La foto que me ha llamado la atención es una antigua foto en blanco y negro de dos viejos campesinos, hombre y mujer. Ella con un gorrito en forma de campana, con la piel blanca. El con un sombrero de vaquero, una camisa gris, la cara sin afeitar, y una barba rala. Los dos ancianos, abuelos sin nietos, abren la boca y fruñen el ceño, miran algo que les sorprende, que les extraña. El anciano piensa: aquí estoy, son un hombre viejo en un mes seco y espero la lluvia. La anciana piensa: aquí estoy son una vieja en un mes seco y espero la lluvia. El anciano y la anciana piensan que no tienen grandes méritos que exhibir: no han tenido prole, no no han recogido arroz con los pies húmedos durante horas, no han pasado hambre, no han estado bajo el asedio y los bombardeos como los ucranianos. Pero ahora esperan la lluvia. Todos los viejos esperan la lluvia, una lluvia lenta y generosa que vuelva los prados verdes, que prepare la tierra para un mes de mayo lleno de amapolas. Todos los viejos esperan la lluvia aunque cuando llegue, cuando esté a punto de llegar, les duelan...