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Cuando pensamos en la muerte, la sentimos muy ajena a nosotros. La entendemos como un fenómeno que ocurre para nuestra desgracia, como si fuera una derrota en la experiencia que supone vivir la vida. Normalmente nos sorprende, nos atraviesa, y provoca un terremoto en nuestra vida que no esperábamos y que entendemos como injusto.
Pero… la muerte no deja de ser el final de nuestra vida. Es la meta hacia la que todos, inevitablemente, caminamos. Y, si es tan evidente, si es, de hecho, la única experiencia que sabemos, con certeza, que vamos a vivir en el futuro… ¿Por qué nos aterra tanto? ¿Qué hace que nos provoque tanto desasosiego? ¿Por qué evitamos hablar sobre ella? ¿Y cómo nos podemos acercar a la muerte… sin morir en el intento?
Las heridas emocionales son, a veces, más difíciles de curar que las heridas físicas. Porque son profundas, porque condicionan nuestra manera de sentir y nuestra forma de actuar, porque tienen muchos tentáculos y, en ocasiones, llegan lejos e inundan partes de nosotros mismos que ni siquiera conocíamos. Y porque, a veces, sentimos que estas heridas emocionales no las podemos curar nosotros solos.
A veces necesitamos una disculpa, un lo siento, un perdón para poder continuar. Una asunción de la responsabilidad que repare el daño. Pero… ¿es tan sencillo? ¿Nos cuesta perdonar? ¿Se puede perdonar y no olvidar? ¿Qué podemos hacer con todo el rencor que hemos sostenido durante el tiempo?
Hay muchas formas de sentirse emocionalmente… mal. Puedes sentirte triste, muy triste, o puedes experimentar una ansiedad muy grande. Que esa ansiedad la provoque una frustración muy incómoda, o que todo eso nos haga sentir, por ejemplo, enfadados. Con los demás, con el mundo, con el tiempo, con la vida, con el pasado, el presente, el futuro… Con nosotros mismos.
A veces ni siquiera encontramos la manera de ponerle un nombre a eso que sentimos. O, se lo ponemos, pero no entendemos por qué lo sentimos. Lo único que tenemos claro es que es muy desagradable de experimentar. ¿Por qué me afecta tanto una situación que a otros les pasa desapercibida? ¿Es normal que me sienta así? ¿Cuándo necesito ayuda? Y… ¿qué puedo hacer cuando el malestar me envuelve y no me deja tranquilo?
Despedirnos de lo que nos ha hecho felices durante un tiempo… es una mierda. Decir adiós, dejar atrás, soltar… Incluso a veces abandonar. Todas esas cosas que nos alejan de un recuerdo bonito nos provocan, a menudo, un malestar muy profundo. Pero no todo el mundo sufre cuando dice adiós, no a todos les cuesta cerrar una etapa y comenzar de nuevo. ¿Por qué es tan duro para unos y no para otros? ¿Hay alguna manera de hacerlo más llevadero? ¿Qué implica tener que despedirse y por qué a veces parece que no queda más remedio que hacerlo?
Tras finalizar una relación sentimental las personas experimentamos innumerables emociones y sensaciones muy diversas. Es habitual que se mezclen distintos sentimientos que nos desorienten y que esto provoque que sea difícil expresar cómo nos sentimos realmente. El despecho es uno de esos sentimientos difíciles, no solo de explicar, sino también de identificar. ¿Estamos enfadados? ¿Tristes? ¿Es por su culpa? ¿O acaso nos estamos sintiendo culpables nosotros?
Volver a confiar, perdonar, olvidar, lidiar con las expectativas… Construir la paradoja de que, para que vuelva a ser como siempre, algo ha de cambiar. ¿Te has preguntado alguna vez si la gente cambia? ¿Si el infiel puede prometer fidelidad, o si el mentiroso puede decir la verdad o si el adicto puede dejar de serlo? ¿Por qué algunas personas están convencidas de que podemos cambiar y otras están tan seguras de que la gente no cambia?
Qué difícil es tomar decisiones. A veces incluso las más insignificantes, las que parece que no van a cambiar el rumbo de nuestra vida, ni van a ser definitivas, ni nos van a condicionar en absoluto, son las más complicadas de tomar. Si estas cuestiones parecen importar tan poco… ¿por qué nos paralizan tanto? ¿Qué es lo que nos detiene? ¿Cómo tomamos entonces decisiones realmente importantes? Y, sobre todo, ¿qué podemos hacer para fluir un poco más?
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