El obispo emérito de San Sebastián, Mons. Juan María Uriarte, ha fallecido a la edad de 90 años en Bilbao. Tras sufrir un ictus, ingresó el pasado domingo en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Basurto. El obispo de Bilbao, Joseba Segura, acompañado también de familiares de Uriarte, entre ellos, el ex vicario general de la Diócesis de Bilbao, Andoni Gerrikaetxebarria, le dio la extremaunción. Su estado de salud habia empeorado durante las últimas horas y finalmente, ha fallecido hoy sábado a las dos de la tarde “amando la vida”, y con “cierto respeto, pero sin miedo”. Porque, como manifestó en la celebración de su 90 cumpleaños, ante el último momento de la vida “el temor es sano. El miedo no lo es. Bildurra, bai: ikararik ez”. Fue un entusiasta de Jesucristo y un referente eclesial y social, no en vano era `Ilustre de Bizkaia´.
Juan María Uriarte tenía carisma, era inteligente, de una profunda sensibilidad religiosa y fue un ejemplo para personas creyentes y no creyentes, por su sabiduría y visión de futuro. Dicen de él que, en sí mismo, “englobaba un universo”.
Pero, había una faceta fundamental en su trayectoria vital: su “adhesión” a Jesucristo. Era lo que le entusiasmaba y como él mismo señalaba, lo que le animaba a “suscitar la fe y promover la paz”.
Su ingreso en el seminario favoreció lo que denominó el “gran descubrimiento” de su vida, y que le supuso “una alegría inmensa”. Decía que, durante los últimos años de su vida, lo que le mantenía “en forma”, era la “oración prolongada”. Pero, esa profunda corriente oracional alimentaba una vida intelectual muy activa: escribía, ofrecía conferencias, atendía a diversas personas que le pedían consejo, participaba en encuentros a favor de la paz y la reconciliación… Precisamente, una de sus últimas apariciones públicas fue el pasado 3 de febrero, en el acto de memoria de las personas que sufrieron prisión en el colegio de Itaka Escolapios entre 1937 y 1940.
Celebración del 90 aniversario
El pasado 7 de junio, el obispo Uriarte quiso celebrar la vida junto a las personas que han estado junto a él durante gran parte de su recorrido vital. Comenzó la jornada con una Eucaristía de Acción de Gracias y terminó en el antiguo seminario de Derio, en torno a una mesa, comiendo y riendo con muchos compañeros y compañeras de viaje.
Fue un día de recuerdos agradecidos en el que, recibió además un regalo especial de manos del obispo de Bilbao, a quien un día animó para que se hiciera cura. Fue un anillo, ya que el episcopal se lo robaron, vinculado a Fruiz, su localidad natal. El obispo Joseba Segura explicó el simbolismo de la ofrenda: «en Fruiz hay un capitel con una persona que mira de frente en medio de dos caballeros armados. Esto tiene muchas interpretaciones. Juan Mari mediador sería una, pero no creo que sea la más relevante. Hay otras, como, por ejemplo, Cristo Príncipe de la Paz y haciendo que los adversarios puedan dejar las armas y puedan construir algo juntos…O el trabajo que ha realizado de acompañamiento a muchas personas, esto es, la fuerza de la gracia del Evangelio de Jesús que pone dentro de cada uno esas dos fuerzas- una buena y otra no tanto- y que intenta articularlas…”. Fue una manera escueta de describir a una persona que ha dejado una marca profunda en la historia de la Iglesia.
Retazos de una vida creyente
En la homilía que ofreció en la celebración de su nonagésimo aniversario, el prelado vizcaíno repasó los principales hitos de su trayectoria creyente. Habló de su temprano despertar religioso en un “clima social y familiar propicios”. Sobre sus posteriores dudas, cuando llegó a la pubertad, y de su “idealismo” al entrar al seminario, donde “más tarde, demasiado tarde” brotó su sensibilidad hacia los pobres.
Kristoganako su-garra ez da moteldu nire zartzaroan ere. Ez ta bereganako erazpena askori adiorazotzeko gogoa ere.
Se refirió también al tiempo en el que se fue a estudiar psicología a Lovaina y a París. Fue cuando, de nuevo,