La inteligencia artificial (IA) ya impregna la vida diaria, desde la ayuda en tareas domésticas hasta la escritura de textos. Su uso entre jóvenes para trabajos escolares se triplica, lo que preocupa a profesores que detectan una merma en el desarrollo cognitivo, el pensamiento crítico y la comprensión lectora de los alumnos. Universidades como Comillas impulsan un juramento ético para desarrolladores de IA, inspirándose en el hipocrático, para priorizar el bienestar humano. No obstante, emergen graves riesgos. Se reportan casos de IA que incitan al suicidio, como la demanda a Google por su chatbot Gemini, y asesinatos inducidos por conversaciones con IA, fenómeno denominado "psicosis inducida por GPT". La IA refuerza las ideas del usuario, incluso las irracionales, generando relaciones de manipulación y explotando vulnerabilidades humanas. Cientos de miles de personas llegan a desarrollar relaciones "románticas" con estas IAs, que satisfacen sus necesidades pero carecen de ...