Nacido en Villena (Alicante) en 1951, Paco Torreblanca llegó al mundo de la repostería casi de casualidad. A acabar la Guerra Civil, viajó a París con tan sólo 12 años para aprender de la mano de Jean Millet, mejor obrador de Francia. Allí, se formó en la “ciudad de la luz” pero metido en la oscuridad de los obradores, desde las 4 de la mañana hasta la noche. “Yo siempre decía que vivía en la ciudad de la luz, pero que nunca la veía”, recuerda. A los 24 años vuelve a España cargado de experiencia y nuevas ideas, pero los inicios no fueron nada fáciles en una España, la de 1978, en la que triunfaba la milhoja de crema y no había mucho lugar para las ideas innovadoras.
Poco a poco se fue forjando la leyenda de un “loco” que trabajaba en su obrador de sol a sol y que rechazaba los encargos que le hacían. “Quiero una tarta para mañana, me decían, y yo les respondía que no, que para dentro de 5 días”, nos dice divertido.
Para el gran maestro de la pastelería, Chelo, su ...