UCDM

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By Tania MoyaArtsBooks
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UCDM episodes

  • III. La razón y las distintas formas del error
    La razón de por si no es la salvación, pero despeja el camino para la paz y te conduce a un estado mental en el que se te puede conceder la salvación. El pecado es un obstáculo que se alza como un formidable portón---cerrado con candado y sin llave---en medio del camino hacia la paz. Nadie que lo contemplase sin la ayuda de la razón osaría traspasarlo. Los ojos del cuerpo lo ven como si fuese de granito sólido y de un espesor tal que sería una locura intentar atravesarlo. La razón, en cambio, ve fácilmente a través de él, puesto que es un error. La forma que adopta no puede ocultar su vacuidad de los ojos de la razón. La forma del error es lo único que atrae al ego.
    9 min
  • II. La impecabilidad* de tu hermano
    Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad. Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, parece ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. Pero en verdad son lo mismo. Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras la que oculta su inexistencia. Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos el júbilo de la verdad.
    13 min
  • I. El mensaje de la relación santa
    No te has dado cuenta de que es imposible que puedas entender lo que nunca puede llegar hasta ti. Jamás has recibido mensaje alguno que hubieses podido entender. Pues has estado prestándole oídos a algo que no puede comunicarse en absoluto. Examina, entonces, lo que ha sucedido. Al negar lo que eres, y al estar firmemente convencido de que eres otra cosa, esa "otra cosa" que tú has creído ser se ha convertido en tus ojos. Sin embargo, debe ser esa "otra cosa" la que ve, y al no ser quien tú eres te explica lo que ve. Tu verdadera visión haría, por supuesto, que todo esto fuese innecesario. Pero si tus ojos están cerrados y le pides a esa cosa que te dirija y te explique el mundo que ve, no verás razón alguna para no escuchar lo que te dice ni para sospechar que no es verdad.
    12 min
  • LA SALVACIÓN Y LA RELACIÓN SANTA. cap#22. Introducción
    La relación santa parte de una premisa diferente. Cada uno ha mirado dentro de sí y no ha visto ninguna insuficiencia.
    Al aceptar su compleción,  desea extenderla uniéndose a otro,  tan pleno como él.
    No ve diferencias entre su ser y el ser del otro,  pues las diferencias sólo se dan a nivel del cuerpo.
    Por lo tanto, no ve nada de lo que quisiera apropiarse.
    No niega su propia realidad porque ésta es la verdad.
    5 min
  • VIII. El cambio interno
    La razón te dirá que no puedes pedir felicidad de una manera inconsistente. Pues si lo que deseas se te concede, y la felicidad es constante, entonces no necesitas pedirla más que una sola vez para gozar de ella eternamente. Y si siendo lo que es no gozas de ella siempre, es que no la pediste. Pues nadie deja de pedir lo que desea a lo que cree que tiene la capacidad de concedérselo. Tal vez esté equivocado con respecto a lo que pide, dónde lo pide y a qué se lo pide. No obstante, pedirá porque desear algo es una solicitud, una petición. hecha por alguien a quien Dios Mismo nunca dejaría de responder.
    5 min
  • VII. La última pregunta que queda por contestar
    La felicidad elusiva, la que cambia de forma según el tiempo o el lugar, es una ilusión que no significa nada. La felicidad tiene que ser constante porque se alcanza mediante el abandono del deseo de lo que no es constante. La dicha no se puede percibir excepto a través de una visión constante. Y la visión constante sólo se les concede aquellos que desean la constancia. El poder del deseo del Hijo de Dios sigue siendo la prueba de que todo aquel que se considera a sí mismo impotente está equivocado. Desea lo que quieres, y eso será lo que contemplarás y creerás que es real. No hay un solo pensamiento que esté desprovisto del poder de liberar o de matar. Ni ninguno que pueda abandonar la mente del pensador, o dejar de tener efectos sobre él.
    12 min
  • VI. La razón en contraposición a la locura
    La locura es un ataque contra la razón que la expulsa de la mente, y ocupa su lugar. La razón no ataca, sino que, calladamente, ocupa el lugar de la locura y la reemplaza si los dementes deciden escucharla. Pero los dementes no conocen su propia voluntad, pues creen ver el cuerpo, y permiten que su propia locura les diga que éste es real. La razón sería incapaz de eso. Y si tú defiendes el cuerpo en contra de tu razón, no entenderás lo que es cuerpo ni lo que eres tú. El cuerpo no te separa de tu hermano, y si crees que lo hace estás loco. Pero la locura tiene un propósito, y cree también disponer de los medios que lo pueden convertir en realidad. Ver el cuerpo como una barrera que separar aquello que la razón te dice que no puede sino estar unido, sólo puede ser una locura.
    10 min
  • V. La función de la razón
    La razón es un medio que sirve para los fines del Espíritu Santo por derecho propio. No se puede re-interpretar ni re-canalizar para que se ajuste a la meta del pecado, tal como se hace con otros medios. Pues la razón está más allá del alcance de los medios del ego. La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de la verdad. Pero la razón no tiene cabida en la locura, ni se puede adaptar a sus fines en modo alguno. La fe y la creencia están firmemente arraigadas en la locura, y conducen la percepción hacia aquello que la mente ha considerado valioso. Pero la razón no participa en esto en absoluto. Pues si se aplicase la razón, la percepción cesaría instantáneamente.
    11 min
  • IV. El miedo a mirar adentro
    Recuerda que luego no está solo. Su dominio está circunscrito, y teme a su "enemigo" desconocido, a Quien ni siquiera puede ver. Te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se pasarán sobre el pecado y Dios te cegará. Esto es lo que crees, y, por lo tanto, no miras. Mas no es éste el temor secreto del ego, ni tampoco el tuyo que eres su siervo. El ego, vociferando destempladamente y demasiado a menudo, profiere a gritos que lo es. Pues bajo ese constante griterío y esas declaraciones disparatadas, el ego no tiene ninguna certeza de que lo sea. Tras tu temor de mirar en tu interior por razón del pecado, se oculta todavía otro temor, y uno que hace temblar al ego.
    7 min
  • III. Fe, creencia y visión
    La fe y la creencia se unen a la visión, ya que todos los medios que una vez sirvieron para los fines del pecado se canalizan ahora hacia la santidad. Pues a lo que tú llamas pecado, no es más que una limitación, y odias a todo aquel que tratas de reducir a un cuerpo porque le temes. Al negarte a perdonarlo, lo condenas al cuerpo porque tienes en gran estima los medios el pecado. Y así, depositas todac tu fe y creencia en el cuerpo. Pero la santidad quiere liberar a tu hermano, y eliminar el odio eliminando el miedo, no en el nivel de los síntomas, sino de raíz.
    11 min

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