Jueces 12: Degradación moral y emocional entre familias.
Jueces 12:1-10:
Los hombres de Efraín fueron convocados, cruzaron hacia Zafón y dijeron a Jefté: —¿Por qué fuiste a hacer la guerra contra los hijos de Amón y no nos llamaste para que fuéramos contigo? ¡Nosotros incendiaremos tu casa, contigo dentro!
Jefté les respondió: —Yo, juntamente con mi pueblo, he tenido una gran contienda contra los hijos de Amón. Yo los convoqué, pero ustedes no me libraron de su mano. Viendo, pues, que no me libraban, arriesgué mi vida y fui contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, han subido hoy contra mí para combatir conmigo?
Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y combatió contra Efraín. Y los hombres de Galaad derrotaron a Efraín, porque habían dicho: “Ustedes, los de Galaad, son unos fugitivos de Efraín que están en medio de Efraín y de Manasés”. Luego los de Galaad tomaron los vados del Jordán a los de Efraín. Y sucedió que cuando alguno de los fugitivos de Efraín decía: “Déjenme cruzar”, los hombres de Galaad le preguntaban: “¿Eres tú efrateo?”. Si decía: “No”, entonces le decían: “Por favor, di ‘Shibólet’”. Si él decía “Sibólet”, porque no lo podía pronunciar correctamente, entonces lo capturaban y lo degollaban junto a los vados del Jordán. En aquel tiempo perecieron cuarenta y dos mil de Efraín.
Jefté juzgó a Israel durante seis años. Luego murió Jefté el galaadita y fue sepultado en su ciudad, en Galaad.
Después de Jefté juzgó a Israel Ibzán, de Belén, quien tenía treinta hijos y treinta hijas. A estas las casó con gente de fuera, y trajo de fuera treinta mujeres para sus hijos. Él juzgó a Israel durante siete años. Entonces murió Ibzán y fue sepultado en Belén.
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En este capítulo vemos cómo se empezó a degradar la relación entre los israelitas. Después de que Jefté obtuvo una gran victoria, sus hermanos vecinos, por envidia, los atacaron con sevicia (saña), posiblemente por arrebatarles el botín de guerra y porque la gloria de la victoria se la llevó un hombre que antes no era respetado ni reconocido.
Jefté se defendió y protegió a su familia y los miembros de los descendientes de su padre.
Más adelante vemos que se levantó otro caudillo, Ibzán, que guiaba y protegía al pueblo, pero que hizo desviar a sus hijos e hijas del camino de Dios al casarlos con otras personas que no eran parte de su familia ni de su pueblo. La ley de Dios era clara en cuanto a las reglas de casamiento. Nadie debía casarse con personas de otros pueblos para evitar ser contaminados con prácticas paganas que inclinaran al pueblo a la idolatría. Tampoco debían mezclarse israelitas que no fueran de su propia tribu, con el propósito de evitar que sus herencias fueran traspasadas a otras tribus, por eso debían casarse con miembros de su propia tribu.
Todos estos actos de arrogancia y negligencia estaban afectando la convivencia entre las tribus de Israel, y también estaban infiltrando cada día más prácticas que estaban erosionando las buenas costumbres y tradiciones, también estaban abriendo espacio a espíritus malos que los atormentaban y les dañaba el corazón, apartándose del camino de la verdad.
Es importante que hoy examinemos qué clase de prácticas estamos trayendo a la casa, al hogar. Con tantas tendencias que vemos en las redes sociales o en la televisión, estas comienzan a influenciar las vidas de la familia, de nuestros hijos, esposos y esposas.
El poder y la fuerza de los de Efraín los impulsaron a hacerle daño a sus hermanos vecinos. La posición de liderazgo y económico hizo que Ibzán sentara un precedente nefasto a la juventud y la nueva generación que se levantaron viendo el mal ejemplo de su líder, casando a sus hijos con gente extranjera. Mañana veremos cómo un gran joven líder, escogido por Dios, también cayó en este mal ejemplo de desear estar con una mujer...