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Me da pena
1) Pena: A Jesús le da pena el dejar a la gente así. Él piensa en sí y pero también piensa en el otro, está en el punto medio. Esta es una de las características de Jesús, que nosotros los pastores debemos cuidar siempre, pensar en la gente, en el que busca la palabra de Dios. Estar atentos a las necesidades del hermano y pensar también que el otro renuncia, sufre y lucha. Esta es una de las claves del pastorear: hacerle la vida más fácil al otro y buscar resolverle la vida al otro y no ser indiferente.
2) Con lo que cuentan: Jesús no es que les hace fácil las cosas y es como el solucionador de todos. Él hace que también haya un aporte. No le dejes todo el rollo a Jesús, vos también poné de lo tuyo y da tu aporte. Lo poco puede ser mucho. No seas como ese estudiante que pide el milagro de aprobar tal materia, pero ni siquiera se esfuerza por estudiar. O como ese hombre que le pide a Dios un buen trabajo, pero ni siquiera se pone a buscar o incluso, si no es gerente o jefe, no quiere asumir el trabajo.
3) Sacia: Jesús sacia, llena, logra que la gente consuma y quede tranquila, pero es el esfuerzo de todos el que lleva a que todos se sacien, se llenen. Jesús sí que sabe trabajar en equipo. Hoy no te hagas el salvador de todo, ni te victimices del todo. No todo corre por vos. Busca a Dios pero también aprende a trabajar en equipo, porque si sos individualista, o muchas veces lo pensás todo desde vos, podés dejar a mucha gente con hambre, que desfallecerá en el camino, y encima, por pensar tanto en vos, puede haber mucha gente que muera a tu lado y vos ni siquiera te das cuenta. Algo bueno está por venir.
Características de los sordomudos del siglo XXI
1) Mudo: Es aquella persona que no expresa lo que siente por miedo, pero, además, le cuesta manifestar lo que le pasa, porque se siente de menos, creyendo que nadie la escucharía o entendería. Es esa persona que todo lo trata de resolver con su cabeza, pero no expresa lo que le pasa, todo lo reduce a decir: “no me pasa nada”. Unido a esto, le persigue esa enfermedad de ser “perseguido”, en donde se persigue con sus ideas y sus pensamientos y se siente que está sentado en un banquillo de acusados, a donde todos le señalan con el miedo. La mudez puede unir el enojo y el miedo, cuando una de estas dos cosas está (o ambas están) lo que logra es encapsularte en la vida y mientras pasa el tiempo seguís allí mismo.
2) Sordo: Aquí podemos encontrar dos maneras. Por un lado, esa persona que no escucha porque no le conviene, más bien escucha lo que quiere escuchar. Es un sordo pillo, porque desecha aquello que no le conviene y hasta le encanta victimizarse, manifestando que tienen algo contra él o contra ella. Esta sordera es producida por la soberbia y lleva a que la persona se crea un mundo en donde, de esa persona depende quién entra y quién no, según lo que llegue a escuchar. Pero hay otro tipo de sordera, cuando la persona está herida y golpeada por la vida, y por escuchar tanto y a tantos se encuentra mareada por la vida, hasta le da miedo escuchar, pero así también se cierra a los demás por temor a que lo vuelvan a herir, hace su vida a su parecer, pero no hace su vida desde la soberbia, sino desde las heridas. No quiere que le hagan más daño. Se sintió manoseada o manoseado. En esa búsqueda de silencio y de paz se cierra y vive una sordera, porque sus oídos espirituales están lastimados por tantas cosas duras que le dijeron.
3) Efatá: Significa “ábrete” y refiere a que cuando Jesús toca tu vida, abre tu corazón a lo nuevo que propone el Señor, es que te abras a la vida y puedas vivirla. Que te abras a poder escuchar que la vida es una sola y que estás llamado a vivirla. Que tenés que expresar lo que sentís porque vales muchísimo, porque sos hijo de Dios. Nadie es más ni menos que vos. Tenés que escuchar que Dios todos los días te da una oportunidad para ser feliz y que tenés que estar abierto a lo nuevo. Tenés que hablar y expresar lo que hay en tu vida, porque aquí vos también debes dejar un aporte muy importante. Vamos, que con una persona que habla y escucha a Dios, hasta el cielo no paramos. Algo bueno está por venir.
La fe de una madre es milagrosa
1) Una Madre: Me pongo a pensar en tu mamá y también en la mía. Cuántas veces habrán pedido a Dios por vos y por mí. Una madre se preocupa por su hijo y se desespera cuando ve que está como endemoniado, es decir, sin Dios, sin luz, sin nada, constantemente golpeándose a sí mismo. Esta mujer no era religiosa, pero al ver así a su hijo recurre a Jesús. Cuántas madres recurren a Jesús por su hijo. Vos sos hoy una respuesta de Dios a tu mamá. Cuántas veces habrá rezado por vos. Una madre está atenta a su hijo y lo lleva a Jesús.
2) La petición: A Dios rogando, pero con el mazo dando. La clave es esa, rogar y pedir a Dios la gracia y el momento justo. No tirarse abajo, sino pedir y pedir. No dejes de pedir. Hay que insistirle a Dios. No te tires para abajo. Esta mujer no se da por vencida, lucha su petición. Vos volvelo loco a Dios, pedile, no te canses, ¡que se la banque! Para qué quiso ser Dios, ¿no?
3) Libérate del demonio: Una de las claves del demonio es la falsedad. Sé íntegro y honesto, no te poseas en la falta de Dios y en la falsedad. Sé firme y claro. Es una de las grandes críticas que recibimos en el catolicismo. Pidámosle a Dios no ser falsos, sino ser honestos. Dios está con vos. Algo bueno está por venir.
Lo externo es lo que es, lo que aparece y lo que está. Lo interno es lo que mancha, aquello que ya es
1) Lo externo: Es aquello que está frente a mí, que me lleva a enfrentarlo, pero también a echarle la culpa. Esto que nos enseñan también los psicólogos: el chivo expiatorio. Aquello que tengo para echarle la culpa y para sacarme toda la bronca y nos lleva a pagar caro, a cometer errores graves en toda tu vida.
2) Lo interno: Es lo que hay en mí, aquello que debo trabajar pues es eso a lo que Jesús apuntala, a trabajar tu interior y desde el interior iluminar, más que condenar; porque si no lo que cometes es un grave error, al mirar la vida de los demás desde tu subjetividad, tu interioridad, desde vos, pero no aprendes a conocerlos, porque incluso ya lo has rotulado.
3) No se cambian: No se cambian algunas cosas. Uno en la vida aprende a soportarlas, a llevarlas y a saber administrarlas. Pidámosle a Jesus hoy que te ayude a vencer las tentaciones internas contra las cosas externas. Algo bueno está por venir.
El estructuralismo religioso más aleja que re-liga
1) Religión: Es un término que significa «religar», volver a. En nuestro caso la religión es volver a ligarte con Dios. Es por ello que el cristianismo es una manera clave de volver a ligarte con Dios, con lo divino. Es un estilo de vida porque a quien se encuentra con Jesús le cambia la vida y le cambia a otros la vida. Es por ello que podés decir que una persona es religiosa no por cuánto reza o cuánto dice, sino porque respira a Dios en todo momento.
2) Las normas: En nuestra religión las normas son actos de amor, pequeños, de nuestro amor con Él. Como los enamorados que a sus amantes le manifiestan actos de amor. Es por ello que a las normas como la misa o el rosario no tenés que mirarlas como un peso, sino como actos de amor para forjar tu relación con Dios. Es lo que pasa en el matrimonio, si con tu marido o mujer no hablas nunca o no tenés gestos de amor, en un año van a pasar a ser desconocidos, y hasta enemigos.
3) Estructuralismo: Es cuando a lo religioso y a las normas los convertís dentro de una estructura asfixiante donde, en vez de religar tu vida con Dios, terminas cortando la soga por tanto peso que te ponen o te imponen. Eso te lleva a perder lo esencial. Entonces, en vez de pensar cómo hablar con Dios y manifestarle todo lo que tenés en el corazón, te ponen a cuestionar cómo tenés la mano, cómo te peinas, cómo fue tu genuflexión, etc. La estructura es buena porque sostiene un camino, pero el estructuralismo es malo porque todo se centra en estructuras que asfixian. No asfixies con la religión, más bien religa a tus cercanos con Dios desde la libertad de los hijos de Dios. Por eso, fuerza y ánimo… pero tambión humildad. Algo bueno está por venir.
Reconocer a Jesús te lleva a sanar
1) Cruzar: Es eso lo que hace Jesús. Va y cruza. No se queda quieto. Un cristiano no se puede quedar quieto en su metro cuadrado. Tenemos que salir, hacer como los evangelistas, que salen sin pereza y no les importa si les cierran la puerta en la cara, si los escupen, o si se tienen que bancar el sol o un calor de 48 grados. Vos y yo también tenemos que cruzar y buscar al hermano, no tenemos que quedarnos esperando que caigan a la iglesia o al grupo de los viernes o los sábados. Salí, busca, porque tu hermano te necesita. ¡Vamos!, encendete para llevarlo a Jesús. Hay mucha gente necesitada, que sufre porque se siente sola.
2) Tocar: Es la parte que nos lleva desde la necesidad para sentirnos curados, pero para sentirnos curados, hay que también sentirse amado. Por eso Jesús cuando cura muestra un gesto de ternura, de cercanía. Nosotros también tenemos que mostrar gestos de cercanía con el hermano que sufre, que llora. Un abrazo qué bien que hace, o unas sencillas palabras, o una mirada. La sanación pasa por ese reconocimiento y también por tocar al Señor: sentirte vos tocado y también vos tocar con el Señor.
3) Sanar: El ir al encuentro de Jesús también te pone a que vos sanes con Jesús. Hoy tenemos muchos enfermos de la vida, gente que puede tener un palacio, muchísimo dinero, pero que sufre en su corazón porque no tiene con quién hablar. Pero también tenemos pobres de la vida, que desprecian vivir, personas con mucho dolor de corazón, con mucho rencor, con mucha angustia. Eso es pobreza. La persona que odia y no sabe encontrarle un sentido a la vida. Por eso, salva vidas y apostá por Dios, porque seguro que hoy algún hermano te necesita. Algo bueno está por venir.
Hay tres lecturas y tres personajes: tres elecciones y tres vocaciones. Hay dos cosas que tenemos que rescatar de todo esto: una experiencia divina, un Dios que se aviene, que aparece, se mete, se entrega y estas tres personas que se sienten pecadores ante la llamada de Dios.
1) Isaías: Estando en el templo experimenta su profunda incapacidad e indignidad ante la grandeza y santidad de Dios que se le aparece llenando la tierra. Dios lo purifica y envía a ser presencia y palabra suya entre los hombres. Dios se le aparece, hay una experiencia profunda de Dios, pero Isaías siente una incapacidad y una indignidad, y no sabe cómo agradecerle a Dios por todas las cosas que le regala día a día.
2) Pedro: Siente también indignidad ante la grandeza de Jesús. Un Jesús dominador de la naturaleza. Pedro se siente así, indigno, se arrodilla, se humilla. No entiende nada. Porque así es Dios, no lo entendemos. Dios te hace suyo cuando vos sos un simple pecador. Pedro recibe el envío y Dios le transforma la vida. Cuando sentís el llamado de Dios, te transforma y te envía para que vayas y anuncies.
3) Pablo: De perseguidor pasó a ser anunciador del Evangelio. Experimentó en su vida una gran transformación interior. Cuántos hemos perseguido a la Iglesia, a los sacerdotes, y ahora estamos del otro bando.
Cuando en tu vida hay una gran transformación, te convierte en apóstol, misionero. Ánimo, porque vos también estás llamado, no es necesario que te hagas cura o monja para que salgas a anunciar o transformes tu vida. Dios te ha elegido así como sos. No tienes que cambiar grandes cosas. Algo bueno está por venir.
1) Tiempo para Dios: Es ese desierto en donde Jesús se encuentra con el Padre. Vos tenés que buscar ese desierto porque la gente te va a sofocar y siempre te va a poner sus cargas sobre tus propias cargas. Date ese tiempo para hablar con Dios y planear tu día con Él. Es darte el tiempo para que vos también descubras qué espera Dios de vos y qué le podés ofrecer vos a Dios.
2) Tiempo para vos: Cuando conseguís y aprendes a decir “no”, aprendes a cuidarte vos y cuidar tu vida. No gastes todos los cartuchos en el primer tiro. Tenés una vida larguísima y es lindo vivirla. Aprende a disfrutarla, a comerla despacio para ir descubriendo cada momento.
3) Tiempo a los demás: Es aprender a ponerte límites y aprender a ponerles límites a los demás, para que no te sofoquen. Porque el límite forma y clarifica en donde estás parado. “Todo tiene su tiempo”. Hay gente que te necesita, pero aprende a darle el tiempo que se merecen y que vos te merecés. Algo bueno está por venir.
1) Tu identidad: El Evangelio nos habla de lo que Herodes oyó hablar de Jesús. Lo comparaban a Jesús. Hoy es bueno que puedas reflexionar en vos y ver si vos sos auténtico en tu vida. Porque si te andas comparando con otros, eso ya deja de ser auténtico y te lleva a una esclavitud. Esta vida acelerada que llevamos y en donde buscamos mantener imagen, nos lleva a perder nuestra propia identidad y nos vamos haciendo según el querer de otros, llevándote a una depresión tremenda y logrando en vos angustia, una angustia que te puede llevar a la ausencia de tu persona con vos mismo. Hacé como Jesús, mostrate como sos, sé auténtico, aunque eso tambiéntenga su precio.
2) Heridas: Es una mujer que odia. El odio siempre lleva a la muerte. Odiar es más que desear el mal a alguien, es desear que no viva, es destruir la vida del otro, pero antes destruís tu vida con el rencor y el remordimiento, en esa cuestión de no gustarte la vida y no disfrutarla, porque estás buscando destruir la del otro.
3) En bandeja: Es cuando en tu vida se te mete el poder y la venganza. Te hace perder la cabeza por cortarle la cabeza a la persona que no juega en tu equipo o no piensa como vos. ¿Cuántos de nosotros tachamos a gente que no piensa como nosotros? Por eso hoy, más que nunca, busca la paz en tu corazón y viví siempre en la verdad, que es ahí por donde va tu identidad de vida. Algo bueno está por venir.
1) Llamó: En el camino a la vocación, sea cual fuere, es Dios quien te llama, incluso a la vida cristiana. Es una propuesta que viene de Dios, la cual sos libre de aceptar o no. Dios siempre te va a dar la libertad. Te convoca primeramente para estar cerca de Él, porque la misión surge después de un encuentro. La misión o esa acción concreta que Dios te propone en esta vida surge desde esa intimidad con él. Es por eso que en toda vocación hay un tiempo de conocimiento para discernir el camino de misión a seguir. En el sacerdocio, va a fogonearse en es el seminario, que para eso dura ocho años de entrenamiento; en el matrimonio el adentramiento va a ser el noviazgo y, en la vida consagrada está el tiempo de noviciado, de postulantado, para hacer ese caminito para darse cuenta si es o no lo de uno. Es por ello que el llamado de Dios tiene un tiempo y un momento en tu vida, el cual no podés dejar de lado. Al contrario, debes adentrarlo y vivirlo, profundizarlo, reflexionarlo, interiorizarlo, pensarlo bien. ¿Cuándo sentí que Dios me llamó a su equipo?
2) Envió: Es el segundo verbo que encontramos en este Evangelio. Sos enviado a algo concreto y es allí donde debes santificarte y sacarle todo el jugo en tu vida. Una de las tentaciones es andar deambulando de aquí para allá, picoteando de todos lados. ¡No! Dios te envía a dar la buena noticia y llenar de esperanza a cosas concretas, a esta comunidad o a esta familia o esta labor o a esta situación Si queremos hacer sonar bien el Evangelio, no podemos andar tocando la guitarra, la batería y la flauta, ¡no! Porque al final terminarás exhausto y hasta desilusionado, produciendo ruido más que sonido. Aprende a concentrarte en lo que debes cumplir y no seas un pulpo andante que anda en millones de cosas, pero en el fondo no anda con nada.
3) Da poder: El tercer verbo es “dar”. El poder viene después de haber profundizado en Jesús y después de ser enviado, pues si el poder llega antes, complica y rompe hasta la misión, porque el poder por poder, sin visión sobrenatural, sin presencia de Dios, puede llevarte a ser un ambicioso que te hace vivir de los demás, más que vivir para los demás. El poder que Dios da es para servir y aliviar, es para que esa persona tenga paz en su vida y logre un camino de felicidad. Por eso, no podemos enriquecernos materialmente a cuesta del dolor y sufrimiento de otros. Hoy vos salí a misionar, pero desde un encuentro con Cristo. Sin tener una interioridad con Él antes, no hay una misión, sino más bien una desviación. Algo bueno está por venir.
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