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1) Jairo: Vemos esa figura de un hombre de fe, quien recurre a Jesús por desesperación. Busca que su hija sane. Recurre a Jesús porque busca lo divino ante el límite de lo natural y medicinal. Me pongo a pensar en tantos padres que hacen promesas porque están en búsqueda de la salvación de sus hijos. Pienso en esos Jairos que están sentados en la silla de un hospital horas y horas, aguardando la mejora de su hijo. O pidiendo el milagro de un donante de órganos para que dé esperanza a un integrante de la familia. Esos Jairos que buscan a Jesús porque recurrieron a lo posible y ahora van ante el Señor, porque para Él no hay nada imposible.
2) La mujer: San Agustín presenta ante este evangelio un hermoso comentario “la gente lo apretuja, sin embargo la mujer lo toca”. Ella busca tocar al Señor. Su fe la lleva a moverse y buscarlo al Señor. La multitud sí tiene cerca al Señor, pero no logra un contacto con Él, en cambio ella sí, logra un contacto con el Señor, que la lleva a un cambio, que la sana y la saca de su impureza y su dolor, interno y externo. Porque estaba enferma y porque la gente la rechazaba. Quien tiene un contacto con Él tiene un antes y un después. Te cambia la vida y no tan solo sana, sino que Jesús te devuelve la dignidad para que camines con la frente en alto y puedas recordar que vos vales muchísimo y para Dios sos lo más importante.
3) La niña: Vemos cómo la gente desalienta a su papá, Jairo. Cuántas veces los que nos rodean nos tiran para abajo y nos desalientan. Nos dicen que ya todo está perdido. Pero quien tiene fe y lo tiene a Jesús, sabe que siempre hay algo cuando se le presenta a Jesús la situación que uno vive. La niña recibe la orden de levantarse. Hoy Jesús te dice a vos lo mismo: “levántate”. ¡Vamos! No estamos muertos, tenemos que seguir luchando y caminando. Hoy viene Jesús a tu vida y a mi vida y nos dice que nos levantemos, que hay vida. Que hay que levantarse, que hay que seguir. Quien tiene fe da vida a otros y te lleva a Jesús para que vivas. ¡Vamos! No andemos con cara de muertos, porque estamos más vivos que nunca y el que vive lucha y el que lucha ama y quien ama se entrega y quien se entrega da vida, y vos tenés que dar vida a muchísima gente que te necesita. Algo bueno está por venir.
1) Un hombre salió desde el cementerio: Esto representa a esa persona que vive aislada y de recuerdos, de aquello que está sin vida. Interprétamelo bien lo que te quiero decir…me refiero a la persona que se aísla y está constantemente remontando al pasado, incluso con la actitud de remontar a cosas que ya no están y que no podrán ser en el futuro. ¿vos estás aislado y encerrado en un cementerio?
2) Lo impuro: Es asumir que uno puede ser llevado a ciertos lugares de roña. Los chanchos son de ir y se crían en chiqueros, lugares llenos de basura… Vos no caigas en el chiquero humano. Esos lugares donde abundan los doble sentidos y el chusmerios, los lugares donde tu alma se ensucia y tu cabeza se mancha junto al corazón.
3) Sano: Este hombre poseído queda sano. Vuelve a la normalidad. Qué lindo y qué difícil es ser normal. Dios te quiere sanar y llevarte a que convivas y te integres junto a los otros. Sos parte de la vida y vos tenés tu vida. Dios te limpia y te vuelve a insertar. Quien tiene a Dios, tiene oportunidad. Algo bueno está por venir.
2) Sacrificio: Tener una vida espiritual y de oración no quita que tengas que hacer sacrificios por vos y por tus objetivos. Para lograr cosas en la vida hay que saber sacrificar, y sacrificarse implica saber renunciar a cosas para un bien mayor. Si quieres ser un recibido universitario seguro que pasarás noches de sacrificio, de estar sentado, estudiando. Si quieres tener un buen matrimonio tendrás que sacrificarte hasta noches de insomnio, pero no mires el sacrificio como sacrifico, míralo con sus beneficios.
3) Simeón: En la vida tendrás que aceptar que no podés todo solo, pero es importante escuchar a personas sabias y prudentes que la misma vida te va poniendo. Hoy pedile a Jesús que te llene de su paz y te haga vivir la vida a pleno. Feliz día de la Candelaria. Algo bueno está por venir.
1) Crucemos la otra orilla: El misionero de lo cotidiano, como vos y yo, estamos llamados a ir más allá, a estar al lado del que nos necesita. No nos podemos estancar en un solo lugar y una sola persona. Somos pastores de las ovejas y no podemos estar dando exclusividad a una sola oveja, peinándola y despeinándola. ¡No! Hay que cruzar, ir al otro lado, porque hay otras ovejas que nos necesitan. Nosotros llegar y no esperar.
2) Se desató un fuerte vendaval: El cruzar a la otra orilla, el ir al otro, el misionar, implica asumir riesgos, el riesgo de incluso perder la estabilidad. La evangelización también corre riesgo, porque puede ahogarte y hasta hundirte. Hay que reconocer que muchos evangelizadores se ahogaron y hasta se les movió el piso, por querer jugársela, por querer hacer algo distinto. El cruzar orillas puede traer crisis, incluso de pensar que Dios está dormido, porque no lo puedo escuchar. Por eso el misionero cotidiano debe ser valiente y prudente, pero no miedoso. Debe confiar en la oración.
3) Vino la calma: En este interrogar a Dios, Él actúa. Dios aprieta, pero no ahorca, aunque te deja muchas veces bien moradito. Porque Dios también te invita a tener fe. La vida cristiana es una constante lucha de fe, en donde vencerás tus crisis desde la fe y la confianza. Por eso Dios en el transcurso de la vida te va a poner signos en donde luego, con el tiempo, si miras hacia atrás te recordará que su mano está junto a vos. Cruza la orilla que, aunque entre agua en tu vida para ahogarte, si confías y tenés fe, no te va a pasar nada. Anímate al desafío de cruzar porque quien no arriesga, no gana. Y Dios es el Emannuel, “Dios con nosotros”. Algo nuevo está por venir.
1) Los procesos: Algo que te tiene que quedar en claro, y lo vemos muy bien en el evangelio de hoy, es que la vida es un proceso. Por ende, vos no cambias de un día para el otro, no pasas de una cosa a otra de un día para el otro. Las cosas de tu vida son como un camino y un proceso con el que vas luchando día a día. Por ejemplo, una persona adicta tiene que trabajar día a día. Pero esto es en todos los ámbitos de tu vida. Incluso en tu vida de oración y tu espiritualidad, es de a poco y despacio. Hay veces que la ansiedad nos gana y queremos lograrlo todo ya. Esa será tu mayor lucha, porque irás viviendo metas dentro de este proceso, para lograr ese objetivo. Acordate que el objetivo es lo final y las metas son los procesos que te vas poniendo. Tu vida es un proceso, las cosas no cambian de golpe, asumilo. Las personas tampoco cambian de golpe. Si te dijo que quiere cambiar, acompáñalo, ayúdala.. pero recordá que es un proceso y no todo se logra de golpe.
2) Lo pequeño: Es bueno que si querés cambiar comiences con lo pequeño, pequeñas acciones, actitudes, que llevan a hacer luego mucho. Aprender a valorar y respetar el tiempo es fundamental. Tus pequeños logros con el tiempo se van a convertir en grandes batallas logradas. Me viene el ejemplo del que hace dieta: el que hoy no hayas comido chocolate logrará en unos días tener el resultado de haber bajado unos gramos, y dentro de unos días más esos gramos darán el resultado de un kilo o unos kilos bajados. Pero comenzó con algo concreto y pequeño, como “privarse de comer algo tan simple pero también tan complicado (para los que nos gusta) como el chocolate”. Por eso, si querés iniciar cambios en tu vida, comienza con pequeñeces.
3) Don Bosco: En él vemos en primer lugar un proceso interno con “su carácter”, pues hasta en algún momento se fue a las manos con alguien… Cómo será que trabajará este tema con su director espiritual, y hasta pone el nombre “salesianos” a su congregación en encomienda a San Francisco de Sales (ya que es el patrono del buen carácter). ¿Ves? Las cosas no se logran de un día para el otro. El otro proceso es externo que tiene Don Bosco comenzó con algo tan pequeño como su oratorio. Que luego vemos hoy que los salesianos se extendieron por todo el mundo y hasta Dios le encomendó a Don Bosco, en un sueño, la Patagonia (Argentina). Porque la vida, para llegar a la felicidad, es un proceso, pero se inicia teniendo en claro qué es lo que quiero y la voluntad de Dioa. Se comienza con poco y se llega a mucho, pero despacio, porque la vida no es para arrebatados, sino para valientes que trabajan día a día por lo que quieren, con paciencia y esforzándose por tener buen carácter. Algo bueno está por venir.
1) La depresión: Es el exceso de mirar al pasado, cuando constantemente estás mirando, ya sea los errores que cometiste, unidos a la culpa que sientes por eso, o esos lindos momentos que te gustaría tenerlos, y hoy los lloras porque no los tenés. Esto te lleva a opacarte y a perder la capacidad de brillar ante los demás. El caer en este exceso de mirada te lleva a perder todo lo que podés lograr hoy con tu vida y la obra que Dios tiene preparada para vos. No dejes de alimentar tu vida con el presente y ese objetivo al futuro. Pero aprende que el pasado es pasado y alimenta la experiencia de tu vida, pero no hagas que solo allí gire tu vida, echándote la culpa o cayendo en la melancolía eterna. Eso te mata y te destruye.
2) Estrés: Es ese excesivo mirar al presente. Cuando estás constantemente mirando lo que tenés que hacer, en cómo meter en 24 horas las ciento cincuenta mil cosas que tenés para hacer. Es cuando te desproporciona tu tiempo para ser, en un constante hacer. Malinterpretando incluso el vivir para los demás como un excesivo dar y dar, sin parar, lo que te lleva a quemarte. Caes en ese acelere en donde ya no caminas en el día, sino que andas a las corridas todo el día, manijeando tu cabeza en cosas y cosas. Problemas y problemas. Esto destruye tu luz porque te quita la paz, y la paz es como ese aceite que permite que tu luz brille con más fuerza.
3) Ansiedad: Esto también quita tu luz, porque es un exceso hacia el futuro. Ya tu mirada está constante en el qué sucederá. Te toma el miedo porque no sabes si sale o no sale como lo planeaste. Te empezás a fantasear la cabeza, y tu misma cabeza se llena de fantasmas que lo único que logran es que vivas en una irrealidad, y hasta en sufrir por cosas que aún no son, y ni siquiera sabes si van a suceder. Eso te hace olvidar de tu gente y de disfrutar de la vida. No dejes que estos tres excesos tomen tu vida. Hacé como decía Madre Teresa: ”viviré mi vida como si fuera mi primer día, mi último día y mi único día”. Hoy vos podés dar mucha luz, te lo aseguro, pero aprende a no excederte ni ne el pasado, ni en el presente, ni en el futuro. Algo bueno está por venir.
1) En la orilla: Hoy vuelve a aparecer la toma de distancia, saber separarse un poco de la multitud. Porque el estar en medio puede sofocar y hasta olvidar el para qué estás. El llenarte de cosas puede hacer que te penetres demasiado en ello, llevándote a marearte y olvidarte del elemento esencial que es “el para qué estás y el para quién estás”. Por eso es necesario tomar una cierta distancia de ciertas situaciones o personas, para no olvidarte de lo que es esencial en tu vida.
2) Enseñar: Aquí estamos para aportar y no para complicar, pero voy aprendiendo con la vida que de todo se aprende, hasta de lo malo. Omnia Bonum (todo es bueno), porque hasta de lo malo se aprende. Incluso en estos días me surgió una situación dolorosa que me entristeció, una cuestión íntima. Cuando lo hablaba en la confesión le decía al cura que me daba rabia, pero sabía que de esto aprendía. Por tanto, incluso de lo que te duele se aprende. Es por eso que si alguien te hizo doler la vida es culpa del otro, pero si por segunda vez te hizo lo mismo, ya es culpa tuya porque no aprendiste de lo que te hizo y de quien te hizo.
3) Sembrar: En esta vida se te invita a generar y sembrar, no es tarea tuya ni mía decir dónde cortar, de eso se encarga Dios. Pero vos tiras semillas de vida con tu vida. Es posible que, con lo que vos siembres, ayudes a mucha gente y, aunque “otros disfruten de las sombras de los árboles que vos sembraste”, seguí sembrando. Por tanto, seguí sembrando en Cristo, porque Dios hace mucho con tus actos. Algo bueno está por venir.
2) La multitud: La multitud puede separarte de tus cosas esenciales. Llenarte de cosas, y llenarte de gente. Lo único que hace es distraerte y hacerte vivir de fantasías. Por eso fíjate si podés vivir en la simpleza de tu sinceridad y en la sencillez de tu realidad. No dejes que los ruidos hablen más que el silencio y no dejes que tu mirada a lo multitudinario te haga olvidar de lo único que puede hacerte feliz.
3) La voluntad: Hacer la voluntad de Dios es saber que buscas dos cosas: la paz de corazón y la conciencia tranquila. Estas dos cosas te harán ir siempre por el recto camino. Pensá si hoy lo que haces te da paz y te deja dormir tranquilo. Algo bueno está por venir.
1) Decían: Siempre la gente hablará de nosotros, incluso hasta familiares. Nos genera dolor, por supuesto, pero nunca olvides que quien habla de ti, habla más de esa persona que de ti. Porque quien habla por detrás, y no de frente, puede considerarse un cobarde. Pero quien manda por audios y por redes sociales, y no enfrenta a quien tiene que decirle las cosas, es más que cobarde. Me animaría a decirte que es una persona irresponsable, para no decir desagradable. Pero siempre que actuemos bien habrá personas que nos atacarán con la lengua, mal. Actuemos como Jesús, no nos detengamos a escuchar.
2) Dividida: Siempre digo que cuando los padres mueren aparecen las luchas por las herencias. Donde también aparecen las luchas familiares es en las peleas entre suegra y nuera. Pero siempre las peleas familiares existen y existieron, el problema es cuando se viralizan y hasta se pierde lo que los mismos padres construyeron. Las divisiones pueden estar, pero el problema es el motivo que divide, o que puede generar o la persona que lo quiere generar. Uno puede conocer a sus hermanos, pero no a sus cuñados. Uno puede conocer a sus hijos, pero no a los novios de sus hijos, uno puede conocer a sus padres, pero basta que se meta una persona para que todo cambie. Por tanto, el construir la unión familiar es algo de todos los días, pero es necesario trabajarlo.
3) Blasfemia: El hablar por hablar trae consecuencias, pero hablar mal de las cosas sagradas trae amarguras y tristezas. Por eso, más que hablar mal aprende a controlar tu lengua porque es fácil decir, pero puede ser tarde tu arrepentimiento. Aprende a ser prudente con lo que dices y a quién le dices. Puede ser que quien esté cercano a vos use tus palabras para destruir a una multitud o la misma imagen de Dios en tu corazón. Algo bueno está por venir.
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