El Liceu inaugura temporada con una de las óperas más monumentales de Verdi, presentada en una impactante producción de la artista iraní Shirin Neshat, que convierte Aida en «un ritual visual en el que la belleza y el conflicto dialogan constantemente.
Esta propuesta, originada en el Festival de Salzburg, huye de la grandilocuencia habitual y sitúa el drama verdiano en un universo de gran fuerza simbólica. Neshat, con su mirada poética y comprometida, transforma Aida en un relato que dialoga con tensiones contemporáneas: la identidad, el exilio, la opresión y la fragilidad del poder. La ópera se convierte así en un espejo del presente, en el que la estética se combina con una lectura política sutil, pero punzante.
A menudo interpretada como una historia de amor en un Egipto idealizado, Aida revela un conflicto más profundo: la colisión entre lo sagrado y el poder establecido. Aida, princesa etíope esclavizada, y Radamès, héroe egipcio, se aman en secreto y desafían un sistema que condena el amor como disidencia. Su historia, condenada desde el principio, pone en evidencia una estructura rígida en la que la ley y la religión se confunden para justificar la represión.