La foto que me ha llamado la atención viene del pasado, de una calle comercial de Varsovia de los años 40 del pasado siglo. Pero parece más antigua. La calle es estrecha, no circulan coches por ella. Las tiendas exhiben el género detras de grandes escaparates con marcos de madera. Detras de los cristales, sombreros, collares, un abrigito de bebé, chaquetones. Debe ser el rincón de las mercerías, de las cosas menudas y de poco valor. Sobre cada negocio grandes carteles destartalados. En el asfalto cuartado dos parejas de hombres conversan sin prisa. Lo hacen en una lengua desconocida para muchos, una lengua que suena a alemán, pero alemán estraño, aprendido en Levante. Los cuatro hombres no son jóvenes, visten largos guardapolvos, se han dejado crecer grandes barbas blancas y se apoyan en unos bastones que no necesitan. Hablan de la Torah, de lo último que han leido en el periódico, de algún negocio pendiente. Los montarán a los cuatro en un tren, para un viaje largo en el que irán amontonados como ganado. Al bajar se encontrarán con unos perros que intentarán mordeles. Avanzarán como espectros desconcertados, paralizados por el miedo, darán pasos dolientes, entre gritos, insultos, amenazas y...