NADA MÁS QUE LIBROS

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By MANUEL ALCAINEArts
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NADA MÁS QUE LIBROS episodes

  • Nada más que libros - Premios Nobel latinoamericanos - García Márquez
    “ Por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente “.
    Motivación del Comité de la Academia Sueca para otorgar el premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en 1.982.
    La lista de autores españoles e hispanoamericanos premiados con el Premio Nobel de Literatura se inicia con el concedido al dramaturgo José Echegaray en 1.904 y sigue con los adjudicados a Jacinto Benavente en 1.922, a Gabriela Mistral en 1.945, a Juan Ramón Jiménez en 1.956, a Miguel Ángel Asturias en 1.967, a Pablo Neruda en 1.971, a Vicente Aleixandre en 1.977, a Gabriel García Márquez en 1.982, a Camilo José Cela en 1.989, a Octavio Paz en 1.990 y a Mario Vargas Llosa en 2.010. Gabriel García Márquez, el autor, entre otras, de “la hojarasca”, Los funerales de la mamá grande”, “La mala hora”, “El coronel no tiene quién le escriba”, “Cien años de soledad”, “El otoño del patriarca” y “Crónica de una muerte anunciada”, fue ungido por la Academia Sueca en medio de general sorpresa, complacencia y casi unánime beneplácito. Es que en García Márquez se unen de manera insólita el éxito de ventas y la calidad literaria; en él, la facilidad, el placer de la lectura y la maravillada inocencia del lector común quedan satisfechos por los andamiajes de una sólida estructura, por el culto de una férrea construcción novelística y por una escritura o estilo de belleza y sobriedad poco comunes. En García Márquez (como en Borges), la literatura hispanoamericana se convierte en antecedente, en influencia, en predecesora de las otras grandes literaturas que a lo largo del siglo XX han ostentado un liderazgo en el mundo occidental: la francesa, la alemana y la de lengua inglesa. Por primera vez, a uno y a otro lado del Atlántico, los escritores no se limitan a traducir a los maestros sino que ejercen el magisterio de la invención y de la innovación. No porque su literatura surja de la nada. Todo lo contrario. ¿ Quién al leer el memorable comienzo de cien años de soledad “ muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...” no recordará la cadencia de Faulkner en Absalón, Absalón “desde poco después de las dos y casi hasta la caída del sol
    de la larga, caliente, quieta, pesada, muerta la tarde de septiembre..” o, al detenerse en la escueta trabazón de El coronel no tiene quién le escriba, podrá ignorar a Hemingway? García Márquez suele mencionar también a James Joyce y a Franz Kafka, y la lista de sus maestros se enriquecerá, variará y sufrirá supresiones a lo largo de las innumerables entrevistas a las que se sometió durante años de ventas millonarias.
    García Márquez no tiene la culpa de la pléyade de Macondos que surgieron al calor del encantado pueblo de cien años de soledad. A pesar de las imitaciones y las paráfrasis, la magia de Macondo no ha sufrido merma y parece una extensión de la visión que el escritor tiene de su propia vida “Tuve una infancia prodigiosa...”, cuyos primeros años transcurrieron en Aracataca. Macondo tiene una historia de revueltas, revoluciones y guerras, con sus auges típicamente iberoamericanos (United Fruit mediante) y sus etapas, alargadas hasta lo fantástico, de cataclismos naturales y sobrenaturales: lluvias y sequías casi eternas, insomnios, estigmas zoológicos. Una estirpe, la de los Buendía, produce traidores y héroes, mujeres castas y licenciosas, obstinados revolucionarios e inventores en medio de una vorágine erótica y sensual. Sus personajes desarrollan un destino cuya misteriosa espiral tiene la medida exacta de un pergamino y está jalonado por milagros: vuelan, descubren, fundan y destruyen su entorno, mientras las mariposas, las lluvias y los sucesos extraordinarios se multiplican sin convertirse jamás en alegoría.
    Para el propio autor, cien años de soledad es “como la base del rompecabezas cuyas piezas he venido dando en los libros precedentes. Aquí están dadas casi todas las claves. Se conoce el origen y el fin de los personajes, y la historia completa, sin vacíos de Macondo”. Todo se inaugura y se termina en el libro – tal rasgo debe no poca inspiración a la Biblia -, desde la primera muerte hasta la extinción definitiva de la estirpe. La novela “El otoño del patriarca”, aunque mucho más discutida por la crítica, supuso la incursión de su autor en un tipo de discurso literario de muy distinta índole estilística, ya que en el primaba una escritura de nexos lógicos mucho más laxos, donde la historia no era recurrente en el argumento sino en la forma. Pero el colombiano volvió pronto a la limpidez de la frase corta y la adjetivación abundante aunque precisa, no acumulativa en “Crónica de una muerte anunciada”, que tiene similares características con “El Coronel no tiene quién le escriba”. Esta y otra obras que configuran la maravillosa perfección de sus relatos, coronaron una carrera literaria y le pusieron el Nobel en las manos. El merecido premio de Vicente Aleixandre era casi un homenaje histórico; el de Gabriel García Márquez fue, en cambio, una apuesta al presente y al futuro de la literatura universal.
    27 min
  • Nada más que libros - Historias de mujeres (Rosa Montero)
    "...Desde hace un par de siglos, los humanos hemos empezado a cuestionarnos por qué las sociedades diferenciaban de tal modo a hombres y mujeres en cuanto a jerarquía y funciones. Alguna hembra especialmente intrépida ya se había planteado esas preguntas antes, pero tuvieron que llegar el positivismo y la muerte definitiva de los dioses para que los habitantes del mundo occidental desdeñaran la inmutabilidad del orden natural y comenzaran a preguntarse masivamente el porqué de las cosas, curiosidad intelectual que por fuerza hubo de incluir, pese a la resistencia presentada por muchos y muchas, los numerosos interrogantes relativos a la condición de la mujer: distinta, distante, subyugada..."
    En el programa de hoy hablaremos de un libro fascinante, escrito, y muy bien, por cierto, por la periodista, novelista y articulista Rosa Montero. En palabras de su autora “no sé bien donde encuadrar estos trabajos: aunque están bien documentados, no son ni biografías académicas ni artículos periodísticos, sino unos textos muy apasionados, muy personales. Son historias de mujeres singulares a las que intenté entender. Las hay generosas y las hay malvadas, cobardes o valientes, turbulentas o tímidas; todas, eso
    sí, muy originales, y algunas resultan pasmosas por lo
    extraordinario de sus peripecias”.
    El libro narra la vida de dieciséis mujeres cuyas vidas, salvo
    alguna excepción, fueron trágicas en gran medida debido al
    fuerte rechazo de la sociedad en la que vivían, solo por el hecho de ser mujeres y pretender que su talento fuera reconocido.
    La obra comienza con la figura de Agatha Christie, la famosa
    escritora de novelas policíacas. Nació en 1.890 y pertenece, por
    tanto, a esa generación británica que hubo de superar la herencia victoriana y enfrentarse a las primeras ruinas del imperio y su visión del mundo “tan firme y definida como un cubo de plomo”.
    Mary Wollstonecraft, que en el siglo XVIII fue capaz de
    establecerse como escritora profesional e independiente en Londres (algo rarísimo para la época) y que publicó, en 1.792 el ensayo “Vindicación de los derechos de la mujer” donde estableció las bases del feminismo moderno y la convirtió en la mujer más famosa de Europa de su tiempo. Murió a los 38 años y su obra ha sido injustamente olvidada siendo solo recordada por haber sido la madre de Mary Shelley, la autora de “Frankenstein”.
    De Zenobia Camprubí (1.887 – 1.956), se puede decir que no solo fueron las circunstancias las que provocaron que no fuera una de las intelectuales que fueron influyentes en su tiempo; fue su esposo, Juan Ramón Jiménez. Este hombre confundió el amor con la necesidad patológica del otro y el parasitismo más feroz y destructivo, lo que hizo que la vida de esta mujer fuera un infierno y que anuló las perspectivas de una persona inteligente, generosa, activa, culta y con una clara vocación narrativa (fue la primera traductora de la obra del nobel bengalí Rabindrahah Tagore).
    Al contrario que en el caso de Zenobia Camprubí, Simone de Beauvoir consiguió, con grandes esfuerzos, convertirse en una figura que gravitó sobre generaciones de mujeres. Sin embargo su vida privada deja mucho que desear en cuanto a honestidad y su mezquindad, al igual que la de su marido, Jean Paul Sartre.
    La de Lady Ottoline Morrell es la historia de una mecenas de grandes artistas del primer cuarto del siglo XX ( Virginia Woolf, E.M. Foster, Maynard Keynes, D.H. Lawrence, Henry James, Aldous Huxley, Nijinsky, Robert Graves, Bernard Sahw, Graham Greene, Charles Chaplin etc.) que paso de la gloria mundana al triste final de una mujer despreciada y arruinada.
    El caso de Alma Mahler es el de una compositora que ya a los 21 años había escrito un centenar de obras y era una magnífica pianista y que fue totalmente eclipsada por la fama de su marido, el músico Gustav Mahler, que le doblaba su edad. ¿ Les suena ?.
    La historia de María Lejárraga es asombrosa. Fue la esposa de Gregorio Martínez Sierra, uno de los dramaturgos españoles más famosos del siglo XX. Hoy es un hecho comprobado que la verdadera autora de las obras firmadas por él, están escritas por ella. Sin embargo, ella es el silencio y él el afamado autor...todavía.
    El capítulo dedicado a la escritora y crítica literaria Laura Riding, Rosa Montero lo subtitula “La más malvada” y resulta apasionante como esta mujer cuya negra locura arrastró en su delirio a escritores, pintores, fotógrafos etc. , uno de ellos fue el gran Robert Graves, que fueron vampirizados por esta mujer, dejando a algunos de ellos en un estado de verdadero delirio del que pocos consiguieron recuperarse.
    La vida de George Sand fue más feliz, a pesar de algunos acontecimientos trágicos, que los de otras mujeres célebres, gracias a su poderosa personalidad.
    Por contra la existencia de Isabelle Eberhardt fue muy distinta. Cito textualmente el primer párrafo de Rosa Montero sobre su vida: “El 21 de Octubre de 1.904, una riada destruyó la mitad del pueblo argelino de Ain Safra. Cuando las aguas bajaron, los
    soldados de la guarnición francesa descubrieron, entre las ruinas de una pobre choza, dos piernas de mujer hincadas en el lodo. Pertenecían al cadáver de Isabelle Eberhardt, también llamada Mahmoud Saadi, también llamada Nicolás Podolinski, una escritora suiza de 27 años que se hacía pasar por un muchacho musulmán: hablaba y escribía árabe a la perfección, se había convertido al islamismo y pertenecía a una hermandad sufí “.
    Frida Kahlo. El Mundo es una cama. Así titula la autora la breve
    biografía de la pintora mexicana. Y es que en la existencia de la
    artista la cama es su refugio, potro de tortura y altar sagrado. La esposa del muralista Diego Rivera, que murió en 1.954 a los 47 años, sufrió un accidente a los 18 años. Un tranvía embistió el autobús donde ella viajaba; el pasamanos la había empalado y las lesiones fueron terribles y su agonía duró lo que duró su vida y sin embargo esta fue intensa y creativa.
    Aurora y Hildegart Rodríguez; “madre muerte”. La historia de estas dos mujeres es escalofriante: la madre, Aurora, mata a su hija Hijdegart en la madrugada del 9 de Junio de 1.933, de varios disparos mientras esta dormía. ¿el motivo?, Hildegart, que entonces tenía 18 años, quería emanciparse de su férrea y devoradora posesividad. La chica había sido educada por Aurora, madre soltera por propia decisión, para ser la adalid de los derechos de la mujer, “la primera mujer libre”.
    Hisdegart, que antes de los tres años hablaba y escribía
    correctamente; a los ocho dominaba cuatro idiomas y estaba
    versada en filosofía y temas de educación sexual. A los catorce
    años ya era famosa, llegando a ser una de las figuras destacadas del Partido Socialista publicando obras sobre política, sociología, educación sexual etc. y se da a conocer en toda Europa. Tal vez las balas que acabaron con la vida de Hildegart le trajeron la liberación de la posesiva y demente obsesión de su madre.
    La antropóloga Margaret Mead (1.901 – 1.978. EEUU), revolucionó esta ciencia y la popularizó gracias a desarrollo de métodos modernos de estudio y difusión. Su vida fue intensa y extremadamente interesante.
    La vida de Camille Claudel, nacida en Francia en 1.864, es otro de los ejemplos de cómo una mujer de talento es relegada al olvido por los prejuicios de una época y la supremacía casi absoluta del hombre. Su fin fue muy triste y solo se la conoce por ser la amante del escultor Auguste Rodin, aunque era una destacada escultora y, como ahora se sabe algunas de las obras atribuidas a él eran suyas, y como la hermana “artista” del escritor Paul Claudel. “Cumbres Borrascosas”, de Emily Brontë; “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë; “Agnes Grey”, de Anne Brontë, son tres novelas que tuvieron un éxito sin precedentes en la Inglaterra del siglo XIX y lo siguen siendo hoy en día en todo el mundo. Sin embargo estas tres hermanas vivieron toda su vida casi en el anonimato (publicaban con seudónimos, masculinos naturalmente), en un desolado páramo del campo inglés.
    40 min
  • Nada más que libros - Lillian Hellman
    “ Estoy dispuesta a contestar ante los representantes de nuestro gobierno todas las preguntas que deseen plantearme sobre mis opiniones y actividades personales, pero ni ahora ni nunca me prestaré a causar problemas a personas que cuando se relacionaron conmigo en el pasado eran completamente inocentes de toda expresión o acto desleal o subversivo. Hacerle daño a gente inocente que conocí hace muchos años para salvarme yo misma es, en mi opinión, un acto inhumano, indecente y deshonroso. No he de recortar mi inocencia para estar a la moda de este año”.
    Fragmento de la carta enviada al presidente del Comité de Actividades Antinorteamericanas. Lillian Hellman, 1.951.
    Quizá la verdadera obra maestra de gran dramaturga y memorialista Lillian Hellman (EEUU 1.905-1.984), fue su conducta. La postura asumida en los años cincuenta por la autora constituye un paradigma de entereza cívica que, trasplantado al presente, supone por lo menos un elemento de preocupación moral y duda razonable.
    Ante la furia inquisitorial del senador Joseph McCarthy – con su extraña amalgama de oportunismo y anticomunismo, de puritanismo y xenofobia; con su congénita animadversión hacia todo cuanto oliese a cultura , y también frente a la astucia y el juego tramposo de un Richard Nixon que ya empezaba su irresistible ascensión, fueron muchos los actores, directores, guionistas, escritores, periodistas, coreógrafos, etc. que se convirtieron en delatores. Hubo un momento en que la histeria soplona llegó a un grado tal que los colaboracionistas hacían colas para proporcionar listas de nombres ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas. Nombres de prestigio como Elia Kazan, José Ferrer, Robert Taylor, Edward Dmytryk, Jerome Robbins, Robert Rossen y tantísimos otros no tuvieron escrúpulos en delatar a sus amigos y compañeros y, ocasionalmente inventar responsabilidades ajenas, asignándoles nombres y apellidos reales. Unos delataban espontánea y gozosamente, y siempre encontraban una justificación patriótica; otros delataban culposa y tartamudamente, y no se repondrían jamás de ese gesto abyecto; otros más delataban como quien teje una amenaza, y así llegaban a sentirse realizados. La amenaza de quedarse sin contratos y, en consecuencia, sin mansión en Beverly Hills, sin fans, sin oscar, resultó insoportable para muchos. Nadie fue torturado para que declarase a gusto del tándem Nixon-McCarthy, y, sin embargo pocas sevicias han logrado en el mundo tantos y tan bien dispuestos informadores como esta simple amenaza de eclipse. Eclipse del confort y de la fama, claro.
    La histeria anticomunista debió su primer impulso al entonces presidente, Harry Truman; al procurador general, Tom Clark, y al director del F.B.I. John Edgar Hoover; pero encontró sus ejecutores ideales en Richard Nixon, congresista en aquel tiempo, en el senador McCarthy y en el presidente del Comité de Actividades Antinorteamericanas, John S. Wood. Lo de Truman es quizá mas lógico. Todavía hoy su nombre figura como el del único ser humano que ha ordenado arrojar bombas atómicas sobre poblaciones indefensas sobre un país ya virtualmente derrotado. Quién no ha vacilado en aniquilar en un instante a 80.000 personas en Hiroshima y a 40.000 en Nagasaky no iba a sentir nauseas al arruinar las carreras de algunas decenas de intelectuales y artistas. Vale la pena recordar que por aquellos años Winston Churchill dijo que los alemanes debían “sangrar y arder, ser aplastados hasta no quedar de ellos más que una masa de ruinas humeantes” y que a los japoneses era preciso “borrarlos de la faz de la tierra, a cada uno de ellos: hombres, mujeres y niños”. Tampoco lo de Nixon es inexplicable. Quien años mas tarde iba a concluir en Watergate era bastante lógico que aprovechara el comité para pergeñar sus primeros borradores de cinismo ideológico. Si el macartismo no hubiera sido tan nefasto se podría calificar como farsa. Walt Disney declaró que “quienes se adueñan de la Cartoonest Guild (Sindicato de los trabajadores de los estudios de animación) intentan darle a Mickey Mouse un carácter subversivo” el novelista Ayn Rand detectó propaganda comunista en la pelicula norteamericana Songs of Russia sencillamente porque los rusos sonríen. Si Nixon y McCarthy eligieron el campo cultural para propinar un castigo ejemplarizante fue porque sospechaban que la debilidad del mundo del espectáculo, así como de su dependencia del confort, lo convertían en materia apropiada. La verdad es que los que actuaron con decencia lo perdieron todo o casi todo. Dashiell Hammett, el notable novelista con quien Lillian Hellman compartió los años mas intensos de su vida, fue encarcelado en 1.951 por negarse a proporcionar nombres, y luego, cuando recobró su libertad, ya no pudo seguir cobrando sus derechos de autor. La propia Lillian tuvo que vender su tan querida granja, y cuando se le acabaron las reservas sólo consiguió trabajar, con un nombre falso, en el departamento de comestibles de un gran almacén. Varios de los artistas citados por el comité se acogieron a la quinta enmienda constitucional, pero Lillian pese a los consejos de su abogado y del propio Hammett, se negó a ampararse en ese recurso y dirigió a John Wood, presidente del comité, una célebre carta en la que decía entre otras las palabras que hemos oído al principio del programa en la voz de Fernando. El comité no acepto su talante, y a partir de esa negativa no tuvo otra salida que acogerse a la quinta enmienda (que establece que nadie podrá, en una acción criminal, ser obligado a testimoniar contra sí mismo). Lillian llevó su concepto estricto de la decencia a desechar argumentos que tal vez la hubiesen ayudado. A fin de probar la condición independiente de su pasado, su abogado intentó utilizar, como parte de la defensa, el hecho de que en varias oportunidades la prensa del partido comunista norteamericano la había atacado y había comentado desfavorablemente algunas de sus piezas dramáticas. Pero ella negó: “aprovecharme de los ataques de los comunistas sería como atacarlos yo a mi vez en un momento en que estaban siendo perseguidos, y les habría hecho el juego al enemigo”.
    Si bien su comportamiento le trajo incomprensión y resentimiento por parte de los colegas que habían claudicado, la levantisca actitud de la Hellman obtuvo el apoyo del público y la admiración de los jovenes. Pocos días después de su comparecencia ante el comité tuvo que subir a un escenario. Se trataba del estreno de “Regina”, ópera de Marc Brizstein basada en la obra de la propia Lillian “The little foxes” (Los zorritos). Según lo programado ella debía dar lectura a un largo texto que servía de introducción a la versión operística. No bien apareció en escena, el público y los músicos se pusieron en pie y le dedicaron una ovación atronadora. Realmente, Lillian Hellman fue casi un mito para los liberales norteamericanos. No sólo por lo que hizo, sino porque fueron poquísimos (Arthur Miller, Pete Seegers y algunos mas) los que hicieron algo parecido. Ella era un mito liberal; sin embargo, según ella misma ha confesado, ya no creía en el liberalismo: “El liberalismo perdió para mí toda su credibilidad . Creo que lo he sustituido por algo muy privado; algo que suelo llamar, a falta de un término más preciso, decencia”. Curiosamente cuando McCarthy, llevado por su delirio anticomunista, arremetió nada menos que contra el ejercito norteamericano y tuvo que enfrentarse al abogado Joseph Welch, éste le hizo una pregunta que ha pasado a la historia: “¿No tiene usted sentido de la decencia, señor?”. No, el señor no lo tenía. McCarthy murió en 1.957, pero no estoy seguro de que el macartismo haya fenecido. La limpia imagen de Lillian Hellman fue de incalculable importancia en el compromiso asumido por intelectuales y artistas que vinieron después. Los que se opusieron a la guerra de Vietman, a las políticas de Reagan o de Bush y un largo etcétera.
    En las ultimas páginas de su libro de memorias “Tiempo de canallas” puede leerse: “ Somos un pueblo al que no le gusta recordar el pasado”. Sin embargo, la propia Lillian Hellman es un pasado que, guste o no, debería recordarse siempre. Sin espectacularidad ni alharacas, su conducta intachable constituyó una alerta para los intelectuales norteamericanos y para todos los intelectuales, incluidos los que creen que la libertad y la justicia son meros problemas semánticos y no derechos inalienables de los pueblos. En su notable libro “Los delatores: el cine norteamericano y la caza de brujas”, de Víctor Navasky, figura una breve declaración de Lillian Hellman : “Es a Dios a quien corresponde perdonar, no a mí”. Pero tampoco han llegado noticias del perdón de Dios.
    21 min
  • Nada más que libros - Los orígenes
    “ En 1.984 fueron descubiertas en Tell Brak, Siria, dos tablillas de arcilla, de forma vagamente rectangular, fabricadas en el cuarto milenio Antes de Cristo. Se trata de objetos sencillos, sin apenas relieve, con unas pocas marcas: una pequeña muesca en la parte más alta y, en el centro, algo semejante a un animal dibujado con un objeto puntiagudo de madera. La muesca en la parte superior, según los arqueólogos, representa el número diez. Toda nuestra historia comienza con esas dos modestas tablillas. Figuran entre los ejemplos de escritura más antiguos que conocemos.”
    Bienvenidos de nuevo amigos. La anterior temporada de este programa consistió primordialmente en comentarios referidos a un libro, preferentemente novela, que, sin un orden específico, fueron fundamentales, en opinión de quién les habla, en la historia literaria del siglo XX y lo que llevamos del actual, así como de una breve biografía de los autores de los mismos, su influencia en el mundo de las letras y en la sociedad, siempre, eso sí, desde un punto de vista personal y, por supuesto, en extremo cuestionable. La idea general para este nuevo “curso” es la de cambiar la dinámica del programa. Se trataría de enfocarlo más como un “divertimento”, una sucesión de diversos temas, siempre relacionados con la literatura, que incluirían historia, anécdotas (incluidos chismes), acontecimientos, crítica, movimientos literarios y sociales etc., tanto de las obras como de los autores y su entorno personal, temporal y artístico. No faltará, es necesario, el debate y la tertulia que, sin duda, conformarán la salsa de cada episodio.
    En tiempos remotos Babilonia fue la ciudad más poderosa de la Tierra. Las ruinas de esta urbe, se encuentran a unos sesenta kilómetros al sur de Bagdad, la actual capital de Irak, y muy cerca de sus ruinas un montículo de arcilla es lo que queda, según algunos expertos, de la Torre de Babel, que Dios maldijo con el multiculturalismo. Según sostienen los arqueólogos, fue aquí donde empezó la prehistoria de los libros, el punto de partida de todo lo escrito. Hacia el cuarto milenio Antes de Cristo, las comunidades agrícolas de la Mesopotamia oriental abandonaros sus aldeas desperdigadas y se reagruparon en grandes centros urbanos que pronto se convirtieron en ciudades-estado. Con el fin de mantener las escasas tierras fértiles inventaron nuevas técnicas de irrigación y extraordinarias construcciones arquitectónicas y, con el fin de organizar una sociedad cada vez más compleja, con sus leyes, edictos y reglas de comercio, los habitantes de esas nuevas ciudades inventaron, hacia finales del 4.000 A.C., un arte que cambiaría para siempre la naturaleza de la comunicación entre los seres humanos: LA ESCRITURA; EL ARTE DE ESCRIBIR; LA LITERATURA.
    Seguramente la escritura nació por motivos comerciales, para recordar que cierta cantidad de ganado pertenecía a una familia determinada o debería ser trasladada a otro lugar. Un signo escrito servía de mecanismo mnemotécnico. El dibujo de un buey representaba al buey, para recordar al lector que la transacción se hacía con bueyes, cuántos y, quizá, los nombres del comprador y el vendedor. La memoria se convierte así en un documento, el registro de una determinada acción.
    El inventor de las primeras tablillas posiblemente se percató de las ventajas que aquellos trozos de arcilla tenían sobre la memoria del cerebro: en primer lugar, la cantidad de información almacenable era ilimitada, ya que se podían seguir produciendo tablillas “ad infinitum”, mientras que la capacidad de cerebro humano para recordar no lo era; en segundo lugar, las tablillas no requerían la presencia de la memoria viva para recuperar la información contenida en ellas. De manera que algo intangible – un número, una noticia, una idea, una orden – podía conocerse sin la presencia corpórea de quién transmitía el mensaje; algo, como por arte de magia, se grababa y se transmitía a través del espacio y más allá del tiempo. Desde las primeras civilizaciones prehistóricas, de acuerdo con los vestigios encontrados, la sociedad humana había tratado de superar los obstáculos de la geografía, la irrevocabilidad de la muerte, la erosión del olvido. Con un solo acto – la incisión de una figura en una tablilla de arcilla – aquel primer escritor anónimo logró de pronto realizar todas aquellas hazañas que parecían imposibles.
    Pero la escritura no es la única invención que cobra vida en el momento de aquel primer signo escrito: otra creación se produjo en aquel mismo instante. Puesto que el propósito del acto de escribir era rescatar el texto – es decir, leerlo – la incisión creó simultáneamente un lector, una función que empezó a existir antes de la existencia del primer lector. Mientras el primer escritor ideaba un arte nuevo haciendo señales en un trozo de arcilla, otro arte se hacía tácitamente presente, un arte sin el cual las señales habrían carecido de significado. El escritor era un hacedor de mensajes, creador de signos, pero aquellos signos y mensajes requerían un mago que los descifrara, que reconociera el significado, que le prestara voz. La escritura exigía un lector.
    La relación primordial entre escritor y lector presenta una paradoja maravillosa; al crear el papel de lector, el escritor decreta también su propia muerte, puesto que, a fin de que un texto se de por concluido, el escritor debe retirarse, dejar de existir. Mientras que esté presente, el texto sigue incompleto. Sólo cuando el escritor desaparece cobra existencia el texto. Llegado ese momento , la existencia de lo escrito es silenciosa hasta que el lector lo lee. Solo cuando ojos capacitados entran en contacto con los signos de la tablilla, comienza la vida activa del texto. Todo escrito depende de la generosidad del lector.
    Esta, digamos incómoda, relación entre escritor y lector tiene un comienzo que quedó establecido para siempre en una lejana tarde mesopotámica. Se trata de una relación fructífera pero anacrónica entre un creador primitivo que da a luz en el momento de morir, y un creador “post mortem”o, más bien, generaciones de creadores “post mortem” gracias a los cuales la creación misma habla, por que sin ellos cualquier escrito está muerto. Desde su inicio mismo, la lectura es la apoteosis de la escritura.
    22 min
  • Nada más que libros - Ficciones - (Jorge Luis Borges)
    "...Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones. Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y Una Noches, de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuros las escaleras; algo en la oscuridad de rozó la frente ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre. La arista de un batiente recién pintado que alguien se olvidó de cerrar le había hecho esa herida. Dahlmann logró dormir, pero a la madrugada estaba despierto y desde aquella hora el sabor de todas las cosas fue atroz. La fiebre lo gastó y las ilustraciones de las Mil y Una Noches sirvieron para decorar pesadillas. Amigos y parientes lo visitaban y con exagerada sonrisa le repetían que lo hallaban muy bien. Dahlmann los oía con una especie de débil estupor y le maravillaba que no supieran que estaba en el infierno..."
    FICCIONES - Jorge Luis Borges
    Vamos a comentar una obra del genial Jorge Luis Borges. Se trata de “Ficciones”, libro de relatos cortos que convirtieron a su autor en, posiblemente, el mejor creador de cuentos de los últimos tiempos.
    Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires en 1.899. Procedía de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia de Argentina, pero fue su padre Jorge Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar nutrida de militares, se empleó como profesor de psicología e inglés. Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era una mujer delicada amante del arte. En su casa del barrio porteño de Palermo, Borges aprendió inglés y desde niño, con apenas seis años, confesó a sus padres su vocación de escritor e, inspirándose en un pasaje de El Quijote, redactó su primera fábula en el año 1.907: la tituló “La visera fatal”. A los diez años publicó una brillante traducción al castellano de “El príncipe feliz” de Oscar Wilde. Poco antes del inicio de la 1ª Guerra Mundial, la familia recorrió los inminentes escenarios bélicos europeos, guiados por su padre que ciego y pobre, tuvo que renunciar a su trabajo como profesor y arrastró a los suyos a París, a Milán y a Venecia hasta radicarse definitivamente en la neutral Ginebra cuando estalló el conflicto.
    Borges era entonces un adolescente que devoraba la obra de los escritores franceses, desde los clásicos (Voltaire o Víctor Hugo) hasta los simbolistas (Baudelaire, Verlaine o Mallermé), al mismo tiempo que descubría el expresionismo alemán; aprendió el idioma descifrando por su cuenta la inquietante novela de Gustav Meyrink, “El golem”. Hacía 1.918, la familia se traslada a España, donde residen en Barcelona y Mallorca, y el autor lee a autores españoles y escribe versos que nunca llegaron a publicarse. En Madrid trabará amistad con el notable políglota y traductor español Rafael Cansinos Assens, a quien proclamó como su maestro. También conoció a intelectuales y artistas de la talla de Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Gómez de la Serna o Gerardo Diego. Gracias a sus traducciones fueron descubiertos en España los poetas expresionistas alemanes.
    De regreso en Buenos Aires, en 1.921, Fundó con otros jóvenes intelectuales la revista “Prismas” y, más tarde, la revista “Proa; firmó el primer manifiesto ultraísta argentino y tras un segundo viaje a Europa, publicó su primer libro de versos “Fervor de Buenos Aires”, 1.923. Seguirán entonces numerosas publicaciones, algunos libros de poemas y otros de ensayos como “Inquisiciones”, “El tamaño de mi esperanza” y “El idioma de los argentinos”. Durante los años treinta su fama creció en Argentina y su actividad intelectual se vinculó a Victoria Ocampo y Silvina Ocampo que le presentaron a Adolfo Bioy Casares, con quién colabora asiduamente. Ejerce la crítica literaria y continua con sus traducciones (Virginia Woolf, Faulkner, etc.) y publica antologías con sus amigos. En 1.931 colabora en la fundación de la emblemática revista “El Sur”, en torno a la cual se moverá lo mejor de letras argentinas de esos años. En 1.938 comienza a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires y durante las navidades de ese año sufre un grave accidente, provocado por su progresiva falta de visión, que a punto estuvo a punto de costarle la vida; al agudizarse su ceguera, Borges deberá dictar sus escritos a su madre, a sus amigos. En 1.940 publica junto a Bioy Casares y Silvina Ocampo, ahora casados, la espléndida “Antología de la literatura fantástica” y una “Antología poética argentina”.
    En 1.944 sale su libro “Ficciones”; es la obra con la que se inicia su madurez literaria y el pleno reconocimiento en su país, y en todo el mundo. En 1.945 llega a la Argentina el peronismo y Borges tuvo problemas al ser crítico con el nuevo régimen. Al caer, en 1.955, el peronismo, el nuevo gobierno lo designará director de la Biblioteca Nacional e ingresa en la Academia Argentina de las Letras; anteriormente, había publicado “El Aleph”, nuevas antologías de cuentos y numerosos ensayos. A partir de entonces, Borges recibe múltiples premios, doctorados honoris causa y su celebridad ya es universal. En 1.974 el peronismo vuelve a trunfar en Argentina y, dos años después, Borges, cuya autorizada voz resonaba internacionalmente, saludó el derrocamiento del Partido Peronista por la Junta Militar Argentina, aunque se arrepintió enseguida cuando la implacable represión de Jorge Videla comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a proliferar los desaparecidos entre los escritores. El propio Borges, en compañía de Ernesto Sábato y otros, se entrevisto con el dictador para interesarse por el paradero de sus colegas “desaparecidos. De todos modos el mal estaba hecho; su actitud inicial le granjeó firmes enemistades en Europa y un académico sueco manifestó públicamente que jamás recibiría el Premio Nobel por razones políticas. Sin embargo se alzaron voces, cada vez más numerosas, denunciando esa actitud y pidiendo ese preciado premio para Borges, merecedor, sin duda del mismo.
    Pocos años antes de su muerte, ya octogenario, Borges contrae matrimonio con María Kodama, una mujer mucho más joven que él, y que fue su secretaría y lazarillo y a la que nombraría su heredera universal.
    “Ficciones” es un libro de relatos compuesto de dos parte: “El jardín de los senderos que se bifurcan” y “Artificios”. En la primera, siete cuentos: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”: Borges junto a su amigo Bioy Casares discuten una noche sobre literatura cuando, al observar un espejo al fondo de un corredor, este recuerda una frase memorable de un heresiarca de Uqbar sobre lo abominable de los espejos y de la paternidad; esto los lleva a investigar sobre ese antiguo reino y descubrir un terrible secreto.”Pierre Menard, autor del Quijote”: Borges narra el intento, por parte de Pierre Menard, de reproducir la obra de Miguel de Cervantes. “Las ruinas circulares”: relato de los acontecimientos disparados por el desembarco de un anciano en una isla que posee unas ruinas circulares dañadas por el fuego. “La lotería en Babilonia”: en la antigüa Babilonia existe una lotería que comienza premiando determinados números, y que luego, debido a la nula moral de esos sorteos, instituye las suertes adversas para así enfrentar a los compradores de los números al doble albur de ganar una suma o sufrir alguna multa. Al multiplicarse los fraudes contra la Compañía, institución encargada de los sorteos, esta cambia las multas por día de cárcel, y así comienza a ganar poder hasta llegar a ser omnipotene y ubicua. “Examen de la obra de Herbert Quain”: este cuento empieza con la mención de la muerte de Herbert Quain, y continua con el análisis crítico de su obra. “La biblioteca de Babel”: Borges analiza las posibilidades de esta biblioteca, compuesta de galerías hexagonales que poseen, cada una, un pozo en su centro, cuatro paredes recubiertas de veinte anaqueles distribuidos a razón de cinco por cada una de ellas. Cada galería conecta con otra idéntica; cada anaquel alberga 32 libros compuestos por 410 páginas que contienen 40 renglones con ochenta letras cada uno. Los libros son uniformes y el alfabeto consta de 25 caracteres...”El jardín de los senderos que se bifurcan”: se trata de un relato policial que cuenta el hallazgo por parte del doctor Yu Tsun, de un laberinto infinito, mientras escapa de un hombre que está dispuesto a matarlo. En “Artificios” 2ª parte de la obra: “Funes el memorioso”: trata de la historia de Ireneo Funes, un muchacho que, tras un accidente con un caballo, queda tullido y sufre una modificación de su memoria. “La forma de la espada”: se narra la historia de la cicatriz de un hombre que constituye, según confiesa, la seña de una traición y de una cobardía. “Tema del traidor y del héroe”: Irlanda, 1.824, Fergus Kilpatrick relata su traición en una conspiración para derrocar a los ingleses. “La muerte y la brújula”: relato policial en el que la investigación de tres crímenes entrelazados entre sí acaban en uno último, cuya víctima será el detective protagonista. “El milagro secreto”: tras el arresto y posterior condena a muerte por la Gestapo de un intelectual judío, ocurre un milagro instantes antes de su ejecución. “Tres versiones de Judas”: Un miembro de la Unión Evangélica Nacional realiza una apología de Judas Iscariote, una vindicación de sus actos. “El fin”: Recabarren miró en el horizonte que un jinete llega a la pulpería; era a quien llevaba esperando 7 años….”La secta del fénix”: Borgen narra la historia y los secretos de una secta que es ubicua y cuyos miembros son insospechados. Su único rito consiste en una acción juzgada como penosa, vergonzante. “El Sur”: se narra la desventura de Juan Dahlmann, iniciada una tarde de Febrero cuando, por un descuido, la arista de un batiente en las escaleras de su casa le produce una herida en la frente y cae enfermo. Su suerte quedaría sellada por ese hecho y por el viaje posterior, al sur, para convalecer en una estancia de su propiedad.
    26 min
  • Nada más que libros - El dueño del secreto (Antonio Muñoz Molina)
    “ ...En 1.974, en Madrid, durante un par de semanas del mes de Mayo, formé parte de una conspiración encaminada a derribar el régimen franquista. La dirigía un general muy célebre, del que se contaba que a los pocos días de la revolución portuguesa había empezado a recibir sobres anónimos que contenían como único mensaje un monóculo: nadie se acuerda ya, pero el general Antonio de Spinola, primer líder del levantamiento de Abril, usaba uno, lo cual le daba un aspecto llamativo de conspirador antiguo, de viejo militar anacrónico que encabeza no la tecnología sangrienta de un golpe de estado al estilo chileno, sino un pacífico pronunciamiento liberal..."
    EL DUEÑO DUEÑO DEL SECRETO - Antonio Muñoz Molina
    Esta tarde vamos a hablar de una novela del escritor español Antonio Muñoz Molina. Se trata de una novela corta titulada “El dueño del secreto”.
    Antonio Muñoz Molina nació en Úbeda, provincia de Jaén, el 10 de Enero de 1.956. Su padre trabajaba en una huerta y vendía hortalizas en un mercado de abastos. Su padre era un niño cuando empezó la guerra civil y tuvo que dejar la escuela para ayudar en casa, ya que su abuelo estaba ausente alistado en el ejército republicano. Su madre ayudaba a criar a sus hermanos pequeños. A los dos les costaba escribir cuando fueron mayores. Leían con mucha atención murmurando las palabras y en los primeros años de la democracia recobrada los dos asistieron a escuelas para adultos. Antonio Muñoz Molina aprendió a leer, escribir y hacer cuentas en una escuela de las que llamaban “de perra gorda”. Su primera escuela formal fue la de los Jesuitas, donde entró a los seis años y uno de sus profesores convenció a su padre que le permitiera seguir estudiando ya que en esa época, en las familias trabajadoras, lo normal era que los niños dejaran la escuela hacia los doce años para ponerse a trabajar. Entre los once y los catorce años hizo en bachillerato elemental en el colegio Salesiano de Úbeda, donde descubrió la diferencia de trato según la posición social de la familia. El bachillerato superior lo cursó en el Instituto de Enseñanza Media San Juan de la Cruz donde recibió una educación y un trato que conformaron la columna vertebral de su carácter. La formación intelectual que no podían darle sus padres la obtuvo de sus profesores en el Instituto; es por eso que el autor sea un apasionado defensor de la instrucción pública como fundamento de la justicia social. Su vocación literaria comenzó con las lecturas, siendo niño, de Julio Verne, Twain, Stevenson o Dumas y posteriormente con Cervantes, Bécquer, García Lorca… A los dieciocho años llega a Madrid para estudiar periodismo, pero su sueño de convertirse en un autor de obras revolucionarias no duró mucho; Madrid era demasiado grande y demasiado hostil: la Facultad de Ciencias de la Información resulto ser un fraude y su beca apenas le daba para comer. Su participación en una manifestación de protesta por el fusilamiento de Salvador Puig Antich, por la que fue brevemente apresado precipitaron su vuelta a Úbeda. Ese mismo año, 1.974, empezó la carrera de Geografía e Historia en la Universidad de Granada, donde se quedó casi veinte años. Allí escribió sus primeros relatos, sus primeros artículos y sus primeras novelas. En 1.985 publica su novela “Beatus Ille”. Comienza para Antonio Muñoz Molina el reconocimiento de los lectores y de la crítica que ya no le abandonará hasta ahora.
    En 1.982 se casa con Marilena Vico. Hijos y libros se suceden y alternan en los años siguientes. Publica “El invierno en Lisboa” en 1.987”, “Beltenebros” 1.987 y “El jinete polaco”, en 1.991 por el que le fue concedido el premio Planeta y el premio Nacional de Literatura. En ese mismo año se rompe su matrimonio y, poco después, empieza a vivir con Elvira Lindo. En 1.993 reside una temporada en los Estados Unidos dando clases en la Universidad de Virginia. En 2001 y 2002 impartió clases de literatura en la City University de Nueva York y en 2004 fue nombrado director del Instituto Cervantes de Nueva York. Antonio Muñoz Molina es miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1.996. Otras obras del autor son: “Las otras Vidas”, “El Robinson urbano”, “Los misterios de Madrid”, “El dueño del secreto”, “Ardor guerrero” y “Plenilunio”. En palabras del mismo Antonio Muñoz Molina: “políticamente, soy un socialdemócrata: defiendo la instrucción pública y la sanidad pública, el respeto escrupuloso de la legalidad democrática, la igualdad de hombres y mujeres, el derecho de cada uno a elegir su forma de vivir y si es preciso de morir dentro de la conciencia de nuestra responsabilidad como ciudadanos. Derechos sin responsabilidades son privilegios; un derecho individual beneficia a la comunidad; un privilegio siempre se ejerce a costa de alguien. Ser progresista no es defender a rajatabla al grupo al que uno pertenece sino vindicar como propias las causas singulares de quienes, en principio, no son como nosotros. Un progresista, aunque sea hombre, es feminista; aunque sea heterosexual, defiende con vigor el respeto a la condición y la igualdad jurídica de los homosexuales; un progresista se rebela contra el sufrimiento de los animales y contra el despilfarro de los bienes ambientales que son de todos, también de las generaciones futuras.
    El dictador va a morir. Pero eso no lo saben las fuerzas que se le oponen en la clandestinidad. Las pocas que quedan, porque luego de casi cuarenta años en el poder , la represión, el exilio, el encarcelamiento y los asesinatos han horadado profundamente el tejido político que se opone a Franco. Hacía 1.974 se gesta una de las últimas escaramuzas para intentar derrocar a quién solo abandonaría en mando una vez fallecido. Pero para que esto ocurriera deberían pasar más de dos años, y el narrador de esta historia contará, veinte años después, lo que vivió cuando, con tan solo dieciocho años, participó en una intentona para derrocar al régimen franquista. Un joven de provincias llega a Madrid para estudiar periodismo en medio de las represiones de la dictadura contra las manifestaciones universitarias. Este joven, pobre y hambriento, se verá involucrado en una conspiración que podría provocar la caída del dictador. El estudiante conocerá a Ataúlfo Ramiro Retamar, a quién considerará su maestro, su protector y que lo introducirá en el mundo de las más refinadas instancias sociales y también en los más barriobajeros tugurios del Madrid de los años setenta. “Madrid era entonces de esa grisura del nublado, del humo de los coches, del granito sombrío de las iglesias y de los edificios franquistas, el mismo gris monótono de los uniformes de los guardias, de los muebles metálicos de las oficinas y de los trajes de anciano paternal y temblón que vestía el General Franco”. Ataúlfo es un anarquista, un hombre de experiencia, de gustos refinados, que lleva en una mano un vaso de whisky y un cigarrillo rubio y con la otra pide la cuenta de un restaurante, que detiene a los taxis en las calles como si fuesen bestias domadas, que se reúne con la burguesía decadente y tiene una amante en un burdel exquisito, y que a su vez controla y dirige una red de información que concentra a la menguada oposición. Este personaje compartirá un secreto con el joven protagonista. Pero a este le cuesta mucho guardar secretos. Un día, ofuscado por la bebida, le cuenta a su compañero de habitación, Ramón Tovar, alias Tovarovich o Ramonazo, joven rudo recién convertido al maoísmo, un bueno para nada, un izquierdista botarate y derrochador cuyo evangelio comunista lo meterá en problemas, un descreído que no comparte el entusiasmo de su amigo y que no se atreve a regresar a su pueblo por soberbia, por no mostrarse derrotado. A pesar de prometer a su amigo no revelar la confidencia, le falta tiempo para difundirla en los círculos izquierdistas que frecuenta. La consecuencia: la trama se derrumba, y el protagonista huye de Madrid a refugiarse en su pueblo, lleno de remordimientos y de miedo a ser represaliado. Estos personajes son en parte la muestra de la agonía de un mundo que estaba por terminarse, son los estertores de una realidad cada vez más desdibujada, atada a la biología del dictador. Una sociedad que se había transformado, aun resistiéndola, en la extensión del cuerpo y del ánimo del “Excrecentísimo”, como le llamaba Ataúlfo.
    En esta narración el ánimo juvenil del protagonista por intentar cambiar el estado de las cosas se enfrenta tanto a las fuerzas del orden como a sus propias debilidades y esta terminan por hacer de él un personaje entrañable en su complexión moral, en su incapacidad para asimilar la vida en una ciudad en la que la vigilancia policial es su torrente sanguíneo, en su endeble fortaleza de carácter para sobrellevar la carga que le llega, crea un ritmo novelesco que no admite pausa en el lector. Esta novela seguramente se leerá con nostalgia por muchos de nosotros, al tiempo que con una sonrisa agridulce. Y es que el humor de la historia está cargado de una ternura que detiene la parodia o la caricaturización de los personajes, para dar cuenta de tiempos que la memoria hace nostálgicos y para recordar que toda dictadura es un organismo que acaba por morirse.
    21 min
  • Nada más que libros - Los perros, el deseo y la muerte (Boris Vian)
    "...Ustedes no podrán creer, se lo digo yo, la poca gente que hay en una ciudad como Nueva York después de cierta hora. Ella giraba todo el tiempo en cualquier calle. Atravesábamos bloques enteros sin ver un gato y a veces veíamos a uno o dos tipos. Un vago, una mujer a veces, gentes que regresaban del trabajo; hay tiendas a la una o dos de la mañana o que no cierran nunca. Cada vez que ella veía a un tipo en la acera derecha, maniobraba el volante y pasaba a ras de la acera, lo mas cerca posible del tipo; frenaba un poco y luego aceleraba de golpe, justo en el momento de pasar frente a él. Yo seguía callado, pero a la cuarta vez, le pregunté: ¿Por qué hace eso? Supongo que me divierte, dijo..."
    LOS PERROS, EL DESEO Y LA MUERTE. Boris Vian
    En esta ocasión hablaremos de un autor al que le tuvo sin cuidado lo que a muchos escritores les lleva de cabeza: ser un “hombre de letras”. Boris Vian se estremecería en su tumba si alguien un día lo colocara en ese altar. Su fuerza como narrador radica fundamentalmente en sus ideas que muchos, aún hoy, no pueden tragar.
    El 10 de Marzo de 1.920 nace Boris Vian en Ville-d`Avray, hijo de una familia rica y posteriormente arruinada de cuatro hijos. En 1.932 se le diagnostica reumatismo cardiaco, lo que le ocasionará una grave lesión de corazón que, tras otras complicaciones y enfermedades durante toda su existencia, acabará con su vida a los 39 años. En 1.935 comienza el bachillerato que termina en 1.939 con excelentes notas, sobre todo en filosofía y matemáticas. En esa época frecuenta con asiduidad los conciertos de Duke Ellington; crea, junto a sus amigos, una orquesta de jazz y celebra, en la casa familiar de Ville-d`Avray, célebres “surprises- parties” (lo que podríamos llamar los ya caducos guateques), que prefiguran lo que serán, después de la guerra, las fiestas de Saint-Germain-des-Prés. En 1.939 ingresa en la Escuela de Ingeniería y obtiene el título de ingeniero en 1.942. en esos años lleva una vida bohemia y asiste y organiza numerosas fiestas al mismo tiempo que se interesa, cada vez más por el jazz. Se inicia como trompetista de jazz, y en 1.944, aparecen sus primeras publicaciones para la editorial Gallimard. En 1.946 trabaja como ingeniero en una institución del estado. Conoce a Jean- Paul Sartre y colabora con él en la revista Les Temps Modernes. Bajo el seudónimo de Vernon Sullivan publica “Escupiré sobre vuestras tumbas”, que se convertirá en el best-seller de 1.947, año que publica, con el mismo alias “Todos los muertos tienen la misma piel”. Ese mismo año Vian abandona su trabajo y se dedica a escribir y a tocar la trompeta en diversos locales de París; publica “La espuma de los días”
    La corriente literaria e intelectual que impera en la inmediata posguerra francesa es el existencialismo, con la figura de Jean-Paul Sartre como principal protagonista, y su influencia marcará toda la vida cultural hasta la década de los 60. Sartre construye una teoría del hombre asentada en la libertad y en la conciencia singular de cada individuo. Condenado a hacer uso de su libertad, cada persona irá construyéndose a partir de sus actos. Cada hombre es, por lo tanto, responsable de lo que es. La literatura es también un acto, una acción social de la que es responsable el autor. El existencialismo predica una literatura concebida como compromiso, y por eso debe ponerse al servicio de una acción política o de una reflexión filosófica, cumplir, en definitiva, una función social. Boris Vian se sitúa al margen de esa literatura comprometida y propone en su obra nuevas formas de creación y expresión, liberando la palabra de toda función social tal como la concibe el existencialismo y pervirtiendo sin cesar el discurso literario tal como lo concibe la novela tradicional. Novelista, dramaturgo, poeta, músico, traductor, Vian compone numerosas canciones y dos óperas y escribe múltiples ensayos sobre música, sobre todo de jazz, sobre espectáculos, cine, literatura y realiza varias traducciones del inglés. Asimismo actúa durante varios años como trompetista. En 1.954 y 1.956, Boris Vian compone e interpreta numerosas canciones; una de ellas “el desertor” será prohibida. Boris Vian muere de un infarto en un cine de París cuando estaba contemplando un pase de una adaptación cinematográfica de su novela “escupiré sobre vuestra tumba”. Tenía 39 años. La obra de Boris Vian, sin adscribirse a ninguna tendencia y sin dejarse encasillar en ninguna escuela ni corriente puede resultar profundamente huidiza a la vez que cargada de una honda angustia vital, la angustia del tiempo destructor, del deterioro, de la muerte, a través de un universo insólito, descabellado y fascinante, en el que se combinan lo trágico y lo burlesco, lo lúdico y lo amargo, en el que la alegría de la vida siempre se ve destruida por el horror de la muerte.
    El libro que hoy comentaremos se trata de una recopilación de seis cuentos escritos por Boris Vian entre los años 1.945 y 1.952 y es una selección realizada por Tusquets Editores, en 1.974, a partir del libro de cuentos titulado “El lobo feroz”. En el primero de ellos “Los perros, el deseo y la muerte”, que da título a la recopilación, un taxista de la ciudad de Nueva York, conoce a una bailarina del bronx, a la que recoge de madrugada en su taxi. La joven, una mujer extraña y solitaria, solo se excita cuando, al volante del coche que le ha cedido el taxista, atropella a los perros que encuentra por las calles. Obsesionado con ella, noche tras noche la acompaña en sus peligrosas correrías hasta que finalmente ella no se conforma solo con matar perros….. Las consecuencias son terribles para los dos. “El lobo feroz” narra la historia de un lobo, Denís, que vive en las afueras de París, en una cueva en el bosque. Es un lobo civilizado y culto, que vive discretamente apartado de los seres humanos a los teme. Una noche, durante sus paseos en el bosque acechando a las parejas de amantes que se refugian en el, es mordido por un mago. Desde ese momento Denís se convierte en un “lobo – hombre”, lo que le trae consecuencias y aventuras de todo tipo cada noche de luna llena, en que se transforma de lobo a hombre. “El amor es ciego” cuenta que en pleno mes de Agosto, en París, una niebla espesa, caliente y húmeda, singularmente opaca cubrió la ciudad. La situación provoca una gran confusión ya que no se ve prácticamente nada y los ciudadanos sienten un irrefrenable deseo sexual que no reprimen, sin que los lugares, personas y sexos sean obstáculos para realizar, sin ningún pudor, todo tipo de actos sexuales. Pasado un tiempo la situación hizo que la vida fuera dulce y simple para todos, pero la capa de niebla bajaba día a día. Un gran consejo encontró una solución: cuando la niebla se disipó, la vida continuó siendo feliz; todos se habían arrancado los ojos. Los últimos tres relatos: “Las fortificaciones del Sur”, “ El mirón” y “El peligro de los clásicos” están esos personajes tan cercanos a Boris Vian que casi podrían confundirse con él: pícaros, imaginativos, cínicos, desprendidos. Las situaciones son siempre absurdas como absurdos son los años que siguen a una guerra: el mundo de las restricciones, de la puesta en cuestión de muchos principios, del sálvese-quien-pueda-y como-sea.
    23 min
  • Nada más que libros - Sunset Park (Paul Auster)
    SUNSET PARK - Paul Auster
    "...Durante casi un año ya, viene tomando fotografías de cosas abandonadas. Hay como mínimo dos servicios al día, a veces hasta seis o siete, y siempre que entra con sus huestes en otro domicilio, se enfrenta con las cosas, los innumerables objetos desechados por las familias que se han marchado. Los ausentes han huido a toda prisa, avergonzados, confusos, y seguro que dondequiera que habiten ahora ( si es que han encontrado un lugar para vivir y no han acampado en la calle ) sus nuevas viviendas son más pequeñas que los hogares que han perdido. Cada casa es una historia de fracaso – de insolvencia e impago, deudas y ejecución de hipoteca – y él se ha propuesto documentar los últimos y persistentes rastros de esas vidas desperdigadas con objeto de demostrar que las familias desaparecidas estuvieron allí una vez, que los fantasmas de gente que nunca verá ni conocerá siguen presentes en los desechos esparcidos por sus casas vacías..."
    Esta tarde vamos a hablar de una novela del escritor norteamericano Paul Auster, titulada “Sunset Park”, que refleja las paradojas y contradicciones de la sociedad actual, centrada en unos personajes que viven, con frecuencia, al borde de la marginalidad.
    Paul Auster nació el 3 de Febrero de 1.947 en Newark, estado de Nueva Jersey. Se crió en un hogar judío de clase media y sus padres Samuel y Queenie Auster le proporcionaron la mejor educación y formación. Paul pasaba mucho tiempo con un tío suyo que era traductor y que poseía una biblioteca muy bien surtida que Paul amaba husmear. Entonces comenzó a desarrollar una gran habilidad para la escritura. Al terminar sus estudios secundarios ingreso en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde cursó la carrera de literatura francesa, italiana e inglesa. Su primer trabajo fue realizar una serie de traducciones de autores franceses contemporáneos y, como parte de su trabajo, viajó a París. En 1.967 regresó a esa ciudad para evitar sufrir los estragos de la guerra de Vietnam. Tras un breve periodo el el que trabajó como marino en un barco petrolero, vivió tres años en Francia donde se ocupó como traductor, “negro” literario y cuidador de una finca. En 1.974, Paul Auster fija su residencia en Nueva York.
    En Nueva York, el autor escribe artículos para revistas durante los diez años siguientes y simultáneamente empezó las primeras versiones de “El país de las últimas cosas” y de “El palacio de la luna” Asimismo publica artículos de crítica literaria y recopilaciones de sus poemas. La muerte de su padre, al poco tiempo de haberse divorciado, cambia totalmente su situación personal y económica gracias a la herencia que recibió que le aportó los medios para dedicarse por entero a la escritura. Entre 1.985 y 1.986, Auster escribe la “trilogía de Nueva York”, formada por “Ciudad de Cristal”, “Fantasmas” y “La habitación cerrada”; fue un éxito total. En las siguientes obras Paul Auster tomó como recurso los episodios de su propia vida, aunque según él mismo, nunca tuvo la intención de realizar obras autobiográficas. “ El Palacio de la luna” publicada en 1.989, le valió al autor la consagración internacional. A esta le siguieron “La música del azar” de 1.990, “Tombuctú” 1.999 y Brooklyn Follies” de 2006. Paul Auster es un autor bastante fértil y sus obras son innumerables. Otros títulos a destacar son “Leviatán”, “Mr. Vértigo”, “El libro de las ilusiones” y “viajes por el Scriptorium”. Podemos decir que los temas de las obras de Auster son cercanos a la filosofía y al existencialismo con tramas en ocasiones próximas al realismo mágico. Por ello el autor puede ser considerado como un referente y un punto de partida para la nueva narrativa norteamericana.
    Es conocida, también, la vocación que Paul Auster siente por el cine. Ha dirigido varios filmes, de los que destacaríamos “La vida interior de Martín Frost”, basados en obras suyas, y ha escrito los guiones de otras películas. Durante su vida literaria el escritor ha recibido galardones tan importantes como el Premio Medicis, la Orden de las Artes y las Letras de Francia o el Principe de Asturias de las Letras.
    Miles Heller tiene veintiocho años, y a los veinte desanudó los lazos que lo unían al mundo que hasta entonces había conocido. Abandonó la Universidad, se despidió con nocturnidad y una breve nota de sus padres, dejó Nueva York, y nadie ha vuelto a saber de él. Desde entonces, ha rodado por lugares y trabajos poco cualificados, moviéndose siempre en ese oscuro espacio entre el suelo y el primer peldaño de la escalera laboral y social. Ahora vive en Florida, y trabaja para una empresa al servicio de los bancos de la zona, que se encarga de vaciar las viviendas de los desahuciados que en plena crisis no pudieron seguir pagando su hipoteca, y las prepara para una nueva venta. El desolado y solitario Miles, además de acarrear bultos y repintar paredes, saca fotografías de todas las cosas abandonadas, registra las huellas de esas vidas dispersas para probar que esas familias desaparecidas estuvieron alguna vez allí, que los fantasmas de esa gente que él nunca verá ni conocerá aún están presentes en los objetos abandonados en esas casas ahora vacías. Miles no tiene ambiciones, vive con lo mínimo, mantiene relaciones muy escasas con la gente y con el mundo que le rodea, y sus únicos lujos son los libros, que compra en ediciones baratas, y la cámara digital con la que documenta a los fantasmas. Si algo ha logrado en estos siete años, ha sido poder vivir en un presente perpetuo, sin deseos y sin futuro. Y habría seguido así de no haber sido por una chica, Pilar Sánchez. La conoció en un parque cuando ambos estaban leyendo “El gran Gatsby”. Miles por tercera vez, porque se lo había regalado su padre cuando cumplió dieciséis años. Que es, precisamente, la edad de Pilar, una menor. Y como Miles puede ir a la cárcel por su relación con ella, cuando la feroz y codiciosa hermana de Pilar comienza a chantajearlos, él vuelve a Nueva York para esperar allí la mayoría de edad de la joven. Su vuelta es el retorno al pasado y a sus secretos; a su padre, un brillante editor; a su madre, una actriz implacablemente seductora hasta con su hijo; a su madrastra, una intelectual cuyo juicio no pudo soportar. Pero es también la vuelta al mundo, a la comunidad de Sunset Park y a sus compañeros “okupas”; a la vida, con todos sus horrores y esplendores.
    Los personajes de esta novela, como en todas las obras de Auster, suelen ser complejos y poliédricos, y a lo largo de la narración vemos como van evolucionando y como van interactuando entre ellos para que los contornos de esas relaciones vayan articulando la historia. “Sunset Park” es una novela plenamente realista, y narrada de un modo lineal, alejada, en ese sentido, de algunas de sus anteriores novelas, en las que abundaba un mayor componente fantastico. Resulta un placer ver cómo Auster es capaz de dar vida a este relato con la maestría y el dominio técnico con el que lo hace. Cuando lo lees parece sencillo y natural, y está tan bien escrito que parece que el autor la ha ido escribiendo según se le iba ocurriendo, sin tener un plan concebido previamente. Ese es el gran mérito de Paul Auster; su técnica es tan prodigiosa que nos da la sensación de que no hay tal trabajo técnico. En la sencillez está el arte y la belleza de esta novela.
    25 min
  • Nada más que libros - El siglo de las luces
    "...Víctor Hugues se hizo entregar por los tipógrafos varios
    centenares de carteles impresos durante la travesía, en espesos caracteres entintados, donde se ostentaba el texto del Decreto del 16 Pluvioso, que proclamaba la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos otorgados a todos los habitantes de la isla, sin distinción de raza ni estado. Luego cruzó el combés con paso firme, y, acercándose a la guillotina, hizo volar la funda alquitranada que la cubría, haciéndola aparecer, por primera vez, desnuda y bien filosa la cuchilla, a la luz del sol. Luciendo todos los distintivos de su Autoridad, inmóvil, pétreo, con la mano derecha apoyada en los montantes de la Máquina, Víctor Hugues se había transformado, repentinamente, en una Alegoría. Con la
    Libertad, llegaba la primera guillotina al Nuevo Mundo..."
    "El siglo de las luces”, del escritor cubano Alejo Carpentier, publicada en México en 1.962, posiblemente la mejor de su obra, y que supone la consagración del autor ya ampliamente reconocido por sus creaciones anteriores.
    Alejo Carpentier Valmont nació en La Habana el 26 de Diciembre de 1.904, de padre francés y madre rusa. Su padre era arquitecto y había llegado a Cuba, con su esposa, dos años antes del nacimiento de Alejo. Los Carpienter no eran inmigrantes pobres, en la biblioteca de su casa el autor leyó, sobre todo literatura francesa y española (Baroja entre otros). En ese ámbito se hablaba francés y el español. Sus primeros estudios los cursó en colegios privados de La Habana. En 1.913 viaja a Rusia con sus padres y de regreso permanece tres meses en París, donde estudia en el liceo Jeanson de Sailly. En 1.917 ingresa en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, y escribe pequeños artículos y cuentos a la manera de Salgari y Anatole France. En 1.921 se matrícula en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Con el tiempo Carpentier adquirió una pasmosa erudición tanto en arquitectura como en música, a pesar de que nunca terminaría la carrera. Ese mismo año, nunca se supo el motivo, su padre abandonó a su familia y nunca se volvió a saber de él. Esa circunstancia forzó al joven a dejar sus estudios para mantenerse a sí mismo y a su madre, y comenzó a colaborar en periódicos. Tal vez para compensar la ausencia del padre su
    trabajo en publicidad y sus escritos le traerá el bienestar económico y la posición social. Se juntan dos elementos que
    tendrán gran importancia en su vida: la erudición y el comercio.
    Estos dos elementos es algo de signo ambiguo en su vida y en su obra, es como una camisa de fuerza de la que se quiere liberar; coraza que le protege de la destitución y la marginalidad. Por ello será criticado, y de ello se defenderá hasta el final de su vida.
    En los años veinte, y aunque Carpentier había abandonado sus
    estudios y después de varias intervenciones norteamericanas para “restablecer el orden”, se vio involucrado en actividades políticas cuya fuente era la Universidad. Esos años fueron una década de crecimiento económico y turbulencias políticas en Cuba, que culminaron con una revolución en toda regla contra la dictadura de Gerardo Machado, que había llegado al poder en 1.925, con el apoyo de los Estados Unidos, y que reprimió la oposición con una violencia que le valió el mote de “el asno con garras”. Cuando la revolución estaba a punto de triunfar los EEUU lograron manipular la situación de tal manera que, aunque Machado tuvo que huir, la oposición no pudo tomar el poder. La revolución fue abortada y de las ruinas de la dictadura de Machado habría de surgir el siguiente dictador, Fulgencio Batista, que dominó la política de la isla hasta la revolución de 1.959.
    En 1.927 Alejo Carpentier fue encarcelado por la dictadura, y
    permaneció un año en la cárcel. Al salir abandonó la isla y se
    trasladó a París, donde se dedicó a actividades relacionadas con la música siendo corresponsal de diversas revistas culturales cubanas. Conoció las corrientes vanguardistas, especialmente el surrealismo, llegando a colaborar en la revista Révolution Surréaliste de André Bretón. En 1.933 se dirigió a Madrid donde publicó su primera novela ¡ Ecué-Yamba-Ó !. En España conoció a importantes poetas de la Generación del 27: Pedro Salinas, Rafael Alberti y Federico García Lorca, con los que mantuvo una gran amistad. En 1.937 asiste, con una delegación cubana, al Congreso de escritores antifascistas celebrado en Madrid, Valencia y Barcelona. Posteriormente se traslada a Cuba, donde trabaja en la
    radio y en diversas revistas como periodista y articulista. Entre
    1.945 y 1.959 se radicó en Venezuela, donde se dedicó al
    periodismo radiofónico, profesor universitario, y columnista en
    diarios y revistas, aparte de trabajar en publicidad. En 1.959, con el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, Alejo
    Carpentier, hombre de ideales revolucionarios, decidió regresar a Cuba, donde asumió importantes cargos en áreas culturales, así como consejero cultural en las embajadas de Cuba en diversas capitales sudamericanas y del este de Europa. La última embajada en la que estuvo antes de morir fue en la de Francia.
    Fue en 1.949, cuando publica “El reino de este mundo”, donde, en su prologo, Carpentier expuso la tesis de “lo real maravilloso”, germen del llamado “boom” de la literatura hispanoaméricana.
    Aparte de numerosos ensayos, obras musicales, programas
    radiofónicos y artículos en revistas y periódicos, de sus novelas
    destacariamos: “ Los pasos perdidos “, “El acoso”, “Concierto
    barroco”, “El recurso del método”, “La consagración de la
    primavera” y “El arpa y la sombra”. Alejo Carpentier falleció en
    París, el 24 de Abril de 1.980, y sus restos fueron trasladados a La Habana, donde se le rinde homenaje póstumo en la Plaza de la Revolución.
    El hijo, la hija y un sobrino de un comerciante cubano, se quedan huérfanos al morir éste cuando los franceses pierden su autoridad al producirse el colapso de la monarquía. Los jóvenes- Carlos, Sofía y el primo de ambos, Esteban- pasan a ser los únicos dueños de las mercancías de su padre y entusiasmados por esa libertad de que gozan, saquean Europa para divertirse, comprando todo lo que se les antoja almacenándolo en su enorme casa. En el momento en que la libertad se convierte en desenfreno, aparece un salvador, el masón haitiano Víctor Hugues, que les toma bajo su tutela. Al estallar la revolución francesa, sale de La Habana rumbo Haití con Sofía y Esteban, pero Sofía se ve obligada a regresar debido a la violencia de los acontecimientos y los dos hombres se van a Francia si ella. Esteban busca un sentido a la revolución, pero no tarda en ver cómo el movimiento revolucionario degenera en una burocracia inane. Y Víctor Hugues degenera al compás de esta. Cuando embarca de nuevo rumbo a las Antillas junto con Esteban para ser el nuevo gobernador de Guadalupe, se lleva consigo la guillotina, justificándolo con el argumento de que también lleva un decreto que emancipa a los esclavos negros. Aún con la caída de Robespierre, la situación no cambia. Víctor Hugues se convierte en el rey sin corona de la isla, dedicándose a la piratería y manteniendo muy sujeto al cada vez más desilusionado Esteban, hasta que este recobra la libertad al ser enviado a una misión a Cayena. Esteban no encuentra una utopía social en la revolución francesa. Al caos sigue el autoritarismo, las instituciones resurgen de las cenizas de las antiguas.
    Sólo cuando recorre las islas con los bucaneros y ve la prodigiosa y enigmática creatividad de la naturaleza, los hechos humanos, vistos a la escala temporal de la creación, adquieren su verdadero significado.
    Hacía el final de sus andanzas con Víctor Hugues, Esteban se sitúa a sí mismo en el lapso de tiempo de la historia natural, elevándose de las cerradas espirales que circunscriben una única vida, para observar con la visión de un dios la vida oceánica, la lenta transformación de las nubes o de las conchas marinas. Sofía pasa por una experiencia similar
    de esperanza y desilusión. Cuando Esteban regresa a la Habana rehuye las responsabilidades del trabajo y deambula por las calles en su intento por reconocer los ambientes. Ha vuelto ilusionado y pronto comienzan a fluir ciertas remembranzas más felices; comparte impresiones con Sofía,
    en las cuales Víctor Hugues sale a colación una y otra vez, hasta que recapitulan:” dejemos a Víctor en paz. Fue un mal engendro de una gran revolución”. En la Habana se vive la incertidumbe ya experimentada en otras islas; se teme una revuelta por parte de los esclavos , nuevamente
    explotados aunque supuestamente libres, por lo que las autoridades se muestran muy estrictas con los agitadores. Víctor Hugues retoma el poder que había perdido en una de tantas fluctuaciones políticas. Su gobierno se califica como sensato, y un buen día la religión vuelve a implantarse en Francia y sus colonias, al igual que la esclavitud. El restablecido maltrato a los negros son espantosos, pero Víctor Hugues,
    siempre definido por el sendero que tome la marea de sus intereses, no demuestra convicciones firmes en ningún caso: “Tal parece que yo fuese el autor del Decreto”, dice para justificarse. Finalmente Sofía y Esteban, totalmente desengañados, se van a Madrid, donde viven una existencia
    casi secreta y solitaria. Durante los sucesos del dos de Mayo de 1.808, Sofía y Esteban salen a las calles del Madrid levantisco y se mezclan con el pueblo en armas. Nunca regresaron a su casa. Nadie supo más de sus huellas ni del paradero de sus carnes.
    La importancia y trascendencia del “siglo de las luces” y de su
    autor en la literatura hispana y universal, puede reflejarse en lo que dijo Gabriel García Marquez de ella: cuando llevaba escritas más de cien páginas de “cien años de soledad” leí la novela de Carpentier y rompí todo lo hecho hecho hasta entones, y comencé la novela desde el principio”.
    22 min

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