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En este episodio de Quilo de Ciencia “in memoriam”, Francisco Grande Covián nos enseña que las vitaminas fueron uno de los grandes descubrimientos médicos del siglo XX, al permitir identificar y prevenir enfermedades causadas por su carencia. Sin embargo, ese éxito llevó a pensar erróneamente que podían usarse como medicamentos universales. En realidad, su función terapéutica es muy concreta: corregir déficits nutricionales. En personas bien alimentadas, añadir más vitaminas no mejora la salud. Ahora, Jorge Laborda confirma que esta visión sigue siendo válida, aunque introduce matices importantes que os invitamos a escuchar. La conclusión es clara: las vitaminas son esenciales, pero no milagrosas. Una dieta variada y equilibrada sigue siendo la mejor receta para la salud.
Aunque no lo notemos, la Tierra se mueve constantemente bajo nuestros pies. No hablamos solo de terremotos espectaculares, sino de desplazamientos lentísimos —milímetros al año— que deforman la corteza terrestre de manera continua. Uno de los mejores lugares del mundo para investigar estos procesos es la península ibérica y su entorno. Allí confluyen grandes placas tectónicas, pequeños bloques intermedios y una historia geológica extraordinariamente compleja. Precisamente en esta región se centra el trabajo reciente de Asier Madarieta-Txurruka, nuestro invitado en Hablando con Científicos. A partir de su estudio, publicado en Gondwana Research, hablamos de la compleja interacción entre las placas tectónicas de Eurasia y África, del papel del mar de Alborán como laboratorio natural y de cómo la información que proporcionan los terremotos y los satélites nos permite comprender los procesos que suceden en esta zona de colisión.
Hoy, Jorge Laborda explica que el proteasoma, conocido como la “máquina de reciclaje” celular, no solo degrada proteínas y genera los péptidos que permiten al sistema inmunitario reconocer células infectadas, sino que también puede producir péptidos con actividad antimicrobiana. Un mecanismo que conecta de forma elegante la inmunidad innata con la adaptativa y proporciona conocimientos para crear nuevos antibióticos.
Cuando pensamos en fósiles humanos, solemos imaginar cráneos, mandíbulas o grandes huesos largos. Pero ¿y si una parte clave de nuestra historia evolutiva estuviera escondida en detalles mucho más pequeños? ¿Y si los huesos conservaran, grabadas en su superficie, las huellas de músculos y ligamentos desaparecidos hace millones de años? Aroa Casado es investigadora en la Universidad de Barcelona y en el Instituto de Arqueología, y acaba de publicar un trabajo que propone algo tan sugerente como revolucionario: reconstruir cómo se movían y utilizaban las manos nuestros antepasados a partir de las marcas que dejaron los ligamentos de la muñeca en los huesos. Aroa nos lo cuenta hoy en Hablando con Científicos.
La fiebre sigue teniendo esa injusta reputación de alerta roja frente a una infección. Como si la fiebre fuese el humo y no el extintor del fuego. Y, sin embargo, la fiebre suele ser, ante todo, una defensa fisiológica, una medida tomada por el organismo en casos de seria amenaza. Una decisión costosa, pero que debe ser ejecutada por el sistema inmunitario con la frialdad de un James Bond: Muere otro día. La fiebre cuesta energía, y no carece de peligros, pero en muchas ocasiones es imprescindible para sobrevivir.
En este nuevo capítulo de Ciencia Fresca se exploran dos investigaciones punteras que muestran cómo la ciencia amplía fronteras tanto en el espacio como en la medicina. Por un lado, Ángel Rodríguez Lozano analiza una nueva perspectiva sobre la minería espacial: el aprovechamiento de asteroides primitivos ricos en carbono. Aunque tradicionalmente se ha priorizado la explotación de asteroides metálicos, un estudio reciente demuestra que estos cuerpos no diferenciados —auténticos fósiles del origen del Sistema Solar— también contienen metales estratégicos y tierras raras con un notable interés científico y potencial aplicación en futuras actividades mineras en el espacio. En la segunda parte, Jorge Laborda aborda una auténtica revolución en oncología: el uso de células T CAR editadas mediante cambio de bases para tratar leucemias T especialmente agresivas. Esta técnica permite reprogramar linfocitos con una precisión genética sin precedentes, evitando el “fratricidio” celular y logrando remisiones profundas en pacientes que hasta ahora carecían de alternativas terapéuticas.
Cuando se habla de aceleradores de partículas, la imaginación suele llevarnos a enormes túneles subterráneos, experimentos abstractos y preguntas lejanas sobre el origen del universo. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, como explican nuestros invitados en Hablando con Científicos, Núria Fuster y Daniel Esperante, autores del libro Aceleradores de partículas. Del laboratorio a la sociedad.
Los astrónomos descubrieron la expansión acelerada del universo gracias al estudio de una clase especial de supernovas, conocidas como supernovas de tipo Ia, las cuales se creía que tenían un brillo intrínseco bien determinado. Sin embargo, investigadores del Departamento de Astronomía y del Centro para la Investigación de la Evolución Galáctica de la Universidad Yonsei, en Seúl, Corea del Sur, han puesto de manifiesto que, al analizar nuevos datos obtenidos por el proyecto DESI (siglas en inglés de Dark Energy Spectroscopic Instrument), se observa que las supernovas de tipo Ia no son todas iguales y que su brillo depende de la época en la que se formaron sus estrellas progenitoras. Estos resultados cuestionan seriamente el modelo cosmológico actual y favorecen aquellos modelos en los que la energía oscura varía con el tiempo a medida que el universo evoluciona, lo que conduciría a una conclusión errónea sobre la velocidad de expansión del universo.
Hace más de un siglo, los argentinos comenzaron a explotar las minas de carbón de la región de Ischigualasto, una zona desértica del oeste del país, situada entre las estribaciones de los Andes y las Sierras Pampeanas, en la frontera entre las provincias de San Juan y La Rioja. A partir de una publicación del Automóvil Club Argentino en 1943 el lugar empezó a ser conocido con el nombre de Valle de la Luna, debido a las caprichosas formaciones geológicas que lo jalonan. Hoy en día, los yacimientos paleontológicos de la Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión se extienden por dos espacios protegidos contiguos, el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, y el Parque Natural Provincial Ischigualasto en la provincia de San Juan. Ambos parques han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la importancia científica de sus yacimientos, en los que se puede estudiar el origen de los dinosaurios y de los mamíferos.
Charlamos con Elena Héliz, oncóloga e investigadora, y Patricia Nieto, de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), para hablar claro sobre un tema que nos toca a todos: cómo prevenir el cáncer antes de que aparezca. Descubrimos qué es la biología de la prevención, por qué muchos tumores tardan años en desarrollarse y cómo hasta la mitad de los casos podrían evitarse cambiando hábitos como dejar de fumar, comer mejor o movernos más. También hablamos de cribados, vacunas, microbioma, ejercicio, inmunoterapia y del enorme trabajo que se realiza para acompañar a pacientes y familias cuando más lo necesitan. Además, la AECC pone la mirada en el futuro con una nueva convocatoria de ayudas a la investigación en biología de la prevención, impulsando estudios que buscan adelantarse al cáncer y combatirlo antes de que llegue a aparecer.
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