Jesús enseña sobre el ayuno, con el ejemplo. El verdadero ayuno nos lleva a un acercamiento a Dios, en humillación. Se debe hacer: orando y llorando con gemidos, en la presencia de Dios, postrados en el piso: confesando errores y fallas; aún pecados, si los hay. Pedimos fe, fortaleza, unción del Espíritu Santo y capacitación, para hacer la Obra de Dios; contra la obra de Satanás.