UCDM

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By Tania MoyaArtsBooks
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UCDM episodes

  • II. Somos responsables de lo que vemos
    Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo independiente, y capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente hablamos de tu deseo de crear a tu propio creador, y de ser el padre y no el hijo de él. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el efecto que quiere negar a su Causa. Y así, el parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efecto sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos.
    12 min
  • I. La canción olvidada
    No hay que sufrir para aprender. Las lecciones benévolas se asimilan con júbilo y se recuerdan felizmente. Deseas aprender lo que te hace feliz y no olvidarte de ello. No es esto lo que niegas. Lo que te preguntas es si los medios a través de los cuales se aprende este curso conducen a la felicidad que promete o no. Si creyese que sí, no tendrías dificultad alguna para aprender el curso. Todavía no eres un estudiante feliz porque aún no estás seguro de que la visión pueda aportarte más de lo que los juicios te ofrecen, y has aprendido que no puedes tener ambas cosas.
    8 min
  • RAZÓN Y PERCEPCIÓN cap21 Introducción
    La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ve se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, si no elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es el resultado, no una causa.
    2 min
  • VIII. La visión de la impecabilidad
    El Espíritu Santo garantiza que lo que Dios dispuso para ti y te concedió, será tuyo. Éste es tu propósito ahora, y la visión que hace que sea posible sólo espera a que la recibas. Ya dispones de la visión que te permite no ver el cuerpo. Y al contemplar a tu hermano verás en él un altar a tu Padre tan santo como el Cielo, refulgiendo con radiante pureza y con el destello de las deslumbrantes azucenas que allí depositaste. ¿Qué otra cosa podría tener más valor para ti?
    11 min
  • VII. La correspondencia entre medios y fin
    Hemos hablado mucho acerca de las discrepancias que puede haber entre los medios y el fin, y de la necesidad de que éstos concuerden antes de que tu relación santa pueda brindarte únicamente dicha. Pero hemos dicho también que los medios para alcanzar el objetivo del Espíritu Santo emanará de la misma Fuente de donde procede Su propósito. En vista de lo simple y directo que es de este curso, no hay nada en él que no sea consistente. Las aparentes inconsistencias, o las partes que te resultan más difíciles de entender, apuntan meramente aquellas áreas donde todavía hay discrepancia entre los medios y el fin.
    9 min
  • VI. El templo del Espíritu Santo
    El amor no tiene templos sombríos dónde mantener misterios en la oscuridad, ocultos de la luz del sol. No va en busca de poder, sino de relaciones. El cuerpo es el arma predilecta del ego para obtener poder mediante las reflexiones que entabla. Y sus relaciones sólo pueden ser profanas, pues lo que verdaderamente son, él ni siquiera lo ve. Las desea exclusivamente como ofrendas con las que sus oídos medran. Todo lo demás simplemente lo desecha, pues lo que ello podría ofrecerle él no le otorga ningún valor.
    13 min
  • V. Los heraldos de la eternidad
    Ves cada instante santo como un punto diferente en el tiempo. Mas es siempre el mismo instante. Todo lo que jamás hubo o habrá en él se encuentra aquí ahora mismo. El pasado no le resta nada, y el futuro no le añadirá nada más. En el instante santo, entonces, se encuentra todo. En él se encuentra la belleza de tu relación, con los medios y el fin perfectamente armonizados ya. En él se te ha ofrecido ya la perfecta fe que algún día habrás de ofrecerle a tu hermano; en él se ha concedido ya el ilimitado perdón que le concederás; y en él es visible ya la faz de Cristo que algún día habrás de contemplar.
    7 min
  • IV. La entrada al arca
    Nada puede herirte a no ser que le confieras ese poder. Mas tú confieres poder según las leyes de este mundo interpretan lo que es dar: al dar, pierdes. No obstante, no es a ti a quien corresponde conferir poder a nada. Todo poder es de Dios; Él lo otorga, y el Espíritu Santo, que sabe que al dar no puede sino ganar, lo revive. Él no le confiere poder alguno al pecado, que, por consiguiente, no tiene ninguno; tampoco le confiere poder a sus resultados tal como el mundo los ve: la enfermedad, la muerte, la aflicción y el dolor. Ninguna de estas cosas ha ocurrido porque el Espíritu Santo no las ven ni le otorga poder a su aparente fuente.
    9 min
  • III. El pecado como ajuste
    ¿Te has preguntado alguna vez cómo es realmente el mundo y qué aspecto tendría si se contemplase con ojos felices? El mundo que ves no es sino un juicio con respecto a ti mismo. No existe en absoluto. Tus juicios, no obstante, le imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real. Ése es el mundo que ves: un juicio contra ti mismo, que tú mismo has emitido. El ego protege celosamente esa imagen enfermiza de ti mismo, pues ésa es su imagen y lo que él ama, y la proyecta sobre el mundo. Y tú te ves obligado a adaptarte a este mundo mientras sigas creyendo que esa imagen es algo externo a ti, y que te tiene a su merced. Ese mundo es despiadado, y si se encontrarse fuera de ti, tendrías ciertamente motivos para estar atemorizado.
    13 min
  • II. La ofrenda de azucenas
    Todavía miras con los ojos del cuerpo, y éstos sólo pueden ver espinas. Sin embargo, has pedido ver otra cosa y se te ha concedido. Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión. Y lo que le permite a Él ver irradiar Su propósito desde cada altar es algo tan tuyo como Suyo. Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos. Él no ve espinas, sino únicamente azucenas que refulgen en el dulce resplandor de la paz, la cual irradia su luz sobre todo lo que Él contempla y ama.
    10 min

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