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Se sorprendieron
1) Cafarnaum: Entraron al lugar en donde había indiferencia, al lugar en donde había rotulismo y poca religiosidad. Capaz que hoy tenés que arriesgarte a entrar en los lugares que te cuestan, entrar en personas que te ignoraron o lastimaron, entrar en esa casa donde te rotulan. Tómate como desafío el llegar a ese lugar donde hablan de vos, pero no te conocen, para que te conozcan y cambien su hablar. Tómate el desafío de ir a compartir con aquellos que están frente a vos y no te conocen, para que sepan quién sos.
2) Autoridad: La autoridad no te da ningún poder, sino que la autoridad es el poder que logras ante los demás por tu actitud de vida y por tu forma de vivir. No te podés valer de ningún cargo ni de ningún papel para tener autoridad, sino que pasa por tus logros y superaciones. La autoridad se logra por ese enfrentar la vida y por asumir quién sos. Aprende que la vida se logra con sacrificio y los sacrificios de tu vida te llevan a valorar las cosas de la vida y las cosas de la vida que tenés se adquieren por tu forma de vivir y de ser y esa forma de vivir y de ser es lo que te da autoridad.
3) Demonios: Vos y yo podemos ayudar a mucha gente a aliviar su vida. Deja de meter el dedo en la llaga y ayuda a que la gente sane. No seas mete púa, más bien sé un alivio para aquel a quien le cuesta la vida. Hay veces que pasamos a ser más promotores de dolores que asistentes de alivio. Hoy poné un poco de vos y sé capaz de ayudar a que otros lleven la vida con más alivio y no con más presión. Algo bueno está por venir.
Cruza a la otra orilla
1) Crucemos a la otra orilla: El misionero de lo cotidiano, como vos y como yo, estamos llamados a ir más allá, a estar al lado del que nos necesita. No nos podemos estancar en un solo lugar y a una sola persona. Somos pastores de las ovejas y no podemos estar dando exclusividad a una, peinándola y despeinándola. ¡No! Hay que cruzar, ir al otro lado, porque hay otras ovejas que nos necesitan. Nosotros debemos llegar y no esperar que el otro venga. Tenemos que ir y buscar al hermano.
2) Se desató un fuerte vendaval: El cruzar a la otra orilla, el ir al otro, el misionar, implica también asumir riesgos, el riesgo de incluso perder la estabilidad. La evangelización también corre riesgo porque puede ahogarte y hasta hundirte. Hay que reconocer que muchos evangelizadores se ahogaron y hasta se les movió el piso, incluso algunos hasta se ahogan. El cruzar orillas puede traer crisis, incluso de pensar que Dios está dormido. Por eso el misionero cotidiano debe ser valiente, pero también prudente. No debe ser miedoso y debe confiar en la oración.
3) Vino la calma: En este interrogar a Dios, Él actúa. Dios aprieta pero no ahorca, aunque te deja muchas veces bien moradito. Porque Dios también te invita a tener fe. La vida cristiana es una constante lucha de fe, en donde vencerás tus crisis desde la fe y la confianza. Por eso Dios en el transcurso de la vida te va a poner signos. Luego, con el tiempo, si miras atrás te recordará que su mano está junto a vos. Cruza la orilla que aunque entre agua en tu vida para ahogarte, si confías y tenés fe, no te va a pasar nada. Anímate al desafío de cruzar, porque quien no arriesga, no gana. ¿Y sabes? Jesús es el Emmanuel, Dios con nosotros. Algo bueno está por venir.
Los eligió y los envío
1) Designó: Es Jesús quien te elige. Es Él el centro y nosotros lo llevamos a Él. Vos te convertís en discípulo por y para Jesús. La elección que Jesús hace sobre ti es para que estés cerca de Él y desde Él salir a anunciarlo. Ese anuncio es desde la elección y desde el estar con Él. Búscalo a Jesús, métete en Él.
2) Envió: Un seguidor de Jesús no puede ser quedado, debe generar, producir, marcar. Y lo primero que genera es fraternidad y paz. El enviado de Jesús está invitado a sanar y aliviar al pueblo. En esto no me refiero solo al sacerdote, sino también al catequista y a cada uno de los que integran la Iglesia, la comunidad. Debemos ser personas que alivian, no que pongan peso y corran a los hermanos. No podemos seguir corriendo a gente de la iglesia por nuestras mañerías, o nuestras tonterías.
3) No lleven: La clave es ponerse en las manos de Jesús. Es ponerse en las manos de Él y caminar sabiendo que Dios te pone personas concretas para que las evangelices e ilumines. Hoy tenés que ir sin prejuicios y sin juicios propios, tenés que ir sabiéndote que desde esa presencia de Jesús Él mismo te da la gracia para enfrentar las cosas. Abandónate al Espíritu Santo y tendrás paz. Algo bueno está por venir.
La conversión de San Pablo
1) Un conocedor: Aquí vemos que Pablo conocía mucho de las escrituras y de la religión, pero ese conocimiento era de cabeza, no de corazón. Aquí vemos que la clave no es saber mucho, sino encontrarse con Cristo. Es esto los que no permite ver que la vida cristiana es formativa pero también es testimonial y viva. El encontrarse con Cristo lleva a que uno mire a la misma vida de una manera diferente, porque ya no habla de un conocimiento intelectual, frío o estructurado, sino de un conocimiento pleno y vivo, que se abre a lo nuevo y toma el desafío de cada día.
2) La caída: Pablo era un hombre muy seguro de sí, el cual se vanagloriaba de su conocimiento y de su forma de vida. Él perseguía desde ese orgullo, que lo llevaba a creerse más que los otros. A veces las caídas, esos pecados en los cuales caemos, nos llevan a tener otra mirada. El encuentro con Cristo te tira y te hace ver que quien conoce a Jesús se va a chocar con el suelo, se cae y se golpea pero para ser levantado por Jesús. Quien persigue a la Iglesia, persigue a Cristo. Capaz que vos aún no te caíste pero, si te caíste, estoy seguro de que cuando te levantes vas a ver las cosas de un modo diferente.
3) Vayan: Hoy nuestro anuncio es testimonial, más que intelectual. Es anunciar que Cristo está vivo, que perdona, que ilumina, que levanta, que vive. Debemos anunciar a este mundo de la depresión y del desenfreno que hay otras opciones y que Cristo trae vida. Vos tenés vida y hasta el último minuto que pases en la tierra tenés la oportunidad de ver lo hermoso que es vivir con Jesús. Vamos, porque juntos podemos y sabemos que Cristo está vivo y Cristo reina. Algo bueno está por venir.
En dónde cae
1) Al borde: Es la vida de aquellos que no se la quieren jugar. Es cuando vos no querés tomar las decisiones que tenés que tomar, que sabes que tenés que tomar. Es cuando el miedo te atrapa y no te decidís ni por uno ni por otro. Te quema la cabeza de tanto pensar, y pensar, pero no llegas a actuar. Es estar al borde porque no generas y solo dejas que el tiempo pase y pasé y así, la vida se te pasa. Eso lleva a que no tengas objetivos, que te sientas vacío y que no sepas qué es lo que querés. Ya no te llena nada, porque estás a la espera, una espera inútil, porque el único que puede decidir por su vida sos vos. Tené cuidado, porque siempre hay alguien, esos pájaros, que pueden comerte tu vida y pasas a ser títere de ellos. Vos nos sos títere de nadie. Tenés que escuchar a Dios y decidir. El tiempo pasa.
2) Terreno pedregoso: Es cuando te endureciste por la vida que te tocó. Haces que no te importa nada, pero es un caparazón que te pusiste. Crees que podés con todo y sos casi como una mula. Haces con mucho esfuerzo las cosas, pero no piensas ni sientes. Más bien, no quieres pensar ni sentir… por miedo a que te lastimen. ¿Sos un cristiano mula? Cuando te haces el duro y el impenetrable es porque hay muchos golpes, o un tremendo golpe que te hizo experimentar el dolor, el fracaso o la frustración. No te endurezcas porque así serás cerrado en el pensar y en el sentir, te vas a terminar asfixiando de vos y vas a terminar solo. No caigas en esto.
3) Los abrojos: Es cuando te importa mucho tu imagen, el qué dirán. Te cambia la autoestima según lo que digan de vos. Es cuando la inseguridad vive en vos y necesitas de otros para que te den seguridad. Ya no es que no tenés miedo a tu manera de actuar, sino que tenés miedo al qué dirán y quién es el que va a hablar de vos. Esto es cuando no sabes darte vos el valor que te mereces y dejas que tu corazón y tu vida sean manoseadas por otros y te terminan ahogando y destruyendo tu identidad. Te ahoga tu manera de vivir la vida y tu forma de ser. Esto mata también la semilla de la vida que Dios te propone. Es por ello que hoy pidamos a Jesús que nos sane de todo aquello que atenta con nuestra vida, que es la semilla verdadera. Vos sos esa semilla que puede dar mucho en esta vida. Sos valioso y podés generar mucho en este mundo. Vos estás llamado a producir, a generar, a saciar, a embellecer. Confiando en Dios y confiando en vos podés ser un gigante, más gigante que cualquier árbol que mires. No lo olvides por favor, tenés mucho para dar en esta vida. Algo bueno está por venir.
Mi familia
1) Madre y hermanos de Jesús: Representa a la familia. Es algo en lo cual me gustaría que pienses en esta meditación: en tu familia. Sí, seguramente que tiene grandezas y también debilidades; capaz que hay cosas que te gustan y otras en las cuales son débiles. Capaz que sos con tu familia un bloque y todo lo hacen juntos, o también podés ser esa familia dispersa, en la cual cada uno vive como puede y en donde ningún integrante de la familia sabe qué es lo que hace el otro. En fin, no existe la familia perfecta. Pero creo que es importante que pienses qué es lo que vos estás haciendo por tu familia. Deja de estar pensando en tu mamá, en tu papá, en tus hermanos, en tu tío… y piensa cuál es el aporte que hoy vos estás dando. Todos somos genios para criticarla, pero qué haces por ella. ¿Vos integras a tu familia en tus proyectos?
2) La multitud: Una de las cosas que a vos (no a Jesús) y a mí nos pasa es que lo que nos aleja de la familia es la cantidad de cosas, de actividades que tenemos o cierta gente o hasta incluso ciertos familiares, que nos llevan a alejarnos de nuestras familias. Ponete a pensar que cuando te llegas a tomar unos mates para visitarla a tu mamá estás más metido con el celular que mirándola a los ojos y conversando con ella. Cuánto se nos está perdiendo la cultura del encuentro. Cuántas cosas te están alejando de tu familia. Pensá cuáles son las cinco cosas que te alejan de tu familia o las que no te permiten estar en familia, por ejemplo, usar el celular en el almuerzo, o mira la tele durante la cena, o no participar de los domingos.
3) María: Este evangelio es un halago a ella. Porque cumplió la voluntad de Dios. En María pongamos tu familia y la mía, para que la sepamos cuidar y proteger. Que ella nos ayude a ser fuertes e inteligentes para darnos cuenta de las cosas que no nos hacen bien a nosotros y a nuestra familia, que nos ayude a apartar aquellas cosas que nos apartan de nuestra familia. Algo bueno está por venir.
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