Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano

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Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano episodes

  • Mateo 12, 1-8: Espigas

    1) Atravesaba: Lo que voy aprendiendo, tanto en mi vida como en mi sacerdocio, es comprender que lo mejor que puede hacer uno es trabajar por uno mismo. Es desarrollarse, buscar tiempo para orar, hacer deporte, leer y hasta para estudiar. Lo mejor que podés hacer es trabajar en vos mismo, porque al desarrollarte y conectar con la presencia de Dios, con cuidar tu espiritualidad, se fortalece la vida. Buscá tu espacio. Atravesá esto de la culpa y de estar siempre a la expectativa del otro, y empezá a mirarte a vos.


    2) Fariseos: El verdadero crecimiento en la vida es cuando dejamos de ver a las personas como buenas o malas, como tóxicas o saludables. Cada persona está en su propia lucha y en su propio desafío, pero lo que nos enseña Jesús es que no podemos actuar como los fariseos viendo a la gente si son buenas o malas, lo que vos tenés que ver es si vos te disponés, estás atento a participar de la vida de ellas o no.


    3) Comprendiendo: Es sano también aprender a asumir y aceptar los fracasos. La vida tiene fracasos. No tengas miedo de que las cosas no funcionen. Es importante que te animes también a fracasar, pero la clave es que te animes a intentar y a volver a luchar por lo que vos querés y vos amas. Porque Jesús siempre da herramientas para que cumplas la voluntad que Él te propone. Jesús siempre va a estar a tu lado. Hay veces que no nos animamos a hacerlo, lo dejamos, pero te propongo que intentes. El primer paso para hacer algo lindo por tu vida es aprender. Cuando me ordené sacerdote no te imaginas el miedo que me dio, y cuando asumí la parroquia, también, no sabes cuánto me costó, hasta que aprendí que es aprender día a día. Ahora te cambio el concepto de fracaso. Para mí fracaso es andar con culpa los intentos de tu corazón. Deja de cargar con culpa y sé un intentador serial de tu vida. Seamos fracasados, pero contentos. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 11, 28-30: Aliviados en Él

    1) Vengan: Una pregunta importante que tenemos que hacernos es “¿Soy quien quiero ser?” En esto Víctor Frankl les hacía la pregunta a sus pacientes. Les decía: “¿Qué pasa si te mueres hoy?”, y eso a la gente la interrogaba… porque ayudaba a ver que cada uno tenía un motivo diferente de vivir. No siempre el sentido de la vida es algo de trabajo o en una sociedad empresarial. Muchas veces el sentido es poder reírte más o simplemente estar cerca de quien amas. Cuando leo el libro “El hombre en búsqueda de sentido” da cuenta de algo aterrador: de la crueldad a la que es capaz de llegar el hombre. Los seres humanos tenemos la capacidad de llegar a una crueldad inexistente y nos muestra que somos capaz de hacer sufrir a alguien solo por hacerlo sufrir. La especie humana inventó la tortura, los campos de concentración, la desigualdad, etc. Por eso, ser buena persona es resistir a la especie a la que pertenecemos.


    2) Agobiados: La inseguridad, y el ser una persona insegura en la vida y en las relaciones con los demás, te va convirtiendo en una persona difícil, porque vas arrastrando situaciones en cada relación. Hay veces que somos buscadores delirantes, porque constantemente buscamos un error en los otros o en el otro, para generarme más inseguridad en mí mismo y eso nos lleva a un agobio. Existe “el delirio de interpretación”, cuando vos mismo te agobias con tu cabeza y das interpretación a cosas que no existen y que no van. Cuando solo alimentas tu agobio con un mal interpretar, sumado a la imaginación. También se suma meterte en la intimidad del otro. Es como que todos somos veedores de la vida del otro y hasta nos creemos opinólogos de lo que los otros hacen o no. Estamos en un mundo donde opinamos de todo lo que pasa en las redes sociales. Hay veces que el agobio es por buscar controlar lo que otros hacen. Controlarlo todo y saberlo todo te lleva a un grado de inseguridad que hace que vivas agobiado o agobiada en cada relación con los demás, de novio, novia, esposo, esposa, amigo, amiga, incluso de feligrés y cura. Todo no se puede. No se puede saberlo y controlarlo todo.


    3) Corazón: Tenemos tendencia a atribuir nuestros propios fracasos a causas externas. Pero los fracasos de las demás personas son evidencia de defectos de su carácter. Uno se juzga por sí mismo, por las motivaciones, y juzga a los demás por sus acciones. Nadie reconoce su propio error, pero el tema de fondo es que evitamos el encuentro con nosotros mismos. Ese encuentro conmigo lo evitamos, siempre nos comparamos con quien creemos que está peor que nosotros, para no tener que mirar hacia nosotros. Hoy la tarea capaz que sea mirar tu corazón. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 11, 25-27: Te alabo, Padre

    1) Ocultado: Dicen que querer es poder, a lo que Einstein decía: “Pero uno no hace lo que quiere, sino lo que puede”. Ahí afirmé que uno no hace siempre lo que quiere, sino lo que puede. Claro que,, si uno todos los días hace lo que puede va a lograr más y mejorar más… Detrás del querer está el poder y detrás del poder hay mucho esfuerzo y perfeccionar horas y horas la habilidad. No siempre vamos a ser los mejores, pero podemos aspirar a nuestra mejor versión.


    2) Prudentes: La vida es demasiado corta para pasarla enojados, creo que me tocó ver mucha gente morir enojada y cuando veo eso me digo que no quiero eso para mí. Pero si uno no se siente amado no puede amar. ¿Alguna vez dejaste que Dios te ame? Pensá con prudencia la respuesta… porque así como una persona herida hiere, así también una persona que sabe amar es porque se supo amada.


    3) Revelar: Hay gente que me cuenta y dice: “Tal es un tóxica. Tal otra persona es tóxica”, pero lo tóxico no es esa persona, sino más bien lo tóxico es que vos sigas pegado a esa relación o a esa persona. Esa situación y relación es la que tenés que sanar. Por tanto, revela con la luz tu relación y que tus relaciones revelen quien verdaderamente eres vos. Algo bueno está por venir.

    2 min
  • Mateo 11, 20-24: ¡Ay de ti!

    1) Milagros: La humildad nada tiene que ver con la pobreza. Yo conozco mucha gente pobre que es totalmente orgullosa, pedante y hasta me animo a decir “insoportable”. Son personas que no tienen casi nada, pero se presentan como que el mundo les debe todo. Así también conozco gente que tiene mucho dinero que es muy sencilla, muy simple, porque, si siempre tuvo dinero, nadie se da cuenta. También están esas personas que de un día para el otro tienen dinero, que antes no tenían que ponerse y ahora tienen anillos de oro en sus dedos para que todo el mundo les vea. El problema es que pensamos que no amamos las riquezas. La avaricia y el materialismo, que son los pecados unidos al dinero, nos hacen comparar con las personas de un mismo nivel. No dejes que el orgullo te tome. No dejes que la humildad sea medida por los que te envidian.


    2) Conviértanse: Para herir a un narcisista no le grites, no le rogués, no intentes que entienda tu lado, porque no le interesa. Hacé lo único que puede dolerle a un narcisista: el silencio. Por eso, no lo persigas ni le ruegues, mucho menos le pidas un “cierre”, porque no te lo va a dar. Simplemente deja de darle acceso a vos y a tu atención, menos a tus reacciones. Porque el narcisista se alimenta de tu reacción y, mientras reaccionas, tiene poder sobre vos, pero cuando te volvés indiferente y dejas de pelear y justificar o esperar algo de él, entonces ahí se queda sin nada para manejar. Con un narcisista “el silencio es tu poder” y el desapego es tu mejor revancha, porque nada le duele más al ego que ser ignorado por alguien que creía controlar.


    3) Sodoma: A veces la vida se puede dar tan oscura, que parece que estuviéramos encerrados y perdidos como Sodoma y, quizás sí, quizás somos esa semilla que está ahí en la tierra bien enterrado o enterrada, pero a punto de emerger a lo nuevo. Algo que esté pariéndose dentro nuestro para ese cambio que está viniendo y que necesita que sigamos empujando, porque más allá de la tierra hay florecimiento. Por eso, el tema es seguir adelante y confiar, buscar en dónde apoyarse y buscar lo que te nutre y no quedarte ahí estancado, porque te aseguro que este no es el último paso de tu vida. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 10, 34-42. 11, 1: Traer la paz genera guerra

    1) Piensen: Nos esforzamos por arreglar las circunstancias de la vida para descubrir que no podemos vencer muchas cosas que nos pasan. No podemos cambiar un cáncer, un cónyuge infiel. No podemos cambiar un mal carácter de un hijo o de un padre. Siempre digo que hay gente que vive para el fin de semana; incluso gente que vive para que sea sábado y encontrar maneras de escapar, de bailar, de irse a algún lado, a jugar al fútbol o esperar a que lleguen los nietos, o hasta incluso tirarse al alcohol o la droga o la pornografia, porque viven pequeños ratitos de felicidad. Hay veces que obtenemos lo que quisimos, pero tampoco eso nos hace sentir bien. Hay gente que tiene la cuenta del banco llena, pero aún sigue sintiéndose vacío. Ahí es donde uno se pregunta por la razón de seguir viviendo.


    2) Hombre: El nivel de crecimiento personal que sos capaz de alcanzar está atado al nivel de verdad que sos capaz de aceptar de vos mismo.


    3) Partió: Hay un amigo que dice: “Siempre me falta cinco para el peso”. Y yo le digo: “Es que la clave es aprender a vivir con 95”. El desafío es ese, porque a todos nos falta algo para llegar a ese supuesto punto de felicidad plena. Conozco gente grosa grosa que vienen a mi parroquia a misa e incluso son personas que son capaces de dar conferencias en estadios, pero cuando vienen a hablar conmigo las veo sufrir y angustiarse. Ahí comprendo que nadie lo tiene todo y todos somos humanos. Soportamos la presión. Hay momentos de vacío donde esa soledad existencial te agarra y en esos momentos lo peor que te puede pasar es creer que van a desaparecer. Porque cuando tengas una pareja, hijos y dinero en el banco y te des cuenta que la angustia y el vacío siguen, no sé qué vas a pensar. En algún momento hay que asumir y aprender a vivir incluso con ausencias. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Mateo 13, 1-23

    Semillas que cayeron


    1) Orilla: Si vos me traicionaste y yo te traiciono, mi traición no habla de tu actitud, sino de la mía. Trata de no perder nunca de vista eso, porque hasta justifican diciendo “Se lo merecía” y hasta usan el famoso “Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón” y no, quien roba a un ladrón es un ladrón. Capaz que vos te mereces que te traicione, pero ¿yo merezco ser un traidor? ¿Quiero vivir siendo un traidor? ¿Yo quiero ser eso solo porque vos lo fuiste? Cruzar a la otra orilla es aprender a ver más allá de mi vida y no hacer lo que otros me hagan.


    2) Multitud: Aunque mucho nos cueste entenderlo, no podemos sanar en el mismo ambiente donde nos enfermamos. Por eso hay que aprender de Jesús que sabe alejarse de esa multitud enfermiza, la multitud de cosas que haces o la multitud de gente con que te juntas. No sigas en la multitud que te enferma, porque esa multitud no te va a sanar, porque lo que te enferma no te sana. Llama a esa multitud como quieras: nombre de persona, gente, trabajo, tiempo, etc.


    3) Espinas: Las actitudes no deben estar a la altura del que las recibe, sino más bien de quien las da. Se cuenta una anécdota de Alejandro Magno, quien, yendo en uno de sus grandes viajes, se estaba muriendo de hambre. Fue recibido por una familia muy pobre, muy humilde, que lo alimentó y dio algo de tomar. Él les terminó agradeciendo regalándoles un imperio. El hombre de la casa le agradeció, pero le dijo “Es un regalo muy grande para nosotros” a lo cual Alejandro contestó “Pero yo no quiero agradecer de una manera más chica que esa, porque las actitudes hablan más de quien las da que de quien las recibe”. Así que los frutos son producto de nuestro corazón y no podemos conseguir grandes frutos de la vida y en la vida si no dejamos que la semilla de Dios entre en lo que le da sentido a nuestras vidas. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Mateo 10, 24-33

    El discípulo no es más que el maestro


    1) Dueño: Si cualquier pequeño problema te amarga el día, el problema no es el mundo, sino más bien tu forma de gestionarlo. Las personas maduras no reaccionan a pequeños contratiempos: que si te traen mal tu pedido de comida o se retrasa el vuelo o hay una fila larga. Si hay algo que voy aprendiendo estos últimos años por lo menos es que, cuando uno vive en “modo supervivencia”, tu margen de tolerancia se reduce. Uno aprende que el problema es pequeño, pero no grave, pero las reacciones hay veces que se hacen gigantes. Las emociones son como el dinero, me decía un amigo mío: “Si las gastas todas, acabas en bancarrota”. Las personas emocionalmente abundantes no luchan todas las batallas, sino que eligen dónde pondrán toda su energía. Hay una regla que sigo y me ayuda mucho: “Si está en tu poder solucionarlo hazlo, si no depende de ti… déjalo ir”. La verdadera riqueza de la salud mental es dejar pasar las pequeñas cosas sin que te alteren.


    2) Alto: La vergüenza y el ego siempre te van a llevar a fingir. El estar ocupado hoy parece que te hace decir que sos una persona importante. Es algo que pasa incluso también dentro del catolicismo y esto es un gran error que creo que nos pasa a todos, pero especialmente podemos alimentar curas y hasta obispos, porque tenemos cristianos que están todo el día haciendo actividades parroquiales o de movimiento, casi entrando a un fanatismo, más que a un activismo; que es como rendir cuentas todo el tiempo y, en lugar de rendir cuentas a Jesús, se terminan alejando, porque sienten que la institución, en lugar de enviarlos a Jesús, los asfixia. Mucha gente que estaba súper involucrada con la fe se alejó, no por falta de testimonio o por las circunstancias de la vida, sino por el hartazgo, por el cansancio de un activismo sin espacio a lo espiritual y al silencio, en donde verdaderamente uno ahí encuentra a Jesús.


    3) Repítanlo: El hacer las cosas “a mi manera”, sin escuchar lo que Dios propone, te puede hacer más dura la vida y llevarte a dar vueltas en cosas que no son de Dios, pero por las cuales luego le echamos la culpa a Dios. Hay cosas que son producto de nuestro capricho, de nuestra dureza en el vivir. Hoy pedí a Jesús que te de la capacidad de ver por dónde ir y no ir por donde el capricho de uno te hace sumergir, en vez de vivir. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Mateo 10, 16-23

    Ovejas en medio de lobos


    1) Astutos: “Si alguien se afana por alguna preocupación de la vida, dese una vuelta por el cementerio” así decía algún amigo cura por ahí. Es el mejor paseo que ubica a los patitos de la cabeza. Porque cuando uno ve la lápida y gente rica, gente pobre, gente reconocida y gente que nadie sabe, uno ahí ve que la vida es un guión entre dos fechas. Ahí es donde uno dice “¿De verdad me preocupo por esta tontera?” Ahí te das cuenta que no tenés que preocuparte por el rayón que tiene tu vehículo o por qué no tenés el último TV plasma. Esto nos permite no solo soportar el viaje de nuestra vida, sino también disfrutarlo. Acordate que nuestro dolor tiene un propósito y un sentido, Dios nos regala este alerta de spoiler.


    2) Azotarán: Cuando una mamá toma de rehén a su hijo y no lo deja madurar y el hijo, cada vez que quiere hacer algo, tiene que remitirse a su mamá o a su papá, y ya tiene 30 o 40 años y lo tiene como rehén mental o emocional, no es sano. Ese hombre o esa mujer nunca tendrán individualidad o personalidad. Por eso su apego no será normal, no va a ser saludable, sería que tiene que “amar a su secuestradora o secuestrador” un estilo al síndrome de Estocolmo. No hay nada más “azotante” que tener prisionero o rehén emocional a mi esposo, a mi esposa o a mis hijos y no dejarlos salir, controlar por el celular donde están y viendo hasta último horario el estado de conexión que tienen. Eso no es saludable. Dios nos separó de sí mismo para que individualmente lo eligiéramos. El objetivo de Dios es nuestro carácter, no nuestra inocencia, porque la inocencia significa que todavía no hicimos nada malo, pero el carácter es que yo decido y que yo ya sé lo que debo y lo que no debo hacer. Los bebés son inocentes y los santos tienen carácter, por eso los adultos de carácter sólido y maduro pueden generar una relación sana tanto con Dios como con los demás.


    3) Persigan: Hay veces que nos permitimos cualquier licencia de murmuración y comentarios disfrazados de “celo santo” o “de corrección fraterna”, porque se nos da la regalada gana, a fin de convertir a la gente en “los otros”, “en los demás”, “en los del otro lado”, “en la secta” o hasta incluso “en los cismáticos”. Creo que en estos 14 años de cura estoy aprendido a llorar con los que piensan distinto y a ofrecer menos consejos si no me lo piden, porque no me toca convencer a los demás que están equivocados y que yo soy el que está en lo correcto. No por ser el cura del pueblo siempre tengo la razón de todo. Yo no soy el Espíritu Santo y no tengo la última palabra. A veces somos tan soberbios que creemos que “Yo voy a cambiar tu vida” o “A mí me toca convertirlo”. En eso hasta somos groseros de decir “Yo tengo que salvar su alma”. Nosotros estamos invitados a amar y mostrar la misericordia de Dios en nosotros, y desde nosotros a los demás. Lo demás lo obra Dios en su Espíritu. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 10, 7-15

    Proclamen


    1) Curen: Los cristianos creemos que el estrés, la ansiedad o la depresión son problemas que se arreglan con una oración rápida o con una visita al Santísimo. Hay un respetado psiquiatra católico que dijo “Nuestro mayor problema es que pusimos a las enfermedades mentales en las categorías de las luchas espirituales”. Uno no tendría que poner una enfermedad del corazón en la categorías de las luchas espirituales. Siempre ocultamos la depresión o la ansiedad. Es como que nos da vergüenza. Pero es importante dejarse ayudar y poder ver el todo de nuestro caminar hacia Dios, comprendiendo que hay cosas que sí debo orar, pero también dejarme ayudar.


    2) Muertos: Hace 1600 años un hombre brillante escribió “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestros corazones no descansan hasta llegar a ti”. Su nombre era Agustín y era de Hipona. Su historia es la nuestra ya que Agustín buscó su identidad exactamente donde la cultura nos enseña a buscarla: en el placer, en los logros y en los deseos. Agustín llegó a ser el mejor orador del imperio romano, tenía los puestos más altos de su época, dinero y mujeres, pero, con todo eso, seguía vacío. Escribió “aminaba en tinieblas y te buscaba fuera de mi”. Sentir algo con intensidad no significa que eso te define. Ningún deseo por profundo que sea tiene la autoridad de decirte quién eres en la última instancia. Esa autoridad le pertenece a quien te creó. Tu identidad no se creó ni cuando naciste, ni cuando triunfaste, ni cuando fallaste, sino cuando Dios te pensó. Agustín soltó el yo que había construido con tanto esfuerzo durante 30 años y, al soltarlo, se encontró con el auténtico Agustín y no al que se había inventado. Por lo tanto, la identidad que andas buscando no está en tus logros ni en tus deseos, ni en las etiquetas que el mundo te pone, está en quien te hizo.


    3) Gratuitamente: En el ajedrez no se habla nunca. Jamás un jugador anticipa la próxima jugada porque el otro le puede ganar. Ambos están en silencio y en el único momento que se habla es para decir “jaque mate”. En mi caso aprendí con mucho dolor que hay que comprar en silencio, ahorrar en silencio y, eso sí, después inaugurar públicamente con toda la fiesta que quieras. Por eso, aprende a solo hablar en tu jaque mate. No cuentes tus sueños, no cuentes tus proyectos, porque cuando cuentas lo que vas a hacer van a odiar tu túnica de colores, como le pasó a José del Antiguo Testamento. Te van a vender, te van a hacer esclavo, te van a tirar. Creo que la mayoría de los dolores que yo he pasado en estos años fue por contar lo que iba a hacer, porque cuando uno cuenta lo que se le puede venir, se le vienen las envidias, Porque uno cree que todos se van a alegrar con nosotros y no, no todos ríen con los que ríen. Me animo a decirte que la gente está más dispuesta a llorar con los que lloran que a reír con los que ríen. Cuida tu corazón, cuida tu interior y cuida tu silencio. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 10, 1-7

    Convocó a sus discípulos


    1) El poder: El enemigo natural del amor no es el odio, sino el miedo. Uno ama porque ha decidido ser de esa manera y no espera que los demás se lo devuelvan. Una vez leí algo que me llamó la atención “El árbol no se plantea cuándo da oxígeno, si el que está abajo se lo merece o no y mucho menos se plantea cuando alguien busca su sombra para descansar y evitar el sol. El árbol es así”. Cuando Dios nos da el poder de amar y ser amor, entonces el miedo desaparece. Es ahí cuando el amor tiene un poder transformador, porque no hay nadie que pueda resistir esa forma de amar. Eso lo entendieron muy bien los santos.


    2) Curar: Nuestro pasado no tiene por qué predecir nuestro futuro, porque si una persona quiere cambiar cómo va a vivir, la forma de vivir, lo puede hacer. Pero necesita algunos ingredientes: un verdadero entusiasmo, también una motivación que le genere compromiso, una estrategia que sea razonable y una práctica constante, para que al final no haya nada para creer, porque ya uno mismo lo verifica.


    3) Vayan: Dicen que estaba Luis haciendo punterías tirando piedras, pero el problema es que una piedra que tiró le pegó al pato de la abuela y lo mató. Al ver esto lo escondió. Su hermana lo vio todo. La hermana lo empezó a hostigar, chantajear y le hizo que lavara los platos todos los días, si no, le contaba a la abuela, que tendiera la cama, en fin. Un día Luis ya no dio más y fue a enfrentar a la abuela. Prefería eso a que su hermana se siguiera aprovechando de todo esto. La abuela lo escuchó y le dijo “Luis, yo ya sabía todo, si yo misma te vi, pero estaba esperando que vengas a decírmelo y ver hasta dónde aguantabas lo que te hacía tu hermana”. La abuela lo había perdonado, pero Luis pensaba él que era culpable, porque prestó atención más a la palabra de la acusadora. A vos como a mí nos acusan a diario: nos acusan de mentir, de inmoralidad, de codicia, de ira, de arrogancia y, en cada momento, el acusador presenta cargo contra nosotros. Hasta gente de dentro de la iglesia, en tu trabajo, donde sea, anota cada error que cometemos, cada desliz y estos “fiscales espirituales o de tu trabajo, de tu zona” actúan de oficio y no tienen otro objetivo que llevarnos a juicio y presentarnos con acusaciones y hasta me animo a decirte que trabajan 24 horas. Pero Jesús murió para que nadie pueda acusarnos, por eso, no dejes que te extorsionen y mucho menos que manipulen tu conciencia. Cuando alguien te diga esto, recordá el pato. Nunca más te tienes que dejar extorsionar. Sé libre en la presencia de Dios. Algo bueno está por venir.

    4 min

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La Meditación Diaria es preparada día a día por el Pbro. Luis A. Zazano, quien nos anima con sus meditaciones y amenos audios a adentrarnos más en el Evangelio, conocer más de la vida de nuestro señor…

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