Da tristeza que los hombres, siendo inteligentes, caigan en vicios terribles. El que se apoya en sus propios conocimientos, ya peca. Hay un Dios en los cielos que está mirando al Juez, al Fiscal, al Abogado; que se ponen de acuerdo para hacer injusticia. Delante de Dios, no hay pecado más repudiable que la injusticia: la mano de Dios los tomará de los cabellos, para destruirlos.