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La existencia de los vacíos cósmicos se conoce desde los setenta, pero hasta hace poco no contaron con la atención de los astrónomos, más inclinados a estudiar la 'materia que brilla', como estrellas o galaxias. Pero ya en los 90, se produjo un hallazgo destinado a cambiarlo todo: el Universo sigue expandiéndose en la actualidad, y no solo eso, sino que lo hace cada vez más deprisa.
En la actualidad, un equipo de investigadores dirigido por físicos iraníes cree que esos vacíos incomprensiblemente grandes podrían estar desgarrando el Universo entero. ¿Cómo? Generando energía oscura, la supuesta responsable de que el Universo se expanda cada vez más deprisa.
Desde hace unos años, la Tierra parece estar girando más rápido de lo que solía, lo cual se traduce en días más cortos. El fenómeno ha llegado al extremo de que, sólo en los últimos dos meses, ya se han medido varios días con una duración inferior a las 24 horas, y todo sin que los científicos consigan explicar por qué. Según la opinión más extendida, la velocidad de rotación de la Tierra debería ser cada vez más lenta. Y en realidad así es, si consideramos periodos de tiempo largos. A cada siglo que pasa, por ejemplo, la Tierra tarda cerca de un par de milisegundos más en completar cada rotación. Pero dentro de este patrón general, la velocidad de giro de la Tierra fluctúa, y desde 2020 los récords de velocidad se han ido sucediendo uno detrás de otro.
Los inicios del Sistema Solar fueron violentos, con una multitud de cuerpos planetarios en formación disputándose a encontronazos las órbitas que hoy ocupan los mundos que sobrevivieron al caos inicial. Y en el futuro, con un Sol que cambia inevitablemente a lo largo del tiempo, es muy posible que alguno de los planetas de nuestro entorno abandone su órbita y se precipite contra los demás. Nada en el Universo dura para siempre, y nuestro hogar en el espacio tampoco lo hará. ¿Pero cuándo será eso? Un equipo de matemáticos acaba de decir, en un artículo publicado en 'arXiv', que no antes de 100.000 años.
Cuando el mundo aún no ha salido de su asombro por la calidad de las primeras imágenes del James Webb, los responsables del mejor telescopio espacial de todos los tiempos han dado muestras de preocupación ante una amenaza, los micrometeoritos, cuya importancia se había subestimado. La colaboración de JWST, en efecto, publicó hace unos días un informe completo en el que se examina todo lo que Webb ha logrado hasta ahora y lo que puede esperarse a lo largo de la misión.
La agencia espacial norteamericana acaba de lanzar desde Australia tres cohetes sonda con una misión muy especial: averiguar si los planetas que giran alrededor de las tres estrellas del sistema Alpha Centauri son, o no, capaces de albergar vida. Para ello, dos de las naves llevan a bordo una serie de experimentos especialmente diseñados para determinar si la luz ultravioleta emitida por Alfa Centauri A (Rigil Kentaurus), Alfa Centauri B (Toliman) y Alfa Centauri C (Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol) resulta dañina para cualquier forma de vida que pudiera haber en los mundos que las orbitan. La tercera sonda estudiará los rayos X que emanan del medio interestelar: las nubes de gases y partículas en el espacio entre las estrellas.
Los matemáticos de la Universidad de Sofía, en Bulgaria, Angel Zhivkov y Ivaylo Tounchev , decidieron hacer un cálculo que en principio resulta más sencillo: predecir la estabilidad del Sistema Solar en un plazo mucho más breve, de 'sólo' 100.000 años.
En 1951, un equipo de investigadores que cartografiaban la zona descubrió en una remota región de Brasil un excepcional yacimiento de fósiles del Pérmico. Según informaron entonces, las condiciones geológicas únicas del lugar habían permitido que allí se preservaran auténticos tesoros de incalculable valor científico. El yacimiento, dijeron, tenía el potencial de aclarar lo que sucedió durante uno de los mayores eventos de extinción en la historia de la Tierra. Pero en 2019, después de más de setenta años, un equipo de investigadores brasileños tuvo éxito donde ellos fracasaron y consiguió 'redescubrir' el tesoro extraviado. Y ahora están empezando a recoger los frutos.
Júpiter es un planeta caníbal, y sus entrañas están llenas de restos de otros mundos 'bebé' que el gigante fue engullendo a medida que se iba haciendo cada vez más grande. Esa es la principal conclusión de un estudio publicado en 'Astronomy & Astrophysics' por un equipo de 16 investigadores de ocho países diferentes. Un equipo que, por primera vez, ha conseguido tener una visión clara de lo que hay bajo la densa atmósfera exterior del planeta gigante del Sistema Solar.
La Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de dar a conocer los últimos datos del satélite de observación Gaia. Un extenso catálogo con casi 2.000 millones de estrellas de nuestra galaxia, la Vía Láctea, el más preciso y completo hasta la fecha.
Los científicos llevan ya mucho tiempo sabiendo que el Sistema Solar primitivo fue un lugar extremadamente violento. En medio del caos inicial, rocas de todos los tamaños chocaban entre sí mientras los planetas se formaban. Y éstos, a su vez, hacían lo mismo, unos contra otros, en busca de su lugar orbital alrededor del Sol.
Ahora, y con una precisión sin precedentes, un equipo de investigadores de cinco países y bajo la dirección de Alison Hunt, del Instituto de Geoquímica y Petrología de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en Suiza (ETH Zürich), acaba de poner algo de orden en ese caos determinando en qué momentos y en qué orden se produjeron algunas de esas colisiones. El trabajo, publicado esta misma semana en Nature Astronomy, se basa en el estudio de fragmentos de asteroides que se estrellaron contra la Tierra.
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