cuando empezaba a llover no se atrevía a abrirse para enfrentar a las gotas de lluvia que caían del cielo. 

     

    La dueña de Rita era una niña llamada verónica. Verónica era  muy tierna y quería mucho a Rita, pero cuando verónica iba a salir al parque o iba a salir a caminar rumbo al colegio y notaba que iba a empezar a llover tenia que tomar otra sombrilla porque Rita se negaba a salir. 

     

    En cambio cuando Verónica quería ir a la playa, La sombrillita Rita Saltaba de felicidad de su porta sombrillas y apenas Verónica y los papas llegaban a la playa Rita se abría mostrando los 7 colores con que había nacido. Y hay que decir que Rita era la única sombrilla multicolor que existía y ella se sentía muy orgullosa de serlo. 

     

    Un día Veronica estaba en la playa con sus padres y obviamente la Sombrillita Rita. De repente aparecieron unos nubarrones negros que taparon el sol que llegaba a Rita y una gotas de lluvia comenzaron a caer. Cuando Rita sintió que las gotas le llegaban instantáneamente se cerró en si misma y para pesar de todos los intentos que los padres de Verónica hicieron para volverla a abrir fue imposible y tuvieron que salir corriendo de la playa para no mojarse con la lluvia que empezaba a caer. Verónica se sintió muy triste y la Sombrillita Rita se sintió más triste por no haber ayudado a Veronica.

     

    Cuando Rita llego a la casa, y se reunió con las otras sombrillas en el porta sombrillas familiar, las otras sombrillas le preguntaron que te pasa Rita y Rita les contó lo que había sucedido. Después de que las otras sombrillas amigas la habían consolado Rita se puso a meditar tratando de encontrar una forma de superar su miedo al agua de lluvia. 

     

    Al día siguiente Rita vio como verónica salía para el colegio y como era una mañana lluviosa ella se quedo en la casa viendo como las gotas de lluvia tocaban el vidrio de la habitación de verónica antes de caer y formar un pequeño charco afuera. De pronto Rita vio como una gota de lluvia que había llegado a la ventana se quedo mirándola fijamente y haciéndole un guiño con su ojo de gota de lluvia llamo la atención de Rita.

     

    Rita que como sabemos le tenía miedo a la lluvia inicialmente trato de ignorar a esta gotica, pero la gotica le seguía haciendo caritas. Rita finalmente le dijo. 

     

    Quer quieres Gota de Lluvia. No sabes que yo les tengo miedo a ustedes Dime porque me estas haciendo caras y guiñándome el ojo de agua. 

     

    La Gotica que se llamaba Lilo, le dijo que ella había sido muy timida y que veía que ella era la única sombrillita que estaba en la casa en los días de lluvia y quería saber porque. 

     

    Rita le explico que desde pequeña le daba susto el sonido de las gotas cayendo y que cuando las gotas caían sobre ella sentía mucho frio en su tela de sombrilla. 

     

    Lilo de dijo que eso era verdad pero que el sonido podía ser un sonido muy dulce y que algunas personas pensaban que el sonido de las lluvia era muy lindo y suave. Y que el frio de las gotas era igualmente muy refrescante. Y le contó además que ella conocía un secreto que podría hacerla disfrutar de la lluvia 

     

    Rita se sintió muy intrigada por las palabras de la gotica lilo y le pregunto que cual era el secreto. 

    9 min
  • 72. Los tres cerditos (versión Millenials)

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    Había una vez tres pequeños cerditos que vivían juntos en completo respeto entre ellos y en completa harmonía con el medio ambiente y el bosque nativo que los rodeaba. Estos chanchitos construyeron un bello habitat en conjunción con la naturaleza usando materiales propios de la zona para no interrumpir el flujo armonioso de las aves y poder lograr un acoplamiento ecológico con su entorno. 

     

    Uno de los marranitos construyó su casa de paja recogida artesanalmente de un prado vecino que le servía de pastizal a un grupo de venados. El segundo marranito construyo su casa de madera recogida de el bosque nativo circundante y sin tener que cortar ningún árbol. El tercero contruyó su casa utilizando una mezcla ecológica de barro, sobrantes de paja de su hermano chanchito y pedazitos de madera igualmente sobrantes de su otro hermano chanchito. Todo ello mezclado artesanalmente formando ladrillos de color ocre y dejados a secar por el sol durante varios días.

     

    Cuando terminaron de construir sus viviendas de interés social y con apoyo cooperativo, se sintieron satisfechos y el mayor de todos dijo. Noooo si están todas las casas están super lindas… que preciosidad de habitaciones nos hemos construido, ahora si nos podremos asentar a vivir en paz y armonía con la naturaleza y manteniendo nuestra auto determinación . 

    Y sus hermanos dijeron Realmente todo quedo demasiado lindo

     

    Pero como hay personas envidiosas. Un día paso por aquel idílico lugar un lobo con ideas expansionistas que deseaba aumentar su latifundio apropiándose de los terrenos de otros minifundistas. El lobo al acercarse al parche en que vivían los tres cerditos los vio y aparte de establecer que quería apoderarse de sus tierras, sintío un imperativo deseo físico e ideológico de tomar posesión de los cuerpos de estos chanchitos y comérselos victima de su primitivo instinto carnívoro. 

     

    El nada que ver lobo se acercó con estudiado interes y táctica empresarial a la casita del primero de los marranitos y tocando con delicadeza pero con resolución la puerta de la casita de paja dijo 

     

    Estimado cerdito soy el lobo y quisiera establecer una relación de vecindario contigo, déjame entrar.

     

    El cerdito de la humilde propiedad de paja, se sintió amenazado por el bulling que el lobo le estaba haciendo, pero con fortaleza le dijo. No way jose. Tu eres un staker, de pasiones descontrolada y no pienses que con tus tácticas intimidatorias podrás asustarme y evitar que defienda mi hogar y mi ancestro cultural. Mas bien dibuja un bosque y piérdete en el. 

     

    El lobo que se sintió atacado en su amor propio y que veía en la toma hostiel de los cerditos su destino manifiesto, decidió derribar la casa de interés social soplando y resoplando. Despues de soplar y soplar la casa cedió en sus cimientos y el chanchito que poco habían ido a work out en el Gim se sintió en aprietos para llegar a la casa de su hermano el de la casa de palos de madera recogida del bosque nativo.

     

     

    El lobo que se alcanzo a divisar como se le escapaba el marranito lo persiguió y llegando a la casa del seguno marranito llamo a la puerta y con voz postiza dijo

     

    Hey Friends…. Soy yo el lobo vecino. Su BFF estoy freak out de que no me crean en mis sanas intensiones. Dejenme entrar. 

     

    Los dos cerditos que sabían que no podían establecer una relación apacible con ese lobo le dijeron.  

     

    Termina tu postureo y vete al infierno, sabemos que eres un carnívoro opresor imperialista y un hater. No nos das miedo

     

    El lobo que se sintió profundamente atacado en sus valores personales y sociales por las punzantes frases de los marranitos pensó que ellos simplemente no lo comprendían porque están influenciados por la media y los fake news. Y Decidido a demostrarles que el quer

    11 min
  • 71. Espuma y nada más (adultos)

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    Había una vez un hombre que entró a mi barbería. No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla.

    Le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol. Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa deben tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”.

    “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma. Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. Él no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha.

    El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala?

    Empecé a extender la primera capa de jabón. Él seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”. Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y esa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mano por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.

    Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la pe

    14 min

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