
Sign up to save your podcasts
Or


Esto ocurrió cuando fui corriendo por aquel túnel. Mis compañeros confiaban en mí. El túnel estaba lleno de humo de tantos orígenes y colores, lleno de aromas de nostalgia y recuerdo moroso. Y había como un muro que se derrumbaba sucesivamente una y otra vez, sobre las cabezas de hombres que se arrepentían de puro miedo: los había, entre ellos, que me habían acompañado en otros tiempos.
Mi túnel llegó a su final, y desembocó en un parque verde y nocturno, con plazas infinitas y troncos erguidos inútil¬mente en su contorno imposible.
Mi compañía se retrasó contemplando esa delusión de paraíso. Yo proseguí solo, sabiendo que tocaba traspasar algún límite, confundido por que no se dejara advertir límite alguno frente a mí. Llegué así a un muro rosáceo que decididamente debía tener fin, aunque no fuera evidente. Me asombró que no se esfumara al ser golpeado por mi mano abierta. Su respuesta de frialdad y dolor me recordó a qué vinimos.
Me alcanzaron luego los rezagados, incluidos ella y aquél, y todos mis amores de abstracción y fantas¬ía. Y, apoyados en mi mano extendida, treparon todos el muro y pasaron al otro lado, sintiendo con emoción el vigor de sus piernas.
Ya no importa que duela la mano que fue mía, ahora que de este lado quedé solo, yo y la memoria del túnel, y del muro rosa que se abatía sobre las cabezas de los hombres. Empiezo a caminar. A mis espaldas, el muro pierde consistencia y se desvanece. Sale el sol, siempre de frente, siempre alargando mi sombra sobre el camino que fui.
--------------------------
¿Me ayudas a sostener esta labor que hago por amor?
Acompáñame en https://patreon.com/danielginerman, por el monto que tú prefieras, y pasarás a estar en el grupo de "alta prioridad" para mi atención personal, cuando la requieras.
¿Quieres conocer más de lo que hago? Pásate por https://youtube.com/kolisraeltv, o ubica a @danielginerman en las plataformas sociales.
Largos años atrás, vivía yo en Jerusalem; y me ayudaba a trasladarme un viejísimo Seat Ibiza con motor Porsche, desprovisto de aire acondicionado entre otros lujos. Le llamábamos Nisim, que significa “milagros” en hebreo.
Me llevaba allí la aglomeración de librerías, bibliotecas y espacios de estudio que guardan, a todo lo largo de su zona, los guardianes del Libro. Estacioné a Nisim en un pequeño callejón, con el cordón de la vereda dispuesto a modo de eje de simetría del auto que quedó inclinado unos 30 grados, y emergí a la calle como trepando. Tras media hora de recorrida buscando unos libros que no encontré, con decenas de referencias en el bolsillo de dónde continuar buscando y las gotas de sudor esponjándome la barba, regresé al auto con la plena voluntad de continuar huyendo, ahora del calor agobiante, rumbo hacia cualquier lugar con aire acondicionado y bebidas frías de cualquier tipo, y aún coqueteando íntimamente con la idea de la piscina en el centro comunitario de Nevéh Iaakóv. Mas cuando me aprestaba a sacar las llaves superfluas del bolsillo, se me acercó, con toda la physique du rol del barrio, alguien con medio ambo azul y medio negro, sombrero caído de algún modo sobre la cabeza coronada por debajo de una barba desgreñada del negro deslucido de algún carbón, y me preguntó en hebreo:
- "¿Hay por acá dónde comprar un traje?"
Tuve claro inmediatamente que casi lo único que se encuentra tras las vidrieras del barrio, además de librerías, es sastrerías para hombres y tiendas de ropa para señoras que ponen énfasis en el pudor. La perplejidad me acometió de inmediato. Le dije:
- "Sí, claro, hay muchísimos lugares por aquí donde comprar un traje".
- "¿Dónde hay algún lugar en que pueda comprar un traje?", insistió.
Minutos antes, mientras regresaba rumbo al auto, había pasado frente a una enorme sastrería, en una esquina de la misma calle en que este diálogo tenía lugar. De modo que le indiqué:
Torné nuevamente hacia la puerta izquierda del auto con las llaves en la mano, sorteé la puertita del tanque de nafta que está suelta y el espejito que cuelga inane junto a mi ventanilla, y cuando me disponía a abrir e ingresar en mi sauna seco personal, lo vi volver hacia mí, sonriendo humildemente:
- "¿Cuántos minutos son cien metros?", me preguntó con tono de estar haciendo la más normal de las preguntas.
Pensé brevemente, y le dije:
- "Son unos cien pasos".
- "Ah, unos cien pasos. Está bien". Sonrió y se fue, con paso calmo, como bailando, como sosteniéndose con dificultad asido a tierra, como habiendo cumplido su misión. Como habiéndose librado de un viejo lastre que, hecho luz, me había pasado a mí, para que me las arreglara con eso de medir las distancias en unidades de tiempo.
***
#AguasdelaRoca en modo #CuentaCuentos, con @danielginerman
Caminaba cabizbajo una mañana por Jerusalem. Había dejado el auto junto al Gan Hashoshaním (el Parque de las Rosas) y avanzaba hacia el centro de la ciudad a pie. A mis espaldas, la residencia del Primer Ministro; frente a mí el flanco oriental de Gan HaAtsmaút, el Parque de la Independencia, delimitado por avenidas vertiginosas. La circunstancia cuadraba perfecto con lo que pensaba y sentía: iba desde un símbolo del poder hacia el anonimato hormigueante del centro; y pensaba desde las certidumbres, desde la seguridad, zambulléndome con esfuerzo en el océano de dudas y problemas circunstanciales. Quizá por eso iba mirando hacia abajo.
De pronto, parado ante el semáforo en rojo de la esquina en que King George se convierte en Keren HaYesód, junto a mí un hombre de unos setenta años, barba blanca rala y gorrito de visera rojo con alguna marca de algo impresa en la frente, sorprende mi oído con la pregunta:
- "What's the word of the day?"
El semáforo en verde significó casi una huida. Aturdido, torné la cabeza hacia abajo otra vez, mi cuello rebotó como un resorte y me descubrí mirando hacia arriba, con una sonrisa enorme. Claro está: eso de preocuparse es de otros tiempos. Ahora, fe es la palabra de cada día, el pan antes del pan cada mañana, la fuerza que auspicia toda esta capacidad de vivir. Agradecí.
***
Estoy en youtube.com/kolisraeltv, @danielginerman en todas las plataformas.
¿Sostenemos juntos esta labor y la hacemos más y mejor? https://patreon.com/danielginerman
Un relato ejemplificador, de la vida rabí Iaakóv Itsják Hórowitz, conocido como el Jozéh (#vidente) de Lublín, y su discípulo rabí Naftali de Rupshin. ¿Qué hacer en momentos de crisis que afecta a todos? ¿De qué modo diseñar nuestro nuevo rol en un mundo que cambia peligrosamente?
Es tiempo de alejar la distopía y redimirnos del mal. Estamos cruzando el punto de inflexión más fascinante en la historia de la humanidad. Y queremos ser de bien para nosotros mismos, para nuestros amores, nuestros semejantes, nuestro mundo, nuestro Creador. Torah en mano y alegría jasídica en el corazón, investigamos juntos hacia dentro. con rav daniEl israEl Ginerman, fascinado por la belleza de la Corona, desde su montaña mágica favorita en el Galíl. Reflexiones que compartimos en Marzo 2020, al inicio de la epopeya del Corona, y son más vigentes que nunca. Si quieres verlo en video, está en https://youtu.be/xOxYhcKhCqg.
Unete a la nueva era de la Comunidad de Torah, con libros escritos para tí, atención personal, y estudios en vivo interactivo: https://patreon.com/danielginerman, o súbete con una membresía del canal: https://www.youtube.com/channel/UC5v3L2dXiK9UN6otX2DBlPw/join
Esta charla es complemento simétrico de la que le precede. En aquélla, hablamos de lo que ingresa en nosotros a través de la boca. En ésta, nos referiremos a la palabra que sale de nuestras bocas.
"Abrá-caAdabrá", "crearé con el habla" en el arameo de nuestros sabios, es la palabra mágica de toda la Creación. Por medio del Verbo Divino fue y es creado todo lo que existe. De igual modo, con el habla, creamos y destruimos nuestros mundos de continuo. Y es imprescindible que aprendamos las leyes que rigen tales creación y destrucción, si es nuestro firme y profundo deseo arraigar nuestras vidas en la Verdad. Con ejemplos científicos asombrosos y reflexiones morales, hablaremos hoy de "El poder de la palabra".
En esta primer aproximación al tema: qué nos ordena la Toráh decir, en qué ocasiones y cómo debe nuestro verbo acompañar la acción.
--
Kashrut de cuerpo y alma. No basta con la certeza del camino correcto, ni con proponernos caminarlo sin desvíos. Por un lado, debemos establecer cercos para asegurarnos que no se infiltre en nuestras vidas la mentira. Por otro, debemos cuidar la calidad de la energía que utilizaremos para vivir.
Superar la "prueba de autenticidad" del camino propio implica ser capaces de desplegar la certeza hasta los extremos más íntimos de la realidad. Hoy, estudiaremos acerca del Kashrút: las leyes físicas y espirituales que rigen la alimentación del hebreo, y le tornan apto para extender a su vida práctica la enseñanza de la Toráh. El tema de hoy: "Qué entrará por tu boca, y cómo dotarás de fuerza a tu cuerpo para vivir una vida de Toráh".
Ven a hacerlo conmigo: https://patreon.com/danielginerman
El primer paso de quien aprende a traducir la Toráh a su vida real, es saber de qué salir, de qué cuidarse, de qué prevenir, de modo de ver límpido el horizonte y caminarlo sin pesar.
Y cuando la Toráh nos enseña a diseñar nuestro camino, no habla de cuestiones abstractas, sino de la vida real. Ojos y corazones (lo que vemos y apetecemos y despierta nuestros afectos) son dos de las puertas íntimas que debemos vigilar, para evitar que a su través se corrompa nuestro camino.
Hoy, conversamos acerca del arte de preservar la inocencia creciendo en sabiduría.
"Y seréis como dioses", propuso la serpiente para perdernos. Había que saber todo, estar en todos lados, conocer el bien y el mal. Comimos del fruto, y en metáforas sorprendentes, la promesa de la serpiente se cumplió. Entonces entendimos el paso que nos falta dar, hasta retornar al Uno: "el Creador quiere el corazón del hombre", que el corazón hábil de amor elija conducir al bien todas las destrezas divinas que descubrimos. Vamos juntos en el camino. /// ¿Sostenemos juntos esta labor? https://patreon.com/danielginerman
From the publisher's feed