Buscar el crecimiento personal y tomar la decisión de irse de la casa de nuestros padres no es una decisión fácil, hoy en día es más común hacerlo sola que antes cuando nos íbamos cuando nos casábamos.
En una sociedad llena de filtros y modificaciones corporales se ha perdido la esencia a envejecer dignamente, disfrutando de la sabiduría que dan las canas y las líneas de experiencia que trazan nuestras arrugas.