Un saludo amigos. En este extra de hoy abordamos la difícil cuestión de la Analogía metafísica. No es un tema fácil, así que recomiendo máxima atención. La Analogía es una doctrina fundamental para sostener el armazón de cualquier metafísica que quiera llamarse tal y por ende de una teología natural. Sin analogía la variedad unificada de las cosas queda absolutamente sin explicación: si todo se predica unívocamente solo existiría el ser monista de Parménides. Si todo se predicase equivocamente no habría nada. La analogía es fundamental para que subsista en el universo una pluralidad de criaturas clasificadas por esencias y relacionadas entre sí en unidades superiores.
Como sintonía los conciertos para piano y orquesta de Haydn 3, 4 y 11. He seleccionado música del Clasicismo por su equilibrio, belleza y armonía, para expresar de algún modo esta catedral magnífica que es el universo que se sustenta en la analogía metafísica.
Audio con los siguientes temas:
1. LOS POSTULADOS NECESARIOS PARA LA ANALOGÍA. Supuestos fundamentales para un conocimiento de Dios real y analógico.
1.1 La multiplicidad real de las cosas. Es un hecho innegable que estamos rodeados de una gran variedad de cosas y estamos sujetos al devenir. También es cierto que nosotros como dotados de lenguaje damos nombre a las cosas a las que representamos por conceptos. Así una atribución unívoca se basa en que nombramos igual diversas cosas que tienen la misma esencia, como por ejemplo a dos especímenes de Felis silvestris catus los llamamos gato, el nombre es intercambiable entre ellos con toda su significación; si por otra parte nombramos dos cosas con el mismo nombre pero no comparten nada en común, como por ejemplo osa (animal) y osa (constelación) nos encontramos en un caso de equivocidad. Una tercera atribución es la Analogía, que está entre la univocidad y la equivocidad y que atribuye el ser trascendental a las cosas pero en modos diversos de participación.
1.2 La unidad de la multiplicidad en el ser trascendental. La verdadera analogía tiene como supuesto necesario la multiplicidad y la unidad en dicha multiplicidad en el ser trascendental como su elemento central de unidad. Ser trascendental es el ser mismo y todos los elementos trascendentales que le siguen, o lo constituyen; también los conceptos supracategoriales como es la causa y el efecto. La analogía verdadera es la analogía metafísica, no cualquier relación de participación y proporción. Y resumimos: "La verdadera analogía tiene su patria unicamente en el mundo de los conceptos trascendentales".
2. LA ESENCIA DE LA ANALOGÍA. La analogía metafísica proviene de la matemática. Proviene de la comparación proporcional de varios. Es en el fondo una doctrina de la proporción y la unidad en la diversidad, o a pesar suyo. Los números son relativamente diversos, no son absolutamente diversos, pues todos están relacionados y participados entre sí. Los aristotélicos distinguían la magnitud extensiva e intensiva, esta mide el ser y sus relaciones, así como la extensiva mide las medidas matemáticas.
Los tres elementos de la analogía son: El nombre que es común, los diversos analogata (analogados menores) y el elemento en el que todos convienen (primer analogado). Quid unum et idem. El Analogum es el ser con el resto de trascendentales. Si el ser se predicase de forma igual o uniforme de todas las cosas o analogata, solo existiría un ser; pero si el Analogum se predicase de los analogata en un sentido absolutamente diverso, no existiría nada, pues el ser quedaría aniquilado.
2.1 La analogía y el sentido equívoco. El realismo distingue entre concepto objetivo y concepto subjetivo.
2.2 La analogía y el sentido unívoco. Se entiende mal la univocidad: Es algo existente entre muchos cuyo nombre es el mismo y de acuerdo con el nombre también es igual la definición de la cosa: Secundum rationem omnino eadem.
2.3 La analogía misma. El espíritu moderno no va a comprender la analogía si no se le indica que precisamente se apoya en la experiencia de los hechos: multiplicidad de las cosas que reclama y necesita de la analogía del ser. Si el ser no se predica analógicamente tampoco habrá una cosa que se predique unívocamente de muchos, pues ya no habría muchos. Y así afirma con una precisión de cirujano el Aquinatense: Sicut in predicationibus omnia univoca reducuntur ad unum primum non univocum sed analogum quod est ens.
Los analogados son absolutamente diversos en su esencia y convienen en su relación a Uno. Hay entre todos ellos una identidad de relación y no de esencia. La analogía es pues un término medio entre univocidad y equivocidad.
3. LAS ESPECIES DE LA ANALOGÍA. Dos son las especies que tienen importancia en metafísica: la de atribución y la de proporcionalidad, aunque especialmente esta segunda.
3.1 La analogia de atribución. Es una especie de la ecuación simple por eso se llama a veces de proporción. Un ejemplo célebre es la atribución de lo sano a la medicina, al color o a la orina. El animal sano es el terminus principalis y la medicina, color u orina son los analogados relacionados con el primero, no esencialmente sino con una relación externa.
Hay un nombre común que se atribuye a varios con una igualdad de proporción. Esta proporción se hace en base a magnitudes intensivas, no extensivas. Este Terminus principalis no es el Analogum, pues este solo se predica del ser trascendental o sus derivados.
3.2 La analogía propia de proporcionalidad. Posee todas las condiciones de una auténtica analogía, porque en ella el Analogum se encuentra en todos los analogados formalmente y por tanto intrínsecamente y no como algo externo como ocurre con la analogía de atribución. Analogia secundum intencionem et esse. Por ejemplo la belleza no solo se atribuye intrínsecamente a la belleza física, sino también a la espiritual o moral.
Nuestro conocimiento de Dios no es unívoco, porque sus efectos en las criaturas no son unívocos porque no se agota en ellas: Es analógico.
Imagen: Interior de la catedral de León, España-