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Hoy brindo por todas las mujeres que ponen la cara y cuerpo por las demás. Esas que no temen las represalias, esas que no callan. Y maldigo a todos los Luises Rubiales que nos han tocado por el camino y que siguen campando a sus anchas en este bonito país llamado España
Rubiales ha quedado condenado bastante más que por un beso no consentido, símbolo de un estilo chusco en las relaciones personales y en las institucionales. Las fiestas, los sueldazos, los viajes, agarrarse los genitales en un palco oficial donde están la reina y la infanta de España, junto a otras autoridades, lo dice todo de un personaje convertido en el fondo en icono de la degradación que lastra la vida pública.
¿Les ha pasado que, estando en el teatro, en un momento álgido de la función alguien ha empezado a toser? Siempre me pregunto si no tendrán un jersey con el que amortiguar el golpe de pulmón que los ahoga, si su carraspera no puede esperar al silencio entre diálogos, si el caramelo que intentan abrir tiene un cierre de seguridad de siete dígitos.
Hay muchas miradas puestas en cómo afrontará Feijóo el largo mes que queda hasta su intento de investidura y en sí presentará la exótica senda que consiste en pedirle a Puigdemont que le haga presidente mientras acusa a Pedro Sánchez de intentar lo mismo. Pero aún hay más miradas puestas en Luis Rubiales, porque es un clamor que no puede ser representante de ninguna institución.
De momento, Feijóo y Puigdemont están unidos por su común aversión a esa cosa abominable llamada sanchismo. No les sorprenda que acabe siendo Feijóo el que indulte a Puigdemont. Lo que ahora algunos condenan como una intolerable concesión al chantaje de los que quieren romper España, entonces se bendecirá como una medida necesaria para la estabilidad institucional y el interés general de los españoles.
El Rey ha hecho lo que debía hacer a partir del momento en que el candidato con más escaños firmes, más escaños claros de apoyo a la investidura, le pide que le encargue el intento. ¿Es eso es una pérdida de tiempo? Sí... o no. En política, los gestos cuentan, y este gesto ahorra un desgaste al jefe del Estado y pone a Feijoo ante su propia realidad.
Luis Rubiales está en la cuerda floja tras su polémico beso a Jenni Hermoso en la entrega de medallas del Mundial de Australia y Nueva Zelanda, que se encargó de levantar la selección española femenina.
En otros tiempos, aburrirse era una desgracia. Ahora, comienza a ser un objeto de lujo. Primero fue el cine con su increíble concatenación de emociones en menos de dos horas. Luego la inmediatez de los medios de comunicación y las redes sorprendiéndonos y asustándonos a base de sucesos, exhibiciones, maldiciones y declaraciones explosivas cada segundo. Y así hasta que acostumbramos nuestra vida a que siempre estuviera sucediendo algo y cuando no sucedía nada eso no era vida.
El presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, es hoy noticia en todo el mundo para vergüenza de España. No es solo una cuestión deportiva. Todavía hay demasiados hombres como Rubiales que creen que el cuerpo de las mujeres les pertenece y que reaccionan airados porque ni siquiera entienden por qué lo que hacen es intolerable.
El director de 'El Larguero' analiza la última polémica del presidente de la RFEF, Luis Rubiales.
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