El Museo ICO abre sus puertas a la nueva exposición "Transitar el siglo XX: Dibujo y escultura en las colecciones ICO", que recorre el siglo XX a través de la pintura, la escultura y el diálogo de ambas disciplinas con las realidades políticas y sociales de las diferentes décadas, y cómo los creadores y artistas expresaron sus inquietudes y mensajes a través de diferentes estilos y corrientes experimentales.
Pedro Torrijos recorre la exposición junto a su comisaria, María Toral, que nos recibe en la primera sala de la planta baja rodeada por unos llamativos telones rojos que caen desde el techo y que envuelven las primeras obras de una exposición que ya nos guía por la idea de las líneas, de los trazos y los espacios que dan forma a obras de Julio González, de Pablo Gargallo, de Pablo Ruiz Picasso, de Juan Gris o de Joan Miró.
Avanzamos a los años de la posguerra que para muchos artistas se tradujo en el exilio. Se unen a nuestro recorrido las obras de Alberto Sánchez, de Esteban Vicente o de Eugenio Granell, con obras como "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" del propio Sánchez, que actualmente veamos en la entrada del Museo Reina Sofía, o referencias al Pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937 que mostró al mundo el Guernica de Picasso.
En la planta alta de la exposición nos esperan obras de Jorge de Oteiza, Eduardo Chillida o Pablo Palazuelo, entre otros, y la ruptura con la obligatoriedad de la figuración en el arte. Los trazos cambian, las formas se vuelven abstractas y el arte empieza a gritar contra la realidad social de la España de mediados del siglo XX con la que no está conforme. Y las ideas de escultura y de arquitectura empiezan a entremezclarse entre metal trabajado por artesanos, líneas que giran, van y vienen, y espacios, vacíos que hacen volumen y son, en si mismos, parte de las propias obras. Y terminamos en los años 80 y la recuperación de la memoria popular, de la figuración, de preguntarnos cómo ha llegado el arte hasta ese momento y recuperar ideas de momentos pasados que vuelvan a reconectarnos con la tradición sin dejar de mirar al futuro.
Una exposición que comienza con una cita de la crítica arte Rosalind Krauss que da sentido a todo lo que vemos y escuchamos en el Museo ICO: "La escultura ha perdido su definición precisa y solo puede entenderse de manera negativa. Como aquello que ocupa un espacio entre el paisaje y la arquitectura. Entre lo que crece y lo que se construye."