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Un equipo internacional de investigadores, liderado por astrónomos de la Universidad holandesa de Leiden y utilizando el Telescopio Espacial James Webb, ha conseguido observar, en el corazón más profundo de una oscura y densa nube interestelar, el hielo más frío hallado hasta la fecha.
Sus moléculas, a menos 263 grados centígrados, están apenas 10 grados por encima del cero absoluto, que con sus menos 273,15 grados es la menor temperatura posible en la naturaleza. Estos hielos, hechos de distintos materiales, resultan esenciales a la hora de 'construir' planetas habitables.
A lo largo del tiempo, los seres humanos hemos evolucionado tanto que a veces cuesta trabajo creer que realmente procedemos de unas criaturas que, hace unos dos millones de años, solo medían 1,20 metros, estaban totalmente cubiertas de pelo y apenas empezaban a erguirse tímidamente sobre sus extremidades inferiores para pasar de ser cuadrúpedos a bípedos.
La caza de materia oscura no cesa. Miles de científicos de todo el mundo tratan de encontrar por primera vez una pista fiable de que ese otro tipo de materia está realmente ahí, pero hasta el momento no lo han conseguido. Ahora, un inesperado exceso de luz más allá de la Vía Láctea, detectado por la sonda New Horizons, podría ser la evidencia de partículas de materia oscura en descomposición, y por tanto la primera detección directa de materia oscura de la historia
Los astrónomos han clasificado ya millones de galaxias en el Universo. Tantas, que no resulta difícil dividirlas en grupos diferentes según sus formas o la distribución de materia en su interior. Espirales, elípticas, barradas, lenticulares, irregulares, anilladas... La lista de nuevas galaxias aumenta prácticamente cada día, y de vez en cuando aparece una tan diferente que merece inaugurar una nueva categoría.
Hace alrededor de 450.000 años, en pleno Pleistoceno Medio y mucho antes de la existencia de los primeros Homo sapiens, los humanos arcaicos podrían haber encontrado la forma de navegar por el Mediterráneo en busca de nuevas tierras
Los futuros colonos espaciales no solo tendrán que vivir en bases permanentes construidas en la Luna o en Marte
«Es un día extraordinario». «Es histórico porque vamos a ir al espacio profundo con una nueva generación». Bill Nelson, administrador de la NASA, mostraba su entusiasmo después de que la misión Artemis I sin tripulación consiguiera amerizar en el Pacífico tras 25 días de viaje y 2,2 millones de kilómetros recorridos alrededor de la Luna. La prueba general para que la humanidad vuelva al satélite natural en 2025 había concluido con éxito.
Con una masa de tres millones de soles, Leo I* es invisible para los astrónomos. Pero un nuevo método podría ayudar a observarlo
En enero de este mismo año, un equipo de astrónomos de la Universidad de Northwestern, en Illinois, hizo público un extraño descubrimiento: más de mil misteriosos filamentos, de hasta 150 años luz de longitud, 'colgando' del centro de nuestra galaxia. Tras largos años de trabajo, los investigadores, dirigidos por Farhad Zadeh, consiguieron entonces tomar imágenes del intrigante fenómeno, y en ellas los filamentos aparecían por pares, o en racimos, uno al lado del otro como las cuerdas de un arpa. Algo ciertamente desconcertante y de difícil explicación. Farhad Zadeh descubrió por primera vez esas extrañas estructuras en la década de los ochenta, y quedó fascinado por ellas. Hoy, cuatro décadas después, sus estudios empiezan a arrojar luz sobre el origen del fenómeno. Ahora, en un nuevo estudio recién aparecido en The Astrophysical Journal Letters, el astrónomo y su equipo anuncian que, por primera vez, han sido capaces de observar filamentos similares colgando de otras galaxias. Y al poder comparar unos con otros han empezado a sacar conclusiones.
Justo detrás de nuestra galaxia existe una amplia zona de espacio que no podemos observar debido a que la propia Vía Láctea nos lo impide. Los astrónomos la conocen como 'zona de evitamiento' o, más sencillamente, como 'zona vacía'. Se trata de una auténtica 'región fantasma', un punto oscuro en nuestro mapa del Universo. Y un punto grande, que abarca entre el 10% y el 20% de todo el cielo nocturno.
En este 'Materia Oscura', José Manuel Nieves explica cómo el equipo de investigadores dirigido por Daniela Galdeano, de la Universidad Nacional de San Juan, en Argentina, ha combinado los datos de las más importantes campañas de observación en infrarrojos y ha revelado la más enorme de las estructuras vistas hasta ahora en la zona vacía.
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