Fue un horrible y violento crimen sin resolver, envuelto en el más absoluto misterio y del que nunca se ha dejado de hablar en La Unión, Murcia. El asesinato del Cónsul, como se conoce popularmente, data del 27 de marzo de 1982. Esa misma mañana, el propietario del hostal 'El Cónsul', Alfonso Martínez Saura, fue visto vivo por última vez en la calle. Por la tarde, un camarero dio el aviso de que el local estaba extrañamente cerrado.
Antes del anochecer, tras forzar una ventana, el agente de la Policía local Antonio Mata halló a Alfonso muerto al pie de la barra del bar, con todas las puertas y ventanas trincadas desde el interior. La doctora de Urgencias que certificó la defunción contó hasta 63 puñaladas, ninguna de las cuales penetró en órganos vitales. Eso hizo pensar que fue una muerte agónica causada por los pinchazos de un pequeño arma punzante, aunque también se dijo que el corazón había parado de latir antes del ensañamiento. Las investigaciones concluyeron en nada e hicieron acrecentar el misterio. Los informes policiales cuentan que días antes de su muerte, bromeó con la presencia de fantasmas que tocaban el timbre y desaparecían. A la policía le decía que era desconfiada con la gente. Los clientes registrados los días precedentes no aportaron pistas. El arma asesina no apareció. Alfonso tenía cabellos cogidos en la mano, síntoma de lucha. Su cartera apareció dos días después en un camino cercano, con el dinero y sus pertenencias. Se contemplaron todas las hipótesis:ajuste de cuentas, crimen pasional y robo de objetos preciosos que traía de África. Según Antonio Mata, siempre se trabajó con el supuesto de que fue alguien conocido y que entró en el hostal con la autorización de Alfonso. Hubo sospechosos, pero no se pudo imputar ni detener a nadie...