Tendemos a creer equivocadamente, que algo no puede haber estado mal, si lo hemos hecho de corazón. Si lo hacemos con nuestras mejores intenciones, no es posible que sea malo ¿verdad? La realidad es que usamos nuestros sentimientos más sinceros, para desatar las situaciones más terribles. Pero, claro, ¿quién va a querer dudar de lo buenos que son sus propios propósitos? Las emociones pueden estar equivocadas. No solo las ideas pueden contener errores, ¡también nuestros sentimientos! El texto de la Biblia que veremos hoy nos enseña que nuestro pecado puede afectar no sólo nuestros pensamientos sino también nuestros deseos. Puede afectar hasta extremos que nos pueden horrorizar, como deberíamos de hecho hacerlo al leer este texto. La palabra de Dios nos advierte aquí de lo que podemos denominar como falsos amores. Afectos desordenados que nos llevan a no amar como deberíamos. Espantosas variaciones de lo que creemos que es amor, que se transmiten de padres a hijos en una línea ininterrumpida que nos lleva hasta el huerto del Edén. El mal, además, veremos que siempre tiene consecuencias.... Podcast de Jose de Segovia sobre Segundo libro de Samuel, Cap. 13