Si faltaban pocos clavos en el ataúd para enterrar al Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión, el TTIP, entre Estados Unidos y la Unión Europea, este lunes Francia clavó uno de los últimos.
Pocas horas después de que un ministro alemán expresara dudas acerca de la continuidad de las negociaciones, el secretario francés de Comercio Exterior Matthias Fekl dio el golpe final diciendo que ya no existe un apoyo político de Francia.
Aunque Merkel y Hollande han salido a matizar las declaraciones de sus ministros, hay un manto de duda sobre estas negociaciones. Esta nueva postura franco-alemana aparece además en un periodo preelectoral en ambos países.
El desequilibrio entre los negociadores es tan sólo una de las tantas críticas que se le hacen a este acuerdo que comenzó a negociarse en 2013, con el objetivo de suprimir las barreras comerciales y reglamentarias entre los futuros socios, y que está lejos de ser ratificado. La falta de transparencia es otra de las críticas que se le hacen a este proceso.
Según los expertos, el acuerdo, más que una herramienta económica, sería una apuesta geopolítica para dejar en claro el peso que aún tiene el eje transatlántico frente a las economías emergentes. Por eso sus detractores no están muy convencidos de que se vislumbre el fin del TTIP, a pesar de los cuestionamientos franco-alemanes. Desde Bruselas la comisaria europea de Comercio Cecilia Malmström ha reaccionado sosteniendo que las negociaciones aún no han fracasado.
Entrevistados: Josep María Terricabras, vicepresidente del Grupo de los Verdes en el Parlamento europeo, y Tom Kucharz, portavoz de la campaña “NO al TTIP”.