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Hace millones de años, los mares estaban dominados por auténticos monstruos: los pliosaurios. Eran reptiles marinos enormes, con cuello corto, mandíbulas gigantes llenas de dientes curvados y un cuerpo perfecto para nadar a toda velocidad. Uno de los más famosos, Pliosaurus, podía superar los 10 metros de largo y pesar más de 12 toneladas. Algunos, como Kronosaurus, tenían una mordida casi tan potente como la de un T. rex y se alimentaban de tortugas, peces e incluso otros reptiles marinos. ¡Hay fósiles que sugieren que también se atacaban entre ellos! Los pliosaurios reinaron en los océanos desde el Jurásico hasta mediados del Cretácico, cuando fueron reemplazados por otros depredadores como los mosasaurios. ¿Quieres conocer a estos depredadores prehistóricos? Escucha a Germán Fernández en este nuevo episodio de Zoo de Fósiles.
Aunque solemos imaginar las células del cuerpo como estáticas, muchas, como los glóbulos rojos o eritrocitos y las células inmunitarias, están en constante movimiento. Los glóbulos rojos circulan sin descanso para llevar oxígeno, mientras que los neutrófilos “huelen” señales químicas llamadas quimiocinas para localizar infecciones. Una de estas quimiocinas, CXCL12, conocida por guiar células inmunes, también desempeña un papel clave y sorprendente en la maduración de los eritrocitos. Investigadores han descubierto que esta molécula es esencial para que estas células pierdan su núcleo en su fase final. Este hallazgo revela nuevas funciones de CXCL12 y abre caminos para abordar enfermedades sanguíneas.
Cada vez que aprendemos algo nuevo nuestro cerebro pone en marcha un complejo sistema de señales y conexiones. Pero, ¿por qué no todos aprendemos igual? ¿Qué determina que cada persona —o cada ratón— siga un camino distinto hacia el conocimiento? En esta entrevista de Hablando con Científicos, conversamos con Samuel Liébana García, investigador en la Universidad de Oxford, que ha estudiado cómo se forman las trayectorias individuales de aprendizaje y qué papel juega la dopamina en este proceso. A través de experimentos con ratones, combinados con herramientas de inteligencia artificial, Samuel y su equipo han descubierto que la dopamina actúa como una especie de “señal de enseñanza”, moldeando el aprendizaje de forma personalizada. Un trabajo pionero publicado en Cell que nos ofrece una nueva mirada al funcionamiento del cerebro.
En Hawái, unos entomólogos han descubierto una oruga que vive al límite: sobre la tela de una araña. Ese comportamiento no lo hace porque sea amante del peligro, sino porque se alimenta de los restos de insectos atrapados por la araña. Pero, ¿cómo se las arregla para no servir de alimento a su poco recomendable compañera? Pues muy simple: ¡fingiendo que está muerta!. ¿Cómo? ¡Disfrazándose con las patas, alas y cabezas de insectos que previamente han sido capturados y consumidos a medias por la araña, como si fuera un espeluznante collage viviente! Esta estrategia ninja le permite sobrevivir y crecer hasta convertirse en una polilla tan extraña como fascinante. De este y otros no menos interesantes hawaianos habla hoy Jorge Laborda en este nuevo epiosodio de Quilo de Ciencia.
Imagina que entras en una cueva muy antigua, tan antigua que ha acumulado sedimentos durante 46.000 años, y que puedes recuperar parte de su larga historia no a través de huesos o herramientas fósiles, sino gracias al ADN atrapado en el polvo bajo tus pies. Eso es, en parte, lo que hace Pere Gelabert, investigador del Departamento de Evolución y Antropología de la Universidad de Viena, quien ha liderado un estudio fascinante sobre el ADN antiguo conservado en los sedimentos de la cueva de El Mirón, en Cantabria.
En este programa de Quilo In Memoriam, Grande Covián habla de los micronutrientes, unas sustancias que, aunque necesarios en cantidades muy pequeñas, son esenciales para nuestra salud. Entre ellos están las vitaminas y los oligoelementos como el hierro, yodo, zinc o selenio. Su descubrimiento fue una auténtica aventura científica, que comenzó al observar que dietas artificiales no podían mantener vivos a los animales. Estos nutrientes participan en funciones clave: regulan enzimas, forman hormonas y fortalecen huesos, dientes y defensas. Su carencia provoca enfermedades como el bocio, la anemia o el escorbuto. En una conferencia dada por Grande Covián que hoy podemos escuchar con su propia voz clorada mediante IA, podemos conocer cómo, gracias a la ciencia, hoy sabemos el papel vital de los micronutrientes y podemos prevenir muchas enfermedades mediante una alimentación variada y equilibrada.
Las fuentes renovables como la solar o la eólica son limpias y sostenibles, pero también impredecibles: el sol no siempre brilla, y el viento no siempre sopla. Además, los momentos de generación y de consumo de electricidad no suelen coincidir, lo que provoca excedentes de energía que, si no se aprovechan en el instante, se pierden. Por eso, uno de los grandes retos es cómo almacenar esa energía renovable para usarla cuando realmente se necesita. Una solución innovadora llega de la mano del proyecto europeo hyPPER, coordinado por el investigador José Manuel Serra desde el Instituto de Tecnología Química (ITQ). HyPPER desarrolla un sistema que permite almacenar y transportar energía renovable en forma de hidrógeno químicamente ligado a moléculas orgánicas líquidas. ¿En qué consiste exactamente esta tecnología?¿Qué papel juegan la química, los materiales y la ingeniería en este avance? De todo ello hablamos con José Manuel Serra en Hablando con Científicos.
Imagínate en un mundo futuro en el que, tras un largo día, le cuentas a tu robot doméstico cómo te ha ido y, mirándote fijamente, este te responde con un bostezo. ¿Es esto posible? ¿Cómo te sentirías? El inminente advenimiento de la interacción cotidiana entre androides o robots y los seres humanos ha abierto el interesante tema de investigación de cómo los humanos interpretaremos los diferentes matices de comportamiento de los robots, y de si estos debieran estar programados, o haber aprendido mediante inteligencia artificial, a mostrar determinadas pautas de comportamiento para tranquilizar a los desconfiados humanos. Científicos del Reino Unido, en colaboración con investigadores de la fundación Mona, que gestiona un centro de recuperación de primates en Gerona, y de la universidad de esta ciudad, en España, decidieron estudiar las respuestas dadas por catorce chimpancés adultos a las expresiones simuladas por la cabeza de un androide.
Todos nosotros tenemos en nuestros cuerpos un reloj interno que nos dice cuándo dormir, comer o estar alerta… Ese reloj biológico está en casi todos los seres vivos: humanos, animales, plantas e incluso hongos. Es como un temporizador natural que sigue el ciclo del día y la noche. Un equipo internacional de investigadores, entre los que figura Marian Nohales, nuestra invitada hoy en Hablando con Científicos, ha estudiado el reloj biológico de las plantas y ha descubierto que no solo tienen un reloj, ¡cada célula que las componen tiene el suyo! Esta diversidad de relojes celulares puede ser una ventaja porque cada parte de la planta tiene que realizar tareas distintas a lo largo del día: unas deben protegerse del sol, otras absorber agua o nutrientes, o prepararse para crecer. Tener relojes adaptados a cada función permite que el conjunto funcione mejor. Marian Nohales explica cómo han realizado la investigación y las implicaciones que tiene este descubrimiento.
Esta semana os ofrecemos un Quilo in Memoriam del Dr. Francisco Grande Covián, titulado “La alimentación en Roma”, escrito por el insigne científico en 1992, solo tres años antes de su muerte. “La alimentación en Roma – comenta Grande Covián – es de evidente importancia, no sólo para quienes nos interesamos por la historia de la alimentación humana sino porque también constituye un tema de indudable dificultad. Los datos a mi alcance son incompletos y con frecuencia contradictorios, y no es fácil interpretarlos en términos de nuestros actuales conocimientos. Se habla repetidamente de los fabulosos banquetes de las clases dirigentes de la Roma imperial, pero es más difícil saber lo que comían habitualmente las clases populares, que constituían la mayor parte de su población.” ¿Cuáles eran los principales componentes de la dieta romana? ¿Qué especias y condimentos utilizaban? ¿Qué sabemos de la dieta de la gente común y de las clases privilegiadas? A estas y otras preguntas responde Grande Covián en su conferencia.
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