La foto que me ha llamado hoy la atención está en blanco y negro y está algo desenfocada. La falta de foco estuvo de moda en una época. La oscuridad de la noche no tiene nada de pacífica, la gran ciudad marca el cielo con una luz fantasmal y se escucha el ruido de los trenes al llegar a una estación chirriando como animales torturados, y el camión de la basura está más excitado que nunca. Pero ha llegado la liberación. En lo alto de un muro lleno de grafitis, un chico y una chica se besan apasionadamente. Sentados a horcajadas sobre la pared, se abrazan y mantienen las piernas en tensión para no caerse. Los dos calzan botas y vaqueros. A la chica no se le ven los ojos, son dos pozos de ámbar. Ha llegado la liberación. El muro está a punto de convertirse en un montón de cascotes. Y el paso, tantos años cortado, quedará libre de todo estorbo. Y el beso, el beso cálido en una noche fría, libera de la soledad, trae a los labios y a la boca un contento nuevo, un agrado mayor al esperado y soñado. Liberación. La frontera convertida en ruina....