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1) Todos, publicanos y pecadores: Cuánto me anima a seguir este pasaje del evangelio. Porque me hace recordar que yo, como soy pecador y débil, puedo decir que estoy aquí en la Iglesia de Dios para tratar de mejorar y cambiar. Porque los que se acercan a Jesús es porque saben su necesidad y sus límites y errores. El problema es aquellos que se sienten puros y sin pecado. El problema es aquel que se siente juez de sus hermanos y que tiene la capacidad de condenar con el dedo, pero olvidándose que es pecador. Hoy te pido perdón si cuando fuiste a la iglesia te sentiste señalado y corrido por nosotros. Te pido perdón por no haber entendido que teníamos que ayudarte a curar tus heridas, y no dar el diagnóstico de defunción, por solo verte herido y embarrado. Muchas veces, como miembros de la Iglesia, somos crueles. Muchas veces nos pusimos el chaleco de policía o de FBI en vez de ponernos el chaleco del médico del alma. También pedimos disculpas a aquellos hermanos sacerdotes o religiosas quienes se les notaba su debilidad y errores y, en vez de curarlos, los mandamos a la guillotina por el solo hecho de creer que ellos tenían que ser perfectos, superhéroes. Perdón por ese hermano sacerdote que dejó el ministerio por alguna situación que no sabemos (y no hay necesidad de saberla) y le dimos la espalda y, hasta cuando caminando lo vemos, cambiamos la mirada. Hoy Jesús me recuerda que aquellos de los que nosotros nos alejamos son aquellos por los que Él vino.
2) El hijo menor: Representa la rebeldía y el recelo, pero más que nada su narcisismo, que lo lleva a no mirar el dolor de su padre. Cuando uno se enceguece en su propio narcisismo puede perderlo todo, en el orden que en el evangelio nos enseña Jesús: primero te distancias y lastimas a tus más íntimos, como tu padre o madre, los dejas de lado, los declaras por muerta o muerto. Segundo, tomas distancia de tu ámbito y buscas gente que te siga en lo que vos querés. Te mueve lo material demasiado. Cero esfuerzo y sacrificio porque no querés sentir el límite y el dolor. Por último, necesitas tanto ser el centro que solo te darás cuenta de tu error cuando ya estés solo y sin nada. Cúantas veces somos el hijo menor, ¿no?
3) El padre: Es quien está a la espera siempre. Es el rasgo de Dios y es su gracia que está por encima de mis errores y pecados, porque Él sigue estando aquí. Hace unos días estuve visitando la cárcel y un preso me dijo: “padre, ya llevo 17 años aquí, no veo la hora de salir para ir al cementerio a visitar a mi mamá y pedirle perdón”. Me dejó pensando…. Porque yo también cumplo la condena de mis errores: mi cárcel del enojo, del quedarme callado, mi cárcel de dejarme llevar por la imaginación, mi cárcel del miedo, mi cárcel del qué dirán. Esas cárceles de las que vos y yo tenemos que liberarnos para ir a ver a este Padre Dios que nos espera siempre y quiere darnos la oportunidad de tenerlo todo. Para salir de la nada y volver al todo, solo se necesita reconocer el error que cometes, salir a pedir ayuda y dejarse guiar. La coronación de tu vuelta a Dios es que a la vida la empieces a vivir como una fiesta, porque la vida es hermosa, y si no la ves así pedile hoy a Dios que te ayude a salir de tu cárcel. Algo bueno está por venir.
Esto es propiedad de Dios
1) Poseía una tierra: El rey es Dios y posee la vida. Esa vida que te arrienda, te pide que la atiendas y des fruto. Esa tierra da ganancia, porque toda vida da ganancia, es más… vos das ganancia en esta vida y dejas un gran aporte en este mundo. Pero la soberbia te lleva a creerte el dueño de todo y no un administrador de todo. Pero cuando tenemos las cosas y el poder que ellas nos dan nadie nos para, el tema es cuando tenés que rendir cuenta, allí se te complica porque te das cuenta de que no es tan fácil y que no todo es tuyo. Qué feo cuando un administrador se cree dueño.
2) Los viñadores: Cuando la soberbia se nos prende, el interés puede llevar a cometernos en homicidas. Hay personas que pierden la cabeza en la vida por creerse que son dueños. A esta historia la escribís vos, pero el lápiz y papel lo pone Dios. El Señor también va poniendo en tu vida personas que te van frenando y recordándote que no podés andar por la vida así nomás con esa soberbia galopante. Pero también hay veces que vos asesinas, con tus palabras hirientes o con tus actitudes. Asesinas haciendo que esa corrección fraterna que te hacen de buena gana entre por un oído y salga por el otro. Cuánta gente y situaciones Dios te pone para recordarte que administras, y vos seguís adueñándote como si nada, y llevándote al mundo por encima, como si nada.
3) Su Hijo: Hoy se te invita a hablar con el Hijo, a acercarte a Jesús y hablar con Él. Pregúntale qué quiere de vos y pensá si en verdad estás haciendo la voluntad de Él, la voluntad de Dios. Poné tu corazón a su disposición. Desnúdate ante Él y no le escondas nada de lo que hay adentro de tu corazón . Hoy es tiempo que veas las cuentas de tu vida y asumas tus errores y tus virtudes, las ganancias y las deudas que tenés en tu vida. Creo que hoy podés tener una linda charla con Dios. Busca hablar con Él, porque es un buen patrón, no te quitará ganancia, te ayudará a invertir. Vamos, que la vida es una y es hermosa, ¡¡disfrútala, conócela y adminístrala, que puedes dar ganancia a todo el mundo!!! Y eso es lo que Dios quiere. Algo bueno está por venir.
Lino finísimo
1) Un hombre rico: Jesús no da nombre porque podés poner tu nombre o el mío. Significa que todos ponemos nuestra seguridad en alguna riqueza, que no necesariamente es el dinero, sino que puede ser una persona o una cosa o una situación. Es cuando te aferras tanto a algo o a alguien que crees que teniéndolo lo tenés todo. La vida te va mostrando con el tiempo que aferrarse tanto, a algo o a alguien, sin mirar lo eterno o lo sobrenatural te termina generando un calvario futuro. Hoy fíjate si aferraste tu vida a algo o a alguien, analiza si ataste tu vida a una persona, o a billetes o una camioneta o la aferraste a una situación, porque todo eso pasa, y tu vida también va a pasar.
2) Atormentan: Cuando uno se aferra de una manera obsesiva a algo o a alguien, tarde o temprano se termina dando cuenta de que se queda solo. Porque ese algo al que te aferraste es temporal, como así también esa persona a la que te aferraste también es temporal, ya sea porque muere o porque viene la desilusión. Es entonces allí donde se genera el mayor tormento, cuando te sentís en la nada y buscas que alguien reemplace y ocupe ese puesto. Jesús muestra que aquí también hay una división y un límite. Las personas no pueden ser objeto de tu obsesión o el calmante de tus necesidades. Todos tenemos una vida que es para vivirla y compartirla, no para que sea absorbida ni disminuida por el otro.
3) Si no escuchan: Es llamativo que en la parte final de este evangelio Jesús sigue mencionando al rico como rico, y no le pone nombre. Porque hay personas que no son capaces de soltar nada, ni con tormento encima. Hay personas que hacen más fuerza para retener que para soltar y no comprenden que la vida implica un soltar. Cuando no te animas a soltar y te cierras en ello entonces ni Dios entra, porque es uno quien no lo deja entrar. Porque Dios pasa a ser un elemento de mi proyecto, que tiene que cumplirme, y no el fundamento de mi proyecto. Algo bueno está por venir.
Aceptar la cruz y no el poder
1) Subir a Jerusalén: Es ir al encuentro de aquel lugar donde estamos llamados a redimirnos. Es asumir ese lugar y ese espacio donde me realizo como persona. Tu Jerusalén puede ser ese lugar que sabes que te cuesta, pero es tu lugar. Jerusalén puede ser tu casa, tu trabajo, tu parroquia. En fin, ese lugar de lucha cotidiana.
2) ¿Qué quieren?: Hoy Jesús te pregunta a vos, ¿qué necesitas? ¿Qué es lo que andas buscando de Dios? ¿Qué es lo que necesitas en tu vida para realizarte? El problema es que muchas veces creemos que solo necesitamos poder para realizarnos como personas. El poder no te lleva al cielo y tampoco se busca a Dios para tener poder. Realizarse como persona no es a través de puestitos, ni tampoco a través de cierta cantidad de dinero mensual. Podés estar cerca de Jesús, pero no interesarte por Jesús, sino más bien usar de Jesús para tener prestigios personales. Ese no es el verdadero seguimiento.
3) A servir: Hoy Jesús te vuelve a recordar que estamos llamados al servicio, tu vida debe ser un constante servir. No podés estar atrás de puestos siempre. Hay personas que se esclavizan al poder creyendo que logran realizarse, pero en el fondo van perdiendo dignidad. Esto lleva a la ausencia de un objetivo en su vida y se casan con el medio y no con el fin de la vida que es la felicidad. Cuidado, la plata y el poder es tentador, es fácil meterse, pero complicado salir. La clave está en reconocer y asumir. Algo bueno está por venir.
Ser transparentes
1) Atan cargas: Esta denuncia la hace Jesús ante los escribas y fariseos. Hoy la puede hacer con vos, cuando impones y exigís buscando la manera de que solo se haga lo que vos querés. Incluso esto provocado en la amistad, cuando esa persona que se dice ser tu amigo te llama solamente para juntarse cuando tiene un problema, pero solo para ello y nada más. O en la pareja, cuando es solo conversar para resolver pagos o cuestiones económicas y nada más. Es la relación de solo exigir y exigir y no estar abierto al diálogo. En nuestra vida cristiana podemos caer en esto, en ser imponentes y creernos que somos más papistas que el papa. Que tenemos la razón de todos. Que tenemos la verdad.
2) Hacen para que los vean: Es uno de los puntos que nos atenta hoy. Hemos caído demasiado en el narcisismo, un narcisismo que nos lleva a que lo mínimo que hagamos lo hacemos para que el mundo nos vea, nos aplauda, nos quiera. Basta mirar un poco el Instagram o el Face para ver que algunos ya no hacen selfie en su vida, sino más bien su vida es un selfie. Todo el tiempo. Es por ello que debemos recordar aquello de Jesús: «que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha». Hoy hagamos con amor lo que debemos hacer, pero no andemos buscando exponer lo que hacemos. Las flores más bellas crecen en el silencio, y el cristiano está llamado a hacer lo más bello desde el silencio.
3) Dios es tu Padre: Una vez le comenté a un santo varón que yo debía asumir una responsabilidad importante, que tenía mucho miedo porque no sabía con qué me iba a encontrar. Me dijo: «Hijo mío, ¿a qué tienes miedo? Si eres un hijo de Dios». Eso me animó muchísimo y siempre lo recuerdo. No tengas miedo, porque tu padre Dios está allí, infinitamente amándote y cuidándote. No tengas miedo y enfrenta lo que tengas que enfrentar. No estás solo. Algo bueno está por venir.
1) Sean misericordiosos: El aprender a perdonar es un arte, y hasta puede llevarte toda la vida. No es algo que uno hace de un día para el otro. Te entiendo cuando me decís que te cuesta perdonar a aquella persona que te hizo sufrir, que te golpeó en la vida. Claro que duele y claro que cuesta. Pero para iniciar un proceso de perdón no tengo que pensar en la persona que me lastimó, sino más bien tengo que pensar en mí y en Dios. La ira y el enojo, como el odio y el rencor, te hacen enfocarte en aquella persona que te fulminó la vida y la confianza. La propuesta que Jesús te da hoy es que te mires vos, y en relación con Dios. Es pensar en volver a vos y tu esencia. Es eso lo que te hace crecer y caminar hacia vos y hacia Dios.
2) No juzguen: El mayor veneno que podemos generar es juzgar, porque al juzgar quitamos oportunidades al otro y a tu propia vida. El convertirte en juez de la vida de otros y de tu vida te termina limitando tu vivir y te hace un vivir cerrado y encerrado en vos. Creo que es uno de los mayores golpes que tenemos en la vida y hasta en la Iglesia. El juzgar a personas ha llevado a que encarcelemos en nuestra mente a mucha gente que estaba libre en el vivir y su forma de vivir. Yo creo que hay muchas cosas que no te animas a hacer en tu vida por el miedo al qué dirán.
3) La medida: En esta vida fui aprendiendo con el tiempo, y con mi experiencia de cura en sí, que uno no puede convertirse en una regla para medir quién entra y quién no. Es muy triste si vivís así. Es duro cuando tu vida pasa por ser un aduanero de la fe y de la vida. Es desgastante tener una vida que te lleva a medir la vida de todos los que te rodean. Te terminas convirtiendo en un policía y detective de todos los que te rodean, marcas las faltas, los errores. Sospechas de todos y hasta de vos, pero más triste es que ya tu vida no gira en mirarte vos, sino que se te va la vida viendo la vida de los demás nada más. Algo bueno está por venir.
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