¿Tiene algo que ver la reciente cumbre del clima con un potaje cocinado con la lenteja más pequeña del mundo? Algunos piensan que sí. El pasado sábado, a la vez que en Glasgow se cerraba un acuerdo de alto nivel político pero bajo en compromisos, en la pequeña localidad de La Oliva, en Fuerteventura, tenía lugar otro encuentro más modesto pero con altas expectativas, y rodeado de ciencia, en este caso tradicional. En la encrucijada ambiental actual, tanta importancia tiene lo grande como lo pequeño, porque la acción es cosa de todos: de los grandes decisores y de los pequeños municipios.
En este encuentro hablaron expertos en agricultura que advierten de que los cultivos majoreros, acostumbrados a ambientes secos, quizá sean ahora laboratorios de pruebas que aporten soluciones a un futuro que se avecina más árido y caluroso. Investigadores chinos y estadounidenses ya se han acercado hasta la isla canaria más próxima al desierto del Sahara para observar gavias y arenados. También la salud cerebral tuvo un papel esencial en este VI Potaje Científico de Canarias.
Fue en el seno de la Semana de la Ciencia y la Innovación, y “Reserva natural” estuvo allí para palpar en vivo este encuentro que ha unido, por sexto año consecutivo, investigación, tradición y arte.