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Hoy tenemos doble celebración: por un lado, alcanzamos el programa número 500 de Hablando con Científicos, y por otro, conmemoramos los 10 años de un ambicioso programa de investigación que ha permitido observar con el Telescopio Espacial Hubble a los planetas gigantes del Sistema Solar. Si las 500 entrevistas publicadas en Hablando con Científicos nos han llevado a explorar los más variados y sorprendentes mundos de la ciencia gracias a sus protagonistas, hoy nos embarcamos en un fascinante recorrido por Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, guiados por las imágenes obtenidas por el Telescopio Espacial Hubble durante la década de actividad del programa OPAL. En este viaje especial, nos acompaña un guía experto: el investigador de las atmósferas de los gigantes gaseosos y profesor del New Mexico Tech, Raúl Morales Juberías.
Hace más de medio siglo, pocos sospechaban que el profuso empleo del plástico nos iba a conducir a uno de los problemas de contaminación medioambiental más graves del planeta: la invasión de los microplásticos. Nunca nada tan minúsculo ha generado un problema tan enorme. Podemos decir que sí, que nos encontramos en la era del «plásticoceno», por homología con, por ejemplo, el holoceno, o el Antropoceno, u otras eras geológicas, pero también podemos decir que nos encontramos en la era del «plásticocomo», porque, además de cenarlo, también nos lo estamos comiendo todos los días. Ahora, para ayudar a solucionar el problema, un grupo de científicos propone utilizar materiales naturales elaborados con celulosa extraída del algodón y quitina obtenida del calamar para crear filtros a gran escala que capturen micro y nanoplásticos.
En el Mar Mediterráneo, las praderas submarinas, especialmente la especie Posidonia oceanica, son fundamentales para proteger las costas y el medio ambiente. Estas plantas marinas, que forman densos “bosques” bajo el agua, cumplen múltiples funciones esenciales. Actúan como un escudo natural que reduce la fuerza de las olas, protegiendo las playas de la erosión y mitigando el impacto de tormentas. Un trabajo de investigación firmado por Miguel Agulles, nuestro invitado en Hablando con Científicos, revela que, si las praderas submarinas del Mediterráneo desaparecieran, el impacto de las olas durante los eventos extremos sobre la costa se duplicaría al desaparecer el efecto protector que ahora poseen.
El porcentaje de la población mundial mayor de 65 años en 2021 era del 9,69%, en el rango de lo que se predecía que iba a ser en los años 80 del pasado siglo. Este porcentaje sigue creciendo en los países más desarrollados. Hoy, el Dr. Grande Covián nos ilustra de manera magistral como él solía hacerlo, sobre los problemas planteados por la nutrición en la edad avanzada y la importancia de esta para mantenernos en buena salud el mayor tiempo posible antes de que las malas noticias nos alcancen. Como podréis comprobar, las enseñanzas del Dr. Grande Covián siguen siendo válidas, aunque han transcurrido más de cuarenta años desde que las publicó por primera vez.
Los chimpancés, nuestros parientes más cercanos en el árbol evolutivo, siguen sorprendiendo con sus habilidades cognitivas. Un estudio realizado en la Estación Biológica Dindefelo, Senegal, ha revelado un comportamiento fascinante de los chimpancés cuando cazan hormigas guerreras para alimentarse. Las hormigas guerreras son insectos sociales que construyen nidos bajo tierra, ocultos entre rocas, raíces y hojas caídas. En el hábitat de sabana de Dindefelo, estos nidos son escasos y difíciles de encontrar, lo que obliga a los chimpancés a utilizar la memoria espacial y episódica, junto a herramientas elaboradas con ramitas que insertan en los nidos para extraer a los insectos. La investigación demuestra que los chimpancés no solo son capaces de recordar la ubicación de los nidos de hormigas guerreras ocultos, sino que también regresan a ellos a lo largo de varios años. El estudio ha sido publicado en la revista Communications Biology y el primer autor es Andreu Sánchez Megías, estudiante de doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona e investigador en el Instituto Jane Goodall España en Senegal.
El gen ASPM fue el primer gen involucrado en el crecimiento del cerebro que se descubrió. No solo eso, sino que también fue el primer gen involucrado en el crecimiento cerebral del que se demostró que una de sus variantes había sido positivamente seleccionada a lo largo de nuestra evolución. En las últimas dos décadas, se han descubierto otros genes que también han desempeñado una función importante en que algunos humanos puedan disfrutar de la capacidad llamada inteligencia. Tal vez uno de los más significativos sea el gen MCPH1, que produce la proteína llamada microcefalina, y que, como su nombre sugiere, posee variantes patológicas que causan microcefalia. Además del MCPH1, en los últimos veinte años se han descubierto al menos nueve genes que pueden ejercer algún efecto sobre la talla del cerebro o de determinadas regiones de este.
Imaginemos un viaje por el espacio interestelar, observando las estrellas como enormes fábricas donde se forjan los elementos químicos que componen toda la materia que conocemos. Desde el comienzo de Universo, las fraguas estelares han ido convirtiendo los átomos más pequeños, hidrógeno y helio fundamentalmente, en átomos cada vez más pesados. Y no solamente se han limitado a crearlos, además los han ido diseminando por todo el Cosmos. Así, poco a poco, el Universo se fue enriqueciendo de carbono, oxígeno, nitrógeno, hierro y toda la variedad de átomos que ahora nos forman a nosotros y a nuestro pequeño mundo habitado. Cada átomo tiene su propia historia que investigadores como Adriá Casanovas, nuestro invitado en Hablando con Científicos, se esfuerzan en descubrir. Adriá se ha centrado en estudiar cómo se creó un átomo muy pesado y especial cuya formación ha intrigado a los científicos desde hace tiempo: el Plomo 204, un tipo de átomo clave para comprender el origen y evolución de nuestra galaxia y el Sistema Solar.
En el episodio de hoy, el Dr. Grande Covián nos ilustra sobre los principales conocimientos sobre la nutrición y el deporte que ya eran conocidos en la década de los 80 del siglo pasado, e incluso antes. Estos conocimientos siguen siendo de plena actualidad, y me temo que tan ignorados como lo eran en aquella época por los deportistas y la población en general. El Dr. Grande comienza así su artículo: La alimentación del deportista ha estado, y continúa estando, influida por toda suerte de creencias infundadas acerca del papel de los alimentos en el desarrollo y mantenimiento de la capacidad física del hombre, con olvido de los conocimientos científicos que poseemos. Os invitamos a escuchar sus explicaciones.
Cuando hablamos de emociones pensamos en sentimientos como la alegría, la tristeza, el miedo, el amor o la envidia, por mencionar algunas de las más comunes. Para muchos de nosotros son sentimientos típicamente humanos, aunque la ciencia nos está demostrando que también forman parte de la vida de muchos otros animales como perros o delfines, por ejemplo. En un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) está cobrando cada día más protagonismo, muchos se preguntan: Ya que la IA puede resolver ecuaciones, crear imágenes inéditas, escribir relatos originales, generar música o mantener conversaciones más o menos inteligentes con los humanos, ¿puede aprender a tener o sentir emociones? El investigador Alberto Hernández, nuestro invitado en Hablando con Científicos, propone, en un artículo publicado en Scientific reports, un marco genérico de autoaprendizaje emocional para máquinas. Os invitamos a escucharlo.
Hace siglo y medio, en 1870, el geólogo estadounidense Benjamin Franklin Mudge descubrió en Kansas los restos fósiles de un ave con dientes. En 1872, envió los restos a Othniel Charles Marsh. Sin embargo, Marsh no reconoció de primeras la importancia del fósil, puesto que creyó que las mandíbulas dentadas no pertenecían al ave, sino a una nueva especie de reptil marino, al que llamó Colonosaurus mudgei en honor de su descubridor. El ave recibió el nombre de Ichthyornis, “ave-pez”, debido a la semejanza de sus vértebras cóncavas con las de los peces. En 1873, al extraer los fósiles de la roca, Marsh reconoció su error. Ichthyornis se convirtió en la primera ave fósil con dientes conocida, lo que reforzó la teoría de la evolución de Darwin, y la hipótesis de la relación evolutiva entre las aves y los reptiles.
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