En su comunicado oficial, CC, OO, y UGT sostienen que “la huelga general interpela a las diferentes administraciones públicas que tienen competencias en materia de vivienda y a las organizaciones empresariales que deben asumir que los salarios tienen que garantizar el acceso a un bien básico como es la vivienda”, buscando extender la responsabilidad a comunidades autónomas y ayuntamientos. Por su parte, la patronal (CEOE y Cepyme) no ha tardado en calificar de inadmisible la convocatoria, cuestionando su encaje jurídico por tratarse de una medida de presión política contra la gestión gubernamental cuyo coste se pretende trasladar a la actividad económica y a las empresas en pleno proceso electoral. Resulta difícil no señalar la flagrante incongruencia temporal. Hay que remontarse a 2010 y a las dos jornadas de 2012, cuando se manifestaron contra las reformas y recortes del Gobierno de Zapatero y de Mariano Rajoy, para encontrar las últimas huelgas generales respaldadas por estos sindicatos. En estos últimos ocho años no han salido ni una sola vez a la calle de forma rigurosa: ni ante el descontrol de los precios de la vivienda, ni frente a la desbocada inflación, ni por el disparado coste de la luz y el gas. Conviene recordar que llegaron a protestar cuando el megavatio hora rondaba los 70 euros, pero mantuvieron la boca cerrada cuando bajo la gestión de Pedro Sánchez se superaron holgadamente los 140 euros. A lo largo de estos ocho años, estos sindicatos han mantenido un silencio cómplice ante una situación económica y laboral sensiblemente peor que la que en su día motivó sus pancartas. Un mutismo muy conveniente que quizás encuentre su explicación en las suculentas transferencias públicas que reciben. Solo en 2025, el Gobierno de Sánchez ha concedido 23,6 millones de euros a CCOO y UGT dentro de la partida de 32 millones destinada a actividades sindicales (frente a los 17 millones asignados en 2024). Quizás su repentino celo movilizador responda al temor de ver recortadas unas subvenciones que, en aquellas comunidades autónomas donde gobiernan PP y VOX, ya se han reducido drásticamente en un 50%. Además, descubrimos el último movimiento del magistrado de la Sala Penal del Supremo, Pablo Llarena, sobre Puigdemont y analizamos los numerosos casos de corrupción. En la mesa de análisis: Rodrigo Rato, Arturo Moreno y Josep María Francàs.